¿Qué gusto tiene el pasado? ¿Se gasta al evocarlo? ¿Qué se siente cuando uno se sabe caballo ganador, siempre? ¿Se da cuando en escena hay conciencia de que el público responderá pase lo que pase porque casi todo el mundo, incluso el mismo protagonista, quiere la mejor versión de sí mismo y esa no suele corresponder con el presente? Viendo a Sting, que hacía años que no visitaba Barcelona, en formato trío, como cuando encabezaba The Police, estas preguntas podían venir a la cabeza, máxime cuando de otra manera, con otro perfil, manejando otros mimbres, hemos tenido recientemente a Van Morrison gestionando su pasado en otras coordenadas. Sting fue en Les Nits Occident de Pedralbes ese artista que el crítico Simon Reynolds vincularía con la nostalgia, uno de los principales motores de la música actual, según sus análisis. Somos pasado, no se puede esquivar, aunque a veces reivindicarlo lo sitúa aún más lejos y a los artistas y a quienes no lo son con menos cosas que decir del presente. Es una opción. No la única. No, no es razonable aplicar un eslogan que aparecía en la entrada del recinto para hacerse autofotos: “todo, todo y todo” no puede ser. Seguir leyendo
¿Qué gusto tiene el pasado? ¿Se gasta al evocarlo? ¿Qué se siente cuando uno se sabe caballo ganador, siempre? ¿Se da cuando en escena hay conciencia de que el público responderá pase lo que pase porque casi todo el mundo, incluso el mismo protagonista, quiere la mejor versión de sí mismo y esa no suele corresponder con el presente? Viendo a Sting, que hacía años que no visitaba Barcelona, en formato trío, como cuando encabezaba The Police, estas preguntas podían venir a la cabeza, máxime cuando de otra manera, con otro perfil, manejando otros mimbres, hemos tenido recientemente a Van Morrison gestionando su pasado en otras coordenadas. Sting fue en Les Nits Occident de Pedralbes ese artista que el crítico Simon Reynolds vincularía con la nostalgia, uno de los principales motores de la música actual, según sus análisis. Somos pasado, no se puede esquivar, aunque a veces reivindicarlo lo sitúa aún más lejos y a los artistas y a quienes no lo son con menos cosas que decir del presente. Es una opción. No la única. No, no es razonable aplicar un eslogan que aparecía en la entrada del recinto para hacerse autofotos: “todo, todo y todo” no puede ser. Seguir leyendo
the policeCríticaGénero de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materiaEl artista británico repasó su legado imprimiéndole un toque de eleganciaEl audio de esta noticia utiliza una voz sintética generada por Inteligencia Artificial y podría tener algunas inconsistencias.Concierto de Sting en el festival Les Nits Occident, en el Palau de Pedralbes de Barcelona.Albert Garcia¿Qué gusto tiene el pasado? ¿Se gasta al evocarlo? ¿Qué se siente cuando uno se sabe caballo ganador, siempre? ¿Se da cuando en escena hay conciencia de que el público responderá pase lo que pase porque casi todo el mundo, incluso el mismo protagonista, quiere la mejor versión de sí mismo y esa no suele corresponder con el presente? Viendo a Sting, que hacía años que no visitaba Barcelona, en formato trío, como cuando encabezaba The Police, estas preguntas podían venir a la cabeza, máxime cuando de otra manera, con otro perfil, manejando otros mimbres, hemos tenido recientemente a Van Morrison gestionando su pasado en otras coordenadas. Sting fue en Les Nits Occident de Pedralbes ese artista que el crítico Simon Reynolds vincularía con la nostalgia, uno de los principales motores de la música actual, según sus análisis. Somos pasado, no se puede esquivar, aunque a veces reivindicarlo lo sitúa aún más lejos y a los artistas y a quienes no lo son con menos cosas que decir del presente. Es una opción. No la única. No, no es razonable aplicar un eslogan que aparecía en la entrada del recinto para hacerse autofotos: “todo, todo y todo” no puede ser.Lo menos llevadero del concierto de Sting, entretenido y con un aire de jovialidad contenida, esto bastante de agradecer, fue el populismo que adoptó desde el comienzo. Que ya desde las primeras de cambio el espigado bajista hiciese cantar al público en Message In A Bottle, algo que repitió varias veces a lo largo de la actuación, siempre ha sido un camino asfaltado a la satisfacción del respetable. Nos habla de implicación, aunque también de fragmentos de canción que no controla el artista teniendo un algo de relleno. Nos habla de artista que se sabe ganador sin pestañear y que usa sus ases para eludir elegantemente el presente, pues generalmente se corea lo menos actual. De hecho sólo sonó un tema de nuestros días en el concierto, I Wrote Your Name (Upon My Heart), y lo hizo justo al comienzo, antecediendo a una tacada de temas populares del repertorio, como queriendo darle un relieve que por sí mismo aún no tiene, justo antes de If I Ever Lose My Faith In You, Englishman In New York y Every Little She Does Is Magic. Versiones todas ellas con reposo, con la voz afinando sui generis y con un fondo nasal bastante más acentuado de lo que resulta habitual en su voz –la nasalancia no ha de aumentar forzosamente con la edad-. La entrega del artista tuvo algo de fina autoparodia y vino a
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