El cineasta presenta en el festival la restauración de su segundo largometraje, el documental ‘Chicho o mientras el cuerpo aguante’, estrenado en el certamen en 1982, y su último filme, ‘Bajañí’
Hace más de cuatro décadas, Fernando Trueba (Madrid, 71 años) tuvo un sueño: que le echaba un cubo de agua por encima a Diego Galán, el entonces crítico de cine de EL PAÍS, puesto que previamente había ocupado Trueba. El cineasta, que entonces, en 1982, tenía 27 años, compró el balde esa mañana, y en mitad del festival de San Sebastián, esperó a Galán a la salida del teatro Victoria Eugenia. Y se lo arrojó. Un fotógrafo levantó acta del momento.. A partir de aquí, la historia difiere según quien la narre. Galán había publicado una crítica negativa de Chicho o mientras el cuerpo aguante en este diario. ¿Fue por venganza? ¿Por qué había allí justo un reportero gráfico? “Te juro”, dice Trueba en 2026, “que ni había leído la crítica ni jamás en mi vida he pagado a alguien para hacer una foto así. Sencillamente lo soñé y, como aún creía en cierta manera en el surrealismo, lo hice”. En cambio, la noticia publicada en EL PAÍS cuenta todo lo contrario. El recuerdo de aquel incidente resucita ahora porque Chicho o mientras el cuerpo aguante se ha proyectado en el festival de San Sebastián tras ser restaurada en 6K por la Escuela de Cine de la Comunidad de Madrid y, distribuida por Los Ilusos, la empresa de su hijo, Jonás, desde ayer está en salas comerciales.. Chicho Sánchez Ferlosio y Fernando Trueba, en ‘Chicho o mientras el cuerpo aguante’.. “Lo fuerte es que a la vez se proyectan aquí mi segunda película y la vigésima”, ríe feliz el cineasta. Porque en una proyección especial también se ha visto en el Zinemaldia Bajañí, un recorrido por medio mundo con el guitarrista Niño Josele, otra de las piezas de amor a la música de Trueba, ya que hace dialogar artísticamente al aludido con Caetano Veloso, Ron Carter, Rubén Blades, Kenny Barron y Marisa Monte.. En la puerta de la sala donde tiene lugar la charla, Jonás Trueba entrega al periodista un periódico, Diario iluso, creado para la ocasión. En él se ven varios artículos de la época sobre el escándalo del cubo, un texto escrito a mano para aquel 1982 de Chicho Sánchez Ferlosio relatando su biografía, y diversas fotos de aquel rodaje, que subrayan el enorme parecido entre Trueba padre y Trueba hijo. “Es cierto, pero él es la versión en guapo”. Sobre la recuperación de aquel documental sobre Chicho Sánchez Ferlosio, hijo de Rafael Sánchez Mazas, cantautor, alma libre que se ganaba la vida en aquel tiempo tocando en las calles, autor de Gallo negro, gallo rojo y de decenas de otras canciones, el cineasta explica: “Nunca vuelvo a ver mis trabajos. Pero aquí lo hice para la restauración y me sorprendió que algunos temas que hay en la película y cosas que salen son las que están en el diálogo de nuestros días”.. Desde la izquierda, una persona sin identificar, Fernando Trueba, Chicho Sánchez Ferlosio y Rosa Jiménez, en ‘Chicho o mientras el cuerpo aguante’.. Sobre aquel rodaje, rememora: “Venía de hacer una película hiperescrita como Ópera prima, donde los diálogos estaban como esculpidos. Y me apetecía rodar una película donde no hubiera ni guion, ni una sola palabra en un cuaderno, ni un esbozo de una secuencia. Y con Chicho el acuerdo fue que nunca hablaríamos de la película hasta que empezáramos a rodarla. Queríamos mantener la total libertad del día a día. En cada jornada decidíamos qué hacíamos, sin ningún plan premeditado”. Un poco como el retratado. “Efectivamente, vivía tranquilamente y cada tres o cuatro días él y Rosa Jiménez se cogían el trenecito a Palma, tocaban un par de canciones, no más, sacaban un dinero, se volvían con la compra y hasta la semana siguiente. A Chicho no se le pasaba por la cabeza la idea de cantar durante una hora y media y así sacar un colchoncito para un mes. Esto era lo bonito de Chicho y su sentido poético de la existencia”.. La conexión de Chicho o mientras el cuerpo aguante con Bajañí no solo se mantiene por la música, sino porque ambas están hechas desde la libertad de no tener que someterse a cortapisas narrativas. “Llevo años siguiendo la carrera de Niño Josele y cuando le vi en los conciertos con Chick Corea me emocioné. Y pensé: ‘Conozco a este hombre, le admiro, hemos hecho ya unas cuantas cosas y me apetece hacer una película con él como esta’. Y me puse a ello”.. Trueba explica que fue bastante sencillo enrolar a toda la serie de leyendas musicales que aparecen. “Como íbamos a sus lugares para que además la película volara, no hubo problemas. Hubo días en que Niño Josele se me echaba en los brazos emocionado, porque hemos vivido momentos increíbles. Todos los días tuvimos un disfrute tremendo. Es una película muy hecha para la felicidad propia y para la ajena. Para que el público se acerque a su obra”.. Niño Josele, en ‘Bajañí’.. Trueba asegura que es un vago, que se distrae con cualquier cosa, un disco, un libro, antes de ponerse a trabajar. “No me arrepiento de haber hecho lo que he hecho. Tampoco el mundo necesita más películas mías ni de muchos otros. Si acaso, hubiera estado bien alguna de Preston Sturges o Jean Renoir. Yo voy haciendo las que hago y ya está. No tengo queja sobre eso. Admiraba a Chicho, porque vivía como quería, no iba por los caminos trillados ni se comportaba como la sociedad imponía. Tenía un plan que era no trabajar nunca y aseguraba que se había traicionado a sí mismo porque, al final, había compuesto unas 115 canciones”.. Rubén Blades, Ron Carter y Niño Josele, en ‘Bajañí’.ALVARO SAAVEDRA. www.alvarosaaved. En cambio, Jonás es más directo. Además de un artículo de David Trueba recordando cómo sufrió su madre el episodio del cubazo, en Diario iluso hay otra revelación en la contraportada. Es un anuncio de una nueva película, Las abdicaciones (una comedia histórica), “de Jonás Trueba con Fernando Trueba”. El ahora actor protagonista cuenta: “La hicimos para el ciclo que dedicaron a Jonás en el Centro Pompidou, y fue una proyección sorpresa. La estrenaremos en salas en primavera. Jonás me empezó a insistir. Y otra vez, y otra. Pensé que se le iba a pasar, que se le iba un poco la pinza y que le había dado por ahí. Al final, cuando vi que no había posibilidad de regatearle, acepté. No se le puede decir que no a un hijo”.
Hace más de cuatro décadas, Fernando Trueba (Madrid, 71 años) tuvo un sueño: que le echaba un cubo de agua por encima a Diego Galán, el entonces crítico de cine de EL PAÍS, puesto que previamente había ocupado Trueba. El cineasta, que entonces, en 1982, tenía 27 años, compró el balde esa mañana, y en mitad del festival de San Sebastián, esperó a Galán a la salida del teatro Victoria Eugenia. Y se lo arrojó. Un fotógrafo levantó acta del momento.. Seguir leyendo
