Hubo un tiempo, no hace tanto, en que una ovación de pie era todavía una excepción. Se reservaba para esas raras ocasiones en que lo ocurrido sobre el escenario parecía exigir una forma distinta de agradecimiento; cuando el aplauso, por sí solo, se volvía insuficiente. Hoy, en cambio, las ovaciones se prodigan con tal facilidad que casi han perdido su significado. Tal vez por eso convenga prestar atención cuando aparece una que se justifica plenamente.. Seguir leyendo
Lo difícil de explicar es otra cosa: que una política que tardó 25 años en levantar una red nacional apareciera, siquiera por un momento, entre aquello de lo que el Estado podía prescindir
Hubo un tiempo, no hace tanto, en que una ovación de pie era todavía una excepción. Se reservaba para esas raras ocasiones en que lo ocurrido sobre el escenario parecía exigir una forma distinta de agradecimiento; cuando el aplauso, por sí solo, se volvía insuficiente. Hoy, en cambio, las ovaciones se prodigan con tal facilidad que casi han perdido su significado. Tal vez por eso convenga prestar atención cuando aparece una que se justifica plenamente.. El 24 de agosto, en el Teatro Municipal de Las Condes, la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles de Chile —conocida afectuosamente como la FOJI— celebró sus 25 años junto a la Fundación Beethoven. Su Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil, dirigida por Paolo Bortolameolli y acompañada por el violonchelista estadounidense Zuill Bailey, ofreció una función brillante en la que fue difícil conciliar la edad de quienes estaban sobre el escenario con la madurez de lo que se escuchaba desde las butacas. Al final llegó una larga ovación que nada tuvo de cortesía inmerecida.. Detrás de esos músicos hay una historia aún más extraordinaria que la del concierto. En 1964, Jorge Peña Hen formó en La Serena la primera orquesta sinfónica infantil de Chile y Latinoamérica, trabajando con niños de escuelas vulnerables. Tras su temprana y trágica muerte, aquella experiencia quedó truncada. Para nuestra fortuna, el visionario Fernando Rosas recogió ese legado en 1992 y, nueve años más tarde, junto a la primera dama Luisa Durán, dio origen a la FOJI. La idea era sencilla pero radical: que talento y vocación, antes que los recursos familiares, determinaran quién podía acceder a un instrumento, recibir formación y encontrar un lugar en una orquesta.. Presentación de la Fundación Orquestas Juveniles de Chile, en Viña del Mar.FOJI. Un cuarto de siglo después, la FOJI mantiene 19 orquestas a lo largo del país y apoya cada año a más de 1.200 niños y jóvenes. Su principal conjunto ha trabajado con músicos como Zubin Mehta, Gustavo Dudamel, Juan Pablo Izquierdo o Maximiano Valdés. Pero sería un error buscar en esos nombres la medida de su éxito. Su logro más importante ocurrió lejos de los grandes escenarios, al convertir una idea generosa en una oportunidad concreta para miles de niños y jóvenes. En ello, conviene precisar, el azar se ha confrontado a través de una política pública bien diseñada, combinando becas, acompañamiento psicosocial, formación de profesores, fondos para crear y fortalecer orquestas comunales, adquisición y reparación de instrumentos, además de encuentros y giras.. Hay, además, algo excepcionalmente poco chileno en toda esta trayectoria: su continuidad. La FOJI sobrevivió a sus fundadores, a cambios de gobierno y coaliciones ideológicamente muy diversas, cada una de ellas obnubilada por modas, prioridades y entusiasmos pasajeros. En un Estado demasiado habituado a confundir políticas públicas con programas de gobierno y a inaugurar instituciones como si cada administración comenzara la historia desde cero, la FOJI ha conseguido en estos 25 años algo excepcionalmente meritorio: dejar de ser la obra de un gobierno para convertirse en una obra del Estado.. Precisamente por eso resultó tan desconcertante la señal enviada hace algunos meses desde el ministerio de Hacienda. Mientras decía preparar el Presupuesto de 2027, sus equipos incluyeron los programas de orquestas propias y comunales de FOJI entre aquellos que recomendaba descosí,ntinuar. Luego de la esperable crítica, vino la exégesis. Se dijo que era apenas una orientación preliminar, que ninguna decisión estaba tomada y que ‘descontinuar’, al parecer, no significaba necesariamente descontinuar. Que el gasto público deba revisarse es evidente; ninguna institución, tampoco FOJI, puede reclamar inmunidad frente a ese examen. Lo difícil de explicar es otra cosa: que una política que tardó 25 años en levantar una red nacional apareciera, siquiera por un momento, entre aquello de lo que el Estado podía prescindir. Para una institución que celebra sus bodas de plata, cuesta imaginar un regalo más fiel a esa antigua tradición nacional conocida como el pago de Chile.. Violinistas de la Fundación Orquestas Juveniles de Chile.FOJI. Pero el episodio importa por algo que trasciende el destino presupuestario de la propia fundación. Una ovación auténtica exige primero una obra capaz de merecerla. Y esas obras rara vez se improvisan. Necesitan tiempo, perseverancia, aprendizaje y algo que la política contemporánea parece llevar especialmente mal: pensar en décadas, sabiendo plantar árboles bajo cuya sombra seguramente se sentarán otros.. La FOJI es precisamente eso. Es una política cultural exitosa bajo cualquier métrica, pero que necesitó décadas para mostrar de lo que era capaz. La pregunta incómoda, entonces, no es solo por qué alguien pensó en descontinuarla. Es cuál será la próxima. ¿Qué política educacional o cultural se está construyendo hoy que pueda aspirar, dentro de 25 años, a una ovación semejante? ¿Cuál dejó encaminada el gobierno anterior? ¿Y el que lo precedió? La dificultad para encontrar respuestas parece demostrar que, desde hace demasiado tiempo, la política reparte aplausos con mucha mayor facilidad que legados.. Tal vez allí esté el verdadero problema. En cultura, como en tantas otras materias, la política se ha vuelto demasiado hábil para anunciar, inaugurar y rebautizar, pero mucho menos para perseverar. FOJI demuestra que las políticas que perduran suelen exigir justamente lo contrario: encontrar una buena idea, resistir la tentación de apropiársela, protegerla de los cambios de gobierno y darle el tiempo necesario para madurar.. La ovación del lunes 24 de agost fue, por eso, algo más que el reconocimiento a una gran interpretación. Fue también el aplauso a una manera de hacer política pública que se ha vuelto demasiado inusual. Conviene no confundir las cosas. Las ovaciones pierden su valor cuando se regalan. Lo mismo ocurre con las buenas políticas cuando se descuidan.. Eugenio García-Huidobro es profesor de la facultad de Derecho e investigador del Centro de Regulación y Competencia de la Universidad de Chile
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