“Alzo una rosa y todo se ilumina. Como no hace la luna ni el sol puede: serpiente de luz ardiente y enroscada. O viento de cabellos que se mueve”. Así comienza el poema Ergo uma rosa, del escritor José Saramago. Con sus palabras canta una oda a la creatividad, la belleza frente al dolor. El movimiento frente a lo efímero de la vida. Alza una rosa extendiendo los brazos, inundando el espacio con el cuerpo, permitiendo que las piernas actúen de eje de rotación. Mientras Saramago lee su poema, la bailaora María Pagés crea con su cuerpo un poema visual. Ambos son poetas, uno del verbo y la otra del espacio. María, una sevillana que ha recorrido el mundo bailando, ha ganado los más prestigiosos premios como coreógrafa y bailarina. Es, sobre todo, una bailaora flamenca. Verla bailar, verla moverse, verla expresarse y verla sentir es una experiencia que te acerca a aquello que llaman perfección, y que va de la mano de la hermosura. Hoy María dirige el Centro de Danza Matadero. Un teatro para la danza en Madrid. Allí, hace unos meses, esta bailaora organizó un congreso pionero, bajo el título La danza, ¿el arte olvidado de la medicina? En ese congreso, bailarines, médicos, neurocientíficas y psicólogos dialogamos sobre la necesidad de un mayor cuidado físico y psíquico de los bailarines, un campo que se debate entre el deporte y el arte, quedando un tanto huérfano en ambos lados. Pero también debatimos sobre el papel que podría desempeñar la danza en la medicina. Seguir leyendo “Alzo una rosa y todo se ilumina. Como no hace la luna ni el sol puede: serpiente de luz ardiente y enroscada. O viento de cabellos que se mueve”. Así comienza el poema Ergo uma rosa, del escritor José Saramago. Con sus palabras canta una oda a la creatividad, la belleza frente al dolor. El movimiento frente a lo efímero de la vida. Alza una rosa extendiendo los brazos, inundando el espacio con el cuerpo, permitiendo que las piernas actúen de eje de rotación. Mientras Saramago lee su poema, la bailaora María Pagés crea con su cuerpo un poema visual. Ambos son poetas, uno del verbo y la otra del espacio. María, una sevillana que ha recorrido el mundo bailando, ha ganado los más prestigiosos premios como coreógrafa y bailarina. Es, sobre todo, una bailaora flamenca. Verla bailar, verla moverse, verla expresarse y verla sentir es una experiencia que te acerca a aquello que llaman perfección, y que va de la mano de la hermosura. Hoy María dirige el Centro de Danza Matadero. Un teatro para la danza en Madrid. Allí, hace unos meses, esta bailaora organizó un congreso pionero, bajo el título La danza, ¿el arte olvidado de la medicina? En ese congreso, bailarines, médicos, neurocientíficas y psicólogos dialogamos sobre la necesidad de un mayor cuidado físico y psíquico de los bailarines, un campo que se debate entre el deporte y el arte, quedando un tanto huérfano en ambos lados. Pero también debatimos sobre el papel que podría desempeñar la danza en la medicina. Seguir leyendo EL PAÍS
“Alzo una rosa y todo se ilumina. Como no hace la luna ni el sol puede: serpiente de luz ardiente y enroscada. O viento de cabellos que se mueve”. Así comienza el poema Ergo uma rosa, del escritor José Saramago. Con sus palabras canta una oda a la creatividad, la belleza frente al dolor. El movimiento frente a lo efímero de la vida. Alza una rosa extendiendo los brazos, inundando el espacio con el cuerpo, permitiendo que las piernas actúen de eje de rotación. Mientras Saramago lee su poema, la bailaora María Pagés crea con su cuerpo un poema visual. Ambos son poetas, uno del verbo y la otra del espacio. María, una sevillana que ha recorrido el mundo bailando, ha ganado los más prestigiosos premios como coreógrafa y bailarina. Es, sobre todo, una bailaora flamenca. Verla bailar, verla moverse, verla expresarse y verla sentir es una experiencia que te acerca a aquello que llaman perfección, y que va de la mano de la hermosura. Hoy María dirige el Centro de Danza Matadero. Un teatro para la danza en Madrid. Allí, hace unos meses, esta bailaora organizó un congreso pionero, bajo el título La danza, ¿el arte olvidado de la medicina? En ese congreso, bailarines, médicos, neurocientíficas y psicólogos dialogamos sobre la necesidad de un mayor cuidado físico y psíquico de los bailarines, un campo que se debate entre el deporte y el arte, quedando un tanto huérfano en ambos lados. Pero también debatimos sobre el papel que podría desempeñar la danza en la medicina. Seguir leyendo
