El largometraje, que describe el drama de la violencia de género en una comunidad de la Amazonia brasileña adentrándose en la vida de dos hermanas, aspira al galardón de mejor película iberoamericana
Hace 10 años, Marianna Brennand escuchó a Fafá de Belém, una artista y activista brasileña, hablar de la violencia sistémica y callada que sufren las niñas y mujeres de la isla de Marajó, en la desembocadura del río Amazonas. La documentalista (Recife, 45 años) recuerda que no pudo sacarse la historia de la cabeza y sintió la necesidad de contarla, en primer lugar para que los propios brasileños fueran conscientes de que estos abusos estaban sucediendo en su país. Al principio pensó en hacer un documental, formato en el que la cineasta se sentía más cómoda, pero tras un periodo de investigación e inmersión en la región, se dio cuenta de que la ficción era la única opción viable para no exponer a las víctimas ante una cámara ni revivir la violencia que sufrieron.. Así nació Marcielle, la protagonista de su primer largometraje de ficción, Manas. Esta niña de 13 años ―interpretada por Jamilli Correa― conduce a los espectadores a lo más profundo del sufrimiento de los menores víctimas de explotación y abuso sexual, una situación que persiste de generación en generación, en parte debido a las condiciones geográficas de la zona, una isla del norte de Brasil a la que no es sencillo acceder.. Manas se adentra en la vida de dos hermanas, de ahí su título, que solo se tienen la una a la otra para seguir adelante y se detiene en la fuerza de su complicidad para acabar con el abuso que sufren en su propia casa.. La película ha sido premiada 42 veces desde su estreno en 2024, y ahora es candidata al Goya en la categoría de mejor película iberoamericana. “La razón por la que ha conectado así de fuerte con el público es porque ninguna mujer es ajena a la violencia. Todas la hemos vivido de cerca”, afirma la directora brasileña, en una entrevista con este periódico en Madrid.. Pregunta. ¿Cómo fue el proceso de recabar testimonios reales para crear esta historia?. Respuesta. Hacer Manas nos tomó casi ocho años de investigación. Viajamos a la isla Marajó a hablar con las mujeres de las comunidades para después volver a casa a escribir el guion, construir personajes complejos y lo más difícil: aprender a contar una historia violenta respetando a todas las involucradas. Trabajé junto con otros guionistas brasileños muy talentosos y sensibles como Carolina Benevides (mi productora), Marcelo Grabovski, Filipe Scholl, Antonia Pellegrino y Camila Agustini. Todos nos inspiramos en lo que escuchamos, y yo tuve la oportunidad de presentar esta historia desde una perspectiva femenina, protegiendo los cuerpos de las niñas y evitando el sensacionalismo.. P. ¿Cómo fue trabajar con niñas y prepararlas para encarnar la historia?. R. Jamilli tenía 13 años en ese momento [la misma edad que el personaje] y queríamos protegerla. Nunca había actuado antes. Fuimos muy cuidadosos durante todo el proceso de casting y preparación para garantizar su seguridad. Nos llevó casi un año encontrar a las tres chicas principales que actúan en la película. Luego tuvimos casi dos meses de talleres y ensayos con un profesor de actuación. Tanto Jamilli como Emily (que interpreta a Carol, su hermana) son niñas de ciudad. Nunca se habían adentrado en el bosque ni habían montado en bote, así que tuvimos que prepararlas para nadar en el río y recolectar açaí. Además, hablamos con los padres de los niños y también con ellos. Sabían de qué trataba la película. Jamilli sabía que interpretaba a una niña de 13 años que sufrió abuso y fue explotada sexualmente, pero no le dijimos exactamente lo que representaban las escenas. Nunca les permitimos leer el guion completo.. La razón por la que ha conectado así de fuerte con el público es porque ninguna mujer es ajena a la violencia. Todas la hemos vivido de cerca. P. ¿Por qué cree que esta historia que sucede en un rincón remoto de Brasil ha resonado internacionalmente?. R. Manas retrata la explotación sexual infantil en el norte de Brasil, pero el abuso es algo que ocurre en todo el mundo. La historia impacta en todos los sitios en los que la hemos proyectado porque funciona como un espejo social y político. Yo sé que la razón por la que ha conectado así de fuerte con el público es porque ninguna mujer es ajena a la violencia. Todas la hemos vivido de cerca.. P. ¿Cómo se transmite un mensaje tan fuerte sin mostrar escenas explícitas de violencia?. R. Desde el principio tuve claro que Manas tenía que sentirse sin mostrar. Pienso, por ejemplo, en la escena de la caza. Llevar a las niñas a cazar es un método usado por los agresores para abusar de ellas porque las alejan del sitio familiar. Para contar ese momento usamos el sonido y la posición de las imágenes. Para mí fue muy importante cuidar cada detalle, generar empatía y lograr que los espectadores no aparten la mirada frente al abuso, como pasa en la vida real.. P. En su película hay personajes muy complejos que interpelan al espectador, como la madre de las niñas.. R. Salir del cliché, de las nociones del bien y del mal, es muy complejo. El personaje de la madre, por ejemplo, fue muy complicado porque quería que, sin explicarlo, se entendiera lo profundo y doloroso que es sufrir violencia sistémica y no poder salir de ella. Empezamos la película culpándola, dan ganas de abofetearla en la cara para que reaccione y ayude a su hija, pero luego sin necesidad de explicación, la entiendes.. Tuve la oportunidad de presentar esta historia desde una perspectiva femenina, protegiendo los cuerpos de las niñas y evitando el sensacionalismo. P. ¿Qué tipo de debate le gustaría generar con Manas?. R. Deseo que las mujeres y niñas que vean la película, y también las personas que hayan sufrido algún tipo de violencia, ya sea sexual, moral, física o económica, se sientan escuchadas, vistas y abrazadas. Pero esta película no se hizo solo para las víctimas, sino para quienes las violentan. Espero que todo el mundo sienta el dolor de Marcielle, se identifique con ella y recuerde su historia.
Hace 10 años, Marianna Brennand escuchó a Fafá de Belém, una artista y activista brasileña, hablar de la violencia sistémica y callada que sufren las niñas y mujeres de la isla de Marajó, en la desembocadura del río Amazonas. La documentalista (Recife, 45 años) recuerda que no pudo sacarse la historia de la cabeza y sintió la necesidad de contarla, en primer lugar para que los propios brasileños fueran conscientes de que estos abusos estaban sucediendo en su país. Al principio pensó en hacer un documental, formato en el que la cineasta se sentía más cómoda, pero tras un periodo de investigación e inmersión en la región, se dio cuenta de que la ficción era la única opción viable para no exponer a las víctimas ante una cámara ni revivir la violencia que sufrieron.. Seguir leyendo
