Dentro del amplio y variado panorama musical español, existe un personaje como salido de otra época, un auténtico forajido sonoro y estético que parece traído del pasado, concretamente, de los agitados años cincuenta en algún punto fronterizo entre Estados Unidos y México, cuando el boogaloo, el swing y rhythm and blues hacían menear las caderas de una forma frenética y desinhibida. Su nombre: Tito Ramírez (Granada, 1988). “Me llaman emperador de todos los ritmos unificados”, dice con sorna este músico enmascarado, capaz de meter el veneno del ritmo a un cadáver.. Seguir leyendo
Dentro del amplio y variado panorama musical español, existe un personaje como salido de otra época, un auténtico forajido sonoro y estético que parece traído del pasado, concretamente, de los agitados años cincuenta en algún punto fronterizo entre Estados Unidos y México, cuando el boogaloo, el swing y rhythm and blues hacían menear las caderas de una forma frenética y desinhibida. Su nombre: Tito Ramírez (Granada, 1988). “Me llaman emperador de todos los ritmos unificados”, dice con sorna este músico enmascarado, capaz de meter el veneno del ritmo a un cadáver. Seguir leyendo
Dentro del amplio y variado panorama musical español, existe un personaje como salido de otra época, un auténtico forajido sonoro y estético que parece traído del pasado, concretamente, de los agitados años cincuenta en algún punto fronterizo entre Estados Unidos y México, cuando el boogaloo, el swing y rhythm and blues hacían menear las caderas de una forma frenética y desinhibida. Su nombre: Tito Ramírez (Granada, 1988). “Me llaman emperador de todos los ritmos unificados”, dice con sorna este músico enmascarado, capaz de meter el veneno del ritmo a un cadáver.. Después de álbumes tan sabrosos y trepidantes como The Kink of Mambo (2019) y El Prince (2023), dos obras que convirtieron a Ramírez en la nueva sensación en el underground musical, el cantante y compositor acaba de publicar Sonido Conquistador (Discos Antifaz / El Volcán), un álbum que lo consolida como uno de los mejores instigadores en español de las pistas de baile al estilo clásico, aquellas de suelo encerado en las que los zapatos y los botines se queman a golpe de orquesta. “Mis dos discos anteriores tienen un amplio abanico de estilos, que va desde el rhythm and blues, latin soul, popcorn, mambo, psicodelia… Para este disco me apetecía centrarme un poquito más en sonidos y ritmos más tropicales, de procedencia afrocubana y conectarlos con las músicas hispanas. Quería ver dónde se encuentran y confluyen”.. El resultado evita lo vintage: no se trata de imitar el pasado idealizado, sino de sacudirlo con la energía del presente. El encuentro se produce en un colorido disco que, como los anteriores, vuelve a sonar tan refrescante como absorbente. Siempre con un objetivo: defender las músicas de ida y vuelta. “De costa a costa, haciendo referencia a las músicas nacidas en Europa y en América, también en África y el Caribe. Músicas que viajan influyendo en audiencias de esos sitios y, especialmente, en localidades portuarias en las que los barcos de los marineros traían esos ritmos o ese folclore”, explica. “En España, ha sucedido con la copla, el flamenco, el pasodoble, pero a su vez con la rumba catalana, un estilo que se basa en origen en adaptar canciones de son cubano generando su propio lenguaje”.. Bajo el prisma tropical y retro, anclado en los cincuenta y los sesenta, Sonido Conquistador es todo un frenesí de instrumentación, directa a los huesos. Líneas de bajo hipnóticas, metales efusivos y congas y órganos adictivos. Sonidos con un “nexo común” con sus otros discos: nunca se han ido de las calles. “En Latinoamérica, estas músicas siguen presentes en la vida de la gente. No es raro subir a un autobús y que el chofer este escuchando a Pérez Prado. También mantienen estos sonidos vivos las agrupaciones, los clubs, los salones de baile y los puestos ambulantes”.. Ramírez formó su primera banda a los 13 años y, desde entonces, no paró de escuchar todo lo que llegaba a su mano hasta que, poco a poco, aprendió a filtrar lo que le “latía”. “Un momento musical impactante para mí fue cuando vi por primera vez a James Brown en movimiento o a Bo Diddley con su guitarra”, confiesa. “En mi olimpo de influencias y admiraciones, siempre suelo nombrar a James Brown y a Dámaso Pérez Prado. En esta ocasión, vamos a añadir a Desmond Dekker. A los tres les invitaría a mi Castillo en Perversia para tomar unos cócteles”. Como ellos, apostó por el ritmo desenfrenado, solo que este andaluz lo hizo en una época muy distinta. “No me mueve la nostalgia. Esta es la época que me tocó vivir, y en la que voy a morir. Lucho modestamente por renovar los géneros de antaño y traerlos lo más frescos posibles a estos tiempos oscuros”.. Aun sin nostalgia, es como si se hubiese caído en la marmita del ritmo sabroso, de aroma clásico. “Mi música o mi arte no dependen de tendencias ni corrientes. Mi carrera es a largo plazo. Trato de hacer canciones que aguanten el paso del tiempo. Puedo decir que mi música está siendo pinchada en clubs de México y Colombia, y aceptada por el exigente filtro del bailaor. Es ahí donde yo quiero llegar, y donde reside mi victoria, llegar a la calle y que la calle me abrace”. No es su única forma de llegar: Ramírez está detrás del sello Discos Antifaz, que publica a gente interesante como Ian Kay, Mia Vergara, Jason Joshua o los Phantom Keys. “El sello está orientado principalmente en sacar referencias enmascaradas en formato sencillo para melómanos y dj que necesitan rompepistas de nueva generación. Nuestra siguiente referencia será un elepé de Glándula, el nuevo proyecto de Alberto Charro, de los Malinches”.. Vestido como un pincel, con sus botines y su exquisito estilismo pachuco, este emperador del ritmo ofrece conciertos electrizantes, que hacen sudar la gota gorda. El próximo viernes 5 de junio tocará en la sala Changó, en Madrid, y suma más fechas en otras ciudades durante el verano. Sus actuaciones también están marcadas por su máscara, que le cubre el rostro, al igual que la de los luchadores mexicanos. “Tiene una simbología. Representa la poesía, el misterio, la clandestinidad, lo marginal. Pone el mensaje y la música en primer plano”, explica. “El personaje y la persona son las dos caras de la misma moneda. En cierto modo, la persona proyecta en el personaje lo que quiere expresar. Lo que cuentan las canciones y las cosas de las que hablo es relativo a la persona. El corazón roto, la rabia, el exceso, la injusticia… son cosas que siente el corazón que está detrás de la máscara”. Y añade: “Además, debo dinero a mucha gente, y así, con la máscara, evito a los acreedores. Son todo ventajas”.. Tras la máscara, alejado de acreedores, también late una filosofía de vida: “Una frase que me enseñó mi padre es: ‘En mi hambre mando yo’. Viene a decir que el dinero no compra todo, y que no está por encima de la dignidad y el honor de un hombre”. ¿Pero, más allá del hambre, hay algún deseo? ¿Alguno loco, como viajar en el tiempo, al igual que Marty en el coche de Doc en Regreso al futuro? “Diría de ir al México de los años cincuenta, cuando las grandes orquestas de mambo y danzón estaban repartidas por los clubes de la ciudad”.. Tito Ramírez. Discos Antifaz / El Volcán
EL PAÍS
