Tenía 4 años cuando pisó el colegio por primera vez. Hasta entonces, Sergio Hernández (Valencia, 1994) había recibido lecciones en casa, de su madre, mientras su padre, librero, le empezaba a mostrar el universo que luego convertiría en propio y él descubría la poesía. Empezar las clases cuando otros niños ya llevaban un tiempo le produjo cierta ansiedad y temor. Una profesora, María Ángeles, de la que recuerda su amabilidad y sus ojos azules, le dio el remedio para que se liberara de esa atadura: recitar a sus poetas favoritos cuando tuviera miedo.. De este modo, Hernández declamaba a Machado, Lorca y Miguel Hernández entre sus compañeros, que lo asumieron como algo normal, y no como un motivo para burlarse de él. De los versos escolares, Sergio Hernández pasó a los clubes ‘clandestinos’ de lectura que su padre organizaba en su piso alquilado mientras ahorraba para comprar una vivienda, no porque estuvieran prohibidos, sino porque el progenitor quería darle un halo de intimismo, alejarlo de la Game Boy para sumergirlo en las letras.. Finalmente, y para cerrar el círculo, Sergio Hernández terminó estudiando Filología Hispánica, que ha alternado con la novela gráfica, lo audiovisual y una inquietud por la memoria que otros no le enseñaron, a pesar de la lírica. El joven autor es contundente cuando presenta su libro con un grupo reducido de periodistas, antes de la vorágine que le espera de entrevistas y crítica, ahora que su libro ha salido ya a la calle: «A mí la poesía me salvó la vida». Sergio Hernández vio cómo su vida daba un giro astral el pasado 15 de octubre, en el momento en que su nombre fue proclamado como finalista del 75º premio Planeta por una novela, La añoranza, que le ha reportado 200.000 euros y una visibilidad jamás imaginada. Ya había dado Hernández muchas pistas que la definen como una historia de amor entre una joven catalana y un traductor francés que le enseña quién era Machado, por qué se exilió y nunca volvió.. Machado representa tanto para nosotros… Pero al final, lo hemos dejado en el exiliio, donde murió. Esta segunda novela del premiado escritor (la primera fue La letra herida) navega en un amor obsesivo y en la Transición, así como en la dolorosa sospecha de la protagonista, Julia Ferré, de que su amante tuvo que ver con la muerte en Francia del poeta Antonio Machado, un hecho histórico que recorre toda la novela. «Machado representa tanto para nosotros… Pero al final lo hemos dejado en el exilio, donde murió, para que se convirtiera en el símbolo de ese exilio. Por eso la novela está dedicada a él. Siempre supe que quería escribir de él, rendirle tributo».. El prometedor Hernández ha tenido doble suerte al obtener este premio en un año importante para la editorial: exhibirse en un escaparate público como este, de amplísima repercusión, y hacerlo del brazo de una dama de las letras, la autora más leída en español en todo el mundo, Isabel Allende, quien bromea diciendo que Sergio podría ser su nieto, incluso, su bisnieto. No hay gira de promoción, pero ambos se miran con admiración y uno piensa que de haberla hecho, se habrían llevado muy bien, como bisabuela y descendiente. El humor de Isabel insufla seguridad al joven Sergio que admite estar aprendiendo muchas cosas de ella.. Yo escribí esta novela con mucha ilusión, llevado por la pasión, con las emociones a flor de piel, pero no imaginé este premio. «Yo escribí esta novela con mucha ilusión, llevado por la pasión, con las emociones a flor de piel. Pero nadie en mi entorno imaginó que pudiera convertirse en esta novela, y respaldada por esta edición. Ha sido muy especial y a pesar de los días que han pasado sigo un poco disociado y eufórico, ha sido especial, más viniendo de una familia de libreros. Han pasado tres cosas: ser finalista, poder compartirlo con Isabel, cuando estaba en el escenario no me lo podía creer y el cariño conmovedor de la gente ha sido sobrecogedor. El cariño de mis profesores, de mis amigos, ha sido igual de importante que recibir este premio».. Volviendo al autor, La añoranza encierra mucha literatura y sobre todo, mucha poesía que, para él, es fundamental. «El personaje de Bastian dice que la poesía es literatura de verdad, y yo no me escondo cuando opino lo mismo. A mí la poesía me ha salvado la vida. Para mí, Lorca, Machado, Hernández han sido figuras mitológicas. Están en mi imaginario como personas históricas que he descubierto al mismo tiempo que a Papa Noel, los Reyes Magos y el Ratoncito Pérez. No sé por qué, no me odiaba nadie, a pesar de ser un niño repipi y empollón, yo generaba mucha empatía ante mis compañeros y durante años he sido el poeta».. No escribo poesía porque me parece muy difícil, le tengo mucho respeto y mucho cariño. Pero Hernández no escribe poesía, admite a preguntas de su nueva compañera de travesía, Isabel Allende. «Me parece muy difícil, le tengo mucho respeto y mucho cariño. Pero me ha salvado la vida porque forma parte intrínseca de mí».. Hernández recupera la línea de salida de donde partió esta novela, cuando una compañera de Planeta Cómic, Carolina, le habló en su primer Sant Jordi, de que los vecinos del barrio gótico de Barcelona la acogían cuando había manifestaciones y la Guardia Civil iba a por los protestatarios, en tiempo de Franco. Y eso me voló la cabeza. Mi pareja (Agustina, con la que lleva doce años) me dijo, tiene que escribir esta historia porque llevas dos años con ella. Y así salió».. Para Hernández, que ha navegado en los protopoetas, aquellos nombres que no pasaron a la historia porque sus versos quedaron olvidados en bolsillos o cajones (los llama Los caminantes, título con el que presentó su libro al Planeta), «los españoles tienen problemas para hablar del pasado. Es la historia eterna de España, no solo vinculada al siglo XX sino que cuando uno echa la vista atrás se da cuenta de los cabezones que somos los españoles y de la imposibilidad que tenemos para mirar el lugar del que venimos».. Con mi protagonista yo me he descubierto como narrador y también he descubierto la historia de nuestro país. «Mi libro trata el tema de la memoria de una manera delicada y el pasado aparece como un enigma, porque para mí lo es. De modo que cuando Julia va descubriendo cosas del pasado, también lo voy haciendo yo. Esa búsqueda de Julia también es una búsqueda mía como autor. Ella ha encontrado su identidad, por eso digo que con ella yo me he descubierto como narrador y también he descubierto la historia de nuestro país. Las novelas no deben tener preguntas, sino respuestas», afirma.. «Es alarmante el paralelismo de lo que pasa en la novela, en los años 50, con lo que sucede ahora. No pretendo hacer una advertencia pero ese miedo a perder la libertad tan subjetivo que tenemos planea sobre estas obras», añade el joven escritor.. Claro que vamos a seguir hablando de la Guerra Civil y de la represión porque al final es la lucha contra la impunidad de los poderosos. Sobre el tedio que produce para mucho seguir hablando de la Guerra Civil, Hernández tiene una opinión clara: «Pasa constantemente, de hecho, una de las preguntas, incluso entre mi familia es ¿otra novela sobre la Guerra? Y lo mismo pasó cuando se estrenó La bola negra. Claro que vamos a seguir hablando de la Guerra Civil y de la represión porque al final es la lucha contra la impunidad de los poderosos, que me parece mu importante, y la lucha contra el olvido, que es esencial. Y a toda la gente que piense que son temas manidos, creo que hay que hacerlo porque se van a conmover más de lo que creen. Ese bisabuelo tiene más cosas en común de las que pensaban ellos y arrastran heridas, como me ha pasado a mí».. Llegamos a un tema nada poético, pero práctico para los jóvenes sobre todo, el del dinero. Con 200.000 euros como finalista del Planeta en el bolsillo, Sergio Hernández no duda en contar a 20minutos cuáles son sus planes inmediatos: «Llevo tiempo viviendo con mi pareja y no teníamos para ahorrar para un piso. Por más que lo hemos intentado. Ese dinero va a pagar la entrada a una vivienda». Porque una casa y un techo no son incompatibles con que la poesía rescata vidas, como salvó la suya cuando era un niño.
El escritor, nacido en Valencia hace 32 años, se ha llevado el galardón con su novela ‘La añoranza’, una historia de amor cruzada por el no retorno de Machado desde su exilio.
Tenía 4 años cuando pisó el colegio por primera vez. Hasta entonces, Sergio Hernández (Valencia, 1994) había recibido lecciones en casa, de su madre, mientras su padre, librero, le empezaba a mostrar el universo que luego convertiría en propio y él descubría la poesía. Empezar las clases cuando otros niños ya llevaban un tiempo le produjo cierta ansiedad y temor. Una profesora, María Ángeles, de la que recuerda su amabilidad y sus ojos azules, le dio el remedio para que se liberara de esa atadura: recitar a sus poetas favoritos cuando tuviera miedo.. De este modo, Hernández declamaba a Machado, Lorca y Miguel Hernández entre sus compañeros, que lo asumieron como algo normal, y no como un motivo para burlarse de él. De los versos escolares, Sergio Hernández pasó a los clubes ‘clandestinos’ de lectura que su padre organizaba en su piso alquilado mientras ahorraba para comprar una vivienda, no porque estuvieran prohibidos, sino porque el progenitor quería darle un halo de intimismo, alejarlo de la Game Boy para sumergirlo en las letras.. Finalmente, y para cerrar el círculo, Sergio Hernández terminó estudiando Filología Hispánica, que ha alternado con la novela gráfica, lo audiovisual y una inquietud por la memoria que otros no le enseñaron, a pesar de la lírica. El joven autor es contundente cuando presenta su libro con un grupo reducido de periodistas, antes de la vorágine que le espera de entrevistas y crítica, ahora que su libro ha salido ya a la calle: «A mí la poesía me salvó la vida». Sergio Hernández vio cómo su vida daba un giro astral el pasado 15 de octubre, en el momento en que su nombre fue proclamado como finalista del 75º premio Planeta por una novela, La añoranza, que le ha reportado 200.000 euros y una visibilidad jamás imaginada. Ya había dado Hernández muchas pistas que la definen como una historia de amor entre una joven catalana y un traductor francés que le enseña quién era Machado, por qué se exilió y nunca volvió.. Machado representa tanto para nosotros… Pero al final, lo hemos dejado en el exiliio, donde murió. Esta segunda novela del premiado escritor (la primera fue La letra herida) navega en un amor obsesivo y en la Transición, así como en la dolorosa sospecha de la protagonista, Julia Ferré, de que su amante tuvo que ver con la muerte en Francia del poeta Antonio Machado, un hecho histórico que recorre toda la novela. «Machado representa tanto para nosotros… Pero al final lo hemos dejado en el exilio, donde murió, para que se convirtiera en el símbolo de ese exilio. Por eso la novela está dedicada a él. Siempre supe que quería escribir de él, rendirle tributo».. El prometedor Hernández ha tenido doble suerte al obtener este premio en un año importante para la editorial: exhibirse en un escaparate público como este, de amplísima repercusión, y hacerlo del brazo de una dama de las letras, la autora más leída en español en todo el mundo, Isabel Allende, quien bromea diciendo que Sergio podría ser su nieto, incluso, su bisnieto. No hay gira de promoción, pero ambos se miran con admiración y uno piensa que de haberla hecho, se habrían llevado muy bien, como bisabuela y descendiente. El humor de Isabel insufla seguridad al joven Sergio que admite estar aprendiendo muchas cosas de ella.. Yo escribí esta novela con mucha ilusión, llevado por la pasión, con las emociones a flor de piel, pero no imaginé este premio. «Yo escribí esta novela con mucha ilusión, llevado por la pasión, con las emociones a flor de piel. Pero nadie en mi entorno imaginó que pudiera convertirse en esta novela, y respaldada por esta edición. Ha sido muy especial y a pesar de los días que han pasado sigo un poco disociado y eufórico, ha sido especial, más viniendo de una familia de libreros. Han pasado tres cosas: ser finalista, poder compartirlo con Isabel, cuando estaba en el escenario no me lo podía creer y el cariño conmovedor de la gente ha sido sobrecogedor. El cariño de mis profesores, de mis amigos, ha sido igual de importante que recibir este premio».. ‘La añoranza’.CEDIDA. Volviendo al autor, La añoranza encierra mucha literatura y sobre todo, mucha poesía que, para él, es fundamental. «El personaje de Bastian dice que la poesía es literatura de verdad, y yo no me escondo cuando opino lo mismo. A mí la poesía me ha salvado la vida. Para mí, Lorca, Machado, Hernández han sido figuras mitológicas. Están en mi imaginario como personas históricas que he descubierto al mismo tiempo que a Papa Noel, los Reyes Magos y el Ratoncito Pérez. No sé por qué, no me odiaba nadie, a pesar de ser un niño repipi y empollón, yo generaba mucha empatía ante mis compañeros y durante años he sido el poeta».. No escribo poesía porque me parece muy difícil, le tengo mucho respeto y mucho cariño. Pero Hernández no escribe poesía, admite a preguntas de su nueva compañera de travesía, Isabel Allende. «Me parece muy difícil, le tengo mucho respeto y mucho cariño. Pero me ha salvado la vida porque forma parte intrínseca de mí».. Hernández recupera la línea de salida de donde partió esta novela, cuando una compañera de Planeta Cómic, Carolina, le habló en su primer Sant Jordi, de que los vecinos del barrio gótico de Barcelona la acogían cuando había manifestaciones y la Guardia Civil iba a por los protestatarios, en tiempo de Franco. Y eso me voló la cabeza. Mi pareja (Agustina, con la que lleva doce años) me dijo, tiene que escribir esta historia porque llevas dos años con ella. Y así salió».. Hernández, con su novela.JAVIER OCAÑA/Planeta. Para Hernández, que ha navegado en los protopoetas, aquellos nombres que no pasaron a la historia porque sus versos quedaron olvidados en bolsillos o cajones (los llama Los caminantes, título con el que presentó su libro al Planeta), «los españoles tienen problemas para hablar del pasado. Es la historia eterna de España, no solo vinculada al siglo XX sino que cuando uno echa la vista atrás se da cuenta de los cabezones que somos los españoles y de la imposibilidad que tenemos para mirar el lugar del que venimos».. Con mi protagonista yo me he descubierto como narrador y también he descubierto la historia de nuestro país. «Mi libro trata el tema de la memoria de una manera delicada y el pasado aparece como un enigma, porque para mí lo es. De modo que cuando Julia va descubriendo cosas del pasado, también lo voy haciendo yo. Esa búsqueda de Julia también es una búsqueda mía como autor. Ella ha encontrado su identidad, por eso digo que con ella yo me he descubierto como narrador y también he descubierto la historia de nuestro país. Las novelas no deben tener preguntas, sino respuestas», afirma.. «Es alarmante el paralelismo de lo que pasa en la novela, en los años 50, con lo que sucede ahora. No pretendo hacer una advertencia pero ese miedo a perder la libertad tan subjetivo que tenemos planea sobre estas obras», añade el joven escritor.. Claro que vamos a seguir hablando de la Guerra Civil y de la represión porque al final es la lucha contra la impunidad de los poderosos. Sobre el tedio que produce para mucho seguir hablando de la Guerra Civil, Hernández tiene una opinión clara: «Pasa constantemente, de hecho, una de las preguntas, incluso entre mi familia es ¿otra novela sobre la Guerra? Y lo mismo pasó cuando se estrenó La bola negra. Claro que vamos a seguir hablando de la Guerra Civil y de la represión porque al final es la lucha contra la impunidad de los poderosos, que me parece mu importante, y la lucha contra el olvido, que es esencial. Y a toda la gente que piense que son temas manidos, creo que hay que hacerlo porque se van a conmover más de lo que creen. Ese bisabuelo tiene más cosas en común de las que pensaban ellos y arrastran heridas, como me ha pasado a mí».. Llegamos a un tema nada poético, pero práctico para los jóvenes sobre todo, el del dinero. Con 200.000 euros como finalista del Planeta en el bolsillo, Sergio Hernández no duda en contar a 20minutos cuáles son sus planes inmediatos: «Llevo tiempo viviendo con mi pareja y no teníamos para ahorrar para un piso. Por más que lo hemos intentado. Ese dinero va a pagar la entrada a una vivienda». Porque una casa y un techo no son incompatibles con que la poesía rescata vidas, como salvó la suya cuando era un niño.
