La explicación más plausible es que un obús de al menos 105 milímetros de diámetro cruzó la Plaza de la Armería del Palacio Real de Madrid, rasando con la panza por el suelo y sorteando los arcos de uno y otro lado, para estrellarse en uno de los muros de la parte oriental. La explosión apenas dejó una marca en el sillar de medio metro de granito que forra el palacio. “Decenas de miles de personas pasan a diario por aquí y nadie repara en ello”, cuenta el jefe de departamento de la Real Armería, Álvaro Soler, mirando a esa especie de sol desdibujado, apenas a unos metros del acceso de los turistas al monumento. “Todos los que hubieran estado en un radio de 100 metros habrían muerto o se habrían lesionado gravemente por la metralla”, contextualiza el teniente de los TEDAX (técnicos especialista en desactivación de artefactos explosivos) de la Guardia Civil Salvador Serrano. La marca es solo una de las cientos de heridas que las tropas franquistas causaron al edificio, en la primera línea del frente durante la Guerra Civil, y que llevan décadas pasando desapercibidas. Seguir leyendo
La explicación más plausible es que un obús de al menos 105 milímetros de diámetro cruzó la Plaza de la Armería del Palacio Real de Madrid, rasando con la panza por el suelo y sorteando los arcos de uno y otro lado, para estrellarse en uno de los muros de la parte oriental. La explosión apenas dejó una marca en el sillar de medio metro de granito que forra el palacio. “Decenas de miles de personas pasan a diario por aquí y nadie repara en ello”, cuenta el jefe de departamento de la Real Armería, Álvaro Soler, mirando a esa especie de sol desdibujado, apenas a unos metros del acceso de los turistas al monumento. “Todos los que hubieran estado en un radio de 100 metros habrían muerto o se habrían lesionado gravemente por la metralla”, contextualiza el teniente de los TEDAX (técnicos especialista en desactivación de artefactos explosivos) de la Guardia Civil Salvador Serrano. La marca es solo una de las cientos de heridas que las tropas franquistas causaron al edificio, en la primera línea del frente durante la Guerra Civil, y que llevan décadas pasando desapercibidas. Seguir leyendo
La explicación más plausible es que un obús de al menos 105 milímetros de diámetro cruzó la Plaza de la Armería del Palacio Real de Madrid, rasando con la panza por el suelo y sorteando los arcos de uno y otro lado, para estrellarse en uno de los muros de la parte oriental. La explosión apenas dejó una marca en el sillar de medio metro de granito que forra el palacio. “Decenas de miles de personas pasan a diario por aquí y nadie repara en ello”, cuenta el jefe de departamento de la Real Armería, Álvaro Soler, mirando a esa especie de sol desdibujado, apenas a unos metros del acceso de los turistas al monumento. “Todos los que hubieran estado en un radio de 100 metros habrían muerto o se habrían lesionado gravemente por la metralla”, contextualiza el teniente de los TEDAX (técnicos especialista en desactivación de artefactos explosivos) de la Guardia Civil Salvador Serrano. La marca es solo una de las cientos de heridas que las tropas franquistas causaron al edificio, en la primera línea del frente durante la Guerra Civil, y que llevan décadas pasando desapercibidas. Seguir leyendo
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