La tendencia no es nueva: incluir algunos elementos fantásticos en una narración de tintes realistas para explorar la identidad, la muerte, la familia, la amistad o el deseo. La literatura en castellano abraza esta mezcla de lo real con lo fantástico, no como escapismo, sino como estrategia de reflexión.. Anna Starobinets, María Bastarós o Fernando Navarro introducen elementos extraordinarios, criaturas, metamorfosis, visiones, mitologías en tramas profundamente reales. Un movimiento que hunde raíces en el realismo mágico, donde lo insólito se integra en la vida cotidiana sin ser cuestionado y en lo fantástico, donde lo inexplicable provoca extrañeza.. Uclés acaba de ganar el premio Nadal con un libro titulado ‘La ciudad de las luces muertas’ (Destino), en las librerías el 4 de febrero.. Este realismo fantástico contemporáneo permite narrar la violencia, la memoria o el trauma. Prueba del tirón son el éxito de las novelas La península de las casas vacías, de David Uclés (Siruela); Crisálida, de Fernando Navarro (Impedimenta) y El Vado de los Zorros, de Anna Starobinets (Impedimenta), que reactivan la mezcla entre lo mágico, lo mítico y lo histórico para abordar temas profundamente humanos. Uclés acaba de ganar el premio Nadal con un libro titulado La ciudad de las luces muertas (Destino), que saldrá a las librerías el 4 de febrero.. En la obra de Gabriela Cabezón Cámara, finalista del Booker International y del Médicis por Las aventuras de la China Iron, lo sobrenatural surge como una forma de disputar la versión oficial de la historia: aquello que quedó oculto, domesticado o borrado. En Las niñas del naranjel (Random House, 2023), la selva paranaense cobra vida: croa, ruge, zumba, piensa. Tras viajar con el fotógrafo Emilio White por ese territorio, la autora reescribió la selva desde los sentidos. Allí sitúa su relectura de la Monja Alférez–Catalina de Erauso, nacida en 1592 y célebre por escapar del convento, vivir como hombre y participar en la conquista de América–, a quien devuelve al espacio silenciado de lo no dicho.. La lengua opera el milagro de la fantasía. No solo por la mezcla de lunfardo, guaraní, vasco. En Cabezón Cámara, la lengua opera el milagro de la fantasía. No solo por la mezcla de lunfardo, guaraní, vasco…, sino por la fiesta metafórica. Lo fantástico le da licencia para mezclar tonos y ritmos, y para producir escenas donde lo imposible suena verosímil.. Ese mismo impulso atraviesa Crisálida, la primera novela del guionista Fernando Navarro. Para narrar «el terror de verse obligado a madurar demasiado pronto», el autor convierte las Alpujarras y Sierra Nevada en paisajes míticos atravesados por el folk-horror. Entre secuoyas y criaturas que parecen surgir del cine, late una violencia real: la de un padre paranoico, alcohólico y drogadicto cuya figura resulta más inquietante que cualquier presencia sobrenatural. Aquí lo fantástico funciona como dramatización del daño: no es un velo que tapa la herida, sino una forma de hacerla visible.. Una fábula que permite contar la violencia de Estado y el trauma colectivo sin encorsetarlos en la crónica histórica. También en El vado de los zorros, la escritora rusa Anna Starobinets usa lo imaginario para narrar lo indecible. Ambientada en la frontera ruso-manchú en 1945, la novela mezcla conspiraciones soviéticas, experimentos humanos y la presencia de las mujeres-zorro, inspiradas en las kitsune japonesas y las huli jing chinas. La autora levanta un territorio liminal en el que conviven biopolítica, posguerra y mito. El resultado: una fábula que permite contar la violencia de Estado y el trauma colectivo sin encorsetarlos en la crónica histórica. Los horrores del pasado se leen con una distancia que no anestesia: abre preguntas, no las clausura.. Antes de ganar el 82º Premio Nadal, David Uclés mezcla lo costumbrista, lo poético, lo grotesco y lo épico para narrar la Guerra Civil, la fractura familiar y la agonía de un pueblo en La península de las casas vacías. Tras quince años de trabajo e investigación, el autor construye un realismo mágico local, deudor de Günter Grass de raíz lorquiana. La península que imagina, llena de casas abandonadas, silencios y ausencias, convierte el vacío en metáfora emocional y política. Lo fantástico encarna lo que la memoria democrática aún no consigue nombrar del todo: los olvidos, las vidas interrumpidas.. Por su parte, María Bastarós continúa explorando la relación entre mito, violencia e identidad en Criaturita, segunda novela tras Historia de España contada para las niñas y el libro de relatos No era esto lo que veíamos. En el ficticio lago Milagro, la desaparición de varias mujeres de mediana edad se atribuye a una criatura abisal, presencia legendaria que funciona como metáfora de la culpa familiar. Formada en Historia del Arte y con experiencia como gestora cultural y guionista, Bastarós utiliza el monstruo no para generar terror, sino para interrogar el origen de la herida: qué transmitimos, qué repetimos y qué callamos.. Frente a la literalidad, estas autoras y autores reivindican la imaginación para contar lo que la realidad no deja ver del todo. No se trata de escapar del mundo, sino de adentrarse más profundamente en él. Quizá por eso esta nueva ola de real-imaginario –cruzada entre memoria, política y mito– conecta con tantos lectores: porque nos recuerda que las historias más verdaderas no siempre son las más realistas.
La prosa en castellano abraza lo fantástico para narrar violencia, memoria y deseo.
La tendencia no es nueva: incluir algunos elementos fantásticos en una narración de tintes realistas para explorar la identidad, la muerte, la familia, la amistad o el deseo. La literatura en castellano abraza esta mezcla de lo real con lo fantástico, no como escapismo, sino como estrategia de reflexión.. Anna Starobinets, María Bastarós o Fernando Navarro introducen elementos extraordinarios, criaturas, metamorfosis, visiones, mitologías en tramas profundamente reales. Un movimiento que hunde raíces en el realismo mágico, donde lo insólito se integra en la vida cotidiana sin ser cuestionado y en lo fantástico, donde lo inexplicable provoca extrañeza.. Uclés acaba de ganar el premio Nadal con un libro titulado ‘La ciudad de las luces muertas’ (Destino), en las librerías el 4 de febrero.. Este realismo fantástico contemporáneo permite narrar la violencia, la memoria o el trauma. Prueba del tirón son el éxito de las novelas La península de las casas vacías, de David Uclés (Siruela); Crisálida, de Fernando Navarro (Impedimenta)y El Vado de los Zorros, de Anna Starobinets (Impedimenta), que reactivan la mezcla entre lo mágico, lo mítico y lo histórico para abordar temas profundamente humanos. Uclés acaba de ganar el premio Nadal con un libro titulado La ciudad de las luces muertas (Destino), que saldrá a las librerías el 4 de febrero.. En la obra de Gabriela Cabezón Cámara, finalista del Booker International y del Médicis por Las aventuras de la China Iron, lo sobrenatural surge como una forma de disputar la versión oficial de la historia: aquello que quedó oculto, domesticado o borrado.En Las niñas del naranjel (Random House, 2023), la selva paranaense cobra vida: croa, ruge, zumba, piensa. Tras viajar con el fotógrafo Emilio White por ese territorio, la autora reescribió la selva desde los sentidos. Allí sitúa su relectura de la Monja Alférez–Catalina de Erauso, nacida en 1592 y célebre por escapar del convento, vivir como hombre y participar en la conquista de América–, a quien devuelve al espacio silenciado de lo no dicho.. La lengua opera el milagro de la fantasía. No solo por la mezcla de lunfardo, guaraní, vasco. En Cabezón Cámara, la lengua opera el milagro de la fantasía. No solo por la mezcla delunfardo, guaraní, vasco…, sino por la fiesta metafórica. Lo fantástico le da licencia para mezclar tonos y ritmos, y para producir escenas donde lo imposible suena verosímil.. El escritor Fernando Navarro, autor de ‘Crisálida’. ARCHIVO. Ese mismo impulso atraviesa Crisálida, la primera novela del guionista Fernando Navarro. Para narrar «el terror de verse obligado a madurar demasiado pronto», el autor convierte las Alpujarras y Sierra Nevada en paisajes míticos atravesados por el folk-horror. Entre secuoyas y criaturas que parecen surgir del cine, late una violencia real: la de un padre paranoico, alcohólico y drogadicto cuya figura resulta más inquietante que cualquier presencia sobrenatural. Aquí lo fantástico funciona como dramatización del daño: no es un velo que tapa la herida, sino una forma de hacerla visible.. Una fábula que permite contar la violencia de Estado y el trauma colectivo sin encorsetarlos en la crónica histórica. También en El vado de los zorros, la escritora rusa Anna Starobinets usa lo imaginario para narrar lo indecible. Ambientada en la frontera ruso-manchú en 1945, la novela mezcla conspiraciones soviéticas, experimentos humanos y la presencia de las mujeres-zorro, inspiradas en las kitsune japonesas y las huli jing chinas. La autora levanta un territorio liminal en el que conviven biopolítica, posguerra y mito. El resultado: una fábula que permite contar la violencia de Estado y el trauma colectivo sin encorsetarlos en la crónica histórica. Los horrores del pasado se leen con una distancia que no anestesia: abre preguntas, no las clausura.. La escritora Anna Starobinets, autora de ‘El vado de los zorros’.Isabel Wagemann. Antes de ganar el 82º Premio Nadal, David Uclés mezcla lo costumbrista, lo poético, lo grotesco y lo épico para narrar la Guerra Civil, la fractura familiar y la agonía de un pueblo en La península de las casas vacías. Tras quince años de trabajo e investigación, el autor construye un realismo mágico local, deudor de Günter Grass de raíz lorquiana. La península que imagina, llena de casas abandonadas, silencios y ausencias, convierte el vacío en metáfora emocional y política. Lo fantástico encarna lo que la memoria democrática aún no consigue nombrar del todo: los olvidos, las vidas interrumpidas.. María Bastarós, autora de ‘Criaturita’.. Por su parte, María Bastarós continúa explorando la relación entre mito, violencia e identidad en Criaturita, segunda novela tras Historia de España contada para las niñas y el libro de relatos No era esto lo que veíamos. En el ficticio lago Milagro, la desaparición de varias mujeres de mediana edad se atribuye a una criatura abisal, presencia legendaria que funciona como metáfora de la culpa familiar. Formada en Historia del Arte y con experiencia como gestora cultural y guionista, Bastarós utiliza el monstruo no para generar terror, sino para interrogar el origen de la herida: qué transmitimos, qué repetimos y qué callamos.. Frente a la literalidad, estas autoras y autores reivindican la imaginación para contar lo que la realidad no deja ver del todo. No se trata de escapar del mundo, sino de adentrarse más profundamente en él. Quizá por eso esta nueva ola de real-imaginario –cruzada entre memoria, política y mito– conecta con tantos lectores: porque nos recuerda que las historias más verdaderas no siempre son las más realistas.
