Hay casas que entran por los ojos y otras por el alma y Lorenzo Castillo siempre las ha encontrado de la segunda manera y esto, cualquiera que haya seguido su trayectoria como uno de nuestros diseñadores más internacionales, lo sabe porque no para de contarlo. Todas sus residencias son también manifiestos vitales, capítulos de una autobiografía construida con muebles buscados ex profeso con telas especiales y objetos decorativos como pintura, cerámica, hierro o cristal.. Seguir leyendo
Hay casas que entran por los ojos y otras por el alma y Lorenzo Castillo siempre las ha encontrado de la segunda manera y esto, cualquiera que haya seguido su trayectoria como uno de nuestros diseñadores más internacionales, lo sabe porque no para de contarlo. Todas sus residencias son también manifiestos vitales, capítulos de una autobiografía construida con muebles buscados ex profeso con telas especiales y objetos decorativos como pintura, cerámica, hierro o cristal. Seguir leyendo
Retrato de Lorenzo Castillo.. Hay casas que entran por los ojos y otras por el alma y Lorenzo Castillo siempre las ha encontrado de la segunda manera y esto, cualquiera que haya seguido su trayectoria como uno de nuestros diseñadores más internacionales, lo sabe porque no para de contarlo. Todas sus residencias son también manifiestos vitales, capítulos de una autobiografía construida con muebles buscados ex profeso con telas especiales y objetos decorativos como pintura, cerámica, hierro o cristal.. Ahora, uno de esos capítulos se cierra de la forma más radical (y coherente) posible. La Rectoría, su casa en la aldea asturiana de Peruyes, va a salir entera a subasta. Pero no solo la finca. También los más de 500 lotes que la amueblaron y la decoraron. La noticia ha corrido como la pólvora por los círculos del coleccionismo europeo. Las llamadas desde Francia y Estados Unidos pidiendo información a Bayeu Subastas, (la casa madrileña encargada de la operación), no han parado desde que se anunció la exposición previa. Juan Pablo Casas, responsable de la sala, lo confirma con la tranquilidad de quien ya ha vivido un precedente similar.. La casona se encuentra en la aldea de Peruyes, en el concejo de Cangas de Onís.. Una ruina en la colina. Para entender qué se subasta, hay que entender primero cómo llegó Lorenzo Castillo a aquella aldea de Peruyes, en el concejo de Cangas de Onís, entre los Picos de Europa y la Sierra del Sueve. El propio interiorista lo cuenta como si fuera el principio de un cuento, porque en cierto modo lo es. “Mi padre me llevaba a menudo de pequeño y yo siempre le preguntaba: ‘¿Vamos al pueblo bonito?“.Recuerda que había unas casonas barrocas que le fascinaban. Años después, en 2018, en un paseo veraniego casual, vio que se vendía La Rectoría —la casa del cura, como la llamaban en el pueblo— con una arquitectura neogótica inusual para Asturias. Estaba en ruinas. Y no se lo pensó demasiado. Castillo tiene la costumbre de comprar casas en ese estado.. Tiene con las casas, explica, “una especie de llamada”. Lo que busca en todas ellas es lo que los ingleses llaman good bones: buenos huesos, potencial e historia latente y La Rectoría lo tenía todo, y además ofrecía algo que no puede inventarse ni comprarse: una localización privilegiada en lo alto de una colina desde la que se domina todo el valle.. La rehabilitación, por su parte, coincidió con una etapa de intenso trabajo internacional. Durante los meses que duró la obra, Castillo se movía entre Bruselas y París por encargos profesionales, y esas dos ciudades terminaron por impregnar la colección que el interiorista iba formando para la casa. “Toda la colección de pintura es de escuela belga y de escuela francesa”, explica. “Cosas difíciles de encontrar en España”. Veinticinco retratos, cuadros de animales, orientalismo con vistas de la Alhambra y de Tánger, firmas como Mariano Bertucci, Ortiz Echagüe o Carlos Vázquez. Le gusta imaginar que el dueño es un viajero victoriano que recorre el Mediterráneo haciendo su “Grand Tour” desde Turquía hasta Menorca y regresa cargado de cerámica iznik, alfombras caucásicas y lámparas de hierro forjado.. Un dormitorio de La Rectoría.. Un ojo especial. Juan Pablo Casas, además de gran amigo del interiorista, lleva desde 2005 en el mundo de las subastas (primero en Goya Subastas y desde 2021, en Bayeu) y distingue bien cuándo una colección tiene entidad propia. En este caso no duda: “El éxito radica en que Lorenzo tiene un ojo especial y es una colección muy variada. Y el aspecto histórico, el hecho de que todo haya pertenecido a una misma casa, atrae muchísimo”.. No es la primera vez que Juan Pablo subasta una casa entera de Castillo. En 2007 hizo lo mismo con el primer piso que el interiorista tuvo en la calle Magdalena de Madrid, “y también fue un exitazo”. Y es que, cada vez que se subasta una casa entera, las piezas se comportan de forma diferente a como lo harían dispersas entre el material de cincuenta propietarios distintos.. Casas lo explica con sencillez: “Hay una gran armonía entre las piezas.” Encontramos desde muebles del siglo XVII o piezas del XX. Cerámica española —Manises, La Bisbal—, francesa, portuguesa de Bordallo Pinheiro (una vajilla calabaza de 24 piezas a partir de 600 euros), piezas turcas rarísimas. Hay vajillas, alfombras persas, beréberes y caucásicas, faroles de hierro, armarios policromados. Y todo funciona junto porque todo fue pensado para que funcionara junto.. Si se le pide una pieza estrella, el propio Castillo señala que sus favoritas podrían ser el armario español policromado (precio de salida de 2.000 euros) y un farol de hierro (desde 1.500 euros): “Son piezas que no salen frecuentemente a la venta, por su rareza”. Casas, también como comprador, coincide en apuntar a lo insólito, a lo que cuesta encontrar en el mercado habitual. Tienen, los dos, el mismo tipo de ojo.. Una de las estancias de la casa.. El arte de soltar. ¿Y por qué vender todo, si La Rectoría era la casa más Lorenzo Castillo de todas sus casas, como dice la madre del interiorista? La respuesta tiene varias claves.. La primera es práctica: Castillo tiene muchas casas, cuarenta obras en marcha en este momento y poco tiempo para disfrutar cada una. La Rectoría quedaba cerca de Ribadesella, y además acababa de comprar una casa en el centro de Oviedo con unas vistas increíbles y la ecuación dejó de cuadrar. La puso a la venta para probar y se vendió el mismo día que salió al mercado a una persona que la vio solo por fotos.. La segunda clave es filosófica, y aquí Castillo habla con la cadencia de alguien que lleva décadas pensando en esto. Treinta años como anticuario —antes de dejar la tienda y dedicarse solo a la decoración— le dieron una lección que define como el más valioso aprendizaje de su carrera: el desapego por lo material. No se puede ser anticuario y enamorarse de cada pieza, ni diseñador y pretender que los objetos sean permanentes. “Al final no ves nada si acumulas”, asegura.. La tercera clave es la más romántica, y también la que explica mejor el título no oficial de esta operación: la subasta como financiación de un sueño. Castillo tiene ahora los ojos puestos en una casona asturiana en ruinas. Todavía no dice dónde. Pero el dinero de La Rectoría —casa y contenido— tiene que servir para rescatarla. “Salvar otro edificio. Igual que pasó con la Rectoría. Darle una segunda oportunidad a algo que está abandonado, derruido, olvidado. El círculo se cierra y una casa salvada financia la salvación de la siguiente”.. Entrada de La Rectoría, como se conoce a la casona de Castillo.. ¿Y por qué no una venta tradicional?. En España, el mercado de las subastas sigue siendo, como reconoce Casas, “un poco desconfiado”. Mucha gente prefiere ir a una tienda, pagar el precio marcado y llevarse “pájaro en mano” la pieza ese mismo día. La incertidumbre de las pujas, las fechas o la posibilidad de perder el lote en el último segundo desanima a muchos compradores que no están familiarizados con el funcionamiento.. Castillo, en cambio, lleva treinta años haciéndolo. Para él es un sistema natural y Casas lo contextualiza históricamente: “Esto que estamos haciendo aquí es una práctica que se viene haciendo desde el siglo XVII. Cuando se moría la gente, las casas se abrían y se visitaban. Era la manera de comprar, porque no había tiendas de antigüedades”. Lo que sucede ahora en Bayeu con La Rectoría es, en el fondo, la misma práctica actualizada.. El mercado ha cambiado también en otro sentido: casi el 50% de los compradores ya no se desplazan a la sala. Pujan por internet desde cualquier lugar del mundo. En una subasta de Bayeu pueden conectarse hasta 400 personas en plataformas digitales, mientras que en la sala física rara vez superan el centenar. Casas distingue el perfil: la gente mayor sigue siendo fiel a la presencia física; los compradores más jóvenes prefieren seguir la subasta desde donde están. Pero el resultado —la puja, la emoción, el riesgo de perder el lote— es el mismo.. El subastador, advierte Casas, es por otra parte, una figura clave en la escena que a menudo se subestima. “Es como una obra de teatro. Tienen que ofrecer una coreografía para no aburrir, porque una subasta puede durar tres o cuatro horas”. Los lotes con mucho interés se despachan rápido; los que despiertan menos expectación reciben más tiempo, más atención verbal, más oportunidad de arrancar una puja de los conectados por internet. En una operación de esta magnitud, el ritmo lo es todo.. Casas por su parte, no esquiva la pregunta sobre el estado del sector: “El mundo de las antigüedades está en horas bajas. Lo que estaba de moda hace quince o veinte años, ahora mismo no hay forma de venderlo”. Una mesa de caoba tiene poquísimo público. Una mesa de pino pintada, muchísimo más. Una mesa de jardín de hierro oxidado se vende en el acto. El gusto ha girado y las generaciones más jóvenes no quieren replicar la decoración de sus padres.. ¿Volverán las antigüedades? Casas cree que sí, que va por ciclos. Mientras tanto, la consecuencia práctica es que los precios han bajado tanto que “es la ocasión de comprar cosas estupendas”. Para quien sabe mirar, este desfase es una oportunidad.. Uno de los salones cuyo interior íntegro sale a subasta.. Una palabra que lo define todo. Al final de la conversación, cuando se le pide a Lorenzo Castillo que elija una sola palabra para presentarse, la respuesta llega sin dudar: “Soy diseñador. Porque diseñador es crear de la nada belleza. Y eso es lo que termino haciendo siempre en todos los campos”. Restaurar una casa en ruinas es también eso: tomar la nada y devolverla a la belleza.. Y la Rectoría fue eso durante seis o siete años. Ahora el ciclo se cierra. El nuevo propietario encontrará una arquitectura neogótica de siete metros de altura interior —Castillo eliminó una planta para ganar esa doble altura de resonancias espirituales—, con vistas preciosas y un vacío que le tocará llenar a su manera. Castillo ya avisa de que no va a mirar cómo lo hace. Lo tiene asumido. Tiene por delante otra casona en ruinas esperando y, en cierto sentido, la sensación de que el ejercicio de desprenderse es también una forma de empezar.. Mientras tanto, 500 lotes con una sola historia y una sola alma esperan: la subasta está a punto de comenzar.. Uno de los dormitorios de la vivienda asturiana.
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