Los músicos de la Orquesta de Valencia (OV) se abrazaban y se felicitaban al término del concierto. Se les notaba exultantes y aliviados. Acababan de debutar en uno de los escenarios más legendarios del panorama de la música clásica en el mundo, la Sala Dorada del Musikverein de Viena, donde la Filarmónica de la ciudad celebra el tradicional Concierto de Año Nuevo. Y el experimentado público les dedicó intensos aplausos, que provocaron una propina, en el transcurso del ecléctico programa ofrecido este jueves, que tenía un poquito de todo, empezando por la obertura de El árbol de Diana de la ópera que el compositor valenciano Vicente Martín y Soler, el llamado Mozart español, estrenó en octubre de 1787 en la capital del entonces Imperio Habsburgo.. Seguir leyendo
El público recibe con intensos aplausos el programa de la formación dirigida por Alexander Liebreich en el escenario del Concierto de Año Nuevo
Los músicos de la Orquesta de Valencia (OV) se abrazaban al término del concierto. Se les notaba exultantes al tiempo que aliviados. Acababan de debutar en uno de los escenarios más legendarios del panorama de la música clásica en el mundo, la Sala Dorada del Musikverein de Viena, donde la Filarmónica de la ciudad celebra el tradicional Concierto de Año Nuevo. Y el experimentado público les dedicó intensos aplausos, que provocaron una propina, en el transcurso del ecléctico programa ofrecido este jueves, que tenía un poco de todo, empezando por la obertura de El árbol de Diana de la ópera que el compositor valenciano Martín y Soler, el llamado Mozart español, estrenó en octubre de 1787 en la capital del entonces Imperio Habsburgo.. “La historia pesa, pero la música fluye”, manifestó un satisfecho Alexander Liebreich, el director alemán titular de la formación, tras bajar del estrado desde donde dirigen y han dirigido las mejores batutas de la historia. “La acústica es perfecta, es como al casa de la música”, añadió, entre felicitaciones de unos y otros. Una opinión compartida por los intérpretes, si bien los contrabajistas tuvieron que acomodarse a la estrechez del escenario y a la cercanía del muro y del órgano que intervino en la siempre impactante Así habló Zaratustra, de Richard Strauss, el popular poema sinfónico con el que concluyó el concierto integrado en el ciclo Jeunesse–Musikalische Jugend Österreichs (Juventudes Musicales de Austria). “Desde aquí, es una pasada cómo se proyecta el sonido y cómo te envuelve en la sala”, decía una intérprete.. Alexander Liebreich, director titular de la Orquestra de Valencia, saluda al púnblico al témrino del concierto en el Musikverein de Viena.MAX SLOVENCIK (EFE). El público ocupó alrededor de dos tercios de la rectangular y recargada sala dorada, decorada con pinturas en los techos y cariátides a modo de columnas, e inugurada en 1870 por el emperador Francisco José. Al mismo tiempo, el auditorio ofrecía otro concierto de música de cámara en una sala anexa, que también registró una buena entrada. Y no muy lejos, en la Konzerthaus, Simon Rattle dirigía a la Filarmónica de Viena, titular del Musikverein, esa misma tarde del jueves. La oferta musical y cultural, en general, de la capital austriaca es ingente.. El público aplaudió especialmente el original esfuerzo de dos hermanos pianistas, los israelíes afincados en Berlín Sivan Silver y Gil Garburg, que tocaron a cuatro manos la adaptación para orquesta realizada por Richard Dünser del Cuarteto para piano número 3 de Brahms, una pieza que no convenció a una parte de la crítica en su estreno en Valencia la pasada semana, pero que este jueves fue ovacionada hasta el punto de que los artistas regalaron una propina en forma de un scherzo de Rachmaninov.. La octava salida internacional de la orquesta de Valencia que, como otras formaciones españolas, buscar proyectarse fuera de sus dominios habituales y exhibir la mejorar en sus registros y su calidad, contó también con la interpretación de la impreisionista y exhuberante suite número dos del ballet Dafnis y Cloe, de Ravel, que también fue muy bien recibida.. Tratándose de una orquesta valenciana, la elección de Martín y Soler “Valencia, 1754-San Petersburgo, 1806) en el programa parecía obvia y, sobre todo, en una ciudad como Viena, donde triunfó hace 240 años, aunque el placer de su escucha se quedó corto por la duración de la obertura de la ópera.. El árbol de Diana se gestó paralelamente al Don Giovanni, de Mozart, que se estrenó poco después, y las dos obras tienen al mismo libretista: Lorenzo Da Ponte. “Más de 200 años después vuelve la orquesta de su ciudad natal a tocar a Martín y Soler, a tocar su obra aquí, donde fue estrenada”, destacó María Rubio Navarro, trompa solista de la OV. “Normalmente, a las orquestas españolas cuando vamos al extranjero se nos pide música española: Falla, Albéniz… Y nunca mostramos lo anterior a eso”, reivindicó la artista, en una declaraciones previas al concierto recogidas por Efe. La fama de Martín y Soler en Viena llegó a eclipsar por momentos a la del propio Mozart, aunque los dos músicos se admiraron y se inspiraron mutuamente.. José Luis Moreno, concejal de Acción Cultural y presidente del Palau de la Música de Valencia, donde tiene su sede la OV, destacó la importanca de la promoción de la “marca Valencia” y de la cultura de la ciudad, mediant el viaje organizado por el Ayuntamiento que ha incluido a periodista de varios medios. “Es muy importante para las orquestas y para los músicos salir de esa zona de confort y salir al extranjero por dos razones: se sienten más valorados y, sobre todo, para dar a conocer la música, en este caso valenciana y española”, señaló, también en declaraciones a Efe, antes del inicio del concierto.
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