El anuncio duró solo unos instantes antes de que la política se impusiera a la música. Cuando el pasado julio la artista Tyla, ganadora de dos Grammy, presentó la etapa africana de su gira mundial APOP, la ciudad nigeriana de Lagos figuraba entre ellas. Sin embargo, la emoción en las redes sociales nigerianas se transformó en llamamientos al boicot en cuestión de horas, hasta el punto de que incluso el célebre creador de contenido Martin Otse llegó a afirmar que el espectáculo sería cancelado. El motivo del enfado: Tyla es sudafricana, y para algunos nigerianos los artistas de ese país no deberían ser bienvenidos mientras otros africanos siguen enfrentándose a episodios recurrentes de la ola de violencia xenófoba que ha sacudido las principales ciudades de aquella nación austral.. Seguir leyendo
Una polémica en torno a la cantante sudafricana Tyla revela hasta qué punto la integración cultural africana convive con las tensiones migratorias en un continente tradicionalmente unido por la música
El anuncio duró solo unos instantes antes de que la política se impusiera a la música. Cuando el pasado julio la artista Tyla, ganadora de dos Grammy, presentó la etapa africana de su gira mundial APOP, la ciudad nigeriana de Lagos figuraba entre ellas. Sin embargo, la emoción en las redes sociales nigerianas se transformó en llamamientos al boicot en cuestión de horas, hasta el punto de que incluso el célebre creador de contenido Martin Otse llegó a afirmar que el espectáculo sería cancelado. El motivo del enfado: Tyla es sudafricana, y para algunos nigerianos los artistas de ese país no deberían ser bienvenidos mientras otros africanos siguen enfrentándose a episodios recurrentes de la ola de violencia xenófoba que ha sacudido las principales ciudades de aquella nación austral.. Desde hace unos meses se han sucedido los desalojos forzosos, agresiones y saqueos de los hogares y negocios de migrantes africanos en Durban, Johannesburgo o Ciudad del Cabo, a los que una parte de la sociedad negra ha convertido en chivos expiatorios de problemas como el desempleo o el deterioro de los servicios públicos, pese a que los extranjeros representan apenas el 4% de la población total.. La plataforma contra la xenofobia Xenowatch de la Universidad de Witwatersrand (Johannesburgo) registró 406 incidentes verificados de discriminación xenófoba entre 2022 y 2025, que se saldaron con 75 muertes, y otros 22 incidentes en los primeros cinco meses de 2026. El Gobierno federal de Nigeria informó de que hasta el 15 de julio había ayudado a retornar a 1.490 compatriotas.. Días después de que Tyla anunciara su gira, Lagos desapareció discretamente del itinerario. Los representantes de la artista no han contestado a las solicitudes de información de EL PAÍS y tampoco ella o su equipo han explicado públicamente el cambio. Pero el episodio ha puesto sobre la mesa una contradicción que va mucho más allá de un concierto: la cultura africana circula cada vez con mayor libertad por el continente, mientras que la movilidad de los propios africanos sigue siendo una cuestión política sin resolver.. Manifestación contra la inmigración irregular el pasado 30 de junio en Johannesburgo (Sudáfrica).Themba Hadebe (AP Photo/Themba Hadebe). Su caso revela, según el sociólogo Jimoh Olaiya Amzat, una contradicción profunda del panafricanismo. “La música ha creado momentos de unidad que cruzan las fronteras, pero estos siguen siendo frágiles si no están respaldados por libertad de movimiento, interdependencia económica y rendición de cuentas”, dice. El panafricanismo, afirma, ha sido más una identidad aspiracional de las élites que una realidad cotidiana para buena parte de la población.. La reacción contra Tyla ha ido mucho más allá de la crítica a una sola artista: muestra cómo agravios políticos no resueltos pueden derramarse sobre espacios culturales que en otro tiempo fueron celebrados como símbolos de unidad continental. Los escenarios de conciertos se convierten en lugares de protesta. Los artistas se convierten en sustitutos de los gobiernos. Los aficionados pasan a ser diplomáticos involuntarios.. La escena resulta especialmente paradójica en el mundo de la música. El afrobeats nigeriano domina las listas de reproducción en Nairobi, Johannesburgo o Londres. El amapiano, un subgénero del house nacido en Sudáfrica, forma parte de las noches de Lagos y Accra. Los artistas colaboran, comparten productores y construyen carreras que atraviesan fronteras, mientras las plataformas digitales han acelerado un proceso que lleva casi dos décadas haciendo de la música uno de los ejemplos más visibles de integración cultural africana.. El negocio también crece con rapidez. Los ingresos por música grabada en África subsahariana aumentaron un 15,2% en 2025, hasta los 120 millones de dólares (104 millones de euros), según el último informe de la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (Ifpi). La industria, de hecho, se ha construido sobre esa circulación: productores que viajan entre Lagos y Johannesburgo, bailarines que recorren festivales, artistas que colaboran a miles de kilómetros de distancia y plataformas que permiten que una canción llegue a otro país en cuestión de segundos. En otras palabras, la música se ha adelantado a la política.. Para Loren Landau, profesor de las universidades de Oxford y Witwatersrand y especialista en migraciones en África austral, Sudáfrica se encuentra atrapada entre dos visiones contrapuestas: una “profundamente conectada con el resto del continente y otra de carácter aislacionista que refuerza las divisiones y las actitudes heredadas de la época colonial hacia otros africanos”.. La música ha creado momentos de unidad que cruzan las fronteras, pero estos siguen siendo frágiles si no están respaldados por libertad de movimiento. Jimoh Olaiyah Amzat, sociólogo. La paradoja es que ambas realidades conviven. La misma Sudáfrica, cuya música se ha convertido en uno de los grandes productos culturales del continente, participa de una creciente discusión sobre quién puede entrar, trabajar y quedarse en el país.. Wale Ojetimi, uno de los corresponsales de mayor trayectoria de la Agencia de Noticias de Nigeria (NAN), que ha vivido durante 26 años en Sudáfrica, explica a EL PAÍS que la reacción contra Tyla es el ejemplo más reciente de un problema antiguo, en referencia a los ataques xenófobos, que describe como “la manifestación violenta de la tensión que existe entre los habitantes locales y los no nativos en Sudáfrica”. Afirma que muchos migrantes africanos han carecido durante mucho tiempo de un sentimiento de pertenencia. “El sudafricano medio nunca ha creído en el panafricanismo”, afirma.. Los datos ayudan a explicar la distancia entre la circulación cultural y las actitudes hacia la movilidad humana. Según la última encuesta de Afrobarometer, el 56% de los sudafricanos cree que el Gobierno debería limitar la circulación transfronteriza y solo el 40% apoya la libre circulación con fines comerciales o laborales. Otro 69% considera negativo el impacto económico de los migrantes y el 83% apoya reducir o eliminar la entrada de extranjeros en busca de empleo.. Redes sociales. La controversia en torno a Tyla surgió, además, después de que se difundiera falsamente que a la cantante nigeriana Ayra Starr se le había negado la entrada en Sudáfrica por motivos xenófobos cuando, en realidad, fue un episodio de 2024 y se debió a que no tenía el certificado de vacunación de la fiebre amarilla.. Para el sociólogo Amzat, eso es lo que ocurrió con Tyla. “La reacción”, sostiene, “tiene menos que ver con la cantante que con la manera en que las redes sociales convierten agravios en relatos nacionales”. La artista, así, se ha convertido en un símbolo involuntario de una disputa que la precede, advierte.. La reacción en Nigeria tampoco ha sido unánime. Algunos aficionados defienden el boicot como una forma de solidaridad con quienes han sufrido la violencia xenófoba, y otros consideran injusto responsabilizar a artistas como Tyla por las decisiones de gobiernos o por las acciones de individuos. Consultado por EL PAÍS, Rasaq Bolarinwa, de 31 años, ve comprensible el boicot por el silencio de la cantante ante la xenofobia. John Matthew, en cambio, defiende que la música, como el fútbol, puede unir a personas más allá de las fronteras y que los artistas no deberían pagar por disputas políticas.. La economía cultural es especialmente dependiente de esa movilidad. Cuando las fronteras, las restricciones de visados o la inseguridad dificultan los desplazamientos, no solo pierden los artistas. También lo hacen representantes, promotores, técnicos, trabajadores de los recintos y negocios vinculados a los conciertos y festivales.. En Sudáfrica, además, la discusión sobre la inmigración convive con una realidad económica que no siempre encaja con el discurso de rechazo. Un informe del Institute for Security Studies y la Universidad de Johannesburgo difundido en julio sostiene que los inmigrantes aportan cerca del 9% del PIB y tienen un impacto fiscal neto positivo.. Para Waliu Olaitan Wahab, abogado especializado en estas cuestiones, el problema tampoco reside necesariamente en la ausencia de normas. La Constitución sudafricana y la Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos establecen principios de igualdad y protección frente a la discriminación. “La aplicación sigue siendo el mayor desafío”, sentencia.
EL PAÍS
