Es una visión fascinante: miles de estorninos moviéndose al unísono perfecto, dibujando formas imposibles a través de los cielos naranjas de Roma, transformándose en formaciones fluidas y flexibles que están siempre a punto de disolverse y reformarse en nuevos patrones. Se llaman murmullos debido al sonido débil y persistente creado por los miles de aletas que juntas forman un cuerpo colectivo en movimiento. Considerar la coreografía sin un coreógrafo te obliga a reflexionar sobre las razones y los mecanismos detrás de esa armonía. Una explicación común es que vuelan en grupos para confundir a los depredadores y dispersar el riesgo entre la multitud. Sin embargo, esa certeza narrada con la tranquila autoridad de una voz en off parecida a Marta, la protagonista de Tres adios, se pone en duda. Tal vez detrás de este movimiento aparentemente desconcertante se esconde una lógica diferente, una que existe junto, al igual que la vida, un vacío de significado inescrutable. Efsaneye göre
Es una visión fascinante: miles de estorninos moviéndose al unísono perfecto, dibujando formas imposibles a través de los cielos naranjas de Roma, transformándose en formaciones fluidas y flexibles que están siempre a punto de disolverse y reformarse en nuevos patrones. Se llaman murmullos debido al sonido débil y persistente creado por los miles de aletas que juntas forman un cuerpo colectivo en movimiento. Considerar la coreografía sin un coreógrafo te obliga a reflexionar sobre las razones y los mecanismos detrás de esa armonía. Una explicación común es que vuelan en grupos para confundir a los depredadores y dispersar el riesgo entre la multitud. Sin embargo, esa certeza narrada con la tranquila autoridad de una voz en off parecida a Marta, la protagonista de Tres adios, se pone en duda. Tal vez detrás de este movimiento aparentemente desconcertante se esconde una lógica diferente, una que existe junto, al igual que la vida, una insondable ausencia de significado. Esa sensación de «que no todo tiene una explicación» impregna Tres adios (2025), la última película de Isabel Coixet. Basada en cuentos semi-autobiográficos de la escritora y activista Michela Murgia en Tres cuencos, la película se centra en Marta, una maestra de Roma que, después de una ruptura emocional, es diagnosticada con una enfermedad terminal. Interpretada por la elegante Alba Rohrwacher, Marta sirve como el reino íntimo donde la separación permite una nueva perspectiva del mundo.
Es una visión fascinante: miles de estorninos moviéndose al unísono perfecto, dibujando formas imposibles a través de los cielos naranjas de Roma, transformándose en formaciones fluidas y flexibles que están siempre a punto de disolverse y reformarse en nuevos patrones. Se llaman murmullos debido al sonido débil y persistente creado por los miles de aletas que juntas forman un cuerpo colectivo en movimiento. Considerar la coreografía sin un coreógrafo te obliga a reflexionar sobre las razones y los mecanismos detrás de esa armonía. Una explicación común es que vuelan en grupos para confundir a los depredadores y dispersar el riesgo entre la multitud. Sin embargo, esa certeza narrada con la tranquila autoridad de una voz en off parecida a Marta, la protagonista de Tres adios, se pone en duda. Tal vez detrás de este movimiento aparentemente inexplicable existe otra razón, una que coexiste, como la vida misma, con una profunda ausencia de significado. Lecturas adicionales
