La soprano Nadine Sierra volvió a redimir las carencias y a compensar los excesos de una función desigual en el Teatro Real. Como hace dos temporadas en Bilbao, su Juliette en la ópera de Charles Gounod brilló con luz propia por encima de un reparto notable con alguna mácula, de una dirección musical solvente pero poco inspirada y, sobre todo, de una producción escénica que, basada en el oxímoron shakesperiano, sucumbe demasiadas veces a su propio juego de contrarios.. Seguir leyendo. ‘Roméo et Juliette’. Música de Charles Gounod Libreto de Jules Barbier y Michel Carré, basado en la tragedia Romeo y Julieta (1597) de William Shakespeare. Nadine Sierra, soprano (Juliette); Javier Camarena, tenor (Roméo); Roberto Tagliavini, bajo (Fray Laurent); Benjamin Appl, barítono (Mercutio); Héloïse Mas, mezzosoprano (Stéphano); Laurent Naouri, bajo-barítono (Capulet); Maciej Kwasnikowski, tenor (Tybalt); Sonia Ganassi, mezzosoprano (Gertrude); David Lagares, bajo (Duque de Verona); Tomeu Bibiloni, bajo-barítono (Pâris); Josep-Ramón Olivé, barítono (Grégorio); Pablo Martínez, tenor (Benvolio); Javier Castañeda, tenor (Fray Jean), entre otros.. Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real.. Director del coro: José Luis Basso.. Dirección musical: Carlo Rizzi. Dirección de escena: Thomas Jolly.. Teatro Real, 27 de mayo. Hasta el 13 de junio.
Los excesos lumínicos contra el público provocan altercados en el estreno de una desigual producción de ‘Roméo et Juliette’, de Gounod, con un reparto notable, buenos conjuntos de coro y orquesta, y la solvente dirección de Carlo Rizzi
La soprano Nadine Sierra volvió a redimir las carencias y a compensar los excesos de una función desigual en el Teatro Real. Como hace dos temporadas en Bilbao, su Juliette en la ópera de Charles Gounod brilló con luz propia por encima de un reparto notable con alguna mácula, de una dirección musical solvente pero poco inspirada y, sobre todo, de una producción escénica que, basada en el oxímoron shakesperiano, sucumbe demasiadas veces a su propio juego de contrarios.. Más información. La cantante estadounidense, de ascendencia portuguesa y puertorriqueña, no solo posee la técnica ideal y todas las notas que exige el papel, sino también una visión propia del personaje: más actual y coqueta que virginal y sufriente. Lo demostró el pasado día 27 desde su primera aparición, cuando cantó embelesada ante lo que veía en el baile de los Capuleto, con una fermata de cosecha propia que ascendió hasta el re sobreagudo. A continuación, en el vals-arieta Ah, je veux vivre, desplegó brillantes roulades y trinos. Pero fue su timbre denso y arrebatador el que volvió a convertir la famosa air du philtre del cuarto acto, Amour, ranime mon courage, en la cima de la velada.. Sierra comenzó esta aria de la poción, que Fray Laurent entrega a Juliette para simular su muerte, frente al telón. Pero la dirección de Thomas Jolly, incapaz de confiar en la música de Gounod, materializó enseguida los miedos y las visiones terroríficas del personaje, con varios dobles fantasmales de la propia Juliette y la aparición de Tybalt.. Vista general del escenario durante el baile de los Capuleto del primer acto de ‘Roméo et Juliette’ de Gounod, el 27 de mayo en el Teatro Real.. El director de teatro y actor francés, que alcanzó una inmensa proyección internacional como responsable artístico de las ceremonias de inauguración y clausura de los Juegos Olímpicos de París 2024, ha realizado también incursiones puntuales en la ópera. Esta producción de Roméo et Juliette, estrenada hace tres años en la Ópera de la Bastilla, es sin duda la más conocida de ellas. Y también la más controvertida.. Como gran especialista en maratones shakesperianos, Jolly convierte la figura retórica del oxímoron, tan presente en el drama original —Romeo habla de “odio que ama” o “fuego frío”, y Julieta llama a su amado “tirano hermoso” y “demonio angelical”—, en el principio rector de su puesta en escena. Pero ese recurso resulta menos evidente en el libreto de Jules Barbier y Michel Carré, y todavía menos en la música de Gounod. Nada de eso detiene al régisseur, que aplica su idea a la imagen y a la dramaturgia: hace nacer el amor en el contexto de la peste, cruza la luz con las tinieblas, la fiesta con el luto y la pulsión de vida con la aniquilación.. Esos excesos provocaron gritos y altercados durante la representación del estreno. La iluminación de Antoine Travert enfocaba a veces más al público que al escenario, hasta el punto de que varios espectadores del paraíso tuvieron que taparse los ojos con el programa de mano para no quedar cegados. Al mareo lumínico, que impedía localizar muchas veces al cantante, especialmente en la marabunta del primer acto, se sumaban los giros constantes de la escenografía de Bruno de Lavenère, basada en una atractiva reproducción de la escalera de la Ópera Garnier. A todo ello se añadía el suntuoso vestuario de Sylvette Dequest, que combina rojos, dorados y negros con máscaras de carnaval veneciano y trazos góticos, y, sobre todo, las coreografías de Josépha Madoki, que introducen el waacking: esa danza urbana nacida en los clubes disco de las comunidades gay y afrolatinas de Los Ángeles durante la década de 1970, reconocible por sus convulsiones y latigazos espasmódicos al ritmo de la música.. El resultado añadió al baile en el palacio de los Capuleto la espectacularidad de un musical de Broadway, pero a costa de perder fluidez teatral e intimismo. Se comprobó en el primero de los cuatro dúos de Roméo y Juliette, el exquisito madrigal Ange adorable, convertido por Jolly en un extraño número coreográfico. Por fortuna, los otros tres duetos respetaron mucho mejor ese intimismo que tanto admiraban en esta ópera los críticos de la época de Gounod. Funcionó mejor, por ejemplo, el dúo del balcón del segundo acto, y también el de la alondra en el cuarto, aunque ahí volvió a aflorar el problema de la dirección de actores: un Roméo demasiado sumiso frente a una Juliette que parecía tomar siempre la iniciativa. En todo caso, la producción alcanzó sus mejores momentos en el tercer acto, con la divertida escena de la boda y las espectaculares luchas finales, y en el quinto, donde logró que la tensión escénica se conjugase por una vez con la música.. El tenor Javier Camarena ha profundizado en el papel de Roméo, que ha cantado en las últimas temporadas en Bilbao y Nápoles, siempre junto a Nadine Sierra. El mexicano entiende el personaje de Gounod desde un lirismo lánguido y soñador que no termina de casar con el timbre suntuoso de la soprano estadounidense. Empezó bastante rígido, y su célebre cavatina del segundo acto, Ah! lève-toi, soleil!, solo sobresalió por la seguridad de los agudos. Mejoró a partir del tercer acto y encontró su mejor momento en el quinto, aunque su interpretación acusó falta de peso en el registro central y un abuso del falsete desapoyado en las medias voces. No deja de ser significativo que estas funciones de la producción del Teatro Real estén dedicadas a la memoria de Alfredo Kraus, como pórtico de su centenario. El tenor canario fue, precisamente, el maestro supremo de esa voix mixte timbrada e impecablemente conectada en este mismo Roméo de Gounod.. La soprano Nadine Sierra (Juliette) y el tenor Javier Camarena (Roméo) en la escena final de ‘Roméo et Juliette’ de Gounod, el 27 de mayo en el Teatro Real.Javier del Real. Del resto del reparto destacó el barítono alemán Benjamin Appl, que debutaba en el Teatro Real como Mercutio. Gran liederista y último discípulo de Dietrich Fischer-Dieskau, brilló con personalidad, elegancia y precisión en la balada Mab, la reine des mensonges. También fue muy aplaudido el Fray Laurent del bajo italiano Roberto Tagliavini, que ya había cantado este personaje en versión de concierto en el coliseo madrileño hace once años. Su voz conserva solidez, contundencia y atractivo, aunque la naturalidad de su canto suena a veces demasiado neutra y distante. El joven tenor polaco Maciej Kwasnikowski fue una sorpresa por su autoridad y metal como Tybalt, mientras que el veterano barítono Laurent Naouri decepcionó como Capulet, con unos medios vocales mermados y un francés mascado. La excelente mezzosoprano francesa Héloïse Mas se metió al público en el bolsillo con su divertida encarnación travestida del paje Stéphano, sobre todo en la canción del tercer acto, Que fais-tu, blanche tourterelle. Y fue un lujo contar con la mezzo italiana Sonia Ganassi como la nodriza Gertrude.. Otro de los protagonistas de la noche del estreno fue el Coro Titular del Teatro Real, cuyos integrantes repartían octavillas a la entrada exigiendo condiciones salariales dignas, equiparables a las de otros teatros como el Liceu de Barcelona. Su actuación, una de las mejores de la temporada, confirmó una vez más su altísimo nivel profesional. Empezó con una magistral interpretación del coro del prólogo, Vérone vit jadis deux familles rivales, perfectamente empastado y con dinámicas exquisitas, y emocionó en el finale del tercer acto con el bellísimo coro de lamentos Ô jour de deuil! Ô jour de larmes!. La Orquesta Titular del coliseo madrileño rayó también a buena altura, aunque la dirección de Carlo Rizzi cosechó algunos abucheos puntuales tras el descanso y al final. El maestro milanés, buen conocedor de los loggionisti de su tierra, se los tomó con deportividad. Acaso fueron injustos, porque este experimentado director de ópera, que no pisaba el foso del Teatro Real desde La Cenerentola de 2001, se mostró plenamente solvente. Ofreció casi íntegra la versión de 1888 de la partitura de Gounod e incluso recuperó la Danse Bohémienne del mediocre ballet del cuarto acto. Destacó sobre todo en la gestión de los conjuntos, aunque se le pueda achacar cierta pesadez y trazo grueso, además de echarse en falta mayor inspiración en pasajes como la plana introducción del cuarto acto, con el tema amoroso confiado a los violonchelos divididos.. ‘Roméo et Juliette’. Música de Charles Gounod Libreto de Jules Barbier y Michel Carré, basado en la tragedia Romeo y Julieta (1597) de William Shakespeare. Nadine Sierra, soprano (Juliette); Javier Camarena, tenor (Roméo); Roberto Tagliavini, bajo (Fray Laurent); Benjamin Appl, barítono (Mercutio); Héloïse Mas, mezzosoprano (Stéphano); Laurent Naouri, bajo-barítono (Capulet); Maciej Kwasnikowski, tenor (Tybalt); Sonia Ganassi, mezzosoprano (Gertrude); David Lagares, bajo (Duque de Verona); Tomeu Bibiloni, bajo-barítono (Pâris); Josep-Ramón Olivé, barítono (Grégorio); Pablo Martínez, tenor (Benvolio); Javier Castañeda, tenor (Fray Jean), entre otros.. Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real.. Director del coro: José Luis Basso.. Dirección musical: Carlo Rizzi. Dirección de escena: Thomas Jolly.. Teatro Real, 27 de mayo. Hasta el 13 de junio.
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