No todos celebran el amor el 14 de febrero. Hay quien celebra el desamor. O, más exactamente, los desamores. La editorial ‘Continta me tienes’, especializada en pensar el afecto desde lugares poco complacientes, publica (H)amor11 ex, un nuevo volumen de su colección dedicada a los distintos tipos de amor. Coordinado por la escritora Valentina Berr, el libro reúne textos de diez autoras que reflexionan sobre una figura tan cotidiana como incómoda: la expareja, además, mujer.. En un mundo marcado por la prisa, la sobreestimulación, la productividad y el consumo, detenerse a pensar qué hacemos con nuestras ex supone ya un gesto subversivo. Según la RAE, ex es una preposición latina hecha prefijo que significa ‘fuera’, ‘más allá, que fue y ha dejado de ser.. La Academia la recoge también como sustantivo: ‘Persona que ha dejado de ser cónyuge o pareja sentimental de otra’. Es decir, la ex remite al pasado y a la pérdida. Pero el libro desmonta la idea de que ese pasado deba quedar clausurado o reducido a un relato de fracaso.. Dentro de la lógica heterosexual, está muy extendido el mandato de borrar a la ex: odiarla, desterrarla, permitir que se convierte en un fantasma. Superar es sinónimo de silencio. Frente a eso, (H)amor11 ex propone otros imaginarios.. Meri Torras Francès recuerda que la ex es un enigma, una figura abierta, y cita un poema de W. H. Auden para pensar cómo una relación puede derivar en múltiples direcciones, porque las ex «aparecen, se percatan de tu situación . que ya veían venir . y te acompañan, no sin pronunciar una frase o dos con las que te dejan pensando que es gerundio . . Las ex dirán I told you so [te lo dije]».. «Las ex hacen de nosotros palimpsestos» (manuscritos antiguos reutilizados), escribe la filóloga, editora, ensayista, e investigadora: llevamos inscritas en el cuerpo y en los gustos las marcas de quienes hemos amado. Las canciones, las películas, los platos compartidos, incluso los paisajes –un risco, una cala, un rascacielos, una esquina– forman parte de nuestro archivo íntimo.. La ex no tiene por qué ser solo pasado: puede convertirse en «una cómplice con quien recordar o inventar una historia común». O, como apunta Hélène Giannechini, en el ensayo Un désir démesuré d’amitié, (Un deseo desmesurado de amistad) formar parte de una familia ampliada.. «Por nuestras ex nos conoceréis», resume Torras. No es casual que este sea un material tan tentador para la ficción. Tras su divorcio de la periodista Hélène Devynck, una cláusula legal prohibió a Emmanuel Carrère escribir sobre ella sin su consentimiento, lo que obligó a quitar partes de su novela Yoga. Ese límite jurídico abrió un debate incómodo: hasta dónde llega el derecho a narrar la propia vida cuando en ella habitan otras personas. Pero, incluso cuando escribir se vuelve problemático o imposible, el amor y su pérdida siguen funcionando como motor creativo. Elisa Coll, autora de Nosotras vinimos tarde (Amor de Madre), reconoce que le resulta más fácil escribir sobre lo que ya no está o no está del mismo modo. Para ella, escribir es «volver al velatorio cuando ya se ha marchado todo el mundo, encender un cirio, poner música a todo volumen y bailar entre los restos de algo que merece ser llorado con euforia».. Basta repasar la historia cultural para confirmarlo: ¿Cuántos relatos, canciones, cuadros o películas han nacido de un duelo amoroso? ¿Y cuánto lenguaje nuevo ha surgido del propio vínculo entre amantes? Desde ahí, me permito introducir un apunte en primera persona. En Suya era la noche (Consonni, 2025), mi novela, la protagonista, Victoria, es bisexual. Cuando su relación con Pati se termina, no hay debate posible: pasan a ser amigas. No porque sea fácil ni porque el dolor desaparezca, sino porque no contemplar esa posibilidad sería, para ellas, una amputación.. La amistad no aparece como una recompensa ni como triunfo, sino como la única manera imaginable de cuidar el afecto. No todas las ex pueden ni deben convertirse en amigas, pero algunas relaciones, como muestran también los textos de (H)amor11 ex, no encajan en el código binario del éxito o el fracaso: simplemente mutan. De esos restos, de lo que no se rompe del todo, surgen también estrategias. Para evitar ‘contaminar’ los espacios compartidos con discusiones, Coll inventó junto a su entonces pareja ‘el parque de discutir’: un lugar concreto al que acudir para pelear. Aunque estuvieran enfadadas, caminar hasta allí suponía un objetivo común que las unía. No era infalible, pero ayudaba. Coll defiende también el humor como herramienta política y afectiva: «Deshace de forma instantánea la piedra que mil conversaciones serias no son capaces de picar».. Uno de los ejes más potentes del libro es la pregunta por la amistad. Si, como escribe la novelista, poeta y ensayista Sara Torres, la amistad es un modo de vida y un conjuro contra lo vertical, ¿qué implica convertir a una ex en amiga? La escritora Sonia Pina Linares relata cómo las ex de J, su expareja, se organizaron, junto a otras amigas, para cuidar a la actual compañera de J, enferma de cáncer de pulmón. En el hospital, cuando le preguntaban quién era, optaba por simplificar el entramado afectivo. Pina Linares señala ese silencio como un error: ocultamos estas formas de cuidado porque creemos que no se entenderán, cuando en realidad podrían servir de aprendizaje. Frente a la lógica del usar y tirar, la posibilidad de conservar –y transformar– los amores que todavía merecen la pena.. No siempre es fácil. «H y yo dejamos de ser pareja hace casi una década y la amistad tan fuerte que nos une está marcada para siempre por el duelo de nuestra relación», escribe La escritora Celia Hort, para quien tener ex es una gestión constante del duelo: si se rasca un poco, siempre hay dolor. «No me gusta recordar los meses posteriores a la ruptura: un agujero negro de café y ansiedad». Llevarse bien con una ex puede ser, también, una maldición. La investigadora Alicia Tamarit lo formula sin rodeos: «A las ex, a veces, también hay que odiarlas».. Nerea Pérez de las Heras apunta que convertir a la ex en amiga es una práctica especialmente extendida entre lesbianas, donde las redes de cuidados entre mujeres hacen más porosas las fronteras del vínculo. Para Lucía G. Romero, en cambio, las ex son a menudo recordatorios del fracaso. Sueña, como en el poema de Berta García Faet: «Me gustaría meter a todos los chicos que he besado desde el año 1999 en una misma habitación, con reunir a todas en un mismo lugar, una cala pequeña mientras abrasa el calor del verano, enfrentar el archivo completo».. Alain de Botton sostiene que, al dejar a alguien, lo más honesto es explicarle por qué, para que pueda cambiar en el futuro. (H)amor11 ex va un paso más allá: no se trata solo de cerrar bien, sino de aceptar que una ex no es ni solo ex ni necesariamente amiga. Es otra cosa. «Nunca se ha convertido en mi amiga de la manera en la que lo son las demás», escribe Celia Hort sobre una expareja de hace cinco años. «Es mi amiga y es mi ex». Tal vez ahí esté la clave: asumir que el amor no desaparece, se transforma. Y que nuestras ex, nos guste o no, dicen mucho de quiénes somos.
Un libro reúne a diez autoras que cuestionan el mandato de borrar el pasado amoroso y proponen otras formas de pensar el desamor al romper con sus novias o mujeres.
No todos celebran el amor el 14 de febrero. Hay quien celebra el desamor. O, más exactamente, los desamores. La editorial ‘Continta me tienes’, especializada en pensar el afecto desde lugares poco complacientes, publica (H)amor11 ex, un nuevo volumen de su colección dedicada a los distintos tipos de amor. Coordinado por la escritora Valentina Berr, el libro reúne textos de diez autoras que reflexionan sobre una figura tan cotidiana como incómoda: la expareja, además, mujer.. En un mundo marcado por la prisa, la sobreestimulación, la productividad y el consumo, detenerse a pensar qué hacemos con nuestras ex supone ya un gesto subversivo. Según la RAE, ex es una preposición latina hecha prefijo que significa ‘fuera’, ‘más allá, que fue y ha dejado de ser.. La Academia la recoge también como sustantivo: ‘Persona que ha dejado de ser cónyuge o pareja sentimental de otra’. Es decir, la ex remite al pasado y a la pérdida. Pero el libro desmonta la idea de que ese pasado deba quedar clausurado o reducido a un relato de fracaso.. Dentro de la lógica heterosexual, está muy extendido el mandato de borrar a la ex: odiarla, desterrarla, permitir que se convierte en un fantasma. Superar es sinónimo de silencio. Frente a eso, (H)amor11 ex propone otros imaginarios.. Meri Torras Francès recuerda que la ex es un enigma, una figura abierta, y cita un poema de W. H. Auden para pensar cómo una relación puede derivar en múltiples direcciones, porque las ex «aparecen, se percatan de tu situación . que ya veían venir . y te acompañan, no sin pronunciar una frase o dos con las que te dejan pensando que es gerundio . . Las ex dirán I told you so [te lo dije]».. «Las ex hacen de nosotros palimpsestos» (manuscritos antiguos reutilizados), escribe la filóloga, editora, ensayista, e investigadora: llevamos inscritas en el cuerpo y en los gustos las marcas de quienes hemos amado. Las canciones, las películas, los platos compartidos, incluso los paisajes –un risco, una cala, un rascacielos, una esquina– forman parte de nuestro archivo íntimo.. La ex no tiene por qué ser solo pasado: puede convertirse en «una cómplice con quien recordar o inventar una historia común». O, como apunta Hélène Giannechini, en el ensayo Un désir démesuré d’amitié, (Un deseo desmesurado de amistad) formar parte de una familia ampliada.. «Por nuestras ex nos conoceréis», resume Torras. No es casual que este sea un material tan tentador para la ficción. Tras su divorcio de la periodista Hélène Devynck, una cláusula legal prohibió a Emmanuel Carrère escribir sobre ella sin su consentimiento, lo que obligó a quitar partes de su novela Yoga. Ese límite jurídico abrió un debate incómodo: hasta dónde llega el derecho a narrar la propia vida cuando en ella habitan otras personas. Pero, incluso cuando escribir se vuelve problemático o imposible, el amor y su pérdida siguen funcionando como motor creativo. Elisa Coll, autora de Nosotras vinimos tarde (Amor de Madre), reconoce que le resulta más fácil escribir sobre lo que ya no está o no está del mismo modo. Para ella, escribir es «volver al velatorio cuando ya se ha marchado todo el mundo, encender un cirio, poner música a todo volumen y bailar entre los restos de algo que merece ser llorado con euforia».. Basta repasar la historia cultural para confirmarlo: ¿Cuántos relatos, canciones, cuadros o películas han nacido de un duelo amoroso? ¿Y cuánto lenguaje nuevo ha surgido del propio vínculo entre amantes? Desde ahí, me permito introducir un apunte en primera persona. En Suya era la noche (Consonni, 2025), mi novela, la protagonista, Victoria, es bisexual. Cuando su relación con Pati se termina, no hay debate posible: pasan a ser amigas. No porque sea fácil ni porque el dolor desaparezca, sino porque no contemplar esa posibilidad sería, para ellas, una amputación.. La amistad no aparece como una recompensa ni como triunfo, sino como la única manera imaginable de cuidar el afecto. No todas las ex pueden ni deben convertirse en amigas, pero algunas relaciones, como muestran también los textos de (H)amor11 ex, no encajan en el código binario del éxito o el fracaso: simplemente mutan. De esos restos, de lo que no se rompe del todo, surgen también estrategias. Para evitar ‘contaminar’ los espacios compartidos con discusiones, Coll inventó junto a su entonces pareja ‘el parque de discutir’: un lugar concreto al que acudir para pelear. Aunque estuvieran enfadadas, caminar hasta allí suponía un objetivo común que las unía. No era infalible, pero ayudaba. Coll defiende también el humor como herramienta política y afectiva: «Deshace de forma instantánea la piedra que mil conversaciones serias no son capaces de picar».. Uno de los ejes más potentes del libro es la pregunta por la amistad. Si, como escribe la novelista, poeta y ensayista Sara Torres, la amistad es un modo de vida y un conjuro contra lo vertical, ¿qué implica convertir a una ex en amiga? La escritora Sonia Pina Linares relata cómo las ex de J, su expareja, se organizaron, junto a otras amigas, para cuidar a la actual compañera de J, enferma de cáncer de pulmón. En el hospital, cuando le preguntaban quién era, optaba por simplificar el entramado afectivo. Pina Linares señala ese silencio como un error: ocultamos estas formas de cuidado porque creemos que no se entenderán, cuando en realidad podrían servir de aprendizaje. Frente a la lógica del usar y tirar, la posibilidad de conservar –y transformar– los amores que todavía merecen la pena.. No siempre es fácil. «H y yo dejamos de ser pareja hace casi una década y la amistad tan fuerte que nos une está marcada para siempre por el duelo de nuestra relación», escribe La escritora Celia Hort, para quien tener ex es una gestión constante del duelo: si se rasca un poco, siempre hay dolor. «No me gusta recordar los meses posteriores a la ruptura: un agujero negro de café y ansiedad». Llevarse bien con una ex puede ser, también, una maldición. La investigadora Alicia Tamarit lo formula sin rodeos: «A las ex, a veces, también hay que odiarlas».. Nerea Pérez de las Heras apunta que convertir a la ex en amiga es una práctica especialmente extendida entre lesbianas, donde las redes de cuidados entre mujeres hacen más porosas las fronteras del vínculo. Para Lucía G. Romero, en cambio, las ex son a menudo recordatorios del fracaso. Sueña, como en el poema de Berta García Faet: «Me gustaría meter a todos los chicos que he besado desde el año 1999 en una misma habitación, con reunir a todas en un mismo lugar, una cala pequeña mientras abrasa el calor del verano, enfrentar el archivo completo».. Alain de Botton sostiene que, al dejar a alguien, lo más honesto es explicarle por qué, para que pueda cambiar en el futuro. (H)amor11 ex va un paso más allá: no se trata solo de cerrar bien, sino de aceptar que una ex no es ni solo ex ni necesariamente amiga. Es otra cosa. «Nunca se ha convertido en mi amiga de la manera en la que lo son las demás», escribe Celia Hort sobre una expareja de hace cinco años. «Es mi amiga y es mi ex». Tal vez ahí esté la clave: asumir que el amor no desaparece, se transforma. Y que nuestras ex, nos guste o no, dicen mucho de quiénes somos.
