Nunca he sido bueno al ping pong y hasta ahora no me había importado mucho, la verdad. Me parecía el tenis de mesa un juego delicuescente, enervante y para nada épico que practicaban los que no podían jugar al tenis de verdad y Forrest Gump. No te pones un Fred Perry, pensaba, para darle con una pala de goma a una pelotita de celuloide sobre una mesa de 2,74 x1,52 que ya es campo del honor escaso. No podía imaginar un Bjorn Borg del ping pong y menos aún una Micol Finzi Contini (Dominique Sanda, Miss camiseta mojada Ferrara 1938). Pero he visto la película Marty Supreme y mi opinión sobre esta actividad (el ping pong, no la camiseta mojada) ha cambiado radicalmente. Seguir leyendo
Nunca he sido bueno al ping pong y hasta ahora no me había importado mucho, la verdad. Me parecía el tenis de mesa un juego delicuescente, enervante y para nada épico que practicaban los que no podían jugar al tenis de verdad y Forrest Gump. No te pones un Fred Perry, pensaba, para darle con una pala de goma a una pelotita de celuloide sobre una mesa de 2,74 x1,52 que ya es campo del honor escaso. No podía imaginar un Bjorn Borg del ping pong y menos aún una Micol Finzi Contini (Dominique Sanda, Miss camiseta mojada Ferrara 1938). Pero he visto la película Marty Supreme y mi opinión sobre esta actividad (el ping pong, no la camiseta mojada) ha cambiado radicalmente.. A ver, sabía lo de la diplomacia del ping pong (la apertura de relaciones entre EE UU y la República Popular China en 1971 gracias a ese deporte) y conocía historias interesantes como la del punto más largo jamás jugado, entre el judío polaco Alojzy Alex Ehrlich y el rumano Paneth Farkas, en el campeonado mundial de Praga en1936: un intercambio de 2 horas y 12 minutos en el curso del cual la bola cruzó la red sin parar ¡12.000 veces! Ehrlich pasó a jugar con la izquierda a los 70 minutos al no poder seguir con la diestra y a los 85 minutos se tuvo que sustituir al juez por un esguince de cuello. Sin embargo y pese a esos notables acontecimientos y a la facilidad para practicarlo (directamente proporcional a la dificultad para plegar la mesa sin pillarte un dedo), no me parecía el tenis de mesa de gran interés para jugarlo y no digamos para verlo, que a la que te descuidas estás como el árbitro de Praga.. El filme protagonizado por Timothée Chalamet, decía, me ha obligado a revisar mis opiniones. La película me ha gustado mucho y no solo porque soy muy fan de Chalamet -especialmente por su Dylan y su Paul Atreides-, desde que ya vi algo en el chico cuando interpretó al desgraciado recluta de caballería expat Philippe Dejardin al que se ventilan los comanches a las primeras de cambio en Hostiles. Me ha fascinado su composición vehemente e hiperactiva del extravagante y arribista tenismesista (se dice así, que parece que seas prematuro) judío del Lower East Side de Manhattan Marty Mauser, basado en parte en el personaje real de Marty Reisman. Nunca hubiera dicho que el ping pong pudiera ser tan espectacular y musculado y tenerte amarrado a la butaca con tanta tensión, por no hablar de lo mal perdedor que es Mauser, casi como yo. Se parece también a mí en que le trae de El Cairo a su madre un trozo de pirámide.. Me ha gustado mucho que haya en la peli tantas referencias a los nazis y a la Segunda Guerra Mundial, como ese japonés, Koto Endo, que se toma a raquetazos la venganza de Guadalcanal y del hundimiento del Yamato. El amigo del protagonista, Béla Kletzki, es un trasunto del mencionado campeón judío Ehrilch, que realmente sobrevivió al exterminio en Auschwitz al reconocerlo en la rampa de selección un guardia de las SS que era admirador suyo. Con todo, no parece que Hitler considerara el ping pong una actividad especialmente judía: los aviadores alemanes se relajaban jugando al tenis de mesa durante la Batalla de Inglaterra (hay fotos) y no pareció importarles a él o a Goering, al menos hasta que perdieron. Por su parte los estadounidenses bautizaron Operación Table Tenis el desembarco aerotransportado en Nueva Guinea en 1944, ahí queda.. Por qué pasó a entusiasmar el ping pong a los comunistas chinos es algo que se me escapa. El caso es que China devino la mayor potencia en este deporte con grandes nombres como Ma Lang, Fan Zhendong (el nombre le hubiera gustado a Mao), Wang Chuquín o el mismo Xu Xin, gran especialista en el agarre tipo lapicero, que ya es virguería. Nos podemos reír de los nombres de los tenismesistas chinos pero el gran campeón alemán se llamaba Timo Boll. Otra jugadora de referencia es mi cuñada Mireia Poch.. En fin, gracias a Marty Supreme no solo veo el ping pong de manera más abierta y desprejuiciada sino que he aprendido un montón de cosas muy interesantes como que cuando se inventó este deporte, en la India británica victoriana, se jugaba con una pila de libros para hacer de red y con otros dos como palas; que la puntuación era como en el tenis (por cierto ahora se juega a 11, yo pensaba que aún era a 21, será por eso que siempre pierdo), o que las bolas de celuloide se han ido sustituyendo por las de plástico porque son más lentas y se ven mejor en las retransmisiones televisivas, como el color naranja. Y ya que estamos, y tras el impacto de Marty Supreme, suscribo la frase fundamental del ping pong: la pelota puede que sea pequeña, oye, pero el tenis de mesa… ¡el tenis de mesa es grande!
Nunca he sido bueno al ping pong y hasta ahora no me había importado mucho, la verdad. Me parecía el tenis de mesa un juego delicuescente, enervante y para nada épico que practicaban los que no podían jugar al tenis de verdad y Forrest Gump. No te pones un Fred Perry, pensaba, para darle con una pala de goma a una pelotita de celuloide sobre una mesa de 2,74 x1,52 que ya es campo del honor escaso. No podía imaginar un Bjorn Borg del ping pong y menos aún una Micol Finzi Contini (Dominique Sanda, Miss camiseta mojada Ferrara 1938). Pero he visto la película Marty Supreme y mi opinión sobre esta actividad (el ping pong, no la camiseta mojada) ha cambiado radicalmente.. Seguir leyendo
