Barcelona tiene museos de todo tipo, pero también los hay que parecen hechos a imagen de alguien: la obsesión de un coleccionista, la casa de un escritor, el universo doméstico de un arquitecto, una fábrica convertida en galería o una vivienda concebida para cambiar la forma de vivir. A continuación, proponemos 10 lugares para recorrer la ciudad siguiendo no solo sus obras, sino también las miradas que las hicieron posibles. Un decálogo de pistas culturales en la capital catalana alejadas de los circuitos turísticos más habituales.
Desde el MEAM hasta la Casa Vicens, una inusual colección de atracciones culturales en Barcelona para los amantes del arte, la historia y la arquitectura
Barcelona tiene museos de todo tipo, pero también los hay que parecen hechos a imagen de alguien: la obsesión de un coleccionista, la casa de un escritor, el universo doméstico de un arquitecto, una fábrica convertida en galería o una vivienda concebida para cambiar la forma de vivir. A continuación, proponemos 10 lugares para recorrer la ciudad siguiendo no solo sus obras, sino también las miradas que las hicieron posibles. Un decálogo de pistas culturales en la capital catalana alejadas de los circuitos turísticos más habituales.. 1. Can Framis: Fundació Vila Casas, una fábrica para una colección personal. En el barrio de Poblenou, una antigua fábrica textil alberga la colección de pintura catalana contemporánea de Antoni Vila Casas. Arquitectura industrial, ladrillo y una colección formada a partir de la mirada personal de este mecenas. Can Framis, inaugurado en abril de 2009 en el distrito 22@, reúne obras de artistas de la segunda mitad del siglo XX y del XXI con la voluntad de conservar y divulgar el arte contemporáneo catalán.. Más información. Para entender Can Framis (Carrer de Roc Boronat, 116) conviene mirar atrás. Poblenou fue en el siglo XIX un gran motor industrial. De ese pasado quedan algunas chimeneas, naves o recintos fabriles que han sobrevivido a la desindustrialización y a la transformación del barrio. Muchos tienen otros usos, pero conservan algo de aquella memoria. Es lo que ocurre aquí: donde antes se fabricaban objetos ahora se reivindica el patrimonio de la pintura contemporánea a partir de una exposición permanente que recibe el nombre de Monólogo, diálogo y concepto, y que incluye nombres como Antoni Tàpies, Jaume Plensa, Amèlia Riera, Jordi Isern, Lídia Masllorens o Jordi Diaz Alamà.. Una de las salas de Can Framis, con obras de la colección de Antoni Vila Casas. Massimiliano Minocri. Can Framis puede también verse como una puerta de entrada a un barrio donde las fábricas han dejado paso a museos, teatros y espacios culturales. A poca distancia se encuentra el Espai Subirachs, dedicado al escultor Josep Maria Subirachs, conocido, entre otras muchas obras, por la fachada de la Pasión de la Sagrada Familia o el mosaico de la parada de metro Diagonal. El espacio reúne más de un centenar de esculturas representativas de las distintas etapas de su trayectoria.. 2. Museu de la Música: descubrir una historia que se mira y también se escucha. El Museu de la Música (Carrer de Lepant, 150) no podía estar en un lugar más acertado: ocupa la segunda planta de L’Auditori, ubicado en un edificio de Rafael Moneo. Conserva alrededor de 2.000 instrumentos y 10.000 documentos sonoros. En la exposición permanente se muestran más de 500 piezas. Los instrumentos cuentan la historia de la música. El objetivo es entender su evolución a través de los objetos, pero también escuchándolos, viendo cómo funcionan y, al final del recorrido, experimentando con algunos de ellos.. Algunos de los más de 2.000 instrumentos que expone el Museu de la Música de Barcelona.GIANLUCA BATTISTA. La colección reúne instrumentos de distintas épocas y culturas, y permite pasar de la Edad Media al Barroco, del Clasicismo al Romanticismo, de las músicas populares a las tecnologías contemporáneas. Hay instrumentos tradicionales catalanes como el flabiol, el tamborí, la gralla (imprescindible en el Toc de Castells) o el sac de gemecs, además de guitarras, bandurrias y otras piezas que permiten acercarse a las músicas populares y a la relación entre música, territorio e identidad.. Entre sus piezas destacan una de las colecciones de guitarras clásicas más importantes del mundo, instrumentos de teclado históricos y piezas tan singulares como un gamelán de Bali, una guitarra Fender o la guitarra de la soprano Victòria dels Àngels. Hay también una sala dedicada a los músicos catalanes.. 3. Museu MEAM: arte figurativo en un edificio histórico. El Museo Europeo de Arte Moderno (MEAM) está en el Palau Gomis, un palacio del siglo XVIII situado en el corazón del Born. El edificio fue reconstruido en 1792 y conserva patios, escaleras y espacios que añaden otra capa a la visita. Se entra en sus salas atravesando una arquitectura que recuerda el carácter de una antigua casa señorial, de manera que el paseo por la colección tiene también algo de descubrimiento arquitectónico.. El Museo Europeo de Arte Moderno (MEAM) está en el Palau Gomis, un palacio del siglo XVIII situado en el corazón del Born.GIANLUCA BATTISTA. El recorrido tiene una doble lectura: la de una colección dedicada al arte figurativo contemporáneo y la de un edificio que permite descubrir una Barcelona más íntima. Además, el MEAM (Carrer de la Barra de Ferro, 5) no se limita a las exposiciones: también organiza conciertos, teatro, cursos y talleres, de modo que funciona más como una casa de cultura que como un museo al uso. Toda una rareza en el circuito tradicional de museos de la ciudad. Un museo que reivindica la figura, el rostro, el cuerpo, el paisaje y el placer de pintar. Está situado en una de esas calles estrechas del Born que cuesta encontrar, junto al Museo Picasso y el Moco.. Hay algo deliberadamente contracorriente en el MEAM al recordar que la figuración no desapareció con las vanguardias. Fue inaugurado en junio de 2011 en el barrio de la Ribera y reúne cerca de un millar de obras de artistas vivos procedentes de todos los continentes. Su colección ofrece una panorámica de la creación figurativa contemporánea trabajada desde el realismo, hiperrealismo, expresionismo, simbolismo o nuevas formas de figuración.. Una de las salas del MEAM con obras del artista chileno Guillermo Lorca.GIANLUCA BATTISTA. Por sus salas han pasado desde Antonio López, maestro indiscutible del realismo español, hasta artistas como Miriam Escofet, Guillermo Lorca, Jeremy Mann o Gottfried Helnwein. Son lenguajes muy diferentes —del realismo minucioso al universo onírico, del retrato a la pintura de atmósfera—, pero comparten el interés por explorar las posibilidades de la representación en el arte actual.. 4. Museu Frederic Marès: el retrato de una obsesión. La portalada románica de la iglesia de Anzano (Huesca), datada en la segunda mitad del siglo XIII, expuesta en el Museu Frederic Marès de Barcelona.Massimiliano Minocri. Hay coleccionistas y luego está Frederic Marès. Escultor y profesor, reunió a lo largo de su vida esculturas, relicarios, abanicos, relojes, fotografías y cachivaches de todo tipo. El resultado es uno de esos museos en los que uno entra por una puerta y no sabe muy bien qué puede encontrar tras la siguiente. En la Plaça Sant Iu, 5, el Museu Frederic Marès está ubicado en una parte del antiguo Palacio Real Mayor de los condes de Barcelona, entre la catedral y la plaza del Rei, y conserva uno de esos rincones que justifican una pausa: el patio y su terraza para tomar café al margen del mundo.. Marès llegó a Barcelona desde Portbou con 10 años y allí comenzó su formación como escultor en la Escola de Belles Arts de la Llotja. Trabajó en el taller del escultor modernista Eusebi Arnau y desarrolló una carrera dedicada sobre todo a la escultura monumental, la restauración y los encargos oficiales. Pero tuvo una segunda pasión: el coleccionismo. En París, en 1911, descubrió el mundo de los anticuarios y las subastas y empezó a adquirir piezas que acumulaba en su taller y en su casa, que acabó convirtiéndose en una especie de exposición permanente. En 1946 donó sus colecciones a Barcelona y, dos años después, se abrieron al público las primeras salas. El museo reúne un importante fondo de escultura hispánica, desde la Antigüedad hasta comienzos del siglo XX, pero quizá lo más singular se encuentra en el Gabinet del Col·leccionista, el llamado Museo Sentimental de Marès, donde la personalidad de quien reunió las piezas acaba siendo tan importante como la muestra. Porque Marès coleccionaba el mundo.. Colección de pequeños crucifijos y esculturas de bronce o madera de Cristo en la cruz expuestos en el museo.Massimiliano Minocri. 5. Casa Vicens: antes de que Gaudí fuera Gaudí. En Gràcia se encuentra la Casa Vicens (Carrer de les Carolines, 20), la primera gran casa que construyó Antoni Gaudí, una obra mucho más temprana y menos conocida que la Sagrada Familia o el Park Güell. Aquí están ya algunos de los elementos que se convertirían en sus señas de identidad: la cerámica, el hierro, el color, las referencias orientales y una fascinación por las formas de la naturaleza. Visitarla es, en cierto modo, ver a Gaudí antes de convertirse en Gaudí.. El techo abovedado de la Casa Vicens, en Barcelona, está decorado con un trampantojo. Massimiliano Minocri. El artista empezó muy pronto a dejarse llevar por una imaginación exuberante que acabaría alejándose de cualquier ortodoxia. Casa Vicens es una declaración de intenciones. Su exterior combina la mampostería de piedra vista y el ladrillo con piezas de cerámica que dibujan un damero y recorren las fachadas. A diferencia de obras posteriores donde las curvas se apoderan de todo, aquí predominan las líneas rectas y las formas geométricas. La casa fue concebida inseparable de su jardín. En el interior resuena la idea de la casa como obra de arte total. Gaudí no se limita a diseñar la estructura, sino que interviene en los revestimientos, los muebles y los detalles decorativos.. Destaca especialmente la sala de fumadores, con su techo abovedado y sus relieves de yeso que evocan estalactitas. Las pinturas murales, las vidrieras coloreadas y los suelos geométricos completan un lugar en el que la naturaleza pretende instalarse.. 6. Stravinsky’s Parfumerie, una copa tras un museo ficticio. Antes de cruzar la puerta de Stravinsky’s Parfumerie (Carrer del Brosolí, 7), una de las más originales coctelerías de la ciudad, uno atraviesa un museo que en realidad no existe, o existe solo como lo hacen las buenas invenciones: porque alguien decidió contarlas. Es un museo imaginario, creado por los dueños de la coctelería y trabajado durante años con especial dedicación por Enric Rebordosa, uno de ellos. En sus vitrinas se reconstruye la vida de Grigori Stravinsky, un personaje ficticio que habría viajado por la Rusia de principios del siglo XX, el París de entreguerras y, finalmente, Barcelona.. Interior de la coctelería Stravinsky, en el barrio del Born.Albert Garcia. Químico, perfumista y fotógrafo, Stravinsky habría tratado con artistas, músicos, bailarines y diseñadores de aquel París en el que convivían las vanguardias, los ballets rusos y una nueva idea del lujo. El perfume ocupa un lugar central en este relato. Hay frascos, objetos y documentos relacionados con el mundo de la perfumería. Por el museo aparecen también personajes reales que se cruzan con la ficción y ayudan a construir una historia difícil de separar de la realidad.. El resultado es un lugar apócrifo, minucioso y lleno de detalles, concebido como una narración antes que como una colección. Aquí la ficción no trata de engañar, simplemente nos da la bienvenida e invita a participar en el juego. Porque después, al otro lado de la puerta, espera el cóctel, otro puerto de aromas.. 7. Museu Egipci: la pasión de Jordi Clos. Detrás del Museu Egipci de Barcelona (Carrer de València, 284) está Jordi Clos, empresario cuya fascinación infantil por el Antiguo Egipto y su civilización acabó en una colección. En 1975 compró en un anticuario de Luxor su primera pieza, un ushebti (una pequeña estatua funeraria) de terracota. En 1992 presentó 70 de sus piezas en una sala del Hotel Claris y las colas que provocó demostraron que Barcelona tenía apetito por Egipto, y fueron el germen de la Fundación Arqueológica Clos y el actual museo.. Estatua de piedra expuesta en el Museu Egipci de Barcelona.Massimiliano Minocri. Egipto lleva siglos ejerciendo una fascinación que no siempre distingue entre arqueología y fantasía. De las novelas de aventuras a Hollywood, el país de los faraones se ha ido convirtiendo en escenario de tumbas secretas, maldiciones, tesoros y amores imposibles. El Museu Egipci propone cambiar esa mirada de película por algo mucho más tangible. Aquí hay faraones y dioses, pero también joyas, cosméticos, herramientas, muebles, recipientes y objetos de la vida cotidiana. Sus salas permiten acercarse a una civilización que no fue únicamente una sucesión de pirámides y tumbas, sino una sociedad compleja, con sus formas de vestir, trabajar, escribir, comer y celebrar. Hay espacio para la momificación y el mundo funerario, y conserva la llamada Dama de Kemet, momia de época romana que fue sometida a estudios médicos y a una reconstrucción facial para intentar devolverle un rostro y una identidad.. El museo no comenzó como una institución pública que decidió reunir Egipto en Barcelona, sino como la consecuencia de la obsesión de Clos.. 8. Casa Amatller: estancias que son el retrato de su dueño. La Casa Amatller, obra de Josep Puig i Cadafalch en el número 41 del paseo de Gràcia, es una de las piezas más singulares del modernismo catalán. Su creación fue consecuencia de las transformaciones sociales, económicas y culturales que vivió el mundo occidental a principios del siglo XX y que dieron a la capital catalana su particular fisonomía.. El edificio, junto a la Casa Batlló, puede visitarse como una obra de Puig i Cadafalch, pero también como el retrato de Antoni Amatller, industrial, fotógrafo y coleccionista. Su colección de vidrio, cerámica, muebles, pintura y objetos de arte permite reconstruir la Barcelona modernista desde el interior de una de sus edificaciones más singulares. Más que un museo convencional, es la casa de alguien que coleccionaba con la misma pasión con la que decoraba: acumulando pistas de una época y de una manera de entender la vida.. El exterior de la Casa Amatller, obra de Josep Puig i Cadafalch, en el paseo de Gràcia de Barcelona.Massimiliano Minocri. La planta principal está abierta al público y conserva buena parte del mobiliario original, distribuido por habitaciones, comedores, salones y dormitorios decorados y amueblados bajo la dirección del arquitecto, que combinó el modernismo catalán con referencias a palacetes neerlandeses y flamencos. Las colecciones de arte y antigüedades reúnen cientos de piezas adquiridas por Amatller. Entre ellas destaca una importante colección de vidrio arqueológico, con más de 750 piezas antiguas procedentes de Egipto, Grecia o Roma, además de pinturas barrocas, un retablo románico de los siglos XII y XIII y piezas de Lalique, el famoso vidriero francés.. También se conserva el espacio en el que Amatller trabajaba como fotógrafo aficionado y desde el que alimentó su pasión viajera. Es otra de las estancias que permiten entender al personaje: un industrial que no se limitó a hacer fortuna, sino que convirtió su vivienda en una prolongación de sus intereses y curiosidades.. Aunque el origen del panot (clásica loseta de hormigón hidráulico con una flor de cuatro hojas utilizada para pavimentar Barcelona) no está muy claro, hay quien dice que los primeros, muy bonitos y ya desgastados, están en la entrada de esta casa única. En la planta baja no puede faltar la tienda, donde comprar y tomar el característico chocolate Amatller, además de una cafetería y una terraza desde donde observar la fachada trasera recién y minuciosamente restaurada de la Casa Batlló.. 9. Casa bloc: cuando la arquitectura se convierte en museo. Hay edificios que se visitan para contemplar su arquitectura y otros en los que la arquitectura es lo que se visita. La Casa Bloc (Passeig de Torras i Bages, 91) pertenece a esta segunda categoría. Construida entre 1932 y 1936 por Josep Lluís Sert, Josep Torres Clavé y Joan Baptista Subirana, miembros del GATCPAC, fue uno de los grandes experimentos de la arquitectura racionalista en Barcelona y un proyecto que pretendía hacer algo más que proporcionar un techo: imaginar otra manera de vivir.. Uno de los pasillos abiertos que dan acceso a los pisos de Casa Bloc.Kike Rincón. Promovido por la Generalitat republicana como respuesta a las precarias condiciones de vivienda de las clases trabajadoras, el conjunto lo forman cinco bloques unidos que configuran una estructura abierta, elevada sobre pilotes y atravesada por espacios verdes. La inspiración procede de las nuevas ideas que recorrían entonces Europa, especialmente de Le Corbusier. Las viviendas se organizaron en dúplex, con las zonas de día en la planta inferior y los dormitorios arriba. En la planta baja se habían previsto servicios comunitarios como biblioteca, guardería, espacios de reunión y zonas para el deporte. La Guerra Civil interrumpió aquel proyecto de vida colectiva.. La mejor manera de entenderlo es una visita guiada (con reserva previa)a la Vivienda 1/11, que ha sido recuperada como piso-museo y permite recorrer un dúplex de unos 60 metros cuadrados tal como fue concebido.. 10. Casa Museu Joan Maragall: en la morada de un escritor. Fotografías colgadas en el despacho de visitas en la Casa Museu Joan Maragall.Albert Garcia. Joan Maragall i Gorina (1860-1911), poeta, prosista, periodista, traductor y abogado, es una de las figuras más trascendentes de la Cataluña de finales del siglo XIX y principios del XX. La historia de la literatura lo ha situado como uno de los nombres más significativos de la poesía catalana de todos los tiempos —todo aquel que estudiara allí en los años ochenta y noventa podrá recitar de memoria su poema La vaca cega—, mientras que su legado humanístico se ha convertido en un patrimonio colectivo de la Cataluña actual.. Cuando tuvo que elegir entre el mundo de los negocios y la poesía, eligió la segunda. Su intensa actividad literaria la compaginó con la prensa y la traducción. El modernismo catalán no sería lo mismo sin él.. El comedor de la Casa Museu Joan Maragall, ubicada en la calle Alfons XII de Barcelona.Albert Garcia. La casa donde murió Joan Maragall (Carrer d’Alfons XII, 79) se encuentra junto a la plaza Molina y conserva la escala doméstica. Aquí no se visita únicamente al poeta, sino su escenario cotidiano, el espacio donde escribió, recibió visitas y vivió con su familia. El despacho, los muebles, los libros y los objetos personales permiten acercarse a Maragall sin la distancia de una vitrina. Una pequeña casa de escritor en pleno barrio de Sant Gervasi y una forma distinta de recorrer la historia cultural de Barcelona.
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