Se adentra en el abismo y paladea la gloria del torero de toreros acompañado de los periodistas Antonio Lucas y Francisco Pascual en un acto que concita a personalidades de todo pelaje en torno a la figura del maestro cigarrero Leer
Se adentra en el abismo y paladea la gloria del torero de toreros acompañado de los periodistas Antonio Lucas y Francisco Pascual en un acto que concita a personalidades de todo pelaje en torno a la figura del maestro cigarrero Leer
Sobrevuela Madrid un recuerdo: el maestro Morante de la Puebla en el centro del ruedo de la Plaza de Toros de Las Ventas. Ambas manos sobre el cogote, la castañeta desprendida. La sensación de orfandad azotó al toreo.. Y de aquel amargo sabor rebrotó una especie de resquemor cuando, el 21 de enero de este año, este diario adelantaba el regreso a los ruedos del diestro cigarrero: «Entiendo la sensación de estafa emocional, pero se me pasa cuando me pregunto si la tauromaquia es mejor con o sin Morante», aseguró el cronista taurino de EL MUNDO, Vicente Zabala de la Serna, durante la presentación de su nuevo libro Memoria de Morante. El adiós y el regreso de un genio herido ayer en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.. Esta crónica total del torero frente a la gloria y sus abismos reflota el mito del diestro de La Puebla del Río en los albores de una feria de San Isidro en la que su sombra se anticipa larga; en la que la ilusión de esperarlo aún desborda a la afición. El libro, que saldrá a la venta el 14 de mayo, nació como un reportaje que narraba las 48 horas homéricas que transcurrieron entre las tardes de El Puerto de Santa María y Pontevedra acompañando al maestro Morante en una «apuesta editorial sin límites de EL MUNDO», planteó Zabala, que durante la presentación fue escudado por dos periodistas de esta casa, el redactor y poeta Antonio Lucas y el adjunto al director, Francisco Pascual. Los tres trenzaron un esquema del «gran origami» que es este libro y «que va desplegando las fases del torero», en palabras de Lucas.. Abordando la oscuridad que acecha al diestro cigarrero y la lucidez que también lo caracteriza, Zabala de la Serna esbozó con trazo fino el retrato del «mejor torero de la historia», uno embebido del estilo de sus crónicas y del «gramaje de gran literatura que hay en el vuelo de las mismas», ahondó Antonio Lucas. Pero, más allá del torero, Zabala explora al «icono popular que ha roto todas las costuras del arte», afirmó el autor, que ayer concentró a una amplísima escudería de aficionados y gentes del toro: desde el maestro Curro Vázquez hasta el director general de Plaza 1, la empresa gestora de Las Ventas, Rafael García Garrido, pasando por el consejero de Medio Ambiente, Agricultura e Interior, Carlos Novillo; el apoderado del torero Diego Urdiales, Israel Vicente; el director general de la Fundación Toro de Lidia, Borja Cardelús; el artista José María Cano; el torero Sergio Aguilar; el empresario de Tauroemoción, Alberto García; el director del Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid, Miguel Martín; los ganaderos Javier Moreno y Ana Mayoral; el catedrático de Historia del Derecho, José Antonio Escudero, íntimo del periodista Miguel Ángel Aguilar, que acudió acompañado de su hijo y editor de la obra, Miguel Aguilar. También arroparon a Vicente Zabala el director de EL MUNDO, Joaquín Manso, y el director adjunto, Vicente Ruiz, en línea con la apuesta de este diario por la información taurina, así como el fotógrafo de esta casa Pepe Aymá o el cronista taurino Ignacio Álvarez Vara Barquerito, entre los señeros periodistas con los que comparte afición.. «Si Morante de la Puebla nos dice la verdad en la plaza, Zabala nos la revela en sus crónicas», arguyó Pascual antes del intercambio de preguntas entre los espadas que permitió al autor adelantar algunos de los detalles de mayor relumbrón de la obra. Desde las virtudes anatómicas del torero, hasta el ying y el yang de Belmonte y Joselito que pervive en el genio, pasando por su rivalidad con Roca Rey o los detalles sobre las terapias que lo ayudan «a que se sienta que sigue entre nosotros», Zabala de la Serna, Antonio Lucas y Francisco Pascual expusieron un mosaico que ha de ser «abarcado en círculos hasta el tuétano», donde está incrustado el viaje entre la pérdida de la memoria y la «transfiguración» del maestro «al ritmo del toro bravo». Porque «Morante o es rito o no es nada».
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