Quizás es la imagen que salta al imaginario colectivo cuando se piensa en la gastronomía como vía de supervivencia en un gran festival de música: hot dogs, hamburguesas, porciones de pizza y otros exponentes de comida rápida consumidos a destiempo sobre un césped exhausto. Un trámite calórico para sostener el cuerpo entre concierto y concierto.. Seguir leyendo
El evento musical, que se celebra en Benicàssim desde hace 31 ediciones, del 16 al 22 de agosto, integra la gastronomía como lenguaje común entre público de cien nacionalidades a través de un viaje que conecta la cocina mediterránea y caribeña con la de la India, Senegal o Argentina
Quizás es la imagen que salta al imaginario colectivo cuando se piensa en la gastronomía como vía de supervivencia en un gran festival de música: hot dogs, hamburguesas, porciones de pizza y otros exponentes de comida rápida consumidos a destiempo sobre un césped exhausto. Un trámite calórico para sostener el cuerpo entre concierto y concierto.. Sin embargo, en el recinto de conciertos de Benicàssim (Castellón) que, desde hace 31 ediciones, acoge al Rototom Sunsplash, uno de los festivales reggae más grandes de Europa, con 218.000 asistentes en 2025, el paisaje gastronómico asociado al ecosistema festivalero ha decidido mutar. Variar el ritmo. Impregnarse del concepto slow que guía todo cuanto acontece en el interior de esta pequeña ciudad temporal que evoca, por sus escenografías, a cualquier rincón de Jamaica.. Puesto de comida jamaicana en el Festival Rototom 2025.Luca A d’Agostino. La gastronomía se consolida aquí como parte de la oferta cultural y como un lenguaje común para el público de hasta cien nacionalidades que se da cita cada verano. Un viaje global sin salir de Benicàssim y un espacio de toma de conciencia durante los siete días de encuentro, que se celebra del 16 al 22 de agosto de 2026.. En apenas unos metros, el trazado de 25 puestos que integra en esta edición este restaurante internacional al aire libre, permite desayunar un café de origen colombiano o un té matcha; degustar una pizza, sí, pero cocinada en un horno de leña construido e instalado a propósito para el evento; sumergirse en la gastronomía de la región india de Uttarakhand, junto al Himalaya; explorar los platos de la cocina senegalesa; cenar un asado argentino con entraña o chorizo criollo con chimichurri, o probar el pollo jerk, uno de los platos nacionales de Jamaica; e interrumpiendo la marcha, reparar en un mojito, un helado artesano, una horchata valenciana o un zumo de caña recién exprimido. En medio, una oferta consolidada para dietas veganas, vegetarianas y sin gluten: del pad thai de Wok&Roll Thai Food a las mazorcas, dulces y saladas, de El Rincón de Maíz.. Gazpacho con verdolaga elaborado en un taller de Gastrobotánicas.Gastrobotánicas. Rototom Sunsplash ha articulado una propuesta de restauración donde el plato comparte protagonismo con el altavoz y que innova año tras año. La cocina japonesa de Asoko y la india de Little India son dos de las novedades.. Manoj Lama, propietario de este último restaurante y de Samrat, ambos en Castellón, explica que el salto al festival responde a la demanda de su propio público habitual. La comitiva de Little India desembarca con una propuesta focalizada en el estado de Uttarakhand, en la región del Himalaya, a través de un menú estructurado en cinco platos con precios de entre 14 y 15 euros. La selección abarca desde el tikka masala de pollo sobre una salsa suave —de tomate, nata, almendras y especias aromáticas con arroz basmati— o el cremoso korma con leche de coco, hasta opciones totalmente veganas y vegetarianas como el chana masala —un curry de garbanzos sobre salsa casera de cebolla, ajo, jengibre y cilantro— y los Manchurian, unos buñuelos de hortalizas salteados en salsa de inspiración indochina.. Identidad, pollo ‘jerk’ y raíces jamaicanas. Si el festival nació hace más de tres décadas vertebrado por la cultura reggae, su despensa guarda una vinculación idéntica con Jamaica. Más allá de las jamaican patties (empanadas) de ternera picante, soja vegana o pollo, el arroz rastafari o el plato nacional de la isla caribeña —ackee con pescado salado (ackee and saltfish)—, el puesto de Wayne’s Street One Cooking, capitaneado por Dale Anthony Thompson, exhibe el pollo jerk como emblema.. Más que una receta, el jerk es una técnica ancestral de sazonado y cocción donde el pollo se marida durante horas entre chiles, cebolleta, tomillo, ajo, jengibre y pimienta para luego cocinarse lentamente sobre brasas ahumadas y servirse sobre arroz con guisantes y leche de coco. El plato encierra además un simbolismo histórico: su origen se remonta a los cimarrones (esclavos africanos que escaparon a las montañas jamaicanas) quienes idearon estas maceraciones para conservar la carne. Una receta convertida en icono de resistencia, identidad y hospitalidad comunitaria y que podrá saborearse en Rototom.. La gastronomía como herramienta social y política. Esa mirada que conecta la cocina con la comunidad se amplifica en Jamkunda, el espacio del festival dedicado a África y su diáspora. Allí opera Abarka, una cooperativa de iniciativa social y sin ánimo de lucro impulsada en Barcelona. “Utilizamos la gastronomía para visibilizar el continente africano y generar empleo digno”, señala Malamine Soly, socio fundador del proyecto. La dimensión social de Abarka se traduce en cifras: su plantilla está integrada por personas migrantes y racializadas y el 60% de la misma ha regularizado su situación administrativa a través del trabajo en la propia cooperativa.. El restaurante cooperativo Abarka en el Festival Rototom Sunsplash.Carme Ripollés. En el plano culinario, Abarka se integra también en la red de restauración internacional del festival, con un recetario tradicional de África del Oeste, principalmente de Senegal, con tantos platos como días tiene el festival. “Las cocinas africanas son de los pueblos, no de los países, que están mal repartidos”, matiza Soly. En su espacio no faltará el mafé vegano —un guiso con crema de cacahuete, verduras y un sazonado de especias y hortalizas trituradas que la cooperativa tarda casi todo el año en preparar— ni el tradicional thiébou yapp, la “paella senegalesa” —ríe el fundador de Abarka—, declarado Patrimonio Inmaterial por la Unesco. Aunque puede ir acompañado de pescado (thieboudienne) o carne (thiébou yapp), en el festival se servirá únicamente con ternera. “Lo que queremos es que la gente descubra la calidad de comer un plato que no se suele encontrar en festivales. El placer de degustar un buen arroz antes de ver un show”.. La propuesta de Abarka se completa con “nuestras brasas de cordero y de pollo”, con opciones “gluten free y comida halal, para que nadie se quede fuera”, y bebidas artesanales como el bissap (flor de hibisco), el jugo de jengibre “perfecto para la energía de un festival” o el café touba, además de la impartición de talleres interactivos. “Vamos a proponer una experiencia sensorial con los ojos cerrados para probar ingredientes desconocidos y, a veces, estigmatizados del continente. Comer también es asumir un riesgo”, añade Soly sobre una cita, la de Rototom, que define como un punto de encuentro para toda la comunidad afrodescendiente.. Pizza hecha en un horno de leña construido en el Festival Rototom.Carme Ripollés. La filosofía alimentaria del festival se extiende a su compromiso con la sostenibilidad, los productos de proximidad y el ya citado movimiento slow. En el área Pachamama, dedicada a la salud y el cuidado personal, el proyecto Gastrobotánicas impartirá una charla y un taller sobre plantas silvestres comestibles y su introducción en la cocina contemporánea, que incluirá una degustación elaborada a base de verdolaga, una planta estival de sabor fresco y ligeramente ácido, rica en antioxidantes y ácidos grasos omega-3. Su propósito es reconectar a los asistentes con las especies que crecen de forma espontánea en el territorio y que habitualmente se desestiman como “malas hierbas”. “Recuperar las plantas silvestres no consiste únicamente en conservar los saberes del pasado, sino en crear nuevas recetas para que este patrimonio siga evolucionando”, explican desde el proyecto sus impulsoras, Amanda Bataller y Cristina Escobar.. La misma filosofía se extiende al banco de intercambio de semillas del festival, a las propuestas de alimentación saludable que salpican el mercadillo y a las iniciativas vinculadas al consumo responsable. Hasta la elección de las bebidas forma parte de ese discurso. Este año Rototom distribuirá exclusivamente Palestine Cola, junto a sus variedades de limón y naranja, como único refresco disponible dentro del recinto. “Al final, la gastronomía, en un festival como Rototom, tan diverso y multicultural, también comunica, también posiciona. Es una declaración de intenciones”, concluyen desde el certamen.. Las otras mesas de los festivales: de las estrellas Michelin al ‘food truck’ urbano. La mutación gastronómica del Rototom Sunsplash no es un fenómeno aislado, pero sí singular en el mapa de festivales españoles. Mientras la cita de Benicàssim despliega un viaje multicultural e integrador durante siete días, las citas del circuito festivalero que apuestan cada vez más por lo gastro abordan la mesa desde ángulos y tiempos distintos. En el extremo gourmet y en formatos más breves (de dos a tres días), certámenes como PortAmérica (Pontevedra) o el Festival Antorchas (Albacete) articulan su oferta en torno a la alta cocina de autor y la curaduría de reconocidos chefs, un modelo que también explora en clave regional el Degusta Fest Armilla (Granada) a lo largo de un fin de semana. En una línea más ágil e informal opera Getxo Music and Food, volcado de lleno en el formato food truck. Por su parte, las grandes citas masivas como Primavera Sound, Cruïlla o Brunch Electronik han ampliado de forma notable su abanico culinario, aunque enfocado en la efectividad del street food cosmopolita habitual de las grandes urbes. Finalmente, propuestas de gran formato como O Son do Camiño mantienen una despensa extensa con sello local pero combinada con grandes cadenas comerciales de comida rápida.
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