Las llanuras de Doñana (Huelva) atesoran, junto a rastros de neandertales, huellas de equinos prehistóricos de hace unos 200.000 años. Son los considerados antecesores de los actuales yegüerizos y de los caballos silvestres de raza marismeña que se encargan de mantener. A su vez, son hermanos de los enviados a bordo de las carabelas a América hace cinco siglos y que acabaron montando gauchos argentinos en el sur del continente o cowboys en el norte. Cada 26 de junio, ese ganado —más de un millar de ejemplares— es trasladado al pueblo de Almonte en un rito ancestral conocido como Saca de las yeguas, que data de aquella época de los primeros viajes trasatlánticos.. Seguir leyendo
Con el libro ‘Saca 1504’, Manuel Naranjo Martell culmina su inmersión junto a los ganaderos que cuidan los equinos autóctonos en las marismas de Huelva y los conducen a Almonte en el rito ancestral de la Saca de las yeguas
Las llanuras de Doñana (Huelva) atesoran, junto a rastros de neandertales, huellas de equinos prehistóricos de hace unos 200.000 años. Son los considerados antecesores de los actuales yegüerizos y de los caballos silvestres de raza marismeña que se encargan de mantener. A su vez, son hermanos de los enviados a bordo de las carabelas a América hace cinco siglos y que acabaron montando gauchos argentinos en el sur del continente o cowboys en el norte. Cada 26 de junio, ese ganado —más de un millar de ejemplares— es trasladado al pueblo de Almonte en un rito ancestral conocido como Saca de las yeguas, que data de aquella época de los primeros viajes trasatlánticos.. Más información. Para culminar el libro Saca 1504, Manuel Naranjo Martell (Sevilla, 38 años) se ha zambullido en el paisaje y tradiciones de quienes han acabado abrazándolo como uno más, un yegüerizo que, en vez de vara para guiar los caballos, lleva cámara de fotos. Así lo expresan varios de los protagonistas de la obra que asisten a la presentación. “El relinchar de los caballos en la noche de Doñana es magia”, resume durante un encuentro el autor, que considera todo ese proceso de integración con sus personajes no un trabajo, sino un regalo de la vida. “Tienes que pagar un peaje”, explica en referencia a una sentencia del fotógrafo Bruce Davidson para explicar cómo fue metiendo la cabeza en el mundo de los yegüerizos a lo largo de los años antes de que acabaran convertidos en “familia y amigos”.. Desde niños, los almonteños se unen al ritual de la Saca de las yeguas, que se celebra cada 26 de junio.Manuel Naranjo Martell. Naranjo Martell experimentó apenas sin información previa su primera visita a la Saca en 2016. Fue un año que marcó su carrera como fotógrafo con la muerte de su abuelo y la realización, precisamente, del proyecto 2016, algo parecido a una elegía en memoria del familiar ausente. Al igual que en aquella ocasión, también en el libro actual recurre a tender puentes entre Europa y América, donde no descarta ampliar el trabajo de los caballos en un futuro. Palabras como rancho, lazo y otras forman parte de la jerga exportada al otro lado del océano, detalla.. El reportero, también de nacionalidad estadounidense por su madre —ya “trianera” desde hace años, reconoce él—, ha elegido terminar la obra con una imagen que se asoma al Atlántico. Lo hace justo por las aguas por las que surcaron los barcos de Cristóbal Colón en 1493, durante su segundo viaje a la otra orilla, con ejemplares de caballos de las marismas del Guadalquivir a bordo.. Doñana y su entorno es el hábitat en el que vive el caballo marismeño.Manuel Naranjo Martell. “Allí terminarían por generar todo un mundo: llaneros en Venezuela, charros en México, gauchos argentinos, cowboys tejanos… y hasta muchas tribus indígenas del nuevo continente vinieron a entroncar de alguna forma con aquellos neandertales que vieron galopar los primeros equinos por las arenas voltarias entre la ría de Huelva y el Betis”, nombre otorgado al Guadalquivir por los romanos, escribe el cronista Juan Villa en el prólogo.. En un texto titulado De caballos y hombres, que parafrasea el De ratones y hombres, de John Steinbeck, Villa apunta a que no hay que descartar que Hernán Cortés fuera a lomos de un caballo marismeño hace cinco siglos entre los templos de Tenochtitlán (México).. La clave, en un archivo. El ducado de Medina Sidonia conserva la que se considera la más antigua referencia directa a la cría de yeguas en el entorno de Doñana —antesala de la Saca— que se remonta a 1504, de ahí el título elegido por Naranjo Martell. El documento, entre otros seis millones del último milenio, se guarda en el riquísimo archivo histórico de la Fundación Casa Medina Sidonia, trasladado desde Madrid a Sanlúcar de Barrameda por Luisa Isabel Álvarez de Toledo (1936-2008), conocida como la Duquesa Roja por su militancia antifranquista.. Una vez al año, los caballos son trasladados al recinto ganadero de Almonte, donde se les asean las crines, se desparasitan y se ponen herraduras si es necesario.. Cuando “en la marisma se escabulle el agua y empieza a escasear el pasto, los yegüerizos recogen las yeguas a lo largo y ancho de las marismas de Almonte e Hinojos, y, en tropas de alrededor de cincuenta animales, las reúnen en las playas del Rocío y de ahí parten para Almonte”, describe Juan Villa. “A su pelaje desgreñado traen adherido el fato agrio de los fangos marismeños que inunda el aire con ese olor primordial para renovar un año más una atávica alianza de siglos”, agrega.. “Manuel mira de otra manera”, “sabe mirar desde una perspectiva muy auténtica”, afirma Villa durante una presentación dedicada a los yegüerizos protagonistas en una sala de rancio sabor del Casino de la Paz de Almonte presidida por un cuadro de la Virgen del Rocío, patrona y guía de las devociones locales, también de los yegüerizos.. La cría del caballo en el entorno de Doñana se remonta, según el archivo de la Casa de Medina Sidonia, al menos al año 1504.Manuel Naranjo Martell. “La marisma tiene algo especial: sabe reconocer a quienes llegan con humildad, con sensibilidad y con el corazón abierto”, señala agradecido Lucas Domínguez, uno de los que ya se considera amigo del reportero e integrante de la conocida como reunión del Fontanero, uno de los grupos de yegüerizos.. Somos un grupo de “hombres que heredaron esta forma de vida de sus mayores y que hoy la transmiten a sus hijos y a sus nietos. Hombres como Marín, Francisco Pelito, José Franco el Fontanero, José Cuartito, Juan Huelva o Alfonso Ramírez, junto a tantos otros que, con su esfuerzo y su dedicación, hacen posible que esta tradición siga viva”, comenta Domínguez, uno de los dos protagonistas de la portada del libro y de la foto que abre este reportaje. A la vista está que Naranjo Martell ha tocado la fibra de todos estos hombres curtidos en las labores del manejo de las yeguas y que se sienten reflejados en las fotos.. Un grupo de yegüerizos en uno de los escasos momentos en que transitan por asfalto en el entorno de Doñana durante la Saca de las yeguas.Manuel Naranjo Martell. Comentan que el blanco y negro ayuda a descontextualizar la fecha de la realización del trabajo, salvo por algunas pinceladas, como la imagen en la que aparece una de las carreteras del entorno de la aldea rociera, adonde no llegó el asfalto hasta los años 60 del pasado siglo. El resultado, editado por RM, recuerda, sin duda, a las marismas y marismeños que, cerca de aquí, retrató Atín Aya (1955-2007).. Más allá de las impresionantes imágenes —seguramente las más difundidas de la Saca— de los animales cabalgando entre la polvareda por delante de la ermita de la Virgen del Rocío, detrás hay un proceso y una tradición mucho más compleja y que el fotógrafo explica al detalle con sus imágenes. Cuando las tropas —grupo de en torno a medio centenar de cabezas— llegan al recinto ganadero de Almonte, se sanean las crines y se coloca el chip de los nuevos potros nacidos durante el año y se desparasitan. ¿Y por qué Saca de las yeguas? Porque la inmensa mayoría, en torno a 800, son hembras en medio de unos 50 machos. Algo más de un millar si se incluyen a los potrillos.. Un grupo de yegüerizos con la ermita de la Virgen del Rocío al fondo.Manuel Naranjo Martell. Atrás quedó la época en la que los yegüerizos trabajaban para los nobles de Doñana cuidando sus caballos. Ahora son ellos los propietarios y responsables, los que abraza como protagonistas Saca 1504. Como prólogo, antes de presentar en sociedad el libro, Naranjo Martell cuenta que ha vuelto a recrearse en la pantalla con Centauros del desierto. La mítica película de John Ford cumple ahora 70 años.. En todo caso, el reportero trata de revertir la visión impuesta por el cine de indios y vaqueros: “No es que esto parezca el Oeste —como mucha gente comenta al visitar la aldea almonteña que alberga a la conocida como Reina de las Marismas— sino que el Oeste se parece a El Rocío”.
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