El otro día en Roma estuve con una doctora una hora y cinco minutos. Cinco minutos es lo que tardó en mirarme, la primera hora estuvimos hablando de política. Empezó porque al saber que yo era español casi me da un abrazo. Era judía, con pasaporte israelí, además del italiano, y me puso a Netanyahu de malnacido fascista para arriba. Esto desconcertará un poco en España, pero fuera a mí me ha pasado, que te feliciten por la postura de tu país con Trump y Netanyahu, dan por supuesto que estamos todos orgullosísimos. Cuando le explicas que no todos, se les cae un mito. Uno de ellos es Alberto Núñez Feijóo, que el otro día en una entrevista estaba molesto por cómo se ha comportado el Gobierno español con Israel y a escala internacional. Esto dijo sobre sus prioridades si llega a La Moncloa: “Tenemos que revertir el infierno fiscal, adelgazar el Gobierno, restituir nuestras alianzas internacionales y garantizar la decencia a ultranza del Gobierno”. No sé cómo se compagina lo tercero con lo cuarto, y cómo un auténtico infierno, como el de Gaza, da un poco lo mismo. Ya, lo sé, todo está en el pack del sanchismo y esto en España no mueve votos, 73.000 muertos en Gaza (más de 1.300 después del alto el fuego) y lamerle los zapatos a Trump son detalles menores. Vivimos en nuestra burbujita. Sacas el tema en una comida y te miran como un esnob. Seguir leyendo
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Esto desconcertará un poco en España, pero fuera pasa que te feliciten por la postura del país con Trump y Netanyahu y dan por supuesto que estamos todos orgullosísimos
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El otro día en Roma estuve con una doctora una hora y cinco minutos. Cinco minutos es lo que tardó en mirarme, la primera hora estuvimos hablando de política. Empezó porque al saber que yo era español casi me da un abrazo. Era judía, con pasaporte israelí, además del italiano, y me puso a Netanyahu de malnacido fascista para arriba. Esto desconcertará un poco en España, pero fuera a mí me ha pasado, que te feliciten por la postura de tu país con Trump y Netanyahu, dan por supuesto que estamos todos orgullosísimos. Cuando le explicas que no todos, se les cae un mito. Uno de ellos es Alberto Núñez Feijóo, que el otro día en una entrevista estaba molesto por cómo se ha comportado el Gobierno español con Israel y a escala internacional. Esto dijo sobre sus prioridades si llega a La Moncloa: “Tenemos que revertir el infierno fiscal, adelgazar el Gobierno, restituir nuestras alianzas internacionales y garantizar la decencia a ultranza del Gobierno”. No sé cómo se compagina lo tercero con lo cuarto, y cómo un auténtico infierno, como el de Gaza, da un poco lo mismo. Ya, lo sé, todo está en el pack del sanchismo y esto en España no mueve votos, 73.000 muertos en Gaza (más de 1.300 después del alto el fuego) y lamerle los zapatos a Trump son detalles menores. Vivimos en nuestra burbujita. Sacas el tema en una comida y te miran como un esnob.
Esta doctora decía que Netanyahu está consiguiendo que se vayan del país todos los que no piensan como él. Recuerda a Operación Shylock, un libro alucinante y demoledor de Philip Roth de 1993, que leído hoy impresiona. En él se propone que la solución al conflicto es la diáspora: que todos los judíos europeos vuelvan a su lugar de origen, a Alemania, a Polonia, etcétera, porque lo de Israel ya no es buena idea, incluso se ha vuelto la amenaza más grave para los judíos, acabará fatal y en realidad su tierra es donde vivían desde hace siglos hasta que los nazis y los fascistas, y antes los Reyes Católicos, los echaron, Europa. Imaginen ese retorno, con cuánto entusiasmo les recibiría la derecha europea, alemana, polaca, española, que ahora jalea a Netanyahu en su terrorífica masacre. Si Roth estuviera vivo y escribiera hoy esto irían también a bombardearle a su casa de Nueva York. Miren la polémica con la película israelí NAZA(abreviación en hebreo de “daños colaterales”), premiada en el festival de Venecia y que describe las operaciones en Gaza del ejército israelí asesinando a civiles con inteligencia artificial. El Gobierno ha llamado traidores a los dos directores y amenaza con quitarles la ciudadanía y llevarlos a un tribunal militar. Netanyahu les acusa de antisemitismo, aunque no ha visto la película; los dos son judíos y la familia de uno de ellos sobrevivió al Holocausto.
Al menos Trump nos ha tranquilizado sobre la inteligencia artificial: “El único control que necesita la IA es un presidente fuerte e inteligente (con un cociente intelectual elevado), y Estados Unidos desde luego tiene uno”. Listo es, sin duda, porque acabamos de saber que desde que volvió a la Casa Blanca ha realizado 28.700 operaciones en Bolsa, más que todos los diputados y senadores juntos, 80 al día. Por ejemplo, en Palantir, que aplica la IA y las nuevas tecnologías al armamento. En esta mafia internacional hay daños colaterales, pero también beneficios colaterales. Y lo bueno es que el centro de la cuestión es lo de menos. Es todo tan obsceno que me pregunto cómo no se puede tener una postura decente sobre ello, sobre todo cuando el debate político gira, aparentemente, en torno a la moralidad.
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El otro día en Roma estuve con una doctora una hora y cinco minutos. Cinco minutos es lo que tardó en mirarme, la primera hora estuvimos hablando de política. Empezó porque al saber que yo era español casi me da un abrazo. Era judía, con pasaporte israelí, además del italiano, y me puso a Netanyahu de malnacido fascista para arriba. Esto desconcertará un poco en España, pero fuera a mí me ha pasado, que te feliciten por la postura de tu país con Trump y Netanyahu, dan por supuesto que estamos todos orgullosísimos. Cuando le explicas que no todos, se les cae un mito. Uno de ellos es Alberto Núñez Feijóo, que el otro día en una entrevista estaba molesto por cómo se ha comportado el Gobierno español con Israel y a escala internacional. Esto dijo sobre sus prioridades si llega a La Moncloa: “Tenemos que revertir el infierno fiscal, adelgazar el Gobierno, restituir nuestras alianzas internacionales y garantizar la decencia a ultranza del Gobierno”. No sé cómo se compagina lo tercero con lo cuarto, y cómo un auténtico infierno, como el de Gaza, da un poco lo mismo. Ya, lo sé, todo está en el pack del sanchismo y esto en España no mueve votos, 73.000 muertos en Gaza (más de 1.300 después del alto el fuego) y lamerle los zapatos a Trump son detalles menores. Vivimos en nuestra burbujita. Sacas el tema en una comida y te miran como un esnob.. Seguir leyendo
