La idea de esta antología se remonta a 2021. Acababa de terminar una traducción de “Religio”, un poema largo que quería dar a conocer a un público más amplio, y cuando mi versión fue aceptada para una revista neoyorquina (Circumference, No. 9, 2021), se me ocurrió que podría traducir una selección de la poesía que Carlos Piera (Madrid, España, 1942) había escrito a lo largo de los años. Me acordé de las traducciones que había hecho tiempo atrás a petición de un amigo madrileño editor, que para mi asombro aguantaban bien el paso del tiempo.. En aquella ocasión había traducido cinco poemas para una antología que llegó a publicarse, con retraso, en una editorial académica.1Aunque el libro pasó sin pena ni gloria (injustamente), recuerdo que esas traducciones me habían parecido un milagro menor. “Es que suenas muy bien en inglés”, le decía a Carlos. “El mérito es tuyo”, respondía. Y continuábamos así. Cada uno le atribuía al otro lo conseguido, como pasa a menudo en la cultura española.. Pero si Carlos no fuera quien es —un teórico de la métrica y dueño de un inglés que le ha hecho pasar a veces por nativo—, no me hubiera atrevido a volver a su obra.2Para mí el buen resultado que habíamos conseguido años atrás se debía a nuestra vida en común y a una afinidad personal. O al hecho de que Carlos reconociera su deuda con autores en inglés que siempre me acompañaban (autores como Eliot, Yeats, Auden). Nos complementábamos, pensé. Pero con el tiempo —y con más experiencia a mis espaldas—, comprendí que traducir nunca se podría considerar tan sólo como un acto lingüístico o la búsqueda de un equivalente poético, sino un ejercicio de lectura e interpretación. El lector o la lectora, desde su propia lengua y su propio ser, tenía que asumir el poema como suyo. Me parece que es eso lo que sugiere Carlos al desear que sus lectores “usen” sus poemas como si se trataran de “apartamentos de alquiler”.3. En los años noventa, cuando me pidieron aquellas primeras traducciones, me planteé la cuestión de la voz poética y si había conseguido dar con un léxico, registro y tono acertados para transmitir la ironía y la desesperación o, simplemente la melancolía que a menudo se oía en la obra de Carlos.. Esa voz llegaba desde los setenta y se apreciaba ya en poemas como “Ítaca de abajo” o “Aquí también hubo elementos simples”. En su primer libro (Versos, 1972), Carlos había ido a contracorriente de lo que oficialmente tenía éxito (Nueve novísimos poetas españoles), al hacer versos que no encajaban del todo en el álbum grupal de los poetas de los setenta que muchos quisieron ver después en aquella antología de José María Castellet. Mientras los hispanistas se apresuraban a promover y publicitar una nueva manera de escribir “culturalista”, post-sesentayochista, purgada de compromiso en el sentido sartreano, Carlos —en absoluto ajeno a aquella conversación con la “alta cultura”— buscaba en la poesía un modo de registrar sus dudas filosóficas sobre la cultura tardofranquista y el futuro al que iba encaminado su país. Y ya en ese libro se vislumbra un problema que se puede interpretar literal y metafóricamente: la dificultad de construirse una casa.. Había sido expedientado en Madrid y al final expulsado de la Complutense por actividades estudiantiles antifranquistas, lo que le obligó a terminar la licenciatura en Filología Románica en la Universidad de Barcelona. Después de un tiempo trabajando en Salvat, y ya de vuelta a Madrid, se unió a un grupo de compañeros que fundaron el Equipo Comunicación. Entre otras cosas sacaron una serie de libros que eran fruto del “giro lingüístico” que daba el pensamiento europeo de entonces.4Cuando a Carlos le salió una beca para estudiar lingüística, se marchó a Estados Unidos. Y así pasó por UCLA, MIT y Cornell, bien como estudiante o investigador, bien como profesor. Nos conocimos en el otoño de 1980 en Cornell, donde él se estrenaba como profesor (y yo terminaba una tesis).. La mayor parte de los poemas de Antología para un papagayo (1985) datan de esa larga estancia en el extranjero (1974-1982) y meditan a veces oblicuamente sobre la condición de outsider (como en el poema “Gusto en verlos” o el alegórico “Ermitaño”). Carlos vivió esa etapa de su vida como una especie de exilio, que difícilmente podía resolver su sentido del deber familiar o cívico, por mucho que se adaptara bien a su vida profesional. Cuando vuelve a España es con la esperanza de poder colaborar en los cambios augurados por la transición a la democracia. Pero poco a poco va quedando claro que la Transición y la Movida, ya en declive, no van a barrer los restos del franquismo. Al contrario, empezó a erosionarse el papel del intelectual y se apreciaba un intento claro de desmovilizar a la izquierda. Se abre entonces una falla en su poesía, donde la ilusión daba paso al desengaño, al sentir el poeta que no encajaba del todo en la sociedad que se estaba forjando.5. La desazón por, y la propensión a, lo contradictorio culmina en De lo que viene como si se fuera (1990), libro en que se ve acentuada la necesidad de autodefensa (de ahí el incipiente bestiario con el erizo, el alacrán o el camaleón). España había girado a la derecha, y se trataba de rescatar lo que se podía. Esa misma empresa da nombre a la revista cultural con la que estuvo asociado desde su inicio, La Balsa de la Medusa (1987-2011).. Durante un tiempo la voz poética se calla. O habla a través de sus ensayos o prólogos, amenazando éstos a veces con rebasar el marco preciso en que se encontraban.. Cuando vuelve a publicar poesía es para sacar a la luz un texto que apunta a una renovación interior muy deseada.6Y “Religio”, obra única en español, por más que esté en la línea del misticismo, se aproxima a una celebración. Desde los noventa Carlos había estudiado la obra de distintos maestros del budismo y adquirido una biblioteca personal de los textos sagrados y de la exégesis que ofrecían varias escuelas budistas. Su interés no era exclusivamente teórico: leía, meditaba y frecuentaba centros en Cambridge (Massachusetts), Ámsterdam y Madrid. Años después hablará, con ironía, del carácter irregular de aquella práctica, repartida entre varias ciudades, pero la perspectiva del budismo está en el fondo de su poesía, por mucho que desde fuera su vida siguiera igual, y su dedicación a la docencia o al ensayo no disminuyese.. Según se iba asentando otro orden mundial, neoliberal, y se presentía el final de la paz (la guerra en Iraq arrojaba una sombra muy larga), le oía hablar de lo que había descubierto en la sabiduría oriental. Yo no compartía con él la práctica del budismo; no meditaba de forma disciplinada. Pero creí comprender la experiencia de la que nacían sus versos o, al menos, cómo ese tipo de experiencia podría plasmarse en poesía. Para traducir “Religio” me acordé de san Juan de la Cruz y de los Cuatro cuartetos de T. S. Eliot, ambos autores que me habían atraído a lo largo de la vida.. Las raíces de la palabra latina religio son conocidas y apuntan a una aspiración antigua: poder re-ligar todos los fenómenos de un universo escindido entre el sujeto y el objeto del saber. En el caso de Carlos, la palabra no se refiere a la religión en un sentido cotidiano sino a una experiencia (necesariamente huidiza) de la unidad. Cada uno de los seis apartados del poema —sus “Misterios”— es vocativo: el yo se dirige directamente a algo (o alguien) llamado “Lu”, como dirigiéndose a un principio que da orden y sentido al mundo. “Lu” se introduce en el primer verso del largo poema como una “sílaba simiente”, como una especie de todo o desiderátum que el poeta invoca como a un ser querido e, incluso, una amada. En cuanto sílaba, Lu remite a muchas palabras diferentes en español y en otras lenguas, como el inglés, a veces: luz, luminoso [luminous], luna o lunar [lunar], lúcido [lucid], iluminar [illuminate], dilucidar [elucidate], etc. Y por eso no se traduce sino que se deja resonar como un signo-semilla que tenemos en común los hablantes del inglés y los del español.. Comprendí que los recursos del lenguaje de los que el misticismo se servía —ya fuera de Oriente o de Occidente— a menudo trazaban un terreno en común: los escritores recurrían al lenguaje de la paradoja o de la via negativa, a un lenguaje a veces balbuceante, para acercar al lector a una experiencia que, por definición, caía fuera del lenguaje propiamente dicho.7El problema de la expresión puede llevar al lector a pensar que el referente no es más que el lenguaje en sí, como ha aventurado un crítico.8Pero no creo que así sea.. Me remito a la experiencia de todo un grupo de escritores en cuyos versos late una experiencia intransferible. Pero no me refiero necesariamente a una intuición de la presencia de Dios. El budismo es ateo; no concibe a ningún ser supremo que sea responsable en última instancia de lo creado o del devenir y ante el cual uno se postre. Siguiendo el Tao [el Camino], el adepto procura armonizar el yo con la naturaleza y el devenir sin imponerse como sujeto en lo que ya está ahí. Como ha dicho el poeta chino ermitaño Han Shan, del siglo IX, en la magnífica traducción de Gary Snyder: “Men ask the way to Cold Mountain. There’s no through Trail” [Los hombres preguntan cómo llegar al Monte Frío. No hay camino desbrozado que lleve hasta allí].9Hay tan sólo una filosofía afín, o un depósito de filosofía, que recorre la tradición del haiku y la obra de maestros del género como Bashō.. “Religio” es un poema tan consumado que es tentador leerlo como un hito en la poesía de Carlos Piera, que marca un antes y un después. Y eso, sin duda, es porque registra un momento de plenitud pero, por el mismo motivo, no se integra a una narración. No tiene ni principio ni fin. A la hora de editarla dentro de un conjunto de poemas, es inevitable plantear la cuestión de cómo su lectura afectará a las demás. Al comprobar que en su obra reunida se había optado por encabezar el volumen con “Religio”, Miguel Casado ha comentado que el poema parece “una iluminación”, que esparce su gracia sobre otros poemas dedicados a “la sequedad de la negación, la tarea insoluble de existir”.10. En esta selección, “Religio” asume el lugar que le corresponde en el tiempo pero sin incrustarse en una narración. Aunque la poesía anterior o posterior a ella puede, por supuesto, leerse a su luz o a la de las enseñanzas del budismo, sobre “Religio” no se edifica ni se erige ninguna filosofía. Tal vez la experiencia consignada en él nos permitirá, eso sí, atisbar un pertinaz desengaño por parte del poeta con respecto a las pretensiones de Occidente: ¿Quién es el Mesías? ¿Cuál es el papel que le toca en suerte al que se diga profeta (o intelectual)? La misma ironía le había llevado a escribir poemas tempranos de ese talante, como “Nabí” (de Versos). Imbuido del lenguaje bíblico y en especial el del Antiguo Testamento, Carlos ha escrito poemas que cuestionan a las autoridades, no con el fin de arrojar dudas sobre el valor de la búsqueda de lo justo sino para instar a la humildad y la prudencia por parte de quien busca. Y me recuerda, informalmente, que no ofrece sus escritos como discípulo formal del budismo, ni mucho menos guía, sino como quien se ha aventurado, durante un tiempo, por esa senda.. ¿Puede el poeta hablar por sus conciudadanos al tiempo que reconoce en sí mismo la crisis del yo? ¿Y el sentirse desautorizado? En tiempos modernos, ¿quién ha pedido jamás que el poeta se erija en portavoz? Piera aborda este problema (heredado de un poeta como Blas de Otero) dando muestras de una prodigiosa capacidad de imaginarse otro para hablar de lo suyo: en un momento dado le encontramos hablando como Ahasuerus (el Judío Errante) o asumiendo la voz de la madre de una niña palestina amenazada por bombas israelíes (“Nana de Gaza”). El poeta, característicamente, vive por y a través de sus personajes, sean estos Casandra —profetisa desautorizada—, las sirenas —más amenazadas que amenazantes— o el marginado al que tilda irónicamente de “mala hierba”. La peor suerte es el no tener voz o tener una que es despreciada, como Casandra o la “mala hierba”, incapaz de hacer mucho más que gritar. De contradicciones semejantes emerge la poesía.. A modo de conclusión, anticipo la pregunta que se me hace a veces sobre cómo se han realizado estas versiones: hemos dado, autor y traductora, con un modo de trabajar pausado pero seguro, buscando llegar a un acuerdo entre ambos para limar asperezas. Cuando en mi papel de traductora tenía preparado un borrador, que esperaba poder defender (como lectora), le pedía al autor que nos sentáramos juntos, delante de los borradores, con los originales a la vista. De la discusión que surgía —¡a menudo apasionada!— y de la lectura en voz alta, salían los cambios que hicieran falta para transmitir el sentido del original y conseguir un tono y un ritmo acordes con la intuición del poeta. Quería conseguir, para mis oídos al menos, versos que tuvieran en la segunda lengua algo de la carga emocional presente en la primera.11Ni que decir tiene que algún que otro esfuerzo se ha dejado de lado, con cierta resignación de mi parte. Si quedaran intentos fallidos, asumo toda la responsabilidad por haber persistido en el error.. He puesto alguna que otra nota donde me parecía que aclaraba un epígrafe, o una alusión (teniendo en cuenta el paso del tiempo o las necesidades de lectores de otras culturas). Van agrupadas éstas al final. A veces tan sólo quería señalar motivos recurrentes que difícilmente se le escapan al ojo de quien traduce. Pero no he querido caer en la pretensión de hacer un estudio en toda regla cuando en principio se trataba, por lo que a mí respecta, de un ejercicio de comprensión, de asumir a conciencia la voz que en la poesía se oye.. El título de la antología Diferencias difíciles remite a “Puntos de vista sobre las sirenas”, y atestigua el reto poético que supone trasladar lo inhumano a lo humano. Así que el título está concebido como homenaje al desafío al que el poeta se enfrenta: escribir desde la diferencia filosófica entre la naturaleza —junto al dolor crudo— y las posibilidades de articulación de esa diferencia que ofrece el lenguaje.. —Roberta Ann Quance. La bataille est merveilluse e pesant.. Canción de Roldán, v. 3381. Por la ametralladora y el cuchillo y la muñeca. que fueron mis juguetes, enemigo, por estos. muertos despanzurrados,. antes de que me mates, yo te juro. que nunca tuve armas, ni juguetes, ni muertos,. ni siquiera enemigo, lo más indispensable.. Puntos de vista sobre las sirenas. I. Eres esa resbaladiza faz, te burlas. y con el agua y con tus compañeras. te has anulado a ti en tu grupo en mar. y en roca tu sustento para verte viscosa. total olvido tanto y doloroso. por no ser una o por ser muchas caras. mar roca y sacudidas rítmicas inclinándote.. II. Clama la playa por la tempestad. Elevas los ojos, sirena.. No miras la raya del mar en la playa.. Carente de tiempo destilas sabor de ti misma y te mojas.. La gente del tiempo entretanto reclama milagros.. ¡Ay, que ni tú seas desesperada. y te veas sirena como te nombro yo!. III. Quien acompasa al mar su movimiento. no podrá distinguir si gime o canta. y eso es una sirena. Silenciosa,. profiere una continua voz, resaca, luto:. un acompañamiento para algo.. Sollozar en el vendaval o, voceando,. llorar salpicaduras: se distingue. sólo la gota del abismo, nunca. distinguirá el agua del agua nadie.. De la continuidad de su sonido,. del impecable gozo o sufrimiento,. del animal dolor de perro, colmo. de simetrías, llueve. de abajo a arriba y vienen olas, llantos,. diferencias difíciles. Canciones, dicen algunos. Dicen,. ungidos ellos de la arena de la playa,. que han oído cantar y les da miedo.. Encuentro una rata muerta en un jardín japonés. Había una rata. Estas son unas islas de calma. sólo muy lentamente mudables y orillas de un río. con la serenidad del mar, pero que fluye.. Todo un país se viene. de acá y allá del río, donde. mudamos tamaño según que sigamos senderos por entre los árboles. o abramos al mundo unos ojos en cumbre de monte. y un asombro lento. olvide los ojos, las cumbres y los que, minúsculos, pasan.. El caudal. Se hace tarde, u otoño, con sosiego,. soltamos dimensiones, somos lo que se olvida.. Disciplina de río grande: ribera muda. y gratitud al eco de todas las ausencias.. Nada es nada. Menos la rata, muerta, despatarrada,. diámetro exacto de una isla y réplica:. hay sí y hay no. ¿Es lo mismo? Es una rata. diciendo el silencio del río.. La batalle est merveilluse e pesant.. Chanson de Roland, v. 3381. On my tommy gun, knife and doll, all. of which were my toys and on these. dead men in disarray,. to you, dear enemy, I swear. before you kill me, I never. had any weapons, toys or dead men’s bodies. or even an enemy, the most necessary thing of all.. Points of view on mermaids. I. You are that ungraspable, mocking face. intermingled with those of your own kind,. in sea, on rocks, on which you were propped,. only to learn you are a viscous substance,. obliviated, so great and painful is it. not to be a single face or to be several,. sea, rock and rhythmically shaking sway.. II. The beach clamors in the storm. Mermaid, your eyes.. do not lift to where the sea meets shore. In haste. you dive, releasing your own particular savor.. Mortals, meanwhile, ask for a miracle.. Oh, may not even you grow desperate. and see yourself a mermaid, as I declare you!. III. Anyone whose life is attuned to the sea. will be unable to say if it sings or moans,. and that is a mermaid. Silently intoning. a continuous voice: an undertow, mourning,. accompaniment for something.. A sobbing in the gale or a voice calling. in splotchy tears; but we. can only tell a drop of water from the abyss,. unable ever to tell water from water.. From out of pouring sound it rains—. the impeccable delight or misery. of a dog-like pain, the culmination. of symmetries. It is raining. from down to up, and waves wail. difficult differences. They are songs, men say,. who are anointed with grit from the shore,. who have heard the singing and are afraid.. I come across a dead rat in a Japanese garden. In their midst, a rat. These are islands of calm,. altering only very slowly, alongside. a river as serene as the sea but flowing.. An entire country. comes from here and beyond the river, where we. alter in dimension depending on whether we take footpaths between the trees. or open eyes to the world on a pinnacle. and a slow amazement. forgets about eyes, pinnacles and those, who, minusculely, go by.. The river-lode. It is getting late, or becoming fall, peacefully,. we let go of dimensions, we are what is forgotten.. The discipline of a great river: a soundless bank. and gratitude in the echo of all absences.. Nothing is anything. Except for the rat, dead and sprawling,. the exact diameter of an island and a reply:. there is and there is not. Is it the same thing? It is a rat. saying the silence of the river.. * Poemas pertenecientes a Diferencias difíciles. Antología (sel., trad. al inglés y pról. de Roberta Ann Quance), Madrid, libros de la resistencia, 2025.. 1A Bilingual Anthology of Spanish Poetry: The Generation of 1970: v. 43 (Hispanic Literature), ed. Luis Ramos-García (Lewiston, Edwin Mellen Press, 1998).. 2 Sobre su labor lingüística puede verse, por ejemplo, el volumen de homenaje editado por Esther Torrego, Of Grammar, Words, and Verses: In Honor of Carlos Piera (Ámsterdam, John Benjamins, 2012).. 3 Sobre la posibilidad de contemplar al lector de un poema como usuario, véase Rafael Sánchez Ferlosio, Las semanas del jardín. Semana segunda (Madrid, Nostromo, 1974), donde se sostiene que ésta es una manera radical de distinguir el decir lírico de la narración. Uno no “dice” una narración como si se tratara de la enunciación de un poema, aunque la narración sea de carácter autobiográfico u oral.. 4 Una exposición en la Universidad Autónoma de Madrid, “Equipo Comunicación. Antifranquismo, edición, debate”, del 28/10/2024 al 6/12/2024, comisariada por Rosa Benéitez, Juan Albarrán Diego y Paula Barreiro López, enfocó el proyecto en sus distintas facetas.. 5 La propensión por lo contradictorio fue señalada por Mari Pepa Palomero (Poetas de los 70. Antología de poesía española contemporánea, Madrid, Hiperión, 1987), p. 217. La Movida supuso una eclosión de creatividad en varias esferas de la vida cultural española desde 1975 a 1985 (aproximadamente).. 6 Dice Carlos en un cuaderno de apuntes inédito de 1991-92 (p. 2): “‘Despertar de la Historia’; eso quería el Stephen Dedalus de Joyce. A mí algo comparable a la Historia me atormentaba y yo no lo sabía. Le he dado un nombre a eso que me atormentaba: el de Samsara, ni mejor ni peor que cualquier otro, pero el único significativo que me ha surgido”. El término sánscrito samsara tiene la connotación de ruido o infierno, frenesí, entre otras cosas.. 7 Sobre esta cuestión puede verse Kevin Hart, The Trespass of the Sign (Cambridge, Cambridge University Press, 1989). Frits Staal (Exploring Mysticism. A Methodological Essay, Berkeley, University of Califormia Press, 1975) ha sugerido que la experiencia mística remite a un estado prelingüístico.. 8 Ángel Luján, “La vida sagrada”, Revista de Libros, febrero de 2006, p. 2.. 9 Para el texto completo, véase Anthology of Chinese Literature, ed. Cyril Burch (Nueva York, Random House/Grove Books, 1965), pp. 194-202. Sobre la influencia del budismo en la poesía americana, Beneath a Single Moon. Buddhism in Contemporary American Poetry (Boston, Shambala, 1991).. 10 Véase “El huésped del Monte Lu”, en La ciudad de los nómadas (Madrid, libros de la resistencia, 2018), pp. 111-115.. 11 Me ha sido útil recordar que la poesía lírica suele derivar su fuerza de recursos presentes en la lengua materna, que son personales y otorgan una tonalidad específica a la “voz”, según mantiene Mutlu Konuk Blasing en Lyric Poetry (Princeton, Princeton University Press, 2007).. Autor. Carlos Piera. Madrid, España, 1942. Poeta, crítico y lingüista. Miembro del Círculo Lingüístico de Madrid, fue profesor en la Universidad de Cornell y en la Universidad Autónoma de Madrid. Su poesía reunida se publicó bajo el título de Apartamentos de alquiler (2013). En los tomos Contrariedades del sujeto (1993) y La moral del testigo (2012) se ha publicado su obra ensayística.. Traductor. Roberta Ann Quance. Canandaigua, Estados Unidos, 1950. Autora de In the Light of Contradiction: Desire in the Poetry of Federico García Lorca (2010) y de numerosos artículos sobre las autoras de la Generación del 27. Traductora de Federico García Lorca y de María Victoria Atencia. Ha sido profesora en la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad de Utrecht y la Universidad Queen’s en Belfast.
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Las raíces de la palabra latina religio son conocidas y apuntan a una aspiración antigua: poder re-ligar todos los fenómenos de un universo escindido entre el sujeto y el objeto del saber. En el caso de Carlos la palabra no se refiere a la religión en un sentido cotidiano sino a una experiencia (necesariamente huidiza) de la unidad. La entrada «Diferencias difíciles» a vista de pájaro se publicó primero en Periódico de Poesía.
Las raíces de la palabra latina religio son conocidas y apuntan a una aspiración antigua: poder re-ligar todos los fenómenos de un universo escindido entre el sujeto y el objeto del saber. En el caso de Carlos la palabra no se refiere a la religión en un sentido cotidiano sino a una experiencia (necesariamente huidiza) de la unidad. La entrada «Diferencias difíciles» a vista de pájaro se publicó primero en Periódico de Poesía.
