“Pocas personas nos han enseñado a ver América como el fotógrafo Lee Friedlander”, escribe el escritor Hua Hsu, ganador del Pulitzer 2023, en el último monográfico del influyente fotógrafo americano. Quizás porque, en su caso, ver implica también desaprender: sus imágenes más allá de documentar América, la vuelven extraña, ambigua, a veces casi ilegible, obligándonos a mirar de nuevo lo que creemos conocer.. Seguir leyendo
“Pocas personas nos han enseñado a ver América como el fotógrafo Lee Friedlander”, escribe el escritor Hua Hsu, ganador del Pulitzer 2023, en el último monográfico del influyente fotógrafo americano. Quizás porque, en su caso, ver implica también desaprender: sus imágenes más allá de documentar América, la vuelven extraña, ambigua, a veces casi ilegible, obligándonos a mirar de nuevo lo que creemos conocer. Seguir leyendo
“Pocas personas nos han enseñado a ver América como el fotógrafo Lee Friedlander”, escribe el escritor Hua Hsu, ganador del Pulitzer 2023, en el último monográfico del influyente fotógrafo americano. Quizás porque, en su caso, ver implica también desaprender: sus imágenes más allá de documentar América, la vuelven extraña, ambigua, a veces casi ilegible, obligándonos a mirar de nuevo lo que creemos conocer.. ‘Chicago’ (1986). Lee Friedlander‘Kentucky’ (1967). Lee Friedlander‘Ashville’ (1963). Lee Friedlander‘New York’ (1959). Lee Friedlander‘Nyack, New York’ (2007). Lee Friedlander‘Savannah, Georgia’ (1969). Lee Friedlander‘Tucson’ (2011). Lee Friedlander’Kentucky’ (1969). Lee Friedlander‘Rhode Island’ (2016). Lee FriedlanderPortada de ‘Life Still’ (Aperture, 2026), de Lee Friedlander.. A sus 91 años, Friedlander sigue observando el mundo de forma tan poco convencional como cuando, en los años cincuenta, comenzó a deambular por las calles sin perseguir una idea en concreto, sino en busca de situaciones que no existirían sin su forma de mirar. “La fotografía no te da el árbol; te da cada hoja del árbol”, asegura. Así, en Nyack, en el estado de Nueva York, dos tulipanes se arquean uno frente del otro encerrados en un escaparate que refleja un trozo de cielo. En Chicago, un hombre trajeado parece dormir junto a un bordillo mientras la sombra de un enrejado se proyecta sobre su figura. Y, en Washington, una mujer deja posadas dos cabezas de maniquíes cubiertas con pelucas sobre el capó mientras abre la puerta de un automóvil.. Estas escenas, en apariencia triviales, apuntan a una de las claves del trabajo de Friedlander: las imágenes no se agotan en lo que muestran, sino que funcionan como fragmentos abiertos, susceptibles de reorganizarse y generar nuevos significados. Una lógica que articula Lee Friedlander: Life Still, su última monografía. Editado y secuenciado por el propio fotógrafo, prescinde de cualquier orden cronológico. Reúne imágenes poco conocidas e inéditas, realizadas a lo largo de las últimas seis décadas, junto a obras recientes para establecer un rico diálogo visual entre el pasado y el presente como “rimas que atraviesan el tiempo y el espacio”, tal y como apunta Hua Hsu. Más que una evolución, lo que emerge es una insistencia: motivos que reaparecen, encuadres que se repliegan sobre sí mismos, soluciones visuales que se transforman sin llegar a desaparecer del todo y la sombra del propio fotógrafo, convertida en su firma.. ‘Nyack, New York’ (2007). Lee Friedlander. Fue John Szarkowski, entonces director de fotografía del MoMA, quien impulsó decisivamente la carrera de Friedlander al presentar cincuenta de sus obras junto a las de Diane Arbus y Garry Winogrand en la influyente exposición New Documents de 1967. Aquella muestra reunió a tres fotógrafos que no solo compartían una misma fascinación por lo cotidiano, sino que se alejaban de sus predecesores al adoptar un enfoque mucho más personal de la fotografía documental, capaz de redefinir el rumbo de la especialidad: la cámara no solo registraba el entorno, sino también la relación del fotógrafo con él.. Las fotografías de Lee Friedlander se caracterizaban por una deliberada imperfección: podían parecer descuidadas, carentes de viveza visual, justo lo contrario de lo que se esperaba de una “buena” imagen, capaz de transmitir un mensaje trascendental o universal. En lugar de centrar la atención en el sujeto, desplazaban el foco hacia el propio acto de fotografiar, reforzando —consciente o inconscientemente— el potencial de la fotografía como medio en sí mismo.. Más allá de esa aparente imperfección, lo que se despliega en su trabajo es una complejidad deliberada. Las imágenes de Friedlander rara vez ofrecen un punto de entrada único: obligan al ojo a desplazarse entre capas, reflejos y fragmentos que no terminan de encajar del todo. Escaparates que contienen simultáneamente interior y exterior, sombras que funcionan como figuras autónomas, fondos que compiten con el primer plano. Todo ocurre en un mismo plano visual comprimido, donde la profundidad se diluye y la lectura se vuelve una tarea activa. En ese sentido, sus fotografías no simplifican el mundo: lo multiplican. Cada encuadre es una construcción casi mental, más cercana a un collage que a una escena estable.. ‘Rhode Island’ (2016). Lee Friedlander. En esta tensión reside también su retrato de América. No hay aquí una idea cerrada del país, sino un territorio visual inestable, atravesado por signos comerciales, gestos cotidianos y formas que, con frecuencia, rozan lo abstracto. América aparece menos como un lugar que como una acumulación de miradas posibles. A veces cargadas de humor, otras absurdas, siempre ambiguas. Y es precisamente en esa ambigüedad donde el trabajo de Friedlander se vuelve más radical: no ofrece una imagen definitiva, sino un modo de desconfianza hacia la imagen misma. Mirar, en su fotografía, deja de ser reconocer para convertirse en cuestión. “Si uno realmente supiera lo que está haciendo, ¿por qué hacerlo?”, se pregunta. “Me parece que, si tuvieras la respuesta, ¿para qué hacer la pregunta? La cuestión es que hay tantas preguntas”.. Lee Friedlander: Life Still. Lee Friedlander. Aperture, 2026. 160 páginas. 56,38 euros.
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