XV. Hombre de estado, dicen,. bobo empotrado en una sinecura. que vacía las despensas del vecindario.. Altavoz de mentiras oficiales. que escala desde el don señor mío. hasta grata excelencia. cuya vida guarde. Dios muchos años.. Llega la pandemia y se salva. hasta que cumple su destino. y le cantan las excelencias. en todas las radios locales.. Adiós, ladrón,. dejaste el prestado mundo. a los tuyos con bozales.. XVIII. En la puerta de San Pedro. están ahí amontonados. los que reclaman su ingreso. en la gloria enseñando sus papeles:. mira, ayudé a los pobres,. oye, curé a los ricos,. escucha, obispo fui de indios. jamás vistos. y que aquí no tienen cabida.. Siento por ellos en el alma.. Puta fui, te cuento, sacada. de las manos de Antón,. santón. ojeroso que comía por cuatro. y abreviaba los oficios porque tenía prisa.. Bueno, déjame entrar, Pedro,. que si abro mi boquita,. se desata la tormenta,. pues si no me salvo,. con lo que he tragado,. escupo. y el juicio empieza desde cero.. XXV. Juan Calvino, amigo mío,. rebélate,. no dejes que Dios te afeite. si fuiste lampiño desde siempre.. Y lo digo por el bien tuyo. y el nuestro por los dineros. que pastores legos. arrancan de los ingenuos,. intuyo,. que anhelan lo venidero.. No hay tregua, pastor dilecto,. pues ni el mundo de los poderosos. se achanta ante el saqueo.. A Dios gloria eterna. y al grito de su nombre. vuelan las alforjas preñadas. para el hurto vociferante. de cualquier simple hombre. que abraza lo preponderante.. XXXII. Antes los gringos lanzaban bombas. a Indochina. y los muchachos melenudos. iban a la plaza a bailar sus imprecaciones.. Hoy no es así, son los rojos los que atacan. y mandan recuerdos a los viejos. sobre sus bailes y aquellas pancartas. alzadas por aquellas maldades pasadas.. Veneno o hipnosis colectiva. de la mano del gran tahúr de las estepas siberianas. que juró que recuperaría la gloria. del zar muerto por la perfidia.. Están en ello. mientras miramos. la tele.. XXXIX. Tente en pie, camarada océano,. pues ya no eres nada. desde que la anguila. se acerca a la playa. con la bolsa en la garganta.. Arriba llovió la tormenta. que llevará las aguas al cuello. de los escaladores de grandes bolsillos.. Camarada, toda esta agua. que deshiela las ilusiones. y llama al Noé de las arcas. te llenara la panza. y vomitarás los lobos escapados. de las montañas anegadas.. Ahora leemos los créditos. por orden de hermosura:. El jefe Bezos llamado Jeff(e),. la señora del tacón alto. y ese mamarracho empelucado. que lanza al aire sus amenazas. porque jura que se beberá, solito,. el Amazonas.. Oh, qué poco esfuerzo. hicimos para que entren todos,. compinche a compinche.. XL. Achebe, gran compañero,. no fue tu culpa. que todo se desmoronara. y que los fuegos pasados. descubran que andamos desnudos. y buscando a los dueños de las cadenas.. Fuimos a Kinshasa. a ver al señor de los dineros. robados a los negros. y no vimos su tumba. porque salió despavorido. en busca de redenciones de última hora.. ¿Y sabes?. Soyinka Aké,. el de los pelos desnegrados,. me dijo que se acercaba nuestra hora.. No pude saber la hora de qué. pero giré el cuello. y descubrí que Nigeria se derretía. como esta estatua. que acusaba a los gomorrinos. de clase media para arriba.. * Poemas pertenecientes a Nuestros amigos los nautas, Gijón, BajAmar, 2025.. Juan Tomás Ávila Laurel. Malabo, Guinea Ecuatorial, 1966. Poeta, narrador y ensayista. Entre sus obras destacan el libro de poemas Historia íntima de la humanidad (1999) y Nuestros amigos los nautas (2025), así como las novelas Arde el monte de noche (2008), Cuando a Guinea se iba por mar (2019) y Dientes blancos, piel negra (2022). Es el escritor ecuatoguineano más traducido y uno de los más reconocidos del África hispanohablante.
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Hombre de estado, dicen,/ bobo empotrado en una sinecura/ que vacía las despensas del vecindario./ Altavoz de mentiras oficiales que escala desde el don señor mío/ hasta grata excelencia La entrada Redenciones de última hora se publicó primero en Periódico de Poesía.
Hombre de estado, dicen,/ bobo empotrado en una sinecura/ que vacía las despensas del vecindario./ Altavoz de mentiras oficiales que escala desde el don señor mío/ hasta grata excelencia La entrada Redenciones de última hora se publicó primero en Periódico de Poesía.
