En el primer número de EL PAÍS se listaban 144 salas en Madrid y se anunciaban enormes ordenadores
Columna. Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado. En el primer número de EL PAÍS se listaban 144 salas en Madrid y se anunciaban enormes ordenadores. Fachada del cine Olimpia en la plaza de Lavapiés de Madrid. Hoy se alza allí el Centro Dramático Nacional. Joaquin Amestoy. Junto a muchos otros lectores, el pasado fin de semana me acerqué a celebrar el 50º cumpleaños de EL PAÍS al Matadero de Madrid. Allí conseguí un facsímil de su primer número, el del martes 4 de mayo de 1976, que nunca había visto impreso. Lo leí con detalle, fijándome en las cosas en las que habitualmente me fijo, como las ligerezas o el cambio social y tecnológico. Entre el reformismo institucional, las declaraciones editoriales, los atentados de ETA y la cobertura sobre el Sáhara, me entero de que a Félix Rodríguez de la Fuente se le había escapado un halcón valorado en un millón de pesetas: me imagino al equipo de El hombre y la tierra observando, literalmente, volar el dinero. Pero lo que más me llamó la atención fue que se dedicaran dos páginas a la cartelera de Madrid, y una y media a publicitar los estrenos del momento, como ¿Quién puede matar a un niño?, de Chicho Ibáñez Serrador. Solo en la zona de Gran Vía hay 22 cines, algo que me parece relativamente lógico, siendo el momento de esplendor de las salas y su principal núcleo en la capital. Pero también aparecen listadas ocho salas en Vallecas, o 18 entre Usera, Carabanchel y Latina, barrios del sur que hoy son casi eriales cinematográficos. En total, 144 cines en Madrid. También me entero de que en Usera se proyectan películas los domingos en la Asociación de Vecinos de Orcasitas, un edificio de ladrillo rojo que fue construido por los vecinos durante los fines de semana y que posee sala de reuniones, biblioteca y asesoría laboral, pero también retretes públicos y duchas para los asociados que no disponen de sanitarios en su casa. Los ciudadanos peleaban por tener los servicios mínimos en sus barrios; eran los años dorados del asociacionismo, y el periódico entrevistaba a sus líderes.. Busco en esa máquina del tiempo de papel alguna pista del futuro de todos esos cines, que irían cayendo víctimas (además de la especulación inmobiliaria) del vídeo doméstico, el aumento de la oferta televisiva, los multicines, las descargas de internet, el streaming y, en general, el cambio de hábitos en el entretenimiento que sucedería en las siguientes décadas. Encuentro dos anuncios que en absoluto anticipan la revolución de la informática personal: en uno de ellos, un ordenador gigantesco, un Sperry Univac, presume de su gran memoria, como la de un elefante; en otro, una empresa ofrece compartir el tiempo de cálculo de su IBM para ahorrar costes. Cualquier móvil de hoy es más potente que aquellas máquinas. En el primer número de este periódico no hay ni rastro de la empresa que protagonizaría la revolución de la informática personal, primero, y la telefonía inteligente, después. Es lógico, porque Apple y EL PAÍS nacieron con solo un mes de diferencia. Mientras en España trabajábamos para que cada persona tuviera un voto, en California lo hacían para que cada uno poseyera un pequeño ordenador.. View this post on Instagram. Cincuenta años después, seguimos sintiendo la necesidad de juntarnos para entretenernos y para pelear por nuestros derechos como ciudadanos, pero eso ya no sucede alrededor de los cines o las asociaciones, aunque sigan existiendo. Tampoco queda mucho del entusiasmo popular por recibir información veraz que rodeó al nacimiento de EL PAÍS. Los espacios digitales, que prometieron conectarnos y hacer así más sencillos el entretenimiento, la información y la lucha común, acabaron dejándonos insatisfechos y con la sensación de que al dejar atrás lo físico perdíamos también algo importante.. Sobre la firma. Es periodista y escritora especializada en la relación entre tecnología, medios y sociedad. Fundó Verne, la web de cultura digital de EL PAÍS, y fue subdirectora de ‘La Vanguardia’. En 2013 publicó ‘Memecracia’, ensayo que adelantó la influencia del fenómeno de la viralidad. Su newsletter personal se llama ‘Leer, escribir, internet’.. Normas ›. Mis comentariosNormas. Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos. Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus.. Más información. Archivado En. Opinión. Publicidad. Prensa. Periódicos. El País. Cine. Salas cine. Orcasitas. Asociaciones vecinos. Ordenadores. Informática. Apple. Derecho información. Cultura. Madrid. Protestas sociales. Medios comunicación. Medios comunicación nacionales. Plataformas digitales. Redes sociales. Si está interesado en licenciar este contenido, pinche aquí
Junto a muchos otros lectores, el pasado fin de semana me acerqué a celebrar el 50º cumpleaños de EL PAÍS al Matadero de Madrid. Allí conseguí un facsímil de su primer número, el del martes 4 de mayo de 1976, que nunca había visto impreso. Lo leí con detalle, fijándome en las cosas en las que habitualmente me fijo, como las ligerezas o el cambio social y tecnológico. Entre el reformismo institucional, las declaraciones editoriales, los atentados de ETA y la cobertura sobre el Sáhara, me entero de que a Félix Rodríguez de la Fuente se le había escapado un halcón valorado en un millón de pesetas: me imagino al equipo de El hombre y la tierra observando, literalmente, volar el dinero. Pero lo que más me llamó la atención fue que se dedicaran dos páginas a la cartelera de Madrid, y una y media a publicitar los estrenos del momento, como ¿Quién puede matar a un niño?, de Chicho Ibáñez Serrador. Solo en la zona de Gran Vía hay 22 cines, algo que me parece relativamente lógico, siendo el momento de esplendor de las salas y su principal núcleo en la capital. Pero también aparecen listadas ocho salas en Vallecas, o 18 entre Usera, Carabanchel y Latina, barrios del sur que hoy son casi eriales cinematográficos. En total, 144 cines en Madrid. También me entero de que en Usera se proyectan películas los domingos en la Asociación de Vecinos de Orcasitas, un edificio de ladrillo rojo que fue construido por los vecinos durante los fines de semana y que posee sala de reuniones, biblioteca y asesoría laboral, pero también retretes públicos y duchas para los asociados que no disponen de sanitarios en su casa. Los ciudadanos peleaban por tener los servicios mínimos en sus barrios; eran los años dorados del asociacionismo, y el periódico entrevistaba a sus líderes.. Seguir leyendo
