Sin comentaristas, en inglés y sin un participante al que apoyar, los eurofans españoles vivieron anoche la gala más anómala de la historia del concurso. Por primera vez en 65 años, España se desmarcó del festival de Eurovisión. También lo hicieron Irlanda, Islandia, Eslovenia y Países Bajos, que se plantaron ante la decisión de la Unión Europea de Radiodifusión (UER) de permitir a Israel seguir en el concurso. El conflicto convirtió esta 70ª edición, celebrada en Viena, en una de las más polémicas, diezmó el gran seguimiento de años anteriores y dividió, como nunca, a los fans. El triunfo fue finalmente para Bulgaria y su pegadizo Bangaranga, pero hace años que el ganador dejó de tener el verdadero foco del concurso.. Seguir leyendo
Sin comentaristas, en inglés y sin un participante al que apoyar, los eurofans españoles vivieron anoche la gala más anómala de la historia del concurso. Por primera vez en 65 años, España se desmarcó del festival de Eurovisión. También lo hicieron Irlanda, Islandia, Eslovenia y Países Bajos, que se plantaron ante la decisión de la Unión Europea de Radiodifusión (UER) de permitir a Israel seguir en el concurso. El conflicto convirtió esta 70ª edición, celebrada en Viena, en una de las más polémicas, diezmó el gran seguimiento de años anteriores y dividió, como nunca, a los fans. El triunfo fue finalmente para Bulgaria y su pegadizo Bangaranga, pero hace años que el ganador dejó de tener el verdadero foco del concurso. Seguir leyendo
Sin comentaristas, en inglés y sin un participante al que apoyar, los eurofans españoles vivieron anoche la gala más anómala de la historia del concurso. Por primera vez en 65 años, España se desmarcó del festival de Eurovisión. También lo hicieron Irlanda, Islandia, Eslovenia y Países Bajos, que se plantaron ante la decisión de la Unión Europea de Radiodifusión (UER) de permitir a Israel seguir en el concurso. El conflicto convirtió esta 70ª edición, celebrada en Viena, en una de las más polémicas, diezmó el gran seguimiento de años anteriores y dividió, como nunca, a los fans. El triunfo fue finalmente para Bulgaria y su pegadizo Bangaranga, pero hace años que el ganador dejó de tener el verdadero foco del concurso.. Este año, en España, las redes se convirtieron en la única opción disponible para vivir el festival. RTVE se negó a emitir la final y programó, en su lugar, la segunda edición de La casa de la música, una exhibición de todo talento patrio que este año se quedaba sin pisar el escenario austriaco. La única opción para ver la gala fue a través de YouTube, sin los habituales lectores ni los programas adicionales que la cadena pública solía preparar. Pero ni siquiera este panorama tan árido alejó a los más entusiastas de uno de los principales placeres del festival: vivir y comentar la final a través de las redes. Aunque, también eso, se vivió de una manera completamente anómala.. Ni memes, ni chistes, frente al ambiente festivo de otras ediciones, en redes las horas previas al concurso quedaron marcadas por el debate de si unirse o no al boicot. Incluso había aquellos que defendían que la decisión de RTVE de no emitir el concurso era una muestra de “censura autoritaria”. Como si los hubiera leído a todos, y nada más empezar la gala, RTVE reafirmaba su postura retransmitiendo un mensaje sobre negro: “Ante la celebración de la final del festival de Eurovisión esta noche, RTVE recuerda que ha decidido no participar en esta edición del certamen. El festival de Eurovisión es un concurso, pero los derechos humanos no lo son. No hay espacio para la indiferencia. Paz y Justicia para Palestina”. La declaración, muy parecida a la que ya emitía el año pasado, volvía a dividir al público y daba, al fin, el pistoletazo de salida a la final.. Todo era como siempre, pero nada era lo mismo. El gran desfile inaugural perdía la gracia sin nadie a quien animar y ya no había ni rastro de esa euforia quijotesca con la que solíamos colocar a nuestros candidatos en lo más alto de las apuestas, aunque fuese solo por unos segundos. Los espectadores que habían decidido sintonizar la gala no podían evitar seguir lamentando la ausencia de España y hubo quien comparó la situación, incluso, con un desengaño amoroso.. Esa misma nostalgia patria llevó a muchos a comparar a Sarah Engels, la representante de Alemania, con la mítica actuación de Chanel que hace cuatro años consiguió un dignísimo bronce en el concurso. Aquel 2022 parece ahora la etapa dorada del festival. No solo le fue bien a España, toda una anomalía, sino que fue el año en el que se prohibió la participación de Rusia por la invasión de Ucrania. Un veto que, a pesar de las más de 70.000 víctimas que ha dejado en Palestina, todavía no le ha llegado a Israel.. En tercer lugar actuó Israel, uno de los momentos más tensos de la noche. Como en otros años, el público en redes sacó banderas en apoyo a Palestina y se recuperaron vídeos de las semifinales en los que los guardias de seguridad expulsaban a un asistente por manifestarse dentro del estadio, pero la actuación se desarrolló sin mayores incidencias.. Pasado el momento crítico, se fueron relajando las tensiones y empezaron a fluir los memes comentando las aberraciones estilísticas que hacen siempre las delicias de los aficionados. En este sentido, la final no empezó de verdad hasta que pisó el escenario Akylas, representante de Grecia, con su tema Ferto. De Chester Cheetos, a un mal viaje lisérgico o a viejos conocidos del festival como el Cha Cha Cha de Käärijä, las redes se empeñaron en encontrarle todos los parecidos posibles.. La misma catarata de reacciones generó Bangaranga, esa palabra que desconocíamos por completo pero que seguramente nos pasaremos escuchando unos cuantos días. Algunos le buscaron parecidos con los inicios de nuestra última participante, Melody, otros la coronaban como nueva reina del eurodance y algunos incluso ya adelantaron su victoria final.. Peor suerte corrió el Reino Unido, último clasificado de la noche y objetivo recurrente de las críticas de los aficionados, que volvió a entregar una actuación demasiado extraña como para conectar con el público.. Tampoco acabó de conquistar a la audiencia Monroe, la representante de Francia. Muchos vieron en su vestuario y en su estilo musical una copia del tono lírico que Rosalía lleva meses paseando con el tour de su último disco, LUX.. Sin embargo, se agradeció de manera casi unánime la inesperada presencia que tuvo España gracias a Moldavia y Lituania. Estas dos propuestas, alejadas años luz entre sí, coincidieron en incluir palabras en español en sus letras y no hay nada que nos guste más que escuchar a un extranjerp chapurreando nuestra lengua. Sobre todo, sabiendo que era la única vez que la íbamos a escuchar en toda la noche. En el caso de Moldavia, se recibió mejor su entorpecido rap dedicado a la “vida loca, Palma de Mallorca”. Lituania, en cambio, con su Solo quiero más levantó muchas más risas. El aspecto metálico de Lion Ceccah disparó las comparaciones más disparatadas.. Este juego de las 7 diferencias es uno de los clásicos de Eurovisión y a lo largo de la noche, conforme avanzaba la fatiga, el ingenio se empezó a afinar cada vez más. Al representante de Finlandia, uno de los grandes favoritos, se le comparó con personajes de Juego de Tronos y Harry Potter, mientras que al de Noruega le enfrentaron con los ganadores de Eurovisión en 2021, Måneskin, y no salió muy bien parado.. El momento más inquietante llegó, quizás, con la actuación de Suecia. Felicia se atrevió a lucir el complemento más terrorífico de este siglo: una mascarilla. Los espectadores no dudaron en vincularlo con el hantavirus. Pero, lo que no sabían es que el momento más terrorífico aún estaba por llegar. Las votaciones estaban el caer.. Desde hace unos años, se repite siempre la misma situación. Israel está situado en una puntuación modesta en la tabla de puntuaciones hasta que recibe el televoto y se coloca instantáneamente en el podio. El año pasado RTVE incluso solicitó a la UER una auditoría para aclarar el sistema y los resultados del televoto que nunca se llegó a encargar y hace unos días el periódico estadounidense The New York Times publicaba una extensa investigación en la que analizaba cómo Israel había orquestado grandes campañas de voto para conseguir afianzar su posición por medio del llamado poder blando.. Aunque parezca sorprendente, esta situación se ha normalizado por pura repetición y para el público se ha convertido en uno de los momentos de más interés en toda la noche. Esta vez Israel volvió a quedar en segunda posición y muchos respiraron aliviados con la victoria de Bulgaria. Como quien esquiva un proyectil en el último momento. Otros, en cambio, se resisten a quedarse con esa euforia final e insisten en remarcar la gravedad de asistir año tras año a la degeneración política del festival.. La mejor definición de toda la noche fue, quizás, la que daba un usuario con el vídeo de un operario apagando la espada con fuego de la actuación de Serbia. “Eurovisión 2026 en 6 segundos”, rezaba el texto que lo acompañaba. Y tenía razón, una imagen vale más que mil palabras.
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