“¿Te sabes el teléfono de mamá?”. La primera pregunta del guarda de seguridad no es muy rock and roll. Las parejas madre-niña somos mayoría a las 16.30 entre el público que empieza a llegar a la colorida entrada del Macondo Park que acoge la residencia musical de Shakira (13 conciertos, el último el día 12) en Madrid. “Estamos recomendando que se lo apunten en el brazo”, dice el segurata, pero la niña, que se llama Lupe, tiene 11 años y hoy lleva rímel, bate las pestañas en un gesto de autosuficiencia mientras recita el número.. Seguir leyendo
Con fanatismo compartido, madres y niñas han poblado la residencia de Shakira en Madrid que se despide este lunes. Un ocio intergeneracional que cambia los vínculos familiares y la naturaleza de algunos espectáculos
“¿Te sabes el teléfono de mamá?”. La primera pregunta del guarda de seguridad no es muy rock and roll. Las parejas madre-niña somos mayoría a las 16.30 entre el público que empieza a llegar a la colorida entrada del Macondo Park que acoge la residencia musical de Shakira (13 conciertos, el último el día 12) en Madrid. “Estamos recomendando que se lo apunten en el brazo”, dice el segurata, pero la niña, que se llama Lupe, tiene 11 años y hoy lleva rímel, bate las pestañas en un gesto de autosuficiencia mientras recita el número.. Las amigas Victoria y Manuela, de 13 años, con sus madres, Mercedes y Sandra y la pequeña Julietta.. Nada más entrar, señala a un grupo de dos mujeres y tres niñas. “Entrevista a esas, que mira que mona va la pequeña”. Todas las entrevistas serán dirigidas así, por los estilismos. El grupo viene de Ibiza, Victoria y Manuela, compañeras de clase de 13 años, han liado a sus madres; “aunque no les costó mucho porque todas somos muy fans”, dicen Mercedes (53) y Sandra (45). La más pequeña, Julietta, de ocho, lleva una ondulada melena rubia, top ombliguero y el pañuelo con monedas que decora las caderas de la mitad del público asistente. “¡Miralá, si es que es minishaki!”, celebra su madre.. El otro complemento ubicuo en la suerte de parque temático de la de Baranquilla es la peluca morada que lucía en el videoclip de Las de la intuición. La llevan puesta José de 44 años y Claudia, “de nueve para 10”; es decir, nació una década después de que se estrenase la canción en 2007. Él ya la ha llevado a ver a Amaia y a Arde Bogotá y le ha regalado de sorpresa estas entradas que admite él también va “a disfrutar a tope”. Juntos se han pintado las camisetas con los lemas de la artista a la que han venido a ver desde Cantabria.. José, de 44 años y Claudia, “de 9 para 10”, viajaron desde Cantabria para ver a Shakira en Madrid el pasado domingo.. “El ocio con un público intergeneracional permite una experiencia de conexión fuera de los roles que suele haber en casa”, dice Diana Al Azem, docente y divulgadora de Adolescencia Positiva. La madre puede dejar de poner límites y la hija de pedir permiso. “Durante unas horas ninguna de las dos necesita desempeñar su papel, pueden dedicarse a emocionarse y compartir algo que simplemente les gusta ambas. Educar también implica conectar y fortalecer el vínculo”.. De niñas a Naiara, 42, y Zuriñe, 39, sus madres como mucho las llevaron a ver “la orquesta de la verbena”. Ellas se han venido de Bilbao con Haizene, Akane y Alize, de 12, 10 y ocho años, en un “plan de chicas en el que ni se planteó que viniesen los maridos”, dicen. “Nos hemos venido muy arriba”, valoran calculando el gasto: 100 euros por entrada, 150 de hotel por cada dos, otros 100 en ubers… más los estilismos (sudaderas de la artista, la versión Aliexpress del atuendo de la gacela de Zootropolis). “Merece la pena porque son momentos que creas y que se quedan con ellas”, dicen las madres, esperando que las hijas sigan queriendo ir a conciertos con ellas cuando entren en la adolescencia, “aunque sea por el precio de las entradas”.. La inversión lo merece opina María Ángeles Valdemoro, profesora de la Universidad de La Rioja y coordinadora del grupo de investigación DESAFÍO (Desarrollo, Educación Social, Actividad Física y Ocio): “Años más tarde, probablemente cueste recordar cuánto costó la entrada, pero no olvidaremos cómo nos sentimos y con quién lo compartimos. Más allá del espectáculo, lo realmente valioso es lo que sucede alrededor: la emoción de esperar ese día, el viaje, las conversaciones o los vídeos que después se vuelven a ver en casa. La complicidad”.. Diego y Ana, hermanos de Madrid de 11 y siete años, maqueados de Bizarrap y Shakira.. Parece que al público también le compensa, porque a pesar de la escalada de precios, los conciertos y la música en directo recaudaron en España unos 807 millones de euros en 2025, un 11,2% más que el año anterior y el cuarto año consecutivo de crecimiento desde el desplome de la pandemia, según el último Anuario de la Música en Vivo de la Asociación de Promotores Musicales. Entre las giras más exitosas, nombres como Aitana, Manuel Carrasco, Lola Indigo o Sebastián Yatra que convocan mucho público intergeneracional.. Ana y Carmen, hermanas de 46 y 41 años de Altea, que han venido con sus hijas, Sofía y Sara de nueve y ocho,. El adjetivo no es gratuito. En Shakira el público no es familiar, las madres (y padres, aunque menos) milenials y generación X no acompañan a sus hijas (e hijos, aunque menos también) como sus progenitores boomers los llevaban a ver, pongamos, Cortilandia o Ana Belén y Víctor Manuel, algo impuesto por una de las dos partes. Aquí el gusto es plenamente compartido. Lo explican Ana y Carmen, hermanas de 46 y 41 años de Altea (Alicante), que han venido con sus hijas, Sofía y Sara de nueve y ocho, de total look rosa chicle. Todas llevan pedrería adhesiva en el rostro y pelean medio en broma para demostrar quién es más fan de la colombiana mientras defienden sus canciones favoritas. Se alinean por parentesco, no por edad, Carmen y Sara, eligen La fuerte, Ana y Sofía, Las mujeres facturan (Session 53), ambos temas producidos por Bizarrap narran el dolor y el enojo de la ruptura de la cantante con el exfutbolista Gerard Piqué, una temática poco infantil.. Lo corrobora la experta de la Universidad de la Rioja: La asistencia de madres con hijas pequeñas “dice mucho sobre cómo han cambiado las formas de estar juntos. Hace unas décadas las familias compartían más vida cotidiana en casa, en el barrio, en la calle o en las reuniones familiares. Hoy vivimos con agendas más apretadas y buscamos momentos que tengan un significado especial. En las investigaciones de DESAFÍO observamos que cuando el tiempo compartido escasea, aumenta el valor que damos a las experiencias compartidas. Un concierto, un viaje o una escapada se convierten en pequeños hitos familiares. Son ocasiones para construir una historia común. El ocio familiar no es mejor ni peor que el de otras épocas, pero sí responde a nuevas necesidades. En un contexto marcado por las prisas y las pantallas, valoramos más aquellas experiencias que nos ayudan a compartir tiempo de calidad y a reconectar”.. La magia comercial del pop mainstream intergeneracional es que apela tanto a una generación de adultos que siguen sintiéndose jóvenes, como a una generación de prepúberes que crecen cada vez más deprisa hacia la adolescencia. “Yo lo leería de una forma diferente”, dice la profesora Valdemoro. “Más que una infantilización de los adultos o una maduración acelerada de las niñas, surgen nuevos espacios culturales compartidos. Es revelador que muchas de esas madres no van a ver a Shakira únicamente para acompañar a sus hijas. También quieren estar allí. Disfrutan del concierto tanto como ellas. Las experiencias que más fortalecen los vínculos son aquellas que tienen sentido para todas las personas implicadas. Las que no se viven como una obligación. Cada etapa de la vida necesita sus propios espacios, pero es una buena noticia que existan actividades capaces de entusiasmar a madres e hijas al mismo tiempo”.. Aunque ojo, ir con tu madre a cualquier sitio no es un plan de “amigas amigas”. No todo es sintonía. La hija de quien escribe tiene una pregunta en la manga para demostrarlo: “¿No os da un poco de vergüenza como se ponen vuestras madres en los conciertos?”. “Mucha”, responden las primas de Altea, “¡bailan mucho, mal y raro!”. “Gracias chicas”, nos carcajeamos las madres.. A la izquierda, Andrea (41), con su miniclon Olivia (10). A la derecha, Jona (37) y Sofía (nueve).. No todas son así. Jona (37) y Sofía (nueve), que son idénticas aunque no fuesen vestidas y peinadas igual (jeans, blazer blanca y una gruesa trenza morena) ha venido desde Roma porque la pequeña quería un plan de chicas “con mamma solo para ella” (sin su hermano de dos años que se ha quedado con el padre). “Me derritió de amor la propuesta”, dice Jona. La venezolana Andrea (41) ha venido también con su miniclon Olivia (10) y un grupo de madres y niñas del cole, aunque admite que también habría podido venir sola con amigas porque es fan de la “Shakira original de Pies descalzos” el álbum de 1995 (la niña es más de Dai Dai, 2026). “Estas cosas no se olvidan”, dice Andrea, “yo aún recuerdo con cariño como mi padre me llevó a los Backstreet Boys y me subió a una caja de cervezas para que viese mejor”.. Los promotores no son ajenos al negocio de la explosión del público infantil en los macroconciertos. En el de Shakira hay un pabellón para ellos, Macondito, promocionado por Disney, con un mago, bar de pócimas, pintacaras, cuentacuentos… Y un karaoke en el que los hermanos Ana, de 11, y Diego, siete, han cantado Un mundo ideal de Aladdín, “delante de un montón de gente”, presumen. Llevan el mejor estilismo de pareja, ella va de minishaki y él, gafas polarizadas (del “bazar, como dice mamá que se dice”) y chupa de cuero, de Bizarrap. Les acompañan su madre y su tía, que les han avergonzado un poco en el tren bailando y cantando antes incluso de llegar al recinto. Tienen 43 y 48 años. “Casi como Shakira… pero claro, no es lo mismo”, dice la niña con una sonrisa pícara.. Shakira junto al grupo de baile Ghetto Kids en un momento del concierto. Nicolas Gerardin (EFE). Crónica del concierto de Shakira de una niña de 11 años. Por Lupe Aguayo Gosálvez. Estuvo bien, pero fue cansado. Tengo algunas quejas, si quieres saber más sigue leyendo. Lo que más me gustó fueron los estilazos de las divas del público y las tiendas (aunque mi madre no me compró nada porque era todo caríiiiiiiisimo). También la comida de diferentes países, aunque la comida dulce y salada están separadas y te lías mazo buscando los gofres. Sobre todo me gustó que estaba todo sorprendentemente limpio.. Ya en el concierto, me encantó que saliesen niñas y niños en el escenario bailando, los fuegos artificiales, las canciones que me sabía… Pero si estás leyendo esto por las quejas aquí van: el sitio es creativo y colorido, pero lo abren muy pronto y cuando empieza el show algunos mayores ya están borrachos, y tú cansada y en nuestro caso además empapadas porque llovió. Del concierto no me gustó nada la ShakirIA, un nombre que me he inventado para los vídeos que ponían entre canciones de un avatar creepy por ordenador de Shakira que daba bastante miedo… No entiendo para qué, porque ella se pasa el día en el gym y baila como una diosa, qué necesidad. ¿Igual se pensaban que iba a quedar más moderno? Tampoco me gustó que había mucha gente vapeando en las gradas y molesta.. Los estilismos y los bailes estaban bien, pero eran todos un poco iguales, mucho brilli brilli y colores, tops y faldas de pañuelos, mucho mover las caderas. Me gustó más Rosalía, porque aunque las canciones me las sé menos, no son todas tan iguales y pasa de Motomami a cantar ópera.. Lo bueno o lo malo, si vas al concierto con una madre como la mía, es que baila a lo loco y aunque no tenga ni idea de la letra tararea inventándosela y gritando cosas como “Latina, latina, Shakira, Shakira” y aullando “Aaaauuuu”, aunque bueno, eso estuvo gracioso.. Los taxis para volver estaban lejíiiiiiiiiisimos y había mogollón de cola. Si puedes ir en Metro igual es mejor. El sitio es enorme y había mucha gente, me dice mi madre que como 30 estadios de fútbol y 50.000 personas; las mismas que en toda la ciudad de Ibiza, para que te hagas una idea. Así que si te toca atrás del todo se te acaba de arruinar el concierto. Entre las cosas buenas, los miniconciertos estaban genial, yo me comí el gofre de la victoria mientras mi madre bailaba con Guitarricadelafuente.. Del concierto de Shakira, además de ella, que es una diosa, me gustaron las 10 reglas de las lobas que pusieron en las pantallas, sobre todo “No renunciar al espíritu salvaje”, y que sacaran una loba gigante al escenario con ojos de láser muy guay. En general estuvo muy bien. Pero acabo con un tip para las que vayáis a ir: aunque te dan chubasquero a la entrada, llévate un mini paraguas por si acaso.
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