Una voz que hace resonar un país cuyo recuerdo y presencia llegó hasta nosotros. Una voz joven, poderosa y matizada que nos habla de folclore popular, pero sin dejarse encorsetar por las formas y que sin ser una renovadora en sentido estricto sí aporta un nuevo aire a la canción latinoamericana, acercándola a melodías del presente. Hija mexicana de padres vinculados a la música y a la construcción de instrumentos parecía que la casta obligaba al galgo, como ella misma dejó entrever cuando en la parte final del concierto recuperó Se me ocurre, una canción en la que la joven, aún más entonces, Silvana deseaba que por una vez ganasen los buenos mediante unas frases que no sin cierto sonrojo dijo que por un tiempo le parecieron cursis, para ahora darse cuenta de que lo escrito de joven preserva una mirada que más tarde se antoja muy nítida. Hoy tiene 29 años, tres elepés y un ramillete de canciones que, fiel a su costumbre, interpretó en el orden que su deseo dicta cada noche. La música es para Silvana Estrada algo demasiado vivo para repetirse como una lección que un alumno repite cada día igual. Seguir leyendo
Una voz que hace resonar un país cuyo recuerdo y presencia llegó hasta nosotros. Una voz joven, poderosa y matizada que nos habla de folclore popular, pero sin dejarse encorsetar por las formas y que sin ser una renovadora en sentido estricto sí aporta un nuevo aire a la canción latinoamericana, acercándola a melodías del presente. Hija mexicana de padres vinculados a la música y a la construcción de instrumentos parecía que la casta obligaba al galgo, como ella misma dejó entrever cuando en la parte final del concierto recuperó Se me ocurre, una canción en la que la joven, aún más entonces, Silvana deseaba que por una vez ganasen los buenos mediante unas frases que no sin cierto sonrojo dijo que por un tiempo le parecieron cursis, para ahora darse cuenta de que lo escrito de joven preserva una mirada que más tarde se antoja muy nítida. Hoy tiene 29 años, tres elepés y un ramillete de canciones que, fiel a su costumbre, interpretó en el orden que su deseo dicta cada noche. La música es para Silvana Estrada algo demasiado vivo para repetirse como una lección que un alumno repite cada día igual. Seguir leyendo
Una voz que hace resonar un país cuyo recuerdo y presencia llegó hasta nosotros. Una voz joven, poderosa y matizada que nos habla de folclore popular, pero sin dejarse encorsetar por las formas y que sin ser una renovadora en sentido estricto sí aporta un nuevo aire a la canción latinoamericana, acercándola a melodías del presente. Hija mexicana de padres vinculados a la música y a la construcción de instrumentos parecía que la casta obligaba al galgo, como ella misma dejó entrever cuando en la parte final del concierto recuperó Se me ocurre, una canción en la que la joven, aún más entonces, Silvana deseaba que por una vez ganasen los buenos mediante unas frases que no sin cierto sonrojo dijo que por un tiempo le parecieron cursis, para ahora darse cuenta de que lo escrito de joven preserva una mirada que más tarde se antoja muy nítida. Hoy tiene 29 años, tres elepés y un ramillete de canciones que, fiel a su costumbre, interpretó en el orden que su deseo dicta cada noche. La música es para Silvana Estrada algo demasiado vivo para repetirse como una lección que un alumno repite cada día igual. Seguir leyendo
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