Hasta hace un par de meses, Alif Hilal (Estados Unidos, 35 años) tenía el nombre artístico de Lyra Pramuk. Lo acaba de modificar tras convertirse al Islam. Su acercamiento a esta tradición, apunta la artista que vive en Berlín, conecta con una búsqueda que ya estaba presente en su música: la espiritualidad. En el escenario, la voz de Hilal se multiplica y se estira hasta dejar de parecer humana. Reaparece convertida en una masa eléctrica o en los sonidos de un animal imposible.. Seguir leyendo
Hasta hace un par de meses, Alif Hilal (Estados Unidos, 35 años) tenía el nombre artístico de Lyra Pramuk. Lo acaba de modificar tras convertirse al Islam. Su acercamiento a esta tradición, apunta la artista que vive en Berlín, conecta con una búsqueda que ya estaba presente en su música: la espiritualidad. En el escenario, la voz de Hilal se multiplica y se estira hasta dejar de parecer humana. Reaparece convertida en una masa eléctrica o en los sonidos de un animal imposible. Seguir leyendo
Hasta hace un par de meses, Alif Hilal (Estados Unidos, 35 años) tenía el nombre artístico de Lyra Pramuk. Lo acaba de modificar tras convertirse al Islam. Su acercamiento a esta tradición, apunta la artista que vive en Berlín, conecta con una búsqueda que ya estaba presente en su música: la espiritualidad. En el escenario, la voz de Hilal se multiplica y se estira hasta dejar de parecer humana. Reaparece convertida en una masa eléctrica o en los sonidos de un animal imposible.. Esta compositora, formada en música clásica, visitó Madrid por primera vez en abril pasado con un concierto en La Casa Encendida, donde explora el potencial de la voz y reivindica una inusual forma de música devocional, en la que confluyen la mística, la teoría cuir, las máquinas y la tradición coral.. Pregunta. Pasó de cantar en coros de iglesia en Pensilvania a actuar en raves europeas. ¿Qué conexiones emocionales encuentra entre esos dos espacios aparentemente opuestos?. Respuesta. En el coro de la iglesia hay muchos cuerpos y se unen con un propósito común. Esos cuerpos vibran y crean sonidos en conjunto. Es algo muy hermoso. En el club, en la cultura del delirio y el rave, ocurre algo muy similar.. P. ¿Es siempre así?. R. Solo si las personas están conectadas. Tienen que bailar o de lo contrario es una mala fiesta. Hay que ser muy valiente, moverte de verdad y ser libre. En las mejores, todos dan rienda suelta a algo de sí mismos y se unen como un enjambre.. P. En sus canciones, la voz parece desmaterializarse.. R. Creo que soy una persona más observadora y analítica, y por eso opté por este camino. Toco con mi voz de una manera libre e intuitiva y luego trabajo con ese material. Esa la base de mi práctica. Hago canciones despacio, me tomo mi tiempo porque quiero que la obra siga siendo rara, que no pierda su extrañeza. No quiero hacer canciones que suenen como las de los demás.. P. ¿Alguna vez consideró expandirla hasta el terreno de lo mainstream?. R. He meditado mucho sobre esto. Permanecer en un espacio más intelectual y pensar como un compositor es un lugar seguro para mí. Hay gente con mucho talento que hace música más convencional y lo hace desde el corazón. A mí eso me resulta difícil. Sentirme cómoda hablando en público y compartiendo mis vulnerabilidades de por sí ha sido un viaje largo.. P. ¿Y disfrutas de la electrónica más mainstream?. R. Hay mucha música electrónica que se está generalizando, pero creo que esto ya viene sucediendo desde hace tiempo. Ahora hay menos dinero para la música electrónica experimental porque la industria se comercializó un poco más gracias a las redes sociales como TikTok e Instagram, pero sé que va a haber otra ola de música experimental muy rara y que vendrá de personas que no forman parte de esos sistemas. Personas que digan “no me importa, voy a hacer lo que quiera hacer”. Y eso es muy importante. Hacer arte experimental de una manera honesta cambia realmente la cultura.. P. ¿Ha sido Berghain de Rosalía un paso de la electrónica hacia las grandes masas? ¿Le gustó?. R. No, pero me gusta Rosalía. Es un poco complicado responder porque sé mucho de música clásica. La estudié y me encanta. La he escuchado toda mi vida. Y con mi último álbum, con Himnel, estaba haciendo algo con cuerdas clásicas. En esa canción de Rosalía hay muchas muestras, casi parecidas, de diferentes partes de la historia de la música clásica, pero casi a modo de broma. Y luego, cuando el título es Berghain, es como: “Oh, definitivamente se trata de una broma”.. P. Sus álbumes oscilan entre lo sacro y lo electrónico, entre canto gregoriano y club. ¿Buscaba conscientemente este resultado?. R. Estaba interesada en explorar la posibilidad de hacer un álbum de música electrónica solo a partir de la voz para que pareciera mitad acústico: una voz física y la otra mitad electrónica. Si los mezclas de esta manera, es como una quimera de la mitología. Como una criatura que tiene partes del cuerpo de dos o tres animales diferentes. Es un solo animal, pero es como si tuviera muchas almas diferentes, o como si fueran diferentes animales en uno.. Creo que ser trans también influyó en mi forma de pensar al respecto. Es como una forma trans de pensar en mi propia voz. Nosotras somos como una quimera, mezclando cosas que no deberían mezclarse.. P. ¿Es el arte un lugar donde se puede explorar el género sin etiquetas?. R. Sí, en muchos aspectos de la cultura. Creo que el poder de la música electrónica, que me encanta, es que puede convertirse en un espacio en sí mismo. Está el mundo real y, luego, está la eternidad. Y hay un espacio en la música electrónica que conecta esos mundos. Por eso tiene un enorme potencial para transformar la cultura y también a nosotros mismos. Es, al mismo tiempo, profundamente política y profundamente poética.. P. ¿Dónde están los límites del arte? ¿Existen para usted?. R. La verdad es que no quiero límites. Quiero seguir explorando sin tener limitaciones.. P. ¿Qué relación tiene con el lenguaje cuando lo lleva al límite de lo comprensible?. R. Cuando estudiaba música, empecé a interesarme por la poesía y las obras musicales que llevaban el lenguaje al extremo, como lo hacía el movimiento dadaísta. En Europa había cosas como la quiebra, y siempre me fascinó lo que se puede hacer en el estado fracturado. Lo disfruto, es un placer para mí jugar con las palabras en mi boca.. P. Si en su disco Fountain exploraba la voz individual y en Delta también la comunidad, Hymnal parece abrirse a lo no humano. Aquí introduce procesos como el uso de moho mucilaginoso. ¿Qué le interesa de ceder parte de la composición a inteligencias no humanas?. R. Al trabajar con el moho mucilaginoso, percibes su inteligencia a medida que crece. Es evidente que los animales y otros seres vivos poseen formas de inteligencia. Decir que no me parece una locura.. Trabajar con este organismo es un gesto pequeño, pero también muy poderoso. La naturaleza me interesa muchísimo. Paso mucho tiempo en ella, hago senderismo por los bosques y me gusta caminar junto al mar. Pero existen innumerables formas de colaborar con estos mundos, en lugar de limitarnos a observarlos o explotarlos.. P. ¿Cómo influyó su experiencia en la pista de baile en la arquitectura de su música?. R. He pasado tanto tiempo allí que creo que una gran parte de lo que pienso es cómo se crean sonidos que no interrumpan la atención de la gente. No soy una muy buen DJ. Empecé a pinchar hace un par de años y lo disfruto mucho, pero todavía estoy descubriendo qué significa para mí.. Es algo que está tan integrado en mi cuerpo ahora, porque he estado yendo a discotecas durante tantos años y escuchado con tanta intensidad, sintiendo. No es algo en lo que piense intelectualmente.. P. ¿Qué busca que experimente el público cuando escucha una canción o álbum suyo?. R. Mi música es realmente sagrada para mí, y nunca he hecho concesiones al respecto. Por eso, cuando la escucho me siento muy orgullosa. Siento que realmente es lo que quería hacer y cómo quiero que se sienta: muy espiritual y profundo. Eso es lo que quiero ofrecerle a la gente.
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