Daniel Ramírez García-Mina se acuesta en torno a las 9 de la noche, en horario infantil como sus hijos, y entra a trabajar todos los días entre 4 y 5 de la madrugada, en Onda Cero. Escribe crónica parlamentaria en El Español y es contertulio ocasional de la Sexta. Ha publicado libros de ensayo, de reporterismo y de poesía, como Tus canciones y las mías y Es solo vivir. También guarda ya premios por sus entrevistas, entre otros a inmortales como Vargas Llosa y Bryce Echenique. Por ello, tenerlo delante crea cierta responsabilidad a la hora de preguntarle, sobre lo anterior, y fundamentalmente en relación a lo que nos ha reunido en una cafetería madrileña: su primera novela, Los días que no existieron (Espasa). El expediente de este pamplonés se hace más brillante cuando uno conoce su edad, 33 años, curtidos a base de lecturas, curiosidad, rigor, y como ironiza él, vivir desde el lado informativo tres elecciones generales en cuatro años. Ramírez ha invertido seis en este thriller que cautiva al lector, entre un nazi escondido de sus fechorías en Madrid y una muerte a manos de ETA silenciada; dos sucesos catalizados por una periodista inconformista, Julia, y un rico coro de secundarios. Todos esos nombres y su ecosistema de enigmas saldrán a relucir durante la conversación con este joven escritor, que en tres meses ha alcanzado su segunda edición.. Mi abuelo, que fue extorsionado por ETA, no ha podido leer ninguna novela de eso. La mía la ha leído y dice que le ha dejado huella. Cuando la memoria entra en manos de los políticos, se embadurna todo de un frentismo y de un componente fraticida. Lo único que me apetecía era escribir un ‘thriller’ y enganchar al lector. A nadie se le oculta que en los medios existen muchos egos, mucha competición, mucho maquiavelismo. Si escribes con la vocación de parecerte a alguien fracasarás seguro
El periodista navarro teje un ambicioso ‘thriller’ que camina entre el nazismo y el terrorismo de ETA, ‘Los días que no existieron’.
CLAVES. Tres muertos por hantavirus, 14 españoles a bordo… Qué se sabe del crucero de lujo que vive una situación médica crítica. encuesta. ¿Crees que el Atlético de Madrid pasará a la final de la Champions?. Entrevista. Daniel Ramírez acaba de alcanzar la segunda edición de su primera novela, ‘Los días que no existieron’.GUILLERMO GUTIERREZ CARRASCAL. WhatsApp. Facebook. Linkedin. Telegram. Beloud. Copiar URL. El periodista navarro teje un ambicioso ‘thriller’ que camina entre el nazismo y el terrorismo de ETA, ‘Los días que no existieron’.. Daniel Ramírez García-Mina se acuesta en torno a las 9 de la noche, en horario infantil como sus hijos, y entra a trabajar todos los días entre 4 y 5 de la madrugada, en Onda Cero. Escribe crónica parlamentaria en El Español y es contertulio ocasional de la Sexta. Ha publicado libros de ensayo, de reporterismo y de poesía, como Tus canciones y las mías y Es solo vivir. También guarda ya premios por sus entrevistas, entre otros a inmortales como Vargas Llosa y Bryce Echenique. Por ello, tenerlo delante crea cierta responsabilidad a la hora de preguntarle, sobre lo anterior, y fundamentalmente en relación a lo que nos ha reunido en una cafetería madrileña: su primera novela, Los días que no existieron (Espasa). El expediente de este pamplonés se hace más brillante cuando uno conoce su edad, 33 años, curtidos a base de lecturas, curiosidad, rigor, y como ironiza él, vivir desde el lado informativo tres elecciones generales en cuatro años. Ramírez ha invertido seis en este thriller que cautiva al lector, entre un nazi escondido de sus fechorías en Madrid y una muerte a manos de ETA silenciada; dos sucesos catalizados por una periodista inconformista, Julia, y un rico coro de secundarios. Todos esos nombres y su ecosistema de enigmas saldrán a relucir durante la conversación con este joven escritor, que en tres meses ha alcanzado su segunda edición.. Su novela nace de su propia experiencia como nieto de un extorsionado por ETA y de una información que le llegó sobre un nazi criminal que residía en Madrid impunemente. ¿Sus fuentes han leído el libro? ¿Qué impresion les ha causado?. Sí ha habido una cuestión emocionante. Como dices, lo que desata la escritura de Los días que no existieron, efectivamente, es el hallazgo de esos papeles que una fuente pone en mis manos. Es cuando yo me pongo a escribir la novela. Para huir de los clichés empiezo a entrevistar a hijos de nazis, al último ministro de Franco (Fernando Suárez), a soldados de la División Azul… para intentar construir al protagonista, Gustav Hafner, con cierta verosimilitud. Tuve la enorme fortuna de encontrar a la hija de uno de los pilotos que bombardeó Guernica. Mantuve varias conversaciones con ella y le envié la novela, por tener el detalle de haberme ayudado. Me dijo que la había empezado a leer y que le estaba impactando mucho y que me diría algo al terminarla. Te estoy siendo totalmente transparente. Y han pasado unas semanas y me dijo: «En cuanto la termine te diré. Prefiero esperar al final». Y ahora estoy en esa situación de espera, que es muy emocionante. Es casi como otra novela que se abre.. Mi abuelo, que fue extorsionado por ETA, no ha podido leer ninguna novela de eso. La mía la ha leído y dice que le ha dejado huella. Su abuelo tiene 95 años. ¿Él sí la ha leído?. La ha leído, sí, a pesar de su edad tiene aún capacidad para hacerlo. Tiene más capacidad que yo el tío (risas). Además, ha sido también ha sido emocionante porque las dos circunstancias fortuitas que impulsan la escritura de la novela es, como he dicho, el hallazgo de esos papeles sobre la red nazi y la historia que me cuenta mi abuelo, que no le había contado a mi madre ni al resto de sus hijos. Había sido extorsionado por ETA, aunque él no cedió al chantaje y tuvo la suerte de conservar la vida. Mi abuelo, desde que pasó eso, no ha sido capaz de leer ninguna novela ni de ver ninguna película sobre ETA, porque le genera angustia. Y eso ha sido lo emocionante. Por ejemplo, cuando le regalaron Patria (2016) de Fernando Aramburu, no fue capaz de leerlo porque decía que estaba tan bien escrito, que le llevaba a unos momentos tan concretos de su vida que no fue capaz de de soportarlo. Y, claro, con mi libro me decía: «No puedo no leerlo, es la novela de mi nieto». Me dijo que le había gustado mucho, que le dejado una huella.. Usted tiene dos hijos, a quienes dedica el libro, que son muy pequeños aún. ¿Cómo les contará qué fue ese periodo tremendo de la historia de Alemania y qué ha sido ETA para los españoles? ¿O mejor callar?. Son muy pequeños, sí. Lucas tiene dos años y medio y Sofía, seis meses. Fíjate, mi generación, y esto sí me lo he planteado escribiendo la novela, tiene la enorme fortuna, por lo general, de no tener secretos del pasado que la estrangule y que la aleje de su descendencia por una cuestión de supervivencia. Digo por lo general, porque me estoy refiriendo a episodios comunes de violencia política. Bien sea la Guerra Civil, la dictadura o el terrorismo de ETA. Claro, luego puede haber historias terribles, pero cada una con su sello personal. Nosotros no tenemos esa losa encima que han tenido mis padres y mis abuelos, porque ellos mismos han vivido una guerra y el terrorismo de ETA. Tengo la inmensa fortuna de no tener esa losa y de no tener un un secreto agazapado en un lugar de la casa, de tener que estar toda la vida procurando que mis hijos no accedan a él o accedan entre algodones para no sufrir. Todavía no me he planteado la manera porque falta mucho tiempo. Pero, sí tengo la obsesión, probablemente agobiado por la hemiplejia que padece este país en general, de intentar darles una memoria de su país lo más ecuánime posible.. Cuando la memoria entra en manos de los políticos, se embadurna todo de un frentismo y de un componente fraticida. ¿Cómo será esa memoria que les quiere transmitir?. Será una memoria nutrida de vivencias muy distintas y de autores muy distintos y profundamente alejada de la política activa de su presente. Porque lo que ocurre es que cuando la memoria entra en manos de los políticos, se embadurna todo de un frentismo y de un componente fraticida que no me gusta.. Alguien le dijo que el periodismo era una buena vía para entrar en la narrativa. ¿Crea el oficio de informador más dilemas que el de la escritura?. Es una pregunta muy difícil de responder porque lo que planteas son dilemas muy distintos. El periodismo te plantea unos dilemas éticos y morales inmediatos, que además tienen un impacto social inmediato. Y, además, con ese componente del deber sagrado que debe tener la información. Los dilemas que plantea la novela tienen más que ver con la propia conciencia. Porque además luego, cuando el libro se publica, todo está amparado por el territorio de la ficción. Y aunque las novelas, y lo hemos visto en la enorme tradición de la literatura española e hispanoamericana, pueden influir mucho en la sociedad, eso no quiere decir que por ser novela puedas abstraerte de cualquier componente moral. Pero es distinto. Al menos yo, lo afronto con más tranquilidad.. Eso pasó con ‘Patria’ que acaba de citar. Esa novela referencial sobre el terrorismo ¿le ha influido a la hora de escribir la suya?. Sí, a mí me marcó mucho. Además creo que tiene una visión muy ajustada a lo que sucedió. Y leí Los peces de la amargura (2006) que es un libro anterior de relatos sobre ETA, también de Aramburu muy valiente, porque se publicó cuando cuando ETA aún mataba. Yo creo que ese libro es muy fundacional, junto a Raúl Guerra Garrido, en lo que tiene que ver con la literatura sobre ETA. Lo que pasa es que luego Patria tuvo un eco muchísimo mayor. Pero sí que me ha marcado. Y los libros de Guerra Garrido, los de Matías Antolín, muy desconocido hoy, un periodista que se infiltró mucho en ETA para contar lo que sucedía dentro.. ‘Los días que no existieron’.CEDIDA. ¿Por qué se sigue escribiendo de algo que terminó en 2011? ¿Por qué necesitamos esa conexión con un pasado que fue tan doloroso?. Yo creo que tiene que haber un equilibrio, muy difícil de lograr, entre lo que es el ejercicio de la memoria, fundamental e imprescindible, y el derecho, sobre todo de las generaciones que han vivido sin ETA, de disfrutar de un presente maravilloso sin violencia política y donde a nadie le puedan pegar un tiro por decir lo que piensa. Y ese equilibrio es delicado porque, antes me preguntabas por la educación de de mis hijos. ¿Cómo le das a un niño o a un joven o a un adolescente los parámetros fundamentales de la memoria sin estar todo el día, como decía Gabriel Celaya, dándole cuerda al recuerdo? Hay que hacerlo con serenidad, con distancia, pero es muy importante hacerlo. Porque en estos años estamos jugando la partida de cómo se recordará ETA dentro de 20 o 30 años. Estamos creando los materiales. Y estamos educando a las primeras generaciones para las que ETA será como para mí el franquismo, algo ajeno a nuestra existencia. Es muy importante y necesario escribir sobre ETA. Yo creo que lo más importante siempre es la historia pequeña, es decir, basta leer la de cualquier atentado y todo lo que le rodea para sensibilizarse ante el dolor. Por ahí tenemos que que caminar, tanto por la ficción, el ensayo como por el reportaje.. Lo único que me apetecía era escribir un ‘thriller’ y enganchar al lector. ¿Y no se sigue usando con fines más de ganar al rival político que de otra cosa?. Yo no he hecho esa reflexión escribiendo la novela, porque la novela es un thriller que pretende atrapar al lector en la primera página y llevarlo a una velocidad vertiginosa hasta la última y que no tiene más vocación que hacerle pasar un gran rato de lectura a quien se acerque a ella. Creo que esto es muy importante porque vivimos en la era de la moralidad continua. Y yo no escribo la novela para defender ninguna causa, ni siquiera justa. Yo la escribo, como digo, porque me apetecía escribir un thriller y quería enganchar al lector. Si como efecto colateral se puede producir un acercamiento de las nuevas generaciones a lo que fue el dolor causado por ETA o a lo que fue el dolor causado por el franquismo o por los nazis refugiados en España, me parecerá estupendo. Pero no la he escrito con esa vocación porque además creo que en un thriller, y en cualquier novela en general, si se introduce una gota de moralidad, la trama decae.. ¿Y no es complicado mantener esa distancia con esos hechos, aunque sean pura ficción?. Como narrador ha sido muy importante para mí mantenerla: que cada personaje tuviera su propio código ético y moral, que cada personaje tuviera su propia escala de grises, y que además esos códigos éticos y morales fueran evolucionando en la propia novela, como evolucionan en la propia vida. Por eso, escribí muy mentalizado de alejarme de cualquier tipo de intención moralizante. Yo no he escrito una fábula para dejar una moraleja al final. He escrito un thriller, que es la historia de Julia, una reportera que persigue a un viejo nazi refugiado en Madrid con una identidad falsa y con varios crímenes a la espalda pendientes de resolver. Y ella, en esa persecución, va a ir encontrando razones y motivos para atreverse a resolver el asesinato de su abuelo a manos de ETA cuando ella era una niña. La búsqueda del nazi y las conversaciones que va a acabar manteniendo con él y la prescripción del crimen de su abuelo son los dos grandes motores de combustión con los que he intentado darle esa velocidad de thriller, ese suspense, esa intriga y ese misterio.. Ha citado a su protagonista, Julia, la periodista que concentra casi toda la acción. ¿Cuánto tiene del autor esta joven intrépida y a la vez siempre a la defensiva?. No es un alter ego. Julia tiene virtudes que yo no tengo y tiene defectos que yo no tengo. Entre las primeras, creo que tiene más talento que yo a la hora de buscar una historia. Y tiene mucha más valentía que yo. Y entre los defectos, le vienen marcados por el asesinato de su abuelo. No se vive igual teniendo inoculado en el árbol genealógico el veneno de la serpiente, que no tenerlo. Ella tiene esa losa encima de su abuelo continuamente. Porque ella es una niña que descubre los mejores olores del mundo en la mano de su abuelo paseando por la Concha. Descubre el olor del mar, descubre el salitre pegado en la piel, descubre el olor de los barquillos, descubre las corrientes del mar. Lo mejor de la vida lo descubre con su abuelo. Y de repente, se lo arrebatan de un tiro en la nuca. Yo no tengo esa losa encima y no tengo todas las consecuencias que imprime en el carácter y en la forma de ser un suceso como ese.. Ramírez tiene 33 años.GUILLERMO GUTIERREZ CARRASCAL. La mayoría de los novelistas reconocen ciertas zonas biográficas en sus personajes y en sus motivaciones.. Hay una cuestión que no te voy a ocultar. Es decir, cuando me planteo el inicio de la novela, y cuando ya sé que Julia va a perseguir a un viejo nazi refugiado en Madrid y sé que va a acabar persiguiendo a los asesinos de su abuelo, solo tenía dos caminos para, digamos, hacer verosímil que una mujer joven de repente, se embarque en una misión como esa y tenga ciertas habilidades para seguir adelante. Una de ellas es que fuera policía. Y otra es que fuera periodista. Si Julia hubiera sido policía, yo tendría que haber prolongado mucho más la investigación de la novela para entender cómo funciona el cuerpo de policía por dentro, cómo funcionan las relaciones entre policías, entre policías y detenidos, entre policías y subordinados, etcétera… Y si yo decidía que Julia fuera reportera, tenía mi bagaje y mi propia experiencia personal para construir ese mundo. Fue por eso por lo que la hice periodista.. Lleva una promoción intensa desde que la novela salió en febrero. Entrevistar a un entrevistador premiado tiene su ‘aquel’. ¿Qué le gustaría que le preguntaran sobre su novela que aún no ha hecho nadie?. Lo que te voy a decir va a parecer un piropo gremialista, pero es verdad que desde que se ha publicado la novela, en las entrevistas que me han hecho, me han hecho preguntas muy distintas, muy variadas. Siempre te puede pasar que en una entrevista salgas diciendo: «Joder, aquí no me han hecho esta pregunta». Pero si miro el marco, la cosmovisión de todas las entrevistas, no me he quedado sin decir nada. He hablado de la historia de Julia, del thriller, de la banalidad del mal, de las grandes preguntas que hace al viejo Hafner, de la suerte que tiene Julia de encontrar en la ficción lo que yo no he podido encontrar en la realidad… Yo tenía el sueño de encontrar un viejo nazi para poder hacerle esas preguntas. Y esto no era una utopía. Ya sabes que todos los años en la prensa internacional, en Estados Unidos, en Argentina fundamentalmente, suelen publicarse titulares del tipo: «Hallado un guardián de un campo de concentración con 92 años que vivía con su familia». Y en los intentos que hice en la realidad, siempre llegaba tarde. Encontré uno en San Sebastián que murió en 2012. He hablado de la parte de la creación literaria, de cómo construí las investigaciones con los hijos de los nazis, con los testimonios que te he mencionado, cómo intenté construir a mi personaje de Hafner con cierta verosimilitud. He hablado de la historia personal de mi abuelo, pero también de mis conversaciones con asesinos de ETA para construir eso. Con un mercenario que organizaba asesinatos de etarras para tener también el componente de cloacas del Estado, que está en la novela. No me he quedado con nada en la mochila.. A nadie se le oculta que en los medios existen muchos egos, mucha competición, mucho maquiavelismo. ¿Por qué ha mezclado dos temáticas tan ricas literariamente cuando podría haber hecho dos novelas?. Porque creo que un escritor no puede permitir que su novela sea ajena a eso que le está pasando, por lo menos yo concibo la literatura así. O sea, a mí las novelas que me gustan son las que se escriben con verdad. Y de hecho, esto es interesante. Yo había empezado a escribir la novela solo sobre nazis refugiados en España. Y cuando mi abuelo me cuenta esta historia me provoca una revisitación un tanto catártica de mis recuerdos, porque tenía que entender que el abuelo feliz, que se tumbaba en la alfombra a jugar con los nietos, era un hombre torturado que salía todos los días a una hora distinta de casa. Y eso no entraba en mi cabeza porque yo viajaba al pasado y en los recuerdos solo veía cotidianidad, felicidad, normalidad. Eso es duro y sobre todo, fíjate, más que duro te diría que es interesante. Me dije: «Claro, con estas sensaciones que estoy teniendo tengo que hacer literatura, porque va a salir mejor la novela». Y fue cuando la empiezo de nuevo y entonces las dos historias quedan entremezcladas. Entonces esa sería la respuesta concreta a la pregunta. No es que yo dijera originalmente: «Oye, voy a hacer una novela sobre ETA y sobre nazis,» sino que me llevó la vida.. Usted trabaja en tertulias de televisión, un mundo que se percibe, a veces, desde el otro lado como un túnel de voces y ataques de unos contra otros. ¿Es lo que proyecta en buena parte de la novela, cuando describe escenas de debate y espectáculo televisivo?. La reflexión que voy a hacer ahora me vale tanto para el lado de la mesa del que hablas y en el que estás de espectador. La tertulia tiene ese componente de espectacularización, pero lo que se vive no es distinto a lo que se vive trabajando en un periódico o en una radio. Algunos compañeros me han dicho, «Oye, has hecho un retrato muy descarnado de la profesión. ¿Te preocupa tener problemas por lo que has dicho?» En Sevilla vino un periodista con una lista y me había hecho un paralelismo de quienes podían ser en la vida real aquellos que yo invento. Le dije que me parecía fantástico, pero que yo jamás haría algo así. Porque, además, las personas que él mencionaba son demasiado icónicas e irrepetibles como para que yo creara un personaje de ficción. Carlos Alsina (su jefe), muy maliciosamente, también me lo preguntaba. Pero no hay ese parecido. Yo utilizo mi propia experiencia de cómo es un periódico, cómo es la radio, cómo es la televisión para generar ese mundo, donde a nadie se le oculta que existen muchos egos, mucha competición, mucho maquiavelismo y donde probablemente estos factores que te he numerado, que se repiten en cualquier oficio, en el de electricista, en el del abogado, en el de la fábrica, en el del bar… en el periodismo se producen elevados al cubo.. ¿La opinión es el peor enemigo de la información?. Es una pregunta para mí difícil de responder, yo no soy catedrático de deontología periodística. Soy un periodista que intenta ejercer el oficio lo mejor que puede cada día siendo consciente de la alta responsabilidad que tenemos. Yo procuro cuando intervengo en alguna tertulia, ser un periodista con información. No considero que mi opinión le pueda interesar tanto a la gente, sino que pienso que mi papel como cronista parlamentario en el Congreso y mi presencia en determinados ámbitos en los que el lector o el espectador no está, puede ser de cierta utilidad para entender algunas claves, para dar alguna información, y si es el caso, para sostener una opinión sobre estas cuestiones de testigo privilegiado que somos todos los periodistas. Pero estamos lejos de acercarnos a la verdad de las cosas.. ¿Ha tenido usted problemas con sus jefes, como la protagonista del libro?. No. De hecho, se lo han tomado bastante a broma todos. Hay mucha mitificación y conspiración sobre sobre la ausencia de libertad de los periodistas. Yo hablo por mí, quiero decir, cada uno tendrá su propia experiencia de lo que es el periodismo, la relación con sus líneas editoriales y con el poder. Yo no escribo ni hablo, ni salgo en ninguna tele donde jamás se me haya dicho qué tengo que decir. A mí en Onda Cero no me han dicho nunca jamás, «Oye, no digas esto. Oye, no puedes decir esto.» No me lo han dicho jamás. En la televisión tampoco. En el periódico, tampoco. Lo que hay es una crisis de la credibilidad de los medios en general. Pero yo no he tenido esa sensación del ejercicio de la profesión.. ¿Se ha planteado dejar algún día el periodismo de calle y dedicarse solo a escribir?. Bueno, vivo al día e intento no pensar demasiado en estas cosas. Además, concibo el periodismo también como un género literario. La crónica parlamentaria, la entrevista, el reportaje son géneros literarios. Con cierto complejo hablamos del nuevo periodismo para referirnos a Truman Capote, a Tom Wolfe y toda esa estirpe de periodistas americanos, pero eso ya había sucedido en España en los años 30 con los reportajes de Chávez Nogales, con los de Julio Camba, de González Ruano en el diario Madrid, las de Mercedes Fórmica… Hay una tradición del periodismo entendido como género literario en España. Me preguntas si me gustaría dedicarme a la literatura solo, ya me dedico a ella.. ¿Es de los puristas que asegura que todos los informadores deben pasar por una facultad para evitar intrusismo?. Yo no creo en la exigencia de la titulación. En lo que creo es la exigencia de las herramientas y de cómo cada uno accede a ellas. Encontrar una buena facultad es importante, más ahora, en que se está revisando el modelo con la entrada de la Inteligencia Artificial… Es importante estudiar Periodismo pero se puede ser un gran periodista sin tener la titulación formándose de manera diferente.. Si escribes con la vocación de parecerte a alguien fracasarás seguro. Ha citado ya algunos nombres del periodismo y de la literatura. ¿Le gustaría parecerse a un nombre en concreto?. Estaría cometiendo un error si respondiera a esa pregunta con nombres concretos. Porque aunque admirar es muy sano y yo admiro a muchísima gente y a escritores que han salido en esta entrevista, -y a Andrés Trapiello, que me ayudó mucho-, sería un error, porque lo más importante es encontrar la voz propia, tanto en la literatura como en el periodismo. Si escribes con la vocación de parecerte a alguien fracasarás seguro. . ¿Cree haber encontrado ya esa voz propia?. Lo intento cada vez que escribo. Es muy difícil de responder para el autor. Yo en ningún momento he tratado de escribir esta novela pensando en un género. He intentado escribir un thriller, no en un sentido clásico. Es muy difícil para un autor definirse. Sería más fácil que lo hicieras tú misma o un lector.. Y ¿qué tiene entre manos de nuevo? Sospecho que su mente ya está carburando algo.. Ahora estoy escribiendo un pódcast sobre Carmen Martín Gaite, de la que he aprendido muchísimo, y estoy preparado otro sobre Ana María Matute. Son dos autoras en las que he estado muy sumergidas. De ellas me gusta muchísimo algo que yo he intentado hacer en la novela, que es que todos los personajes que van apareciendo tengan algo de misterio a su alrededor. En mi novela, ese misterio es esa relación difícil y oscura de los personajes, víctimas y verdugos, con la violencia política. Todos tienen ese pasado misterioso que se va desmarañando. Tengo pendiente otra novela y varias ideas, pero aún no sé qué haré. No quiero especializarme en un tipo de novela.. Es también poeta, un lirismo que choca con la actualidad. ¿Lo ejercita para compensar?. Quizás por supervivencia, para intentar superar todo eso. Ahora menos, porque llevo seis años inmerso en ese viaje al fondo de la conciencia humana. Me encantan Idea Vilariño, Carmelo Iribarren, Luis Alberto de Cuenca, Luis Rosales, Ángel González… Casi toda la poesía está en los clásicos.. Entrevistas. Literatura. Periodismo. Mostrar comentarios. Comentarios
