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Su familia lleva cuarenta años en el negocio de las matracas, un instrumento del folklor boliviano. Hace quince, Iván inauguró su propio taller: Matracas Monarca
EL PAÍS ofrece en abierto la sección América Futura por su aporte informativo diario y global sobre desarrollo sostenible. Si quieres apoyar nuestro periodismo, suscríbete aquí.. Su aire taciturno hace difícil pensar que de sus manos nace el rugido que hace bailar a La Paz. Iván Vargas, de 38 años, vive del folclor desde que tiene memoria. “Se podría decir que yo soy artesano desde la cuna”, dice luego de evocar su infancia, cuando, como primera tarea, se dedicaba a colar lentejuelas y brillitos a las matracas que sus padres fabricaban.. La matraca es un instrumento musical de madera provisto de una manija que, al girar, produce un sonido rítmico y crepitante. Se usa para marcar el compás de la morenada, una danza propia de la región occidental de Bolivia y que también se baila en algunas zonas de Perú y Chile. El sonido de la matraca en la morenada, dicen algunos historiadores, evoca el traqueteo de las cadenas que los esclavos arrastraban en los pies. Su retumbo, que para el oído extranjero puede parecer monótono, es un habitué del paisaje sonoro paceño gracias a las fiestas folklóricas y patronales que se realizan tanto en el centro de la ciudad como en sus laderas y barrios, y que se cuentan en centenas entre La Paz y El Alto a lo largo del año.. Así descritas, las matracas parecen objetos marrones y monótonos. Por eso hay que ver el trabajo de artesanos como Iván Vargas y otros, cuyas matracas presentan diversas formas –camiones, biberones, animales típicos de la región– que representan la identidad de la fraternidad (grupo de danzarines).. Vargas de 38 años, se dedica desde hace 15 años a la creación de Matracas, instrumentos decorativos de bailarines folclóricos.Sara Aliaga. “Ellos (una fraternidad de morenada) viajaron justamente a Dubái y visitaron el Museo del futuro. Hicieron videoclips ahí. Querían una matraca con la figura del Museo del Futuro”, cuenta Iván para ejemplificar el reto que implica crear matracas que, además de tener un buen sonido, deben dar cuenta del espíritu grupal.. Iván Vargas nació en La Paz. Sus padres, originarios de la localidad de Pucarani, a más de treinta kilómetros de la sede de Gobierno, empezaron en el mundo del folklor como operarios de un bordador de trajes típicos. Fue él quien les enseñó las diferentes ramas artesanales dentro del mundo de los danzarines. La familia lleva cuarenta años en el negocio. Hace quince, Iván inauguró su propio taller, al que bautizó como Matracas Monarca. “Mis hermanos y yo somos de la segunda generación. La mitad se ha dedicado a las matracas, la otra mitad a otro arte. Por ejemplo, mi hermano mayor hace caretas y cetros”.. La sala del taller está adornada de los trabajos más memorables de Matracas Monarca. En la pared frente a la puerta, encontramos las páginas del periódico de la vez que Iván apareció en un periódico local. Una vitrina de vidrio exhibe decenas de matracas de distintas fraternidades del Gran Poder. Entre las piezas destaca un camión rojo con llamas plateadas, en alusión a Optimus Prime de Transformers. También hay una matraca tallada con un quirquincho plateado y la leyenda “Una pasión eterna”. Otras figuras incluyen un barco, un tanque y una llama en relieve dorado. En todas resalta la manivela, la pieza de madera que el bailarín debe girar con la mano para darle vida al sonido de la morenada.. La matraca se usa para marcar el compás de la morenada, una danza propia de la región occidental de Bolivia. Sara AliagaEl sonido de la matraca, dicen algunos historiadores, evoca el traqueteo de las cadenas que los esclavos arrastraban en los pies.Sara AliagaLas matracas de Iván Vargas presentan diversas formas, como camiones, biberones, animales típicos de la región, que representan la identidad de la fraternidad.Sara AliagaEl proceso de creación de una matraca comienza con la obra bruta y sigue con la decoración según el tema de cada fraternidad.Sara AliagaUtiliza materiales como la hojalata soldada a mano, madera, y fibra de vidrio. Sara Aliaga. Las entrevistas del reportaje coincidieron con el preludio de la fiesta del Gran Poder, fiesta patronal paceña que reune anualmente a decenas de miles de bailarines en danzas folklóricas como la morenada, la diablada y los caporales, en honor a la imagen del Señor Jesús del Gran Poder.. Según Valeria Salinas Maceda, economista candidata a doctora por la Universidad de Salamanca, la fiesta del Gran Poder dinamiza aproximadamente 100 millones de dólares durante todo su ciclo festivo, que involucra alrededor de nueve meses. La morenada, cuyo corazón se encuentra en la matraca, es el baile principal de este evento en la medida que es considerada una danza pesada por su cadencia y por la fuerte inversión de dinero que debe realizarse para poder participar en ella.. “Con los años, la categoría social del cholaje ha sabido utilizar la danza y a las fiestas patronales como mecanismo de reivindicación identitaria y se ha enfrentado a una sociedad paceña que los discriminaba”, asegura Salinas. “Se ha convertido la danza de la morenada en una performance donde se comunica el poderío económico a través del gasto que erogan en su indumentaria”.. Hoy los trajes de morenos y las cholas paceñas transmiten prestigio y exclusividad. Su costo tiene un valor económico y social. Bailar morenada demuestra que alguien tiene dinero para costear ese despliegue. En tal escenario, la matraca forma parte de esa misma inversión festiva. De ese modo, cada gasto en indumentaria, joyería, accesorios y matracas se convierte en un capital simbólico que excede el ámbito folklórico y se adentra en otras esferas de la sociedad paceña.. En la actualidad, el taller de Iván Vargas cuenta con veinte personas y su producción alcanza las 15.000 matracas por año. El proceso de creación de una matraca comienza con la obra bruta (estructura de madera, engranaje, sonido) y sigue con la decoración según el tema de cada fraternidad. Los materiales han evolucionado con el tiempo: de la hojalata soldada a mano se pasó a la talla en madera, y de esta a la fibra de vidrio. Desde 2022, Matracas Monarca usa impresoras 3D para los detalles.. Vargas evoca otra vez la matraca inspirada en el Museo del Futuro de Dubái. “Hacer el museo en fibra de vidrio era complicado. Entonces me dieron el molde en 3D. Salió bonito. Pero yo me asusté por el precio. Una piecita te costaba caro y aparte se tardaba ocho o nueve horas en elaborar una pieza”.. Ni el precio ni el tiempo fueron obstáculos. Y al poco tiempo, su curiosidad artesanal lo llevó a informarse más sobre esas máquinas. “Un amigo me dijo que me comprara las máquinas. ‘No es complicado’, me dijeron, ‘solo tienes que conseguir un buen diseñador’. Ahora contamos con treinta máquinas 3D”.. El trabajo de Vargas combina tradición con modernidad, sin nunca perder la esencia del instrumento y la danza. Asegura que lo importante siempre será el sonido, que depende del mecanismo al interior de la madera.. “Para mí el Gran Poder significa una demostración de todo el arte que hacemos con los artesanos. Ahí es donde lucen todos nuestros trabajos. Es una gran vitrina”, afirma Iván, cuyo trabajo se exporta a países como Perú, Argentina y España.. La producción de este artesano, es de alrededor de 20.000 matracas al año.Sara Aliaga. Es el primero de agosto. En la entrada del Gran Poder, un grupo de danzarines de morenada agita sus matracas al unísono mientras una lluvia de confeti rojo cae sobre ellos. El baile es hipnótico. Los espectadores bailan, aplauden.. En ese traqueteo repetitivo y explosivo habita el trabajo silencioso de Iván y de otros artesanos que, a lo largo del año, desde sus respectivos talleres, esculpen y adornan cuidadosamente el corazón de la danza mayor de Los Andes: la matraca.
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