Durante cuatro décadas, Piedad Isla fue la fotógrafa de Cervera de Pisuerga. Tenía su estudio en los soportales de la plaza de esta localidad de la Montaña Palentina y desde allí salía cada día, en Vespa y con pantalones, para recorrer los pueblos de la zona e inmortalizar bodas y oficios religiosos, cubrir actos municipales o retratar a los vecinos que necesitaban una foto para el carnet de identidad. Pocos sabían que, entre encargo y encargo, la fotógrafa siempre tenía la cámara lista para apuntar a todo lo que la llamase la atención. Labores agrícolas, rostros captados al azar, instantes de descuido, viajeros, edificios semiabandonados. El pasado 6 de septiembre se cumplieron 100 años de su nacimiento. Y desde su fallecimiento, en 2009, su figura y su legado han crecido hasta consagrarla como lo que, sin pretenderlo, fue: una pionera olvidada de la fotografía documental en España.. Seguir leyendo
Con motivo del centenario de su nacimiento, un documental recupera la vida de la pionera que inmortalizó los rostros y las formas de vida de la Montaña Palentina
Durante cuatro décadas, Piedad Isla fue la fotógrafa de Cervera de Pisuerga. Tenía su estudio en los soportales de la plaza de esta localidad de la Montaña Palentina y desde allí salía cada día, en Vespa y con pantalones, para recorrer los pueblos de la zona e inmortalizar bodas y oficios religiosos, cubrir actos municipales o retratar a los vecinos que necesitaban una foto para el carnet de identidad. Pocos sabían que, entre encargo y encargo, la fotógrafa siempre tenía la cámara lista para apuntar a todo lo que la llamase la atención. Labores agrícolas, rostros captados al azar, instantes de descuido, viajeros, edificios semiabandonados. El pasado 6 de septiembre se cumplieron 100 años de su nacimiento. Y desde su fallecimiento, en 2009, su figura y su legado han crecido hasta consagrarla como lo que, sin pretenderlo, fue: una pionera olvidada de la fotografía documental en España.. ‘Retrato de Roque’, una de las obras rescatadas con motivo del documental ‘Piedad Isla revelada’.Piedad Isla / Cedida por Fundación Piedad Isla & Juan Torres. Así lo atestigua Piedad Isla revelada, el documental de Laura García Rojas y Juan Soria que este domingo emite el programa Imprescindibles de La 2 de RTVE, y que parte de ese descubrimiento gradual. Así lo explica García Rojas. “La revelación, la que da título al documental, fue descubrir que su verdadera mirada había estado oculta durante décadas en su archivo, porque ella misma no había dado importancia a esas imágenes que hacía sin intención, con calidad artística, recogiendo todo ese mundo pequeño que desaparecía por el éxodo rural”, afirma. “Tenía una mirada fotográfica y etnográfica al mismo tiempo. A mí me sorprendió mucho saber que Piedad creyera que, si algo iba a trascender de su trabajo, iba a ser el museo etnográfico que fundó, no ese magnífico archivo escondido entre los carretes de bodas, bautizos, comuniones y fotografías de encargo”.. El documental recrea la emoción de sus herederos al darse cuenta de que, en esos negativos, había imágenes magistrales y desconocidas, casi camufladas entre sus encargos comerciales. Retratos frontales, llenos de empatía. Escenas robadas a la cotidianidad. Incursiones en el día a día de mujeres, ancianos y niños. Puede que la propia fotógrafa nunca las viera reveladas ni fuera consciente de su valía, de su sentido innato para la composición, de un talento narrativo que, en realidad, era lo que buscaban muchos de sus compañeros de profesión más cultivados.. Piedad Isla fotografiando a un geólogo holandés (1955).Cedida por Fundación Piedad Isla & Juan Torres. Las fechas son muy explícitas. En 1952, cuando Henri Cartier-Bresson publicaba el libro en el que formuló su idea de la fotografía como el arte de captar “el instante decisivo”, Piedad Isla planeaba comprarse una cámara Kodak y hacerse con el material necesario para abrir su negocio. Los fotógrafos que han participado en el documental — Marisa Flórez, José Manuel Navia, Cristina García Rodero, Juan Manuel Castro Prieto, Chema Conesa—, varios de ellos galardonados con el premio que lleva su nombre desde 2010, confiesan haber descubierto tarde a esta autora que, desde este reducto en las estribaciones de Picos de Europa, plasmaba sin saberlo los postulados de la Escuela de Madrid o del grupo Afal, que apuntalaron una estética neorrealista y documental de la que Isla probablemente no oyera hablar. Sin embargo, las afinidades están ahí: su sorprendente imagen de unas monjas tirándose bolas de nieve evoca a los seminaristas futboleros de Ramón Masats o a los curas jugando en la nieve de Mario Giacomelli.. Uno de los hallazgos del documental es contar cómo, más allá de la fotografía, Piedad Isla también quiso inmortalizar su mundo mediante películas en Super 8 cuyo guion escribía y locutaba ella misma. Una de ellas, hoy desaparecida, narra los últimos instantes de un pueblo abandonado, un escenario como el que evocaría años después La lluvia amarilla de Llamazares. “Piedad Isla grabó en Super 8 escenas cotidianas: cómo se vivía en los pueblos de la Montaña Palentina, el potro de herrar, cómo se hacían las albarcas, cómo las estaciones marcaban la vida…”, explica García Rojas. “Incluso se preocupó de hacer recreaciones etnográficas para recoger, por ejemplo, cómo se hilaba en el pasado. Piedad Isla decía que esas películas no tenían valor artístico, que eran un testimonio. Una de sus grandes obsesiones era que todo ese conocimiento casi atávico no se perdiera, y que las generaciones que estaban por llegar supieran cómo habían vivido sus abuelos”.. Esta imagen de 1956 muestra cómo tomaba Piedad Isla las fotos de carnet de sus vecinos: con un telón blanco como fondo.Piedad Isla / Cedida por Fundación Piedad Isla & Juan Torres. Si Piedad Isla supo fotografiar los usos de su pueblo antes de que desapareciera, el documental llega a tiempo para recoger las voces y los gestos de muchas de las personas que la conocieron y trabajaron con ella. Por la pantalla desfilan familiares y amigos, colaboradores y admiradores de su trabajo, que recuerdan su carácter o su forma de trabajar. La película rescata la voz de la propia fotógrafa a través de entrevistas procedentes del archivo de RTVE, incluida una grabación de 1975 en que aparece entrevistada como concejala de su localidad. También aborda su labor como fotorreportera freelance en la zona para distintos medios. En la prensa publicaba imágenes costumbristas y acontecimientos como nevadas y crecidas. Sin embargo, decidió dejar de colaborar con Efe después de cubrir un accidente en una mina cercana. Las fotos del pozo siniestrado, de los cuerpos de los mineros y del dolor de las familias conformaron una cobertura modélica, pero le provocaron un gran impacto emocional.. No es el único homenaje a Piedad Isla con motivo de su centenario. Este largometraje coincide con otro proyecto, también impulsado desde la radiotelevisión pública: la serie de podcast documental Las islas de Piedad, dirigido por la periodista Helena Cerveto. Sin embargo, la recuperación definitiva y sistemática de su obra sigue siendo una asignatura pendiente. Se le han dedicado algunas exposiciones, como una retrospectiva en Photoespaña 2020, pero sigue sin haber un catálogo razonado de su obra, que solo se ha estudiado de forma parcial.. En los archivos del Museo Etnográfico que fundó en Cervera se custodian sus fotografías, sus negativos y su archivo. Aunque hace dos décadas se comenzó la digitalización de sus archivos, que superan los 130.000 negativos, la circulación de estas imágenes ha sido muy restringida. El puñado de fotografías célebres que se han expuesto en las últimas décadas —sus retratos, sus paisajes y sus imágenes etnográficas que no romantizan la dureza de la vida en el campo, sino que la retratan desde el respeto— son solo una pequeña selección espigada por sus herederos de un fondo ingente que aguarda un examen detallado, y que también almacena sus fotografías en color y las películas que rodó con vocación didáctica y etnográfica.. Entre las fotografías que tomó Piedad Isla hay recreaciones de oficios antiguos. En este caso, la mujer retratada se llamaba Quica y había sido hilandera. Imagen de 1971.Piedad Isla / Cedida por Fundación Piedad Isla & Juan Torres. El documental, resultado de más de un año de trabajo, lleva a cabo una labor de investigación y reconstrucción necesaria no solo para destacar el talento de Piedad Isla, sino también para contextualizarlo en su época, en su lugar y también en su género. La de Piedad Isla es una de esas historias que sirven para contar muchas otras cosas: la transformación de la España rural durante los años del desarrollismo, el papel de la mujer en las comunidades rurales o la importancia de la memoria para una generación que supo percibir el declive de unas formas de vida en peligro de extinción.
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