«Cuando era una niña, descubrí que los lugares dejaban de existir, que desaparecían, engullidos como la ballena se había tragado a Noé, o como las arenas movedizas atrapaban a los exploradores demasiado osados».. De esta manera comienza el libro de Espido Freire Guía de lugares que ya no existen, XX premio Eurostars de Narrativas de Viajes (RBA), un periplo por destinos que fueron y hoy ya no será más, en dos acepciones: geográfica y literariamente.. Con nostalgia, pero con una visión tenaz de lo que la escritora desea almacenar en su pensamiento y en su recámara vital, Espido (Bilbao, 1974) recorre en este título lugares que, según ella, «estaban condenados a desaparecer, se esfumaban entre mis manos. Muchos de ellos los congelé en palabras. Siempre he querido hablar de mis viajes a los lugares que ya no podré visitar salvo en mi recuerdo, mi memoria y mi fantasía». Y ahora lo hace.. Espido vuelve de esta manera, en contra de la teoría más pesimista, a los sitios donde fue feliz. Un mapa de destinos quizás imposibles, pero no por ello, menos deseables.. Entre los destinos que incluye está Damasco, capital de Siria, que visitó en 2011, una hermosa ciudad destruida por una guerra civil, cuya reconstrucción es terriblemente lenta. «Aún me quedan un puñado de rosas secas, que guardé entre las sábanas de un armario con la determinación de un conjuro mágico».. También habla de ‘las ciudades invisibles’, aquellas que están en las novelas magistrales del siglo XIX, como la Vetusta (Oviedo) de Clarín, el San Petersburgo de Dostoyevski, Desrein (la ciudad ficticia de su novela Melocotones helados (premio Planeta 1999); las urbes extrañas de Ray Bradbury en Crónicas marcianas,… «Las ciudades prosperan en la mente porque instauran un nuevo orden; con ellas, se reafirma la lógica y se alimenta el deseo de lo estético».. El libro de Espido Freire se sube al tren por excelencia: el Orient Express de Agatha Christie y de tantos. «Continúa su viaje en el tiempo detenido, con su leyenda intacta en cada puerta, en cada pasillo, en cada rincón… Ahora soy el paisaje».. El paseo literario de esta guía se adentra en Álava, en el Camino de Santiago, en la ciudad inglesa de Bath, referencia de su amada Jane Austen, los páramos ingleses de las hermanas Bronte, la pobreza y las cabras de Ghana, el Oslo donde termino su novela Diabulus in musica, y una isla improbable y sin nombre, que «tal vez solo fue una estación efímera entre dos desapariciones».. El libro concluye con un párrafo que resume la intencionalidad de este libro. «Que el mundo, pese a su peso y su edad, es frágil como un vaso antiguo. Y que, a veces, no queda más que decir adiós y marchar hacia otro lugar que aún no existe».
La autora ha ganado el premio Eurostars de Narrativa de Viajes con ‘Guía de lugares que ya no existen’
«Cuando era una niña, descubrí que los lugares dejaban de existir, que desaparecían, engullidos como la ballena se había tragado a Noé, o como las arenas movedizas atrapaban a los exploradores demasiado osados».. De esta manera comienza el libro de Espido Freire Guía de lugares que ya no existen, XX premio Eurostars de Narrativas de Viajes (RBA), un periplo por destinos que fueron y hoy ya no será más, en dos acepciones: geográfica y literariamente.. Con nostalgia, pero con una visión tenaz de lo que la escritora desea almacenar en su pensamiento y en su recámara vital, Espido (Bilbao, 1974) recorre en este título lugares que, según ella, «estaban condenados a desaparecer, se esfumaban entre mis manos. Muchos de ellos los congelé en palabras. Siempre he querido hablar de mis viajes a los lugares que ya no podré visitar salvo en mi recuerdo, mi memoria y mi fantasía». Y ahora lo hace.. Espido vuelve de esta manera, en contra de la teoría más pesimista, a los sitios donde fue feliz. Un mapa de destinos quizás imposibles, pero no por ello, menos deseables.. Entre los destinos que incluye está Damasco, capital de Siria, que visitó en 2011, una hermosa ciudad destruida por una guerra civil, cuya reconstrucción es terriblemente lenta. «Aún me quedan un puñado de rosas secas, que guardé entre las sábanas de un armario con la determinación de un conjuro mágico».. La Guía de Espido Freire.CEDIDA/RBA. También habla de ‘las ciudades invisibles’, aquellas que están en las novelas magistrales del siglo XIX, como la Vetusta (Oviedo) de Clarín, el San Petersburgo de Dostoyevski, Desrein (la ciudad ficticia de su novela Melocotones helados (premio Planeta 1999); las urbes extrañas de Ray Bradbury en Crónicas marcianas,… «Las ciudades prosperan en la mente porque instauran un nuevo orden; con ellas, se reafirma la lógica y se alimenta el deseo de lo estético».. El libro de Espido Freire se sube al tren por excelencia: el Orient Express de Agatha Christie y de tantos. «Continúa su viaje en el tiempo detenido, con su leyenda intacta en cada puerta, en cada pasillo, en cada rincón… Ahora soy el paisaje».. El paseo literario de esta guía se adentra en Álava, en el Camino de Santiago, en la ciudad inglesa de Bath, referencia de su amada Jane Austen, los páramos ingleses de las hermanas Bronte, la pobreza y las cabras de Ghana, el Oslo donde termino su novela Diabulus in musica, y una isla improbable y sin nombre, que «tal vez solo fue una estación efímera entre dos desapariciones».. El libro concluye con un párrafo que resume la intencionalidad de este libro. «Que el mundo, pese a su peso y su edad, es frágil como un vaso antiguo. Y que, a veces, no queda más que decir adiós y marchar hacia otro lugar que aún no existe».
