El escritor y novelista Arturo Pérez-Reverte fue reportero de guerra durante 21 años, un oficio al que no volvería ni aunque tuviera 25 años y no 74, como gasta en la actualidad. Pérez-Reverte ha reunido sus crónicas y reportajes de aquellos tiempos en un libro, Enviado especial (Alfaguara), con el subtítulo de Una biografía de guerra, lo que no es baladí; es casi como inventar un género dentro de otro género.. Pérez-Reverte se ha rodeado en el Ateneo de Madrid de bastantes periodistas (nacionales y extranjeros) y de algunos colaboradores necesarios en su anterior vida, otros reporteros que como él se movieron en las trincheras del Líbano, Mozambique, Sarajevo, el Sáhara…: Alfonso Armada, algunos cámaras que le acompañaron en sus travesías, como Paco Custodio, que se sentó a su izquierda, y a los que él siempre nombraba en sus reportajes para TVE; insignes compañeros de un pasado que en su opinión, «no volverá como se entendía entonces. El público ya no quiere que les cuenten la verdad, no quiere vísceras. El mundo de los reporteros que iban a un sitio a agitar conciencias, se ha terminado».. Pérez-Reverte dejó de informar a pie de bomba y de fuego cruzado hace cuarenta años. Vio y contó lo peor del ser humano, pero ahora cree que el oficio está muerto y que el mundo ha cambiado, es otro: «No queremos mirar, no queremos que nos cuenten la verdad, y el que lo cuente es un aguafiestas; nadie quiere que le estropeen la fiesta». Y agregó: «Nuestra intención era cortar la digestión del espectador. En los años 70 y 80 fuimos la garantía de que lo que se contaba era verdad».. El volumen recopila crónicas y reportajes escritos en los 70 y los 80, junto a artículos sobre conflictos publicados en las últimas décadas y muestra un popurrí de fotos hechas en los conflictos armados por el propio Pérez-Reverte, en el interior de la portada y de la contraportada. La portada (hecha por otro periodista) es una foto de él, con un casco israelí, en el sur del Líbano. Los editores querían que apareciera el personaje, para reforzar que son textos personales, sobre el terreno. «Parece periodista pero también fotógrafo en esa imagen, por eso nos gustó», han confirmado a 20minutos.. Muchas fotos de las que hice son imágenes inadmisibles en el mundo actual porque son incómodas. Con esas imágenes y muchas más, Pérez-Reverte ha presentado en paralelo una exposición de fotografías tomadas en los conflictos bélicos que cubrió entre 1974 y 1985, que puede visitarse del 7 al 31 de mayo en el Ateneo de Madrid, en el marco de PhotoEspaña, bajo el nombre Fotografías de guerra 1974-1985.. «Muchas de esas fotos no se publicarían hoy para no herir sensibilidades, se pixelarían; son imágenes inadmisibles en el mundo actual porque son incómodas», ha señalado ante la prensa. El libro comieza con un reportaje que publicó en el diario La Verdad de Murcia (Pérez- Reverte nació en Cartagena), una visita a una mina en La Unión, ‘armado’ con una libreta y un bolígrafo y «el deseo de contar algo que no se entendiese desde fuera».. Décadas después, convertido en un novelista y articulista de éxito, Pérez-Reverte lamenta que «el mundo de los reporteros se ha acabado» y que el público «acepta lo que le dan», porque «la atención son ocho segundos y pasa a lo siguiente», de modo que «no merece la pena gastarse el dinero en mandar a nadie».. Yo he delinquido en todos los países e idiomas; he sobornado, mentido y engañado para poder transmitir. «Esa superficialidad, ese desinterés, esa negativa íntima a entender la realidad, no querer incomodarse, vivir envueltos en un capullo de algodón que nos anestesia, se manifiesta en todo; hay un mundo que se ha terminado, ahora viene otro. Hoy, hasta lo más horrible lo mutilan, nos han alejado de la realidad», se dolió.. «Ahora graban los soldados o las víctimas con móviles, con la cámara del casco o con drones. Nosotros éramos la última garantía de que todo lo que se contaba era verdad. Ahora hay tanta interposición tecnológica y de intereses de todo tipo que ya no es fiable, ninguna guerra es fiable».. El escritor ha subrayado que este libro es también un homenaje a los compañeros con quienes vivió situaciones de agobios y miserias. «Cuando estas ahí, la obsesión es transmitir; a eso lo sacrificas todo. Yo he delinquido en todos los países e idiomas; he sobornado, mentido y engañado para poder transmitir», ha recordado.. «Todos tenemos remordimientos, cuando tienes prisa para transmitir y de camino no miras lo que tienes delante, porque tienes otra cosa en la cabeza. De vez en cuando vienen los fantasmas y te despiertan, todos los tenemos, pero a cambio de ese estrago personal he aprendido mucho sobre el ser humano», ha asegurado.. Si Trump manipula, tan culpable es él como quien lo ha permitido. Somos una presa fácil y se aprovechan de ello. «La guerra es sucia, huele mal, hace sudar y deja la boca seca como papel de lija», añadió y reiteró que actualmente «la censura ni siquiera es oficial, es social», por lo que «el mundo merece lo que tiene. Si Trump manipula, tan culpable es él como quien lo ha permitido. Somos una presa fácil y se aprovechan de ello para hacer su negocio y su beneficio. El ser humano ha olvidado lo que es la vida, y eso le hace más vulnerable».. Aunque Pérez-Reverte no quiso precisar en qué guerra de las que asolan hoy el mundo desearía participar informando, sí admitió que su antiguo oficio, en el que vio morir a mucha gente, también compañeros, ha merecido la pena. «Este mundo no es para gente como nosotros, y no lo digo en plan abuelo Cebolleta. Nuestros mecanismos no son transferibles. Somos dinosaruos, estamos extinguidos, no somos adaptables. Me negaría aunque tuviera 25 años. Esto no lo haría ya», se reafirmó. Pero lo de antes, «valió la pena. Hice mi trabajo lo mejor que pude. Mereció la pena, eso me dejó una mirada sobre el mundo».. El pánico te derrumba, es peligroso, hace que te puedan matar. Pero ya que estamos allí, hay que hacer bien el trabajo. Sin filtros, característica de la casa, el escritor y viejo reportero reconoció también que «la guerra puede ser divertida. Hay momentos en los que tienes que reírte. He entrevistado a un líder de un guerrillero con unas gafas Rayban con la etiqueta colgando. Otra vez estuve con un guerrillero que llevaba un chaleco inflable. Te sale esa especie de cinismo profesional, y es que necesitas sobrevivir. Todo ese tipo de bromas y humor negro forma parte de la profesion».. Y se despidió con una aseveración sobre la profesión de periodista: «Un carnet de prensa nunca te ha protegido de nada. Un periodista es un accidente laboral, no lo matan trabajando. Es rebajar la categoría decir que lo han asesinado. Asumes que eres periodista de guerra. El pánico te derrumba, es peligroso, hace que te puedan matar. Pero ya que estamos allí, hay que hacer bien el trabajo».. Palabra de reportero para terminar: «A veces, cuando miro atrás, tengo la impresión de que las muchas vidas que viví son ajenas, de otro. No mías. Se me hace extraño recordar los diversos hombres que fui antes de ser, lo que para bien o para mal, pueda ser ahora».
El escritor recopila artículos y vivencias de su etapa como informador en conflictos bélicos, que duró más de veinte años.
El escritor y novelista Arturo Pérez-Reverte fue reportero de guerra durante 21 años, un oficio al que no volvería ni aunque tuviera 25 años y no 74, como gasta en la actualidad. Pérez-Reverte ha reunido sus crónicas y reportajes de aquellos tiempos en un libro, Enviado especial (Alfaguara), con el subtítulo de Una biografía de guerra, lo que no es baladí; es casi como inventar un género dentro de otro género.. Pérez-Reverte se ha rodeado en el Ateneo de Madrid de bastantes periodistas (nacionales y extranjeros) y de algunos colaboradores necesarios en su anterior vida, otros reporteros que como él se movieron en las trincheras del Líbano, Mozambique, Sarajevo, el Sáhara…: Alfonso Armada, algunos cámaras que le acompañaron en sus travesías, como Paco Custodio, que se sentó a su izquierda, y a los que él siempre nombraba en sus reportajes para TVE; insignes compañeros de un pasado que en su opinión, «no volverá como se entendía entonces. El público ya no quiere que les cuenten la verdad, no quiere vísceras. El mundo de los reporteros que iban a un sitio a agitar conciencias, se ha terminado».. Pérez-Reverte dejó de informar a pie de bomba y de fuego cruzado hace cuarenta años. Vio y contó lo peor del ser humano, pero ahora cree que el oficio está muerto y que el mundo ha cambiado, es otro:»No queremos mirar, no queremos que nos cuenten la verdad, y el que lo cuente es un aguafiestas; nadie quiere que le estropeen la fiesta». Y agregó: «Nuestra intención era cortar la digestión del espectador. En los años 70 y 80 fuimos la garantía de que lo que se contaba era verdad».. Pérez-Reverte, durante su intervención ante la prensa.Jeosm. El volumen recopila crónicas y reportajes escritos en los 70 y los 80, junto a artículos sobre conflictos publicados en las últimas décadas y muestra un popurrí de fotos hechas en los conflictos armados por el propio Pérez-Reverte, en el interior de la portada y de la contraportada. La portada (hecha por otro periodista) es una foto de él, con un casco israelí, en el sur del Líbano. Los editores querían que apareciera el personaje, para reforzar que son textos personales, sobre el terreno. «Parece periodista pero también fotógrafo en esa imagen, por eso nos gustó», han confirmado a 20minutos.. Muchas fotos de las que hice son imágenes inadmisibles en el mundo actual porque son incómodas. Con esas imágenes y muchas más, Pérez-Reverte ha presentado en paralelo una exposición de fotografías tomadas en los conflictos bélicos que cubrió entre 1974 y 1985, que puede visitarse del 7 al 31 de mayo en el Ateneo de Madrid, en el marco de PhotoEspaña, bajo el nombre Fotografías de guerra 1974-1985.. Pérez-Reverte, con la editora Pilar Reyes y el cámara Paco Custodio.Jeosm. «Muchas de esas fotos no se publicarían hoy para no herir sensibilidades, se pixelarían; son imágenes inadmisibles en el mundo actual porque son incómodas», ha señalado ante la prensa. El libro comieza con un reportaje que publicó en el diario La Verdad de Murcia (Pérez- Reverte nació en Cartagena), una visita a una mina en La Unión, ‘armado’ con una libreta y un bolígrafo y «el deseo de contar algo que no se entendiese desde fuera».. Décadas después, convertido en un novelista y articulista de éxito, Pérez-Reverte lamenta que «el mundo de los reporteros se ha acabado» y que el público «acepta lo que le dan», porque «la atención son ocho segundos y pasa a lo siguiente», de modo que «no merece la pena gastarse el dinero en mandar a nadie».. Yo he delinquido en todos los países e idiomas; he sobornado, mentido y engañado para poder transmitir. «Esa superficialidad, ese desinterés, esa negativa íntima a entender la realidad, no querer incomodarse, vivir envueltos en un capullo de algodón que nos anestesia, se manifiesta en todo; hay un mundo que se ha terminado, ahora viene otro. Hoy, hasta lo más horrible lo mutilan, nos han alejado de la realidad», se dolió.. «Ahora graban los soldados o las víctimas con móviles, con la cámara del casco o con drones. Nosotros éramos la última garantía de que todo lo que se contaba era verdad. Ahora hay tanta interposición tecnológica y de intereses de todo tipo que ya no es fiable, ninguna guerra es fiable».. La rueda de prensa tuvo lugar en el Ateneo de Madrid.Jeosm. El escritor ha subrayado que este libro es también un homenaje a los compañeros con quienes vivió situaciones de agobios y miserias. «Cuando estas ahí, la obsesión es transmitir; a eso lo sacrificas todo. Yo he delinquido en todos los países e idiomas; he sobornado, mentido y engañado para poder transmitir», ha recordado.. «Todos tenemos remordimientos, cuando tienes prisa para transmitir y de camino no miras lo que tienes delante, porque tienes otra cosa en la cabeza. De vez en cuando vienen los fantasmas y te despiertan, todos los tenemos, pero a cambio de ese estrago personal he aprendido mucho sobre el ser humano», ha asegurado.. Si Trump manipula, tan culpable es él como quien lo ha permitido. Somos una presa fácil y se aprovechan de ello. «La guerra es sucia, huele mal, hace sudar y deja la boca seca como papel de lija», añadió y reiteró que actualmente «la censura ni siquiera es oficial, es social», por lo que «el mundo merece lo que tiene. Si Trump manipula, tan culpable es él como quien lo ha permitido. Somos una presa fácil y se aprovechan de ello para hacer su negocio y su beneficio. El ser humano ha olvidado lo que es la vida, y eso le hace más vulnerable».. ‘Enviado especial’.CEDIDA. Aunque Pérez-Reverte no quiso precisar en qué guerra de las que asolan hoy el mundo desearía participar informando, sí admitió que su antiguo oficio, en el que vio morir a mucha gente, también compañeros, ha merecido la pena. «Este mundo no es para gente como nosotros, y no lo digo en plan abuelo Cebolleta. Nuestros mecanismos no son transferibles. Somos dinosaruos, estamos extinguidos, no somos adaptables. Me negaría aunque tuviera 25 años. Esto no lo haría ya», se reafirmó. Pero lo de antes, «valió la pena. Hice mi trabajo lo mejor que pude. Mereció la pena, eso me dejó una mirada sobre el mundo».. El pánico te derrumba, es peligroso, hace que te puedan matar. Pero ya que estamos allí, hay que hacer bien el trabajo. Sin filtros, característica de la casa, el escritor y viejo reportero reconoció también que «la guerra puede ser divertida. Hay momentos en los que tienes que reírte. He entrevistado a un líder de un guerrillero con unas gafas Rayban con la etiqueta colgando. Otra vez estuve con un guerrillero que llevaba un chaleco inflable. Te sale esa especie de cinismo profesional, y es que necesitas sobrevivir. Todo ese tipo de bromas y humor negro forma parte de la profesion».. Y se despidió con una aseveración sobre la profesión de periodista: «Un carnet de prensa nunca te ha protegido de nada. Un periodista es un accidente laboral, no lo matan trabajando. Es rebajar la categoría decir que lo han asesinado. Asumes que eres periodista de guerra. El pánico te derrumba, es peligroso, hace que te puedan matar. Pero ya que estamos allí, hay que hacer bien el trabajo».. Palabra de reportero para terminar: «A veces, cuando miro atrás, tengo la impresión de que las muchas vidas que viví son ajenas, de otro. No mías. Se me hace extraño recordar los diversos hombres que fui antes de ser, lo que para bien o para mal, pueda ser ahora».
