La maliense Fatoumata Diawara se alía con M (no es el jefe de James Bond sino el músico francés Matthieu Chedid) para facturar Massa, su nuevo disco. Mexican Institute Of Sound, o Instituto Mexicano del Sonido, como gusten, comparten en Ruido Tovar una aproximación a la deconstrucción de la cumbia. El dúo keniata-alemán Odd Okoddo llama a las puertas de la octogenaria cantante Ogoya Nengo para reforzar su dodo blues en Palagoma. Y la compositora norirlandesa Hannah Peel se monta una sesión de improvisación con la percusionista china Beibei Wang de la que salen las nueve canciones de The Endless Dance. ¡Esto no para!. Seguir leyendo
La maliense Fatoumata Diawara se alía con M (no es el jefe de James Bond sino el músico francés Matthieu Chedid) para facturar Massa, su nuevo disco. Mexican Institute Of Sound, o Instituto Mexicano del Sonido, como gusten, comparten en Ruido Tovar una aproximación a la deconstrucción de la cumbia. El dúo keniata-alemán Odd Okoddo llama a las puertas de la octogenaria cantante Ogoya Nengo para reforzar su dodo blues en Palagoma. Y la compositora norirlandesa Hannah Peel se monta una sesión de improvisación con la percusionista china Beibei Wang de la que salen las nueve canciones de The Endless Dance. ¡Esto no para! Seguir leyendo
La maliense Fatoumata Diawara se alía con M (no es el jefe de James Bond sino el músico francés Matthieu Chedid) para facturar Massa, su nuevo disco. Mexican Institute Of Sound, o Instituto Mexicano del Sonido, como gusten, comparten en Ruido Tovar una aproximación a la deconstrucción de la cumbia. El dúo keniata-alemán Odd Okoddo llama a las puertas de la octogenaria cantante Ogoya Nengo para reforzar su dodo blues en Palagoma. Y la compositora norirlandesa Hannah Peel se monta una sesión de improvisación con la percusionista china Beibei Wang de la que salen las nueve canciones de The Endless Dance. ¡Esto no para!. No es la primera vez que Fatoumata Diawara y M comparten estudio, aunque en esta ocasión el idilio ha sido más largo: en 2017, el muy bizarro Matthieu Chedid registró Lamomali, y ahí estaba Diawara, además de Toumani Diabaté, Amadou & Mariam y otros artistas africanos. La estupenda cantante y notable guitarrista ha elegido a M para facturar Massa (El Eterno) porque en London Ko, su álbum anterior llamó a Damon Albarn para que la paseara por el mundo, y ahora quería transitar por sus propias tradiciones musicales, pero con un toque chic-pop. Mas no me malinterpreten, la aportación de M a la composición, arreglos y producción de las canciones no es liviana, pues subraya sin recursos vacuamente modernos una apuesta en la que Fatoumata homenajea a su padre y lanza un mensaje de dignidad, partiendo de sus convicciones religiosas: la necesidad de cambiar el destino no deseado de las mujeres, los desposeídos y de los abandonados, pero también la lucha contra las relaciones toxicas y la defensa de los más vulnerables. “No te burles de los demás, todo depende de la voluntad del Señor”, canta en la pieza que titula el disco, pero quiere dejar claro que esa voluntad no pasa necesariamente por un calvario para los africanos. Así, los elementos rock y pop que pespuntean las canciones recuerdan a una época en la que la espiritualidad estaba impulsada por el compromiso de la libertad.. Ruido Tovar pretende rendir tributo a Rigoberto Tovar García, fallecido en 2004, innovador de la música tropical en México. Ruido Tovar, el álbum que han registrado al alimón el Instituto Mexicano del Sonido, de Camilo Lara, y Meridian Brothers, uno de los proyectos musicales del colombiano Eblis Álvarez, pretende rendir tributo a Rigoberto Tovar García, fallecido en 2004, innovador de la música tropical en México, quien recogió influencias de grupos de Colombia, como Los Corraleros de Majagual, y de Cuba, como La Sonora Matancera. Lara y Álvarez (a quien reconocemos también en grupos como Pirañas & Romperayo y Chúpame el Dedo), son dos traficantes de emociones sonoras, enredados ahora en una grabación que reformula la cumbia a golpe de sintetizador, con una mirada vintage, pero decididamente revoltosa. Psicodelia, imitaciones de bandas sonoras de viejas películas sobre el espacio, recursos sacados de los videojuegos… Y luego están los hilarantes escasos textos que se escuchan. Por ejemplo, ‘En Perdí mis ojos’, un bolerazo que cierra el disco, asistimos a la pérdida del módem por amor. Beck, otro agitador, participa en dos canciones: ‘Ritmo Babilonia’ y ‘Cumbia Beckiana’, una creación armada con patrón rítmico tropical y melodía de blues.. En ‘Yore Yore’, del álbum Palagoma (traducción aproximada: alguien fuerte que puede luchar por el pueblo), Olith Ratego bromea en la letra de la canción: “Nadie me conoce bien. Creen que soy una mujer, pero soy un hombre”. Tiene sentido: el keniata Ratego (cantante, compositor y lutier), que con el percusionista productor alemán afincado en Nairobi Sven Kacirek forma Odd Okoddo, canta el dodo blues, estilo reservado tradicionalmente a las intérpretes femeninas. Odd Okoddo ha invitado a cantar cuatro canciones en Palagoma a la legendaria y octogenaria Ogoya Nengo, apodada “la cantante más preciada y valiosa de la región”. Logra así el dúo que su propuesta, lo que los taxonomistas o taxidermistas llamaría indietrónica, se enriquezca. La electrónica aquí es minimalista y está generada por un sintetizador modular Buchla, que se fabricó como respuesta a Moog, y que triunfó en los primeros años del sonido de la Costa Oeste en grupos como Grateful Dead. Luego están las delicadas percusiones como la marimba y la lira, y sobre eso, la voz pluritonal voz de Olith Ratego creando una tensión perturbadora. Una sacudida que atrae hasta el tiempo presente el poder de los ancestros. Esos que se encuentran a buen recaudo en la garganta de Ogoya Nengo, que alberga sabiduría, nervio y ritual. Presenta esta conjunción de cantos dodo y de voces una doble articulación de convivencia musical: la creada por Odd Okoddo a dúo, y la conformada en trío cuando interviene Ogoya. La estructura y desarrollo llamada respuesta de ‘Demba’, por ejemplo, al final del álbum, es un gozosa despedida de una experiencia que trasciende el tiempo y los territorios.. Hannah Peel y Beibei Wang se conocieron en la grabación de un disco de Manchester Collective, comenzaron a tocar juntas y han construido The Endless Dance con lo experimentado en directo. La norirlandesa Hannah Peel es compositora y productora, y la china Beibei Wang es percusionista. Ambas desafían géneros y estilos y sobresalen en sus carreras respectivas. Se conocieron en la grabación de un disco de Manchester Collective, comenzaron a tocar juntas y han construido The Endless Dance con lo experimentado en directo y tras unas cuantas sesiones de improvisación en los estudios Real World, en plena campiña inglesa. Sintetizadores (Moog, en este caso), piano preparado, daegeum (flauta coreana) y percusiones de agua, cuencos de arroz, campanas, mandíbula y otros instrumentos para golpear dialogan en una apuesta guiada por el taoísmo, pero que bebe musicalmente de oriente y occidente: Aquí, la tímbrica y las dinámicas son tan importantes como el sentido de las piezas. Hay voces sin texto complementarias, un trabalenguas infantil rapeado por Wang con acompañamiento de castañuelas de bambú (‘Awaken The Insects’), sampleados de hipo (‘Wild Geese Arrive’) y una atrapadora polirritmia en ‘Tiger Sex’. The Endless Dance es un álbum de elaboración compleja, pero de escucha sencilla. Solo hay que dejarse llevar por la interacción de dos creadoras sin límites. ¡Esto no para!. Odd Okoddo & Ogoya Nengo. Palagoma. From Cool Waters / Cage Riot. Mexican Institute of Sound & Meridian Brothers. Ruido Tovar. Ansonia Records / Kuroneko. Fatoumata Diawara & M. Massa. Nø Førmat! / IDOL. Hannah Peel & Beibei Wang. The Endless Dance. Real World / Virgin
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