Solo hace tres meses que la Compañía Nacional de Danza mostró NumEros, un programa que recorría parte de la historia de la danza neoclásica con tres obras que la plantilla actual de bailarines defendió y elevó con exigencia. Aquel tríptico brilló entonces por la coherencia con la que fue diseñado y por la convicción de sus intérpretes, una fórmula que resulta imprescindible en una compañía de esta envergadura que se encuentra, sin duda, en uno de los mejores momentos de su historia. Seguir leyendo
Solo hace tres meses que la Compañía Nacional de Danza mostró NumEros, un programa que recorría parte de la historia de la danza neoclásica con tres obras que la plantilla actual de bailarines defendió y elevó con exigencia. Aquel tríptico brilló entonces por la coherencia con la que fue diseñado y por la convicción de sus intérpretes, una fórmula que resulta imprescindible en una compañía de esta envergadura que se encuentra, sin duda, en uno de los mejores momentos de su historia.. Más información. La armonía propositiva y la casi impoluta interpretación de aquel programa también definieron la velada de este jueves en los Teatros del Canal de Madrid. Con dos obras de casi media hora cada una: The second detail, de William Forsythe (Nueva York, 1949), y Become, de Johan Inger (Estocolmo, 1967), que firman un nuevo capítulo en ese recorrido por la danza neoclásica que la CND, bajo la dirección de Muriel Romero, corona con Rom (Range of Motion), título de este programa.. Bailar de manera convincente una obra de Forsythe debe de ser algo así como cruzar uno de los umbrales más complicados en la carrera de un bailarín. La ruptura del formalismo del ballet clásico, con otro tipo de formalismo (puntas incluidas) también exigente y virtuoso, disruptivo y brillante, que abandera William Forsythe desde hace décadas, supone abrazar una danza basada en lo extremo. Tanto a nivel corporal como musical, porque es la deconstrucción del movimiento y el sonido lo que marca una nueva alianza.. Se dice que The second detail es puro Forsythe. Es decir: danza endiablada, resultado de técnica, concentración y juego. Y los bailarines de la CND estuvieron a la altura, a pesar del resbalón y pequeña caída que sufrió uno de los intérpretes, pero solventó con rapidez y soltura. Desde luego, si hay una obra de danza propicia a estos accidentes, podría ser cualquiera de Forsythe. A pesar del incidente, de apenas unos segundos, el montaje se interpretó con la seguridad y técnica que requiere, también en los momentos de aparente relajación (breves caminatas, algunos bailarines sentados en sillas al fondo, que dan a la obra ese ambiente de estar en un ensayo). Y destaca especialmente la bailarina Mariavittoria Muscettola, tanto en los momentos en solitario como parte del conjunto. Es dueña de una exposición de gran contundencia, resultado de la suma de fuerza, robustez, precisión y liviandad, que domina. Una suma nada fácil. La inquietante y sobrecogedora música de Tom Willems, imprescindible y habitual en el discurso de Forsythe, así como las diversas composiciones grupales y el uso de la luz, completan uno de los trabajos más emblemáticos de la historia de la danza.. Otra imagen de ‘Rom’, de la Compañía Nacional de Danza.ALBA MURIEL (CND). The second detail fue estrenada en 1991 y el paso del tiempo no hace sino remarcar su vigencia, tal es la genialidad del coreógrafo. Ahora, esta obra entra a formar parte del repertorio de la CND, que ya cuenta con más de diez obras de Forsythe, desde que Nacho Duato incorporara hasta siete montajes del creador norteamericano en su época de director de esta compañía y lo diera a conocer, por primera vez, a muchos espectadores del país.. Tras un descanso de veinte minutos, se reanudó el disfrute con Become. Una obra del coreógrafo sueco Johan Inger, que estrenó en 2023 con la compañía Take Off Dance, agrupación con sede en Sevilla (donde reside el creador) hoy desaparecida por la retirada de apoyo del Ayuntamiento de San Juan de Aznalfarache, donde el colectivo tenía su sede.. Ajustada para la Compañía Nacional de Danza (con algún cambio desde la original), la obra se instala en la plasticidad coreográfica que define el discurso de Inger, sin abandonar la habilidad técnica imprescindible en la ejecución de sus obras.. Become transcurre en esa transformación a la que hace referencia su título (que puede traducirse como convertirse). De la limpieza de colores y acciones del comienzo, a la diversidad y la celebración del final; de la buscada timidez con la que los bailarines se van presentando, a la seguridad y desenvoltura con la que se relacionan en el conjunto y se van despidiendo.. La obra reflexiona sobre el salto profesional que un joven bailarín debe dar cuando termina su formación. También sobre ese descubrir quién es uno mismo y cómo quiere mostrarse al mundo. Una idea que casa con aquella Take Off Dance, compañía que fue creada para que los intérpretes más jóvenes tuvieran su primera oportunidad artística y laboral. Y en este sentido, Inger propone una evolución dramatúrgica a través del movimiento de afinada inteligencia y resolución. También esperanzadora, pues es la empatía, la confianza y el soporte lo que sostiene la relación del colectivo. Como si llegara para confrontar la realidad política y social de deshumanización que se vive en el mundo.. El juego de luces que marca la obra desde los inicios, en profundo contraste con el vestuario mínimo e igualitario, sin distinción de género entre ellas y ellos (otro acierto), ahonda en la comprensión de lo que se propone, y suma en matices y elegancia. También ofrece una atmósfera del todo pictórica, como ese claroscuro al más puro estilo Caravaggio, que marca el comienzo.. Se trata de la tercera obra de Inger que la Compañía Nacional de Danza incorpora a su repertorio, tras aquella exitosa Carmen (2015) y Walking Mad, estrenada en 2001 por el Nederlands Dans Theater y por la CND en 2012. Y representa un nuevo ejemplo de la deliciosa y armónica conjunción coreográfica del creador sueco, entre la profundidad y lo lúdico.. Dirección: Muriel Romero. Coreografías: ‘The second detail’, de William Forsythe, y ‘Become’, de Johan Inger. Compañía Nacional de Danza. Teatros del Canal. Hasta el 15 de marzo
EL PAÍS
Solo hace tres meses que la Compañía Nacional de Danza mostró NumEros, un programa que recorría parte de la historia de la danza neoclásica con tres obras que la plantilla actual de bailarines defendió y elevó con exigencia. Aquel tríptico brilló entonces por la coherencia con la que fue diseñado y por la convicción de sus intérpretes, una fórmula que resulta imprescindible en una compañía de esta envergadura que se encuentra, sin duda, en uno de los mejores momentos de su historia.. Seguir leyendo
