La última tarde del maestro en la temporada de la Maestranza fue un desastre sin paliativos con una corrida desfondadísima; todo salió al revés y queda el Alpe D’huez hasta Zaragoza pasando por Madrid Leer
La última tarde del maestro en la temporada de la Maestranza fue un desastre sin paliativos con una corrida desfondadísima; todo salió al revés y queda el Alpe D’huez hasta Zaragoza pasando por Madrid Leer
La última tarde de la temporada en la Maestranza fue un verdadero desastre, un despropósito sin paliativos. Un espeso borrón en el rico currículo en esta plaza de Garcigrande, que naufragó como el Titanic. Pero no solo Garcigrande, claro: Morante de la Puebla se fue a pique con Justo Hernández. Existe una responsabilidad compartida. La corrida no parecía traer la categoría lujosa que merece Sevilla. A lo peor sería por su vaciedad o por cómo se movió. O, mejor dicho, por cómo no se movió. Predominó la imagen de saldo, tan desigual y en escalera, ahondada por un sobrero feísimo -increíblemente feo con la máxima figura en el cartel- del mismo hierro. Sustituyó a un toro que, con una nube en el ojo, había pasado los reconocimientos veterinarios y la revisión de tres cuadrillas, tres. No hubo en dos horas y pico noticias del poder, ni de la bravura, ni de la clase de los garcigrandes, apuntada tan solo a última hora entre el ahogamiento de la raza. El desfondamiento fue generalizado.. Todo esto sucedía al día siguiente de una impecable y brava corrida de Jandilla. El escarnio se hacía mayor. José María Garzón no debería escapar, pero Garzón también estaba ayer. Llovía sobre mojado con la memoria del Corpus. ¿Domina Morante el campo bravo como debería un figurón del toreo? Todo, absolutamente todo, salió al revés. Incluso un tipo con la preclara lucidez de Daniel Luque se empanó para pretender lucir de largo en el caballo al toro de mayor son y categórica presencia de la corrida, ¡tal y como estaba saliendo! Luque hilvanó luego lo demás con su prodigiosa técnica y su temple. Borja Jiménez ni contó. Borja es la némesis de Daniel. La gente se desesperó demasiado educada.. En los albores del desastre, Jesús Bayort, el periodista de Canal Sur, había preguntado a Morante de la Puebla a la salida del hotel Colón, lo siguiente: «Maestro, ¿podemos decir que Morante hará temporada en 2027?». Y el maestro respondió breve: «No lo sé». Morante afrontaba su quinta y última cita en Sevilla y había colgado un nuevo «No hay billetes». La coda a otro año glorioso en la Maestranza alcanzaría el grado de debacle. La expresión del maestro, antes, durante y después, se antojaba un poema. Una cierta sombra, un agotamiento cierta. Queda hasta Zaragoza, pasando por Madrid, el Alpe d’Huez. Preocupante.. A las 18.50 habían pasado dos toros y no había pasado apenas nada. En descargo de los dos vacíos pupilos de Garcigrande, de muy diferente tipo, conviene decir que se picaron muy mal. No es excusa. Morante abusó de la acorazada de picar en sus turnos; inédito con el capote, sin opciones. Ante su emplazado primero, montado y tardo, esbozó unos sabroso ayudados por alto y voló la izquierda en un maravilloso natural. Un espejismo. Tras una serie de empacados derechazos, el toro se paró a plomo. Morante insistió poco más, se dobló, macheteó con torería decimonónica y metió hábilmente el brazo con la espada.. Más ligero, bajo y terciado, el siguiente garcigrande vino a dar finalmente el mismo resultado con su apagada bondad y su quebrado poder. Ni con toda la suavidad que imprimió Daniel Luque resistió. Anoté un buen saludo a la verónica y un quite del propio Luque por cordobinas y tafalleras, y la réplica de Borja Jiménez por chicuelinas y una media de amplio vuelo. Jiménez había tomado nota y apenas castigó al liviano tercero en el caballo. Fue un toro distraído y desordenado que se desordenó aún más con los toques de Jiménez desde Espartinas…. A las 19.33, Morante ya salió con la espada de verdad para aliviarse con aquel sobrero realmente feo que saltó como cuarto bis. Un espadazo y bronca. A las 19.45, Luque decidió absurdamente poner en largo al quinto, una seria pintura: el lanzazo y el costalazo dolieron. Un par de quites de Daniel -por rufinas- y otro de Borja -por delantales- para no ahorrar en gasto… Esas cabezas. Después, las buenas notas no durarían a pesar de todos los cuidos y el impecable trato. Un arrimón final cuando el garcigrande se paró; una estocada arriba; una ovación.. A las 20.10 sonó la música para despedir al tercero de la cuadrilla de Jiménez, Luis Blázquez, que cumplió discretamente en el último par y se desmonteró con la plaza en pie. No entendí nada. Borja brindó a la infanta Elena y tres minutos después, cuando se templaba con el mínimo sexto de quebradiza bondad, le pegó un muletazo en redondo de tal exigencia que el toro se echó. Fin del triste cuento.. GARCIGRANDE Morante, Daniel Luque y Borja jiménez. PLAZA DE LA MAESTRANZA. Domingo, 27 de septiembre de 2026. Última de feria. Lleno de «No hay billetes». Toros de Garcigrande y un sobrero del mismo hierro (4º bis); muy desiguales de presentación; sin poder ni bravura, desfondados.. MORANTE, DE CORINTO Y ORO. Trasera y desprendida (saludos); estocada casi entera (bronca).. DANIEL LUQUE, DE NAZARENO E HILO BLANCO. Estocada y descabello (silencio); estocada (saludos).. BORJA JIMÉNEZ, DE ROSA Y ORO. Estocada muy contraria y delantera y descabello. Aviso (silencio); pinchazo y estocada muy contraria (silencio).
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