El estreno de ‘Li Cham’, de la cineasta tsotsil Ana Ts’uyeb, representa un momento de la producción cinematográfica indígena que, en los últimos años, ha comenzado a ganar reconocimiento nacional e internacional
El cine fue liberador para Ana Ts’uyeb. No solo porque le permitió contar la historia de resistencia, resiliencia y renacimiento de tres generaciones de mujeres tsotsiles frente a la violencia patriarcal y las prácticas normalizadas de “usos y costumbres” en Chiapas, sino también porque ella, gracias a su madre y al levantamiento zapatista, pudo romper con estos estereotipos culturales y regresar a su comunidad como cineasta, casi dos décadas después, para documentar esa historia desde su experiencia, territorio, su cosmovisión y en su propia lengua. Li Cham(Morí, en tsotsil) es su ópera prima, ya en salas de México. Es la más reciente producción de una representante de los pueblos originarios del país, una de las muchas voces que ha tomado el cine como herramienta para contar sus historias y que buscan trascender obstáculos para llegar al gran público.. Ts’uyeb, de 29 años y originaria de Naranjatic Alto –una población maya-tstosil–, cuenta que la idea surgió en 2018, durante sus prácticas de periodismo, en las que hizo una investigación para un reportaje escrito sobre sus tres protagonistas. Juana, Margarita y Faustin, quienes tras perder la vida de sus bebés y sus familiares a causa de violencias patriarcales, parte de ellas muere. Con la llegada del zapatismo a inicios de los noventa, sus sueños vuelven a florecer y defienden lo más valioso que tienen: su tierra y una vida con independencia y esperanza.. La cineasta tsotsil Ana Ts’uyeb.CEDIDA. La directora abandonó su comunidad a sus 15 años. Recuerda que desde que era niña ya cuestionaba estos usos y costumbres de su comunidad, los cuales establecían que por nacer mujer no tenían derecho a la posesión de la tierra y no podían aspirar a ningún sueño fuera de su comunidad. “Les enseñaban que por nacer mujer teníamos que atender a los hombres y a casarnos para servir desde los 15 años”, afirma Ts’uyeb a través de una videollamada.. La irrupción del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) hace más de 30 años en Chiapas trajo consigo para las mujeres, en la vida insurgente y guerrillera, la necesidad de luchar por la equidad y en contra del machismo y el sometimiento. “Si pudimos salir, fue porque mi mamá defendió ese derecho que nos corresponde. Gracias al zapatismo pudo agarrar fuerza para cambiar las cosas”, complementa.. El cine como herramienta. La directora comenzó con su formación cinematográfica a través de un diplomado en la Escuela Diversa de Cine Indígena, en Chile, donde, según cuenta, le dieron una postura para buscar una narrativa propia y poder construirla de manera consciente. “Nuestra identidad e imagen se ha narrado desde una mirada externa que, muchas veces, suele generalizar nuestro contexto. Lo estigmatiza, folcloriza, y nunca nos sentimos ni identificados ni representados. El cine como herramienta sí es muy importante, porque hace esta diferencia que habla de nosotros desde la filosofía, la cosmovisión, la lengua y la música”, relata.. El Estímulo a la Creación Audiovisual en México y Centroamérica para Comunidades Indígenas y Afrodescendientes (ECAMC), creado en 2019 e impulsado por la Secretaría de Cultura y el Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE), ha apoyado la creación de múltiples cortometrajes y largometrajes de cineastas indígenas. Li Cham, así como otros 118 proyectos en estos siete años, ha sido una de las beneficiarias.. Mariana Linares, directora de vinculación regional del IMCINE, da a conocer que, desde que inició el ECAMC, 25 proyectos han sido terminados. Dice que el estímulo es un trabajo de cine comunitario en México de décadas. Celebra que por primera vez en 10 años, según se dio a conocer en diciembre pasado, aumentaron 115 millones de pesos, o el 16,43%, los montos del Estímulo Fiscal a Proyectos de Inversión para la Producción y Distribución Cinematográfica Nacional (EFICINE). Con este incremento, la bolsa alcanzó 815 millones de pesos, que también beneficia al cine hecho por los pueblos originarios con 11 millones 800.000 pesos desde esta gestión.. Gran parte del equipo creativo está conformado por talento originario de comunidades mayas tsotsiles y tseltales.CEDIDA. De acuerdo con la convocatoria del ECAMC correspondiente a este año, en esta octava edición se seleccionaron 19 proyectos de un total de 57 inscritos, provenientes de pueblos originarios como los conca’ac, zapoteco, wirrárika, entre otros.. “Estamos muy contentas de que también se aumentaron los montos [para el ECAMC], porque eso es el reflejo de que también están haciendo producciones más complejas [los pueblos originarios], que se requiere más equipo tecnológico, que se requiere más equipo personal, también personas que estén en esas producciones. Lo que más me entusiasma del cine originario y afrodescendiente es que es de una absoluta innovación e imaginación. Cubre todos los géneros. Es muy sorprendente y evidente la diversidad que se está gestando”, afirma Linares a través de una llamada telefónica.. Parte de festivales y la competencia. Son diversas las voces que consideran que el cine de pueblos originarios está comenzando a salir de los museos y los espacios de la academia. Ahora no solo se muestran en festivales nacionales e internacionales, sino que también los ganan lejos de las categorías limitantes del cine indígena.. “Ahora logramos estar en las secciones de competencia. Eso ha sido tan importante, porque es una forma de reconocer que nuestro cine tiene la misma calidad que cualquier otro”, afirma la cineasta eritreo-mexicana Medhin Tewolde, quien recorrió más de una decena de festivales y obtuvo la misma cantidad de premios con Negra (2020), su primer largometraje documental.. Fotograma del documental ‘Negra’, de Medhin Tewolde.CEDIDA. Un claro ejemplo de esta tendencia es el cineasta mixe oaxaqueño Yovegami Ascona, que con su ópera prima, Boca vieja, ha participado de dos de los más importantes eventos de cine en México. Su documental se hizo en 2025 con la Mención Honorífica, el Premio del Público y el Premio del Jurado Joven en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG) y también formó parte de la competencia de no ficción en Morelia (FICM) ese mismo año.. Otra cineasta que pisó el FICM antes de que su más reciente película tenga su estreno comercial a inicios de 2026 fue Yolanda Cruz. La directora, originaria de una comunidad chatina de San Juan Quiahije, Oaxaca, presentó La raya–beneficiada con el ECAMC–, queaborda la migración y tradiciones en esa entidad con un tono de comedia y realismo mágico.. Tewolde dice que esta apertura también es parte de una lucha que vienen cimentando otras cineastas como María Sojob, de origen tsotsil, y los múltiples premios que obtuvo con Tote (Abuelo) desde que la estrenó en 2019. Asimismo, menciona a Ángeles Cruz, la realizadora mixteca que ha destacado por visibilizar las perspectivas de los pueblos originarios, la violencia intrafamiliar y la diversidad sexual en el cine contemporáneo mexicano.. Ts’uyeb también ha cimentado ese camino. En 2024 ganó el premio a Mejor Largometraje Documental Mexicano en el FICM con Li Cham. “Es relativamente reciente que estas producciones, de pueblos originarios y afrodescendientes en México, sean consideradas en los circuitos más convencionales, como festivales importantes. Por ejemplo, la película de Ana es la primera cinta tsotsil que se estrenará en Cinépolis [una de las cadenas más grandes de México], en una sala comercial, y eso es un logro importantísimo”, agrega Teowolde.. Fotograma de ‘Li Cham’, que incorpora la filosofía, las metáforas, la lengua y la música del pueblo tsotsil.CEDIDA. Edgar Apanco, analista de la industria cinematográfica, dice que siempre es una cuesta arriba para este tipo de producciones, aun así logren el estreno en salas. El especialista afirma que estas producciones son “invisibilizadas” porque ComScore, empresa internacional que mide los ingresos de taquilla, no toma en cuenta los ingresos de salas alternativas, culturales, espacios como las cinetecas, por lo que arroja números más pequeños que influyen en la permanencia en salas de este tipo de producciones o de corte más independiente.. Esto debería cambiar con la nueva Ley Federal de Cine y el Audiovisual, aprobada en pasado abril, garantizando un 10% mínimo de tiempo en salas para el cine mexicano y nuevas obligaciones para las plataformas de streaming. Apanco afirma que al cine mexicano, en general, le hace falta realizar mejor labor de marketing para llegar a los públicos. Dice que uno de los casos más destacados, y recientes, en el que se hizo una estrategia “muy inteligente” para su distribución, fue con la película Nudo mixteco (2021), de Ángeles Cruz.. “La película encontró su público en las cinetecas y también en espacios alternativos, foros de exhibición locales. Es decir, la película sí llegó a comunidades de la Sierra Mixteca. Eso fue una estrategia exitosísima”, finaliza Apanco.
El cine fue liberador para Ana Ts’uyeb. No solo porque le permitió contar la historia de resistencia, resiliencia y renacimiento de tres generaciones de mujeres tsotsiles frente a la violencia patriarcal y las prácticas normalizadas de “usos y costumbres” en Chiapas, sino también porque ella, gracias a su madre y al levantamiento zapatista, pudo romper con estos estereotipos culturales y regresar a su comunidad como cineasta, casi dos décadas después, para documentar esa historia desde su experiencia, territorio, su cosmovisión y en su propia lengua. Li Cham (Morí, en tsotsil) es su ópera prima, ya en salas de México. Es la más reciente producción de una representante de los pueblos originarios del país, una de las muchas voces que ha tomado el cine como herramienta para contar sus historias y que buscan trascender obstáculos para llegar al gran público.. Seguir leyendo
