El director español cuenta en Nueva York cuando un actor se negó en un rodaje a seguir sus instrucciones: “Tuve que llevarlo a una habitación y decirle que yo era el jefe. Fue muy doloroso”
Los caminos de Pedro Almodóvar y Sofia Coppola se han cruzado en varias ocasiones. Como en aquella fiesta en la que los dos ejercieron de fans ante una Joan Collins que no parecía muy interesada en mezclarse con ninguno de los dos. O cuando el director español visitó a la estadounidense durante el rodaje de María Antonieta en Versalles en 2005. O cuando al año siguiente coincidieron en Cannes, ella para presentar esa película sobre la reina francesa del siglo XVIII donde aparecían unas Converse y él con Volver bajo el brazo. O como este lunes en Nueva York, donde han hablado ante un público entregado ante cualquier ocurrencia del manchego, que ha acudido al festival de cine de la ciudad para presentar su película número 24, Amarga Navidad.. La conversación ha dejado clara la admiración mutua. El manchego ha alabado a Coppola, a la que descubrió con Las vírgenes suicidas, directora que, asegura, ha ido creciendo con los años sin perder su toque personal. Ha alabado sobre todo María Antonieta por su valentía. “En su momento hubo muchos reproches por esa forma de contar un personaje histórico, pero, vista 20 años más tarde, ha tenido mucha influencia en las series y en la cultura popular”.. La neoyorquina, de 55 años, se ha mostrado rendida en todo momento ante el cine de Almodóvar, sobre todo por sus personajes femeninos. De su última película, Coppola parece haber quedado fascinada por el bombero stripper que interpreta Patrick Criado. La conversación, en la que el manchego intercalaba el español y el inglés, ha tenido un momento divertidísimo cuando ella le ha preguntado por el papel de Criado pero él ha creído que se refería al personaje que violaba a Rossy de Palma en Kika, una película que ya tiene más de 30 años. Entonces él le ha empezado hablar del éxito que tuvo De Palma, una de sus actrices fetiche, cuando la descubrieron diseñadores como Jean Paul Gaultier en los años noventa gracias a sus películas, entre las caras de incomprensión de Coppola.. El tiempo desde Kika ha pasado y algo que en esa época parecía inconcebible, los asesores de intimidad en los rodajes, es ahora algo obligatorio, tanto en España como en Estados Unidos. Almodóvar ha reconocido que no ha usado nunca uno con una explicación que ha despertado una carcajada general: “Si llegas a un acuerdo con los dos actores, es como establecer un triángulo amoroso. Y a veces los tríos funcionan. Más escribiendo que en la vida marital. Pero con el coach ya somos uno más. Eso ya es un cuarteto”.. El director de películas como La ley del deseo ha contado a su compañera una historia que vivió con un actor, que le hizo pasarlo muy mal. Sin dar ninguna pista de su identidad, ha recordado cuando trabajó con alguien que estaba muy pendiente de todas las indicaciones que le daba su coach, hasta el punto de ignorar lo que le decía el propio Almodóvar. “Yo doy muchas indicaciones. A veces soy una pesadilla. Pero él creía ciegamente en ese coach y no me hacía ningún caso. Al final tuve que llevarlo a una habitación y decirle que tenía que obedecer por una cuestión de jerarquía, que yo era el jefe. Fue muy doloroso. Una actitud así pone en riesgo un rodaje”, ha recordado ante una Coppola anonadada, que decía que jamás le había pasado algo así. “Cuando terminemos aquí me cuentas quién era”, le ha dicho entre risas.. Ella ha reconocido que el hacerse mayor le ha hecho verse más respetada en los rodajes, algo que a veces no pasaba cuando era más joven.. También han hablado de la dificultad de adoptar novelas de escritores que admiran al cine. Coppola ha contado cómo Jeffrey Eugenides, autor de Las vírgenes suicidas, al principio acogió con desconfianza la película que ella rodaba, pero que finalmente dio su visto bueno. El círculo entre ambos directores se cierra porque el personaje que interpreta Bárbara Lennie en Amarga Navidadlee en la película un libro precisamente de… Eugenides. Almodóvar, por su parte, considera que hay que tener cuidado a la hora de contratar a los escritores como guionistas, ya que son dos registros totalmente distintos. Ha puesto como ejemplo a Cormac McCarthy, admirado autor pero que no tuvo gran éxito con su guion de The Counselor.. En la hora larga de conversación, el momento más intenso ha sido la confesión de Almodóvar de lo único que no ha cambiado tras dirigir 24 películas a lo largo de casi medio siglo. “Sigo igual de apasionado que cuando hice la primera. Para mí es algo esencial. Si no siento pasión, no tiene sentido”.
Los caminos de Pedro Almodóvar y Sofia Coppola se han cruzado en varias ocasiones. Como en aquella fiesta en la que los dos ejercieron de fans ante una Joan Collins que no parecía muy interesada en mezclarse con ninguno de los dos. O cuando el director español visitó a la estadounidense durante el rodaje de María Antonieta en Versalles en 2005. O cuando al año siguiente coincidieron en Cannes, ella para presentar esa película sobre la reina francesa del siglo XVIII donde aparecían unas Converse y él con Volver bajo el brazo. O como este lunes en Nueva York, donde han hablado ante un público entregado ante cualquier ocurrencia del manchego, que ha acudido al festival de cine de la ciudad para presentar su película número 24, Amarga Navidad.. Seguir leyendo
