El Ayuntamiento de Chiclana y el Centro de Arqueología Subacuática señalizan la ubicación de ese primer establecimiento, descubierto en una investigación académica
Bautista Pesero era un tipo bien listo y un buen cocinero, es lo poco que se puede leer entre líneas del escaso rastro de migas de pan que la historia ha legado sobre él. Allá por febrero de 1752, le ficharon para cocinar en el campamento creado en la playa de Chiclana de la Frontera para rescatar los restos del trágico naufragio del Soberbio, un navío mercante. A Pesero le impusieron el precio máximo del menú que debía cobrar por alimentar a los 200 hombres desplegados para recuperar el oro, la plata y las monedas hundidas bajo el mar. Pero nada le dijeron de que, junto a esa barraca de madera construida con los restos del mismo hundimiento, crease otra, sin topes de precios, para alimentar a la multitud de curiosos que se asomaban por la actual playa de La Barrosa. Y así fue como este vecino gaditano del siglo XVIII se convirtió —por ahora— en el primer dueño documentado de un chiringuito en la costa española.
EL PAÍS
Bautista Pesero era un tipo bien listo y un buen cocinero, es lo poco que se puede leer entre líneas del escaso rastro de migas de pan que la historia ha legado sobre él. Allá por febrero de 1752, le ficharon para cocinar en el campamento creado en la playa de Chiclana de la Frontera para rescatar los restos del trágico naufragio del Soberbio, un navío mercante. A Pesero le impusieron el precio máximo del menú que debía cobrar por alimentar a los 200 hombres desplegados para recuperar el oro, la plata y las monedas hundidas bajo el mar. Pero nada le dijeron de que, junto a esa barraca de madera construida con los restos del mismo hundimiento, crease otra, sin topes de precios, para alimentar a la multitud de curiosos que se asomaban por la actual playa de La Barrosa. Y así fue como este vecino gaditano del siglo XVIII se convirtió —por ahora— en el primer dueño documentado de un chiringuito en la costa española.. Seguir leyendo
