Pablo Caldera publica ‘Lo nunca visto’, particular acercamiento al triunfo de la selección en 2010 que indaga en el poder de las imágenes y el fútbol en una historia de robos, retrovisores y fiestas estrafalarias que desafía las expectativas del lector: se ambienta en su mayor parte dos años después de la gesta mundialistaEspaña se encuentra a sí misma frente a Austria y espera a Portugal
“Todo el mundo puede imaginarse su país, y solo unos pocos tratan de convencernos de que su imagen es real. Quizás la más equitativa, la más justa, sea la que aparece en la mente del futbolista justo cuando ve que el balón se cuela en la red. Es consciente de que hay medio país viéndolo, celebrando en plazas y en bares y en casas, pero a él, en ese momento, la energía no le da para delirios de grandeza. Él piensa, probablemente, en su madre”. El interés de Pablo Caldera (Madrid, 1997) por pensar las imágenes desemboca en este pasaje de su primera novela, el cual versa precisamente sobre la posible imagen definitoria de España. Acaba encontrando la respuesta en otra de sus pasiones, el fútbol, sugiriendo si acaso fue Andrés Iniesta quien logró esa postal total de lo español antes que cualquier poeta, pensador, artista o dictador.
En Lo nunca visto, nueva entrega de la colección Episodios Nacionales de la editorial Círculo de Bellas Artes – Lengua de Trapo (actualización moderna y colectiva del proyecto de Pérez Galdós), el lector no encontrará sin embargo casi ninguna referencia a la selección que en 2010 tocó el cielo en Sudáfrica. Tampoco a los agónicos partidos que la llevaron a la gloria con goles de Villa o Puyol y paradas de Casillas. De hecho, Caldera ambienta la acción en Madrid y solo una pequeña parte de ella trascurre ese año. El grueso de la trama discurre durante la Eurocopa de 2012. El último triunfo de aquel equipo imparable que nos acostumbró a ganar, que nos empachó de victorias hasta convertirlas en una fea costumbre.
El escritor atiende a este periódico horas antes de que la selección recupere la sensación de rodillo ante Austria. En esta ocasión no las tiene todas consigo y vaticina que Inglaterra se llevará el gato al agua en este Mundial. Augura que España alcanzará las semifinales, donde nos echará Francia. La conversación tiene lugar en una terraza de Lavapiés entregada a la Copa del Mundo, con un banderín de España en cada mesa y un pantallón en la terraza preparado para emitir la goleada.
Seguramente en un sitio como este habrían acabado Adrián y Beto, los hermanos protagonistas del libro, si aquella noche en la que España se impuso a Holanda en Johannesburgo hubiesen decidido salir a ver el partido. Pero no, a estos espíritus quinquis del siglo XXI se les ocurrió aprovechar que todo el mundo estaría mirando los televisores para perpetrar un robo en un chalé una zona noble de la capital. Dos años después, su madre, una taxist Pablo Caldera publica ‘Lo nunca visto’, particular acercamiento al triunfo de la selección en 2010 que indaga en el poder de las imágenes y el fútbol en una historia de robos, retrovisores y fiestas estrafalarias que desafía las expectativas del lector: se ambienta en su mayor parte dos años después de la gesta mundialistaEspaña se encuentra a sí misma frente a Austria y espera a Portugal
“Todo el mundo puede imaginarse su país, y solo unos pocos tratan de convencernos de que su imagen es real. Quizás la más equitativa, la más justa, sea la que aparece en la mente del futbolista justo cuando ve que el balón se cuela en la red. Es consciente de que hay medio país viéndolo, celebrando en plazas y en bares y en casas, pero a él, en ese momento, la energía no le da para delirios de grandeza. Él piensa, probablemente, en su madre”. El interés de Pablo Caldera (Madrid, 1997) por pensar las imágenes desemboca en este pasaje de su primera novela, el cual versa precisamente sobre la posible imagen definitoria de España. Acaba encontrando la respuesta en otra de sus pasiones, el fútbol, sugiriendo si acaso fue Andrés Iniesta quien logró esa postal total de lo español antes que cualquier poeta, pensador, artista o dictador.
En Lo nunca visto, nueva entrega de la colección Episodios Nacionales de la editorial Círculo de Bellas Artes – Lengua de Trapo (actualización moderna y colectiva del proyecto de Pérez Galdós), el lector no encontrará sin embargo casi ninguna referencia a la selección que en 2010 tocó el cielo en Sudáfrica. Tampoco a los agónicos partidos que la llevaron a la gloria con goles de Villa o Puyol y paradas de Casillas. De hecho, Caldera ambienta la acción en Madrid y solo una pequeña parte de ella trascurre ese año. El grueso de la trama discurre durante la Eurocopa de 2012. El último triunfo de aquel equipo imparable que nos acostumbró a ganar, que nos empachó de victorias hasta convertirlas en una fea costumbre.
El escritor atiende a este periódico horas antes de que la selección recupere la sensación de rodillo ante Austria. En esta ocasión no las tiene todas consigo y vaticina que Inglaterra se llevará el gato al agua en este Mundial. Augura que España alcanzará las semifinales, donde nos echará Francia. La conversación tiene lugar en una terraza de Lavapiés entregada a la Copa del Mundo, con un banderín de España en cada mesa y un pantallón en la terraza preparado para emitir la goleada.
Seguramente en un sitio como este habrían acabado Adrián y Beto, los hermanos protagonistas del libro, si aquella noche en la que España se impuso a Holanda en Johannesburgo hubiesen decidido salir a ver el partido. Pero no, a estos espíritus quinquis del siglo XXI se les ocurrió aprovechar que todo el mundo estaría mirando los televisores para perpetrar un robo en un chalé una zona noble de la capital. Dos años después, su madre, una taxist elDiario.es – Novela
Pablo Caldera publica ‘Lo nunca visto’, particular acercamiento al triunfo de la selección en 2010 que indaga en el poder de las imágenes y el fútbol en una historia de robos, retrovisores y fiestas estrafalarias que desafía las expectativas del lector: se ambienta en su mayor parte dos años después de la gesta mundialistaEspaña se encuentra a sí misma frente a Austria y espera a Portugal
“Todo el mundo puede imaginarse su país, y solo unos pocos tratan de convencernos de que su imagen es real. Quizás la más equitativa, la más justa, sea la que aparece en la mente del futbolista justo cuando ve que el balón se cuela en la red. Es consciente de que hay medio país viéndolo, celebrando en plazas y en bares y en casas, pero a él, en ese momento, la energía no le da para delirios de grandeza. Él piensa, probablemente, en su madre”. El interés de Pablo Caldera (Madrid, 1997) por pensar las imágenes desemboca en este pasaje de su primera novela, el cual versa precisamente sobre la posible imagen definitoria de España. Acaba encontrando la respuesta en otra de sus pasiones, el fútbol, sugiriendo si acaso fue Andrés Iniesta quien logró esa postal total de lo español antes que cualquier poeta, pensador, artista o dictador.
En Lo nunca visto, nueva entrega de la colección Episodios Nacionales de la editorial Círculo de Bellas Artes – Lengua de Trapo (actualización moderna y colectiva del proyecto de Pérez Galdós), el lector no encontrará sin embargo casi ninguna referencia a la selección que en 2010 tocó el cielo en Sudáfrica. Tampoco a los agónicos partidos que la llevaron a la gloria con goles de Villa o Puyol y paradas de Casillas. De hecho, Caldera ambienta la acción en Madrid y solo una pequeña parte de ella trascurre ese año. El grueso de la trama discurre durante la Eurocopa de 2012. El último triunfo de aquel equipo imparable que nos acostumbró a ganar, que nos empachó de victorias hasta convertirlas en una fea costumbre.
El escritor atiende a este periódico horas antes de que la selección recupere la sensación de rodillo ante Austria. En esta ocasión no las tiene todas consigo y vaticina que Inglaterra se llevará el gato al agua en este Mundial. Augura que España alcanzará las semifinales, donde nos echará Francia. La conversación tiene lugar en una terraza de Lavapiés entregada a la Copa del Mundo, con un banderín de España en cada mesa y un pantallón en la terraza preparado para emitir la goleada.
Seguramente en un sitio como este habrían acabado Adrián y Beto, los hermanos protagonistas del libro, si aquella noche en la que España se impuso a Holanda en Johannesburgo hubiesen decidido salir a ver el partido. Pero no, a estos espíritus quinquis del siglo XXI se les ocurrió aprovechar que todo el mundo estaría mirando los televisores para perpetrar un robo en un chalé una zona noble de la capital. Dos años después, su madre, una taxist
