Cuatro décadas de trayectoria avalan a Suzanne Vega (Nueva York, Estados Unidos, 66 años), aunque sorprende ver que solo ha publicado 10 álbumes en estos 40 años. “De joven tuve una familia, dediqué mucho tiempo a criar a mi hija, y durante los últimos 10 años trabajé en el teatro, con un espectáculo basado en la vida de la escritora Carson McCullers. A finales de 2019 pensé que era hora de grabar un nuevo disco, y entonces llegó la covid”, afirma desde la habitación de un hotel en Francia. En la pantalla se la ve afable, con una camiseta de listas horizontales, su inconfundible flequillo rubio y unas gafas de pasta. El coronavirus es el tema que más sacará durante la charla: para explicar que su ciudad, Nueva York, ha cambiado a peor desde entonces; que llevó fatal los conciertos online durante el confinamiento y que ahora ya no firma discos después de cada actuación porque fue así como se contagió del virus dos veces. “Ahora lo hago antes”, afirma una artista a la que sigue encantando actuar en vivo. “Siempre he querido estar en un escenario desde niña, y siento que mi razón de existir es tocar para un público, pequeño o grande, da igual”.. Seguir leyendo
Cuatro décadas de trayectoria avalan a Suzanne Vega (Nueva York, Estados Unidos, 66 años), aunque sorprende ver que solo ha publicado 10 álbumes en estos 40 años. “De joven tuve una familia, dediqué mucho tiempo a criar a mi hija, y durante los últimos 10 años trabajé en el teatro, con un espectáculo basado en la vida de la escritora Carson McCullers. A finales de 2019 pensé que era hora de grabar un nuevo disco, y entonces llegó la covid”, afirma desde la habitación de un hotel en Francia. En la pantalla se la ve afable, con una camiseta de listas horizontales, su inconfundible flequillo rubio y unas gafas de pasta. El coronavirus es el tema que más sacará durante la charla: para explicar que su ciudad, Nueva York, ha cambiado a peor desde entonces; que llevó fatal los conciertos online durante el confinamiento y que ahora ya no firma discos después de cada actuación porque fue así como se contagió del virus dos veces. “Ahora lo hago antes”, afirma una artista a la que sigue encantando actuar en vivo. “Siempre he querido estar en un escenario desde niña, y siento que mi razón de existir es tocar para un público, pequeño o grande, da igual”. Seguir leyendo
Cuatro décadas de trayectoria avalan a Suzanne Vega (Nueva York, Estados Unidos, 66 años), aunque sorprende ver que solo ha publicado 10 álbumes en estos 40 años. “De joven tuve una familia, dediqué mucho tiempo a criar a mi hija, y durante los últimos 10 años trabajé en el teatro, con un espectáculo basado en la vida de la escritora Carson McCullers. A finales de 2019 pensé que era hora de grabar un nuevo disco, y entonces llegó la covid”, afirma desde la habitación de un hotel en Francia. En la pantalla se la ve afable, con una camiseta de listas horizontales, su inconfundible flequillo rubio y unas gafas de pasta. El coronavirus es el tema que más sacará durante la charla: para explicar que su ciudad, Nueva York, ha cambiado a peor desde entonces; que llevó fatal los conciertos online durante el confinamiento y que ahora ya no firma discos después de cada actuación porque fue así como se contagió del virus dos veces. “Ahora lo hago antes”, afirma una artista a la que sigue encantando actuar en vivo. “Siempre he querido estar en un escenario desde niña, y siento que mi razón de existir es tocar para un público, pequeño o grande, da igual”.. En la actualidad predominan sus actuaciones ante audiencias más reducidas, en teatros o salas, pero no mucha gente sabe que ella fue la primera solista femenina que fue cabeza de cartel en el festival británico de Glastonbury, en 1989. Un hito que se ensombreció de forma extraña. “Alguien amenazó seriamente de muerte a mi bajista, era una venganza personal contra él, y luego se supo que yo también estaba incluida en la amenaza. Trajeron a Scotland Yard y me recomendaron cancelar el concierto. Yo me negué, pero me obligaron a llevar un chaleco antibalas que me quedaba grandísimo. Tuve que ponerme una chaqueta vaquera enorme para que me quedara encima. Y tuvieron que colocarme cinta adhesiva para cerrarla porque era tan grande que se me abría. Así fue como di el concierto, y estuvo bien. Al final nadie murió y todo el mundo estaba contento, y ahí se quedó esa noche para la historia de la música o lo que sea”.. La artista, durante una actuación en directo.Ebru Yildiz. Pregunta. Es una historia bastante simbólica: la primera mujer en encabezar el festival más grande del mundo tuvo que salir al escenario con chaleco antibalas.. Respuesta. Ya ves, tienes que superar todos estos obstáculos extraños para que tu voz se escuche. Así que sí, hay un significado curioso y místico en todo esto.. P. Por aquella época se pusieron muy de moda las cantautoras femeninas. Además de usted, estaban Tracy Chapman, Michelle Shocked, Edie Brickell… Pero en cuestión de tres años, la mayoría desapareció de los medios. ¿Fue, a la larga, algo beneficioso o perjudicial para ustedes?. R. Sí, y también estaban Indigo Girls y Sinéad O’Connor. Fue algo malo para mí a corto plazo, porque tenía mucha competencia y muchas de estas mujeres eran muy llamativas. Sinéad O’Connor tenía su cabeza rapada y toda su ira, así que muchas de ellas ocuparon gran parte del espacio mediático. Pero yo ya había tenido cinco años de gran atención, vendí cinco millones de álbumes entre 1985 y 1990, y eso es muchísimo. Mucho más de lo que muchos creían que iba a ser capaz. Pero a la larga estuvo bien, porque contribuyó a la normalización de tener mujeres en la música, que es como debería haber sido desde el principio. Ahora mismo, la mayoría de artistas en las listas de éxitos del pop son mujeres, como Taylor Swift. Cuando la veo, me siento orgullosa. Cuando yo era adolescente y tocaba la guitarra acústica y escribía mis canciones, recibí mucha atención negativa. Mucha gente decía: “Oh, ya sabes, esto es una moda. Ya pasó. No necesitamos más chicas con guitarras. No vas a ninguna parte”. Pero aquí llega Taylor Swift. Es una chica con una guitarra. Escribe canciones y tiene el poder adquisitivo de una nación pequeña. Viaja a diferentes países y afecta a la economía de esos lugares. Así de poderosa es con sus canciones, su guitarra, su imagen, todo. Así que siento que, a lo largo de mi vida, ha sido realmente bueno que todas estas mujeres hayan salido a hacer cosas tan diferentes.. P. De su éxito Luka recuerdo la versión que grabó en español. Era algo bastante común en la industria discográfica entonces, registrar versiones traducidas para diversos mercados. ¿Cómo se sintió al hacerlo?. R. Yo crecí en una familia que hablaba español. El marido de mi madre era de Puerto Rico y fue él quien hizo la traducción. La razón por la que me la pidieron es porque el jefe de la discográfica A&M, Herb Alpert, estaba casado con una artista latina muy famosa [se refiere a Lani Hall, del grupo Brasil ’66]. Él quiso que grabásemos aquella versión para los mercados latinos y tuvo mucho éxito. De hecho, en Puerto Rico y en otros países, las dos versiones, la inglesa y la española, competían entre sí en las listas de éxitos. Y me sentí bien. Confié en mi padrastro para que hiciera la traducción, trabajamos mucho en ella, me explicó por qué tomó esas decisiones y no tuve ningún problema. De hecho, fue algo que disfruté. De vez en cuando, pienso en escribir en español, me gustan los idiomas, y quizá sea un proyecto para el futuro.. P. ¿Es cierto que había un elemento autobiográfico en esa canción?. R. Sí, lo es. Elegí hacerlo desde el punto de vista de un personaje inventado, y creo que hice lo correcto. No quería avergonzar a mi familia, y también sentí que no importaba si era mi historia, sino que fuera una historia veraz. Esto era más importante para mí que decir: “¡Ay, soy yo, tuve estos problemas! ¡Dios mío! ¿Sabes? Sufrí abuso de niña y bla, bla, bla!”. No quería ir por ese camino. No tenía que ser yo, aunque, al final, sí lo era. Pero cuando se lo presenté al mundo, quería mantener esa distancia.. P. Normalmente escribe así, desde el punto de vista de otros personajes, pero ¿suele haber algo de sí misma detrás de esa narrativa?. R. Sí, sí. Ese es mi pequeño truco. Elijo un personaje y puedo decir: “Vale, diré la verdad sobre mí, pero lo haré a través de los ojos de este chico, Luka, o de este hombre, Kaspar Hauser, o de esta diosa, Calipso”. Siempre hay algo de verdad. Me obligo a ello, pero pongo una cara diferente. Es un juego.. Suzanne Vega, durante un concierto en 1987.Christian Rose (Christian Rose). P. Chambermaid, uno de los temas de su último trabajo, es como una versión de I Want You, de Bob Dylan, pero desde la perspectiva del personaje femenino de su canción. Ya hizo algo parecido antes con I’ll Never Be Your Maggie May al hilo del famoso tema de Rod Stewart]. Es como si quisiera revisar la mitología del rock y poner en cuestión su androcentrismo.. R. Sí, de nuevo se trata de aportar un punto de vista inesperado. En este caso, desde la perspectiva femenina, porque a menudo se les pasa por alto. Y también hay algo de mí en la canción. Siento que en la vida a veces interpreto el papel de camarera, y está bien, no me quejo, solo lo digo. Es una canción que me da mucho placer, me lo paso genial cantándola.. P. Otro tema interesante es Speaker’s Corner. Quería preguntarle su opinión sobre cómo ha evolucionado la idea de la libertad de expresión. Parece que se la esté apropiando la gente de extrema derecha que dice que la agenda progresista no les permite expresarse.. R. Es extraño, sí. Lo que pasa con la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, que garantiza ese derecho, es que se aplica por igual a ambos lados de la línea. Tienes la izquierda y tienes la derecha. Y ambas, de alguna manera, son censoras. He tenido muchas peleas con gente de izquierdas. ¡Yo, que crecí con un padrastro puertorriqueño de piel oscura! ¿Quién me va a decir a mí lo que es woke y lo que no? Pero entiendo esta sensación de que la derecha quiere difundir discursos de odio y la izquierda también quiere corregir, así que todos necesitamos un espacio donde podamos decir la verdad y compartir nuestras historias, sentimientos y creencias. Y eso debe ser respetado. No importa de qué lado estés. Ahora: decir la verdad no significa mentir, no significa decir estupideces sobre los demás. Creo que mucha gente de derechas dice muchas cosas falsas e intenta incitar al odio, y de eso no trata la Primera Enmienda. Algunos usan el Speaker’s Corner [situado en el Hyde Park de Londres] para decir tonterías o mentir, y otros lo usan para decir la verdad, ser justos, animarnos y sentirnos mejores personas, y de eso trata la canción.. P. Desde que falleció Lou Reed, en 2013, interpreta en cada concierto su tema Walk On The Wild Side.. R. Sí, y tiene una gran acogida. Parece que a todo el mundo le encanta, así que seguimos haciéndolo.. P. ¿Cómo era su relación con él?. R. Fue una amistad muy bonita y duradera, y cuando murió, fue un shock mirar atrás y darme cuenta de las décadas que hacía que nos conocíamos. El primer concierto al que acudí fue uno suyo, en la Universidad de Columbia, en 1979, me obsesioné con él y seguí yendo a verlo en vivo durante siete años sin parar. Luego lo conocí en un programa de televisión de la MTV, 120 Minutes, donde no me dijeron que él sería el entrevistador, así que perdí la compostura. Está en YouTube para que todos me vean perder la cabeza. Después de aquello coincidimos en muchos eventos por toda la ciudad de Nueva York y nos hicimos muy buenos amigos. Siempre fue respetuoso. Siempre lo miraba para ver si estaba de buen humor. Si estaba de malas, no le molestaba ni me acercaba, pero si me miraba a los ojos y me decía: “Ven aquí”, sí lo hacía. Era un hombre muy voluble, de humor cambiante. Pero al final, creo que tuvimos momentos muy conmovedores y amistosos.. De izquierda a derecha, Kris Kristofferson, Victoria Williams, Suzanne Vega, Vin Scelsa y Lou Reed en el club The Bottom Line de Nueva York, en 1994.Ebet Roberts (Redferns). P. Sus dos primeros discos los produjo Lenny Kaye, el guitarrista de Patti Smith, pero usted se movía más en la escena folk del Greenwich Village que en la punk del CBGB. ¿Había conexión entre ambas?. R. No, estaba todo más separado. Yo no entré en el CBGB hasta los años noventa. Fui para ver a PJ Harvey, creo que en su primer viaje a Estados Unidos. Tocó en dos salas de Nueva York, y fui a ambos conciertos porque me parecía genial y fascinante. Me gustaba escuchar la música de la escena punk: Ramones, Television, Blondie…, pero no me gustaba ir al CBGB porque la gente estaba todo el tiempo haciendo pogo y berreando. Me parecía muy violento, y ya tenía toda esa violencia en casa. En cambio, la gente del folk simplemente se sentaba y bebía, y era una sensación diferente ir a sus clubes.. P. Entre 2010 y 2012 publicó las Close-Up Series, donde regrabó parte de su catálogo para poseer el control sobre el mismo. Una década después, Taylor Swift hizo algo parecido. Ahí también fue pionera de algo…. R. Creo que hice lo que necesitaba en aquel momento. Sabía que quería fundar mi propio sello discográfico, pero no quería empezar con un proyecto nuevo porque nadie lo conocería. Así que pensé en eso. Lo hice de forma diferente a Taylor Swift porque ella recreó sus álbumes nota por nota, pero yo no podría. Mi trayectoria es mucho más larga que la suya, y no habría forma de recrear las producciones de Mitchell Froom porque estaban llenas de detalles extraños. Así que pensé: “Lo simplificaremos y haremos grabaciones acústicas que gusten a los fans“. Y así fue. Se venden bien, y eso me da ingresos para trabajar en el nuevo material.. P. ¿Fue más difícil lidiar con la industria en los años ochenta y noventa o es peor ahora, en la era del streaming?. R. La principal diferencia es que la música está tan devaluada que cuando saco un álbum lo compran más por la firma, como un recuerdo del concierto. Pero si quieren escuchar la música se suscriben a un servicio de streaming. Yo tengo Apple Music, pago 15 dólares al mes y recibo millones de canciones, lo cual es una locura. Yo me gano bien la vida con las giras y sigo recibiendo regalías por mis discos.Otro aspecto interesante es que la radio, en Estados Unidos, ahora es un campo muy abierto. Antes era muy rígida y estructurada, pero ahora hay muchos tipos diferentes de emisoras y eso permite que mi música se siga escuchando, lo cual es genial para una mujer de mi edad. Además, como ahora soy la dueña de los discos, me llevo la mitad de las ganancias en Spotify, a diferencia de los centavos que obtienes cuando eres la artista de otra discográfica. Esto marca la diferencia. Yo no me siento marginada. Me va bien.
EL PAÍS
