El destino de un texto periodístico una vez leído (o no leído), afirma con razón Manuel Vicent (La Vilavella, 90 años), termina siendo, con más frecuencia de la que se cree, envolver un kilo de pescado. O de patatas si se prefiere. El gran reportaje, la entrevista del año, la nota informativa, la crítica: nada escapa de la cualidad perecedera de un periódico. Tampoco sus columnas. Ni las del propio Vicent, con su prosa poética e impresionista, con su tono memorialista, melancólico. “Yo veía que en los bares de Lavapiés”, recuerda el escritor, “la gente leía mi artículo. Pero bastaba con que llegara el camarero y preguntara qué iban a tomar para que esos miserables prefirieran una cerveza antes que a mí”.. Seguir leyendo
La editorial La Cama Sol presenta en Madrid un libro que recopila las columnas del escritor publicadas en EL PAÍS, acompañado por la obra del maestro del informalismo
El destino de un texto periodístico una vez leído (o no leído), afirma con razón Manuel Vicent (La Vilavella, 90 años), termina siendo, con más frecuencia de la que se cree, envolver un kilo de pescado. O de patatas si se prefiere. El gran reportaje, la entrevista del año, la nota informativa, la crítica: nada escapa de la cualidad perecedera de un periódico. Tampoco sus columnas. Ni las del propio Vicent, con su prosa poética e impresionista, con su tono memorialista, melancólico. “Yo veía que en los bares de Lavapiés”, recuerda el escritor, “la gente leía mi artículo. Pero bastaba con que llegara el camarero y preguntara qué iban a tomar para que esos miserables prefirieran una cerveza antes que a mí”.. Más información. Lo dijo en la presentación este lunes, en el Instituto Cervantes de Madrid, de su nuevo libro, Detrás de la herida, una recopilación de sus columnas — publicadas en este diario desde hace casi 50 años —, que además ilustra, en una especie de diálogo, la obra de Rafael Canogar (Toledo, 90 años), maestro del informalismo, pionero de la abstracción y miembro (el último con vida) del Grupo El Paso, que puso a España a la par de la vanguardia de la escena artística internacional a finales de los años 50. Quizá lo que faltaba para que aquellos insensatos madrileños tomaran sus textos más en serio y para que perduraran como la obra poética que finalmente son.. Como respuesta a la inmediatez informativa, el libro es, explicó el editor Javier Santiso en el acto, “un homenaje a la lentitud en tiempos acelerados y muy caníbales. Y un mano a mano entre un artista y un escritor”. Su editorial, La Cama Sol, lleva desde 2017 haciendo libros poco comunes. Todos dedicados a la poesía, con la ilustración de algunos de los más relevantes artistas contemporáneos —Sharon Olds con Juan Uslé, Ana Blandiana con Anka Moldovan…— y hechos como aquellos de finales del siglo XIX y principios del XX: con páginas que hay que abrir con un abrecartas. Por eso, aunque no es el primer libro de recopilaciones de las columnas de Vicent —en 2014 se publicó Radical libre (Círculo de Tiza)— sí es particularmente especial.. En él, las obras de Canogar, que comparte edad con el columnista, dialogan con los textos que antes acompañaban noticias. Son lenguajes distintos, pero que hablan de lo mismo. “Dos almas”, en palabras de Juan Cruz, presentador del evento y también prologuista del libro, “que cabalgan juntas”. Él junto con Santiso ideó el proyecto y convenció a Vicent para que buscara entre sus miles de columnas, las más poéticas y sus preferidas. El escritor delegó el trabajo a varios amigos que le ayudaron a elegir. “Una confluencia que atañe a muchísima gente porque, en el fondo, todos soñamos lo mismo”, contó. Y que sirvió también para llenar el acto de anécdotas, muy celebradas por el público; reflexiones de un mundo “manejado por un crupier que echa a rodar la bola, y dependiendo del número donde caiga, cambia la historia”; y del oficio de columnista donde “no hay que confundir tu gastritis con la Tercera Guerra Mundial que va a venir. “Uno siempre escribe la misma columna. De todas las que he escrito alguien podría sacar mis obsesiones, mis sueños, mis carencias. Ahí te vas vaciando”, explicó.. Vivencias de España. Lo comprueban bien los textos recopilados, algunos recientemente escritos. Ahí hay reflexiones sobre el arte, encuentros con grandes personalidades, anécdotas, pero también vivencias de la España de la posguerra, búsqueda de libertad y experiencias personales. En las letras, sobre todo, pero también en las pinturas que las acompañan. Porque, como explicó Canogar, ambos han vivido “la misma España, la misma historia, las mismas circunstancias”, y defendido las mismas ideas. Y en su obra, como en los textos del escritor, las vivencias “siempre han quedado muy reflejadas”.. Durante casi todo el acto, el toledano prefirió escuchar sereno, como deseando volver al lienzo pronto, las palabras de su “admirado amigo”. Lo elogió brevemente y rio como el resto de espectadores ante sus bromas. “La prosa poética de Vicent nos ha hecho felices a todos”, reflexionó. Quizá por eso, ha logrado cautivar a miles de lectores que, como prueba de ello, abarrotan desde hace tiempo cada evento al que asiste [últimamente varios homenajes o hasta la presentación de una película documental], y que este lunes formaban una larga fila afuera de la sede del Instituto a más de 15 minutos de empezar.. “Leer una columna en el periódico, buena, mala o regular, no tiene ninguna dificultad, pero si metes la columna en un libro que hay que abrir con un cuchillo es como entrar en la madriguera sagrada del arcano”, bromeó Vicent. Una madriguera que conoce bien porque además de su dilatada trayectoria en los periódicos, sus celebrados libros lo han llevado a ganar premios como el Alfaguara de novela (el único autor que lo ha ganado dos veces) o el Nadal. “La poesía no está al alcance del periodismo”, dijo Cruz, “pero tenemos la suerte de que el periodismo a veces se nutre de la poesía”. Y Manuel Vicent lleva haciéndolo casi medio siglo. La poesía, en verso o en prosa, merece algo más que abrigar pescados.
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