La Fundación Antonio Pérez, en Cuenca, celebra el centenario del nacimiento de Millares con una exposición que recuerda su cara más rebelde, a la vez que se reedita su poesía y se restauran sus películas
Le bastaron 15 años escasos para mostrar al mundo una de las obras más importantes y desafiantes de la segunda mitad del siglo XX español. Manolo Millares (Las Palmas de Gran Canaria, 1926-Madrid, 1972) murió con solo 46 años, un tiempo durante el que su profundo sentimiento anticlerical le llevó a realizar sus míticas series sobre curas y monjas, a denunciar la rapiña con la vivienda y el turismo y, sobre todo, a experimentar todas las posibilidades del arte contemporáneo.. Más información. Autodidacta y artista precoz, evolucionó del surrealismo de sus pictografías isleñas al informalismo del Grupo El Paso. Armado con trapos pintados de rojo y tejidos rasposos, creó las antropofaunas sin parar nunca de dibujar. Pintor, poeta, editor y cineasta, en el centenario de su nacimiento la Fundación Antonio Pérez, en Cuenca, le dedica una gran exposición: Manolo Millares, rebelde(hasta el 24 de enero de 2027), en la que están presentes todos sus temas y soportes.. El centenar largo de obras que se exhiben proceden en su mayor parte de la colección familiar que gestiona su hija menor, Coro Millares. Junto al catálogo se han reeditado dos libros: Ahora se quedó la prisa quieta, que reúne su obra poética, y la reedición facsímil de Memorias de una excavación urbana y otros escritos. El museo Reina Sofía contribuye al homenaje con una pequeña exposición de un solo cuadro (Personaje caído I, 1970) y la restauración de varias películas experimentales filmadas en formato súper 8 con su esposa, la también escritora y pintora Elvireta Escobio. Los cortos estarán listos para su proyección en el museo a mediados de diciembre.. La muestra de Cuenca, inaugurada el 2 de octubre, ha sido comisariada por el historiador y crítico Alfonso de la Torre. Especialista en arte español contemporáneo, el investigador explica que es la gran exposición homenaje del centenario del artista. Más allá de recopilar su obra artística, el concepto expositivo se centra en analizar todas las facetas y maneras con las que mostró su carácter rebelde, porque “la rebeldía fue la esencia de su ser y así lo demostró frente a su familia, frente a la pintura tradicional, frente al régimen político, frente a la condición humana”, resume el comisario.. El imponente edificio que se asoma a las hoces de los ríos Huécar y Júcar está íntimamente ligado a la vida y obra de Millares y por eso ha sido el elegido para esta gran exposición. De la Torre cuenta: “Se sentía tan canario como conquense. Conoció al artista y coleccionista Antonio Pérez a finales de los años 50 y aquí compró casa con su mujer, Elvireta Escobio, en 1964 [en esa casa está ahora su archivo]. Cuenca fue el primer reducto de modernidad en España. El museo, nuestro primer museo democrático, se creó con la colección de Zóbel en 1966. Y allí llegaron muchos de los artistas de eso que se llamó la generación irrepetible, y otros muchos intelectuales, coleccionistas, críticos, directores de museos, incluso internacionales”.. Retrato de Manolo Millares en su estudio, hacia 1970.ARCHIVO FAMILIAR. Como figura esencial del arte español del siglo XX, el comisario destaca la capacidad de Millares para cuestionar la pintura. Desde el plano terso del lienzo empezó a trabajar con la búsqueda de lo que él llamó “la dimensión perdida, esos hoyos infinitos de misterio”. La destrucción y el amor, dirá, “corrían parejos por páramos descoyuntados”.. Sus obras más irreverentes son sus series de dibujos de tintes anticlericales y sociales, ampliamente representadas en la exposición. “Los dibujos contra los curas”, explica De la Torre, “los pintó en connivencia con Antonio Pérez y la serie (unos 44) presidió el altar desacralizado de esta capilla, o contra la Inquisición (las carpetas Auto de fe, de 1967, y Torquemada, de 1970). Luego, relecturas u homenajes al miliciano de Robert Capa, al guerrillero muerto, a las vanitas: Sarcófago para Felipe II o El sueño del príncipe. Empuñando pinceles y la daga de la obra artística combatió el fascismo, simbolizado en la serie Mussolini, evocando al dictador y a su esposa colgados de la pérgola milanesa”.. En Cuenca, junto al patrimonio familiar, se exhiben algunos préstamos de coleccionistas. Ante una obra de unas 550 pinturas y numerosas series, según el catálogo razonado, hay una notable representación en colecciones extranjeras. Durante la década de 1960, Millares logró reconocimiento internacional después de fichar con las galerías Pierre Matisse y Daniel Cordier, dos de los marchantes más influyentes del panorama mundial de mediados del XX. Las exposiciones que le dedicaron en París y Nueva York, entre otras muchas ciudades, le llevaron a formar parte de las colecciones de la Tate, el MoMA, el Guggenheim o el Pompidou. En España, el mayor número de obras (30) se encuentra en los fondos de la colección del Reina Sofía.. Coro Millares (Madrid, 55 años), hija del artista, restauradora de jardines históricos, es la albacea de su obra, una labor que durante décadas realizó su madre, Elvireta Escobio (94 años). Su hermana mayor, Eva, reside desde hace años fuera de España, de manera que es Coro quien ejerce de cuidadora del legado paterno. Del padre guarda los recuerdos que le han inculcado, porque murió cuando ella contaba poco más de año y medio. El primer síntoma de su enfermedad irreversible (un tumor cerebral) se produjo cuando tenía a la pequeña en brazos y la pérdida de conocimiento hizo que el bebé cayera al suelo. Apenas un año después, Millares murió el 14 de agosto de 1972.. Dibujo de Millares de la serie ‘Mussolini’, de 1971.FUNDACIÓN ANTONIO PÉREZ. Como responsable del legado, su hija trabaja en la digitalización del archivo Millares, colabora muy activamente en las exposiciones que le dedican a su padre y, lo más desagradable para ella, en expulsar del mercado las falsificaciones que intentan colarse a través de las subastas. “La mitad de las peticiones de certificación que me llegan son falsas”, lamenta. “Lo peor es que la ley impide su destrucción. Deberíamos poder hacer como Barceló, que quemó 11 pinturas falsificadas en un patio del Museo Reina Sofía”. Sus galeristas españoles son Leandro Navarro en Madrid y Mayoral en Barcelona.. Satisfecha con la exposición de Cuenca, cree Coro Millares que hay un cierto olvido institucional respecto a la obra de su padre. De hecho, ofrecieron al Reina Sofía celebrar el centenario en sus salas, pero la respuesta fue que no realizan conmemoraciones y que la última, y muy completa, fue en 1992. “Hay gente de la edad de mi hijo, 18 años, que no ha podido contemplar la modernidad de la obra de mi padre. Es fascinante ver a través de sus ojos el retrato de los buitres con la vivienda o las hordas de turistas que destruyen las islas. Su modernidad y rebeldía son eternas”.. Cineasta. La obra cinematográfica de Millares, poco conocida fuera de los círculos artísticos, se proyectará a partir de diciembre (no se sabe aún la fecha) en el Reina Sofía. Chema González, jefe del departamento de Cine y Nuevos Medios del museo, explica que ya han restaurado tres cortos: Millares 1970, una pieza en la que contrapone los restos materiales de la Guerra Civil (metralla, búnkeres, paisajes de batalla) con foto documental de milicianos en panorámica de arpilleras y realización de una batalla en directo con ecos visuales a las mismas formas de la guerra, con música de Pierre Schaeffer y cámara de Alberto Greco. El segundo corto, Eros-Taro (1969), está rodado en la Casa Taro de Tahíche, la actual Fundación Casa César Manrique, donde el artista muestra a su mujer Elvireta en distintas poses y situaciones dentro de una existencia ideal y aislada de cualquier otra comunicación, con tintes del Antonioni de La aventura (1960). El tercero, Millares 68 (1968), es un preclaro comentario sobre la creciente ocupación turística en Canarias y, por extensión, las nuevas políticas del régimen franquista: vistas de la playa de Canteras saturada de visitantes. Montados pero sin terminar hay otros dos trabajos: uno trata de excavaciones íberas y tumbas antropomorfas. A falta de sonorizar, el filme muestra las conexiones evidentes con las influencias culturales de las arpilleras y su relación con la arquitectura funeraria. El último trabajo por restaurar, pendiente de remate, es Millares 1970. Aquí el neurólogo Alberto Portera, coleccionista y cineasta aficionado, filma a toda esa generación de artistas en el acto de producción artística. Millares, en vez de simplemente construir una arpillera, decide performar ante la cámara, ofreciendo lecturas singulares y contemporáneas de su obra: se autoamortaja dentro del saco, a la vez que se pinta a sí mismo como una momia guanche y convierte todo el artefacto en un ritual y dispositivo funerario.. Fallecido en 1972, Manolo Millares está enterrado en el cementerio laico de Madrid. Gracias a la generosa decisión de Elvireta Escobio, desde 1980 comparte sepultura con el crítico José Moreno Galván. Evitaron el gasto de un enterramiento y los amigos volvieron a encontrarse.
Le bastaron 15 años escasos para mostrar al mundo una de las obras más importantes y desafiantes de la segunda mitad del siglo XX español. Manolo Millares (Las Palmas de Gran Canaria, 1926-Madrid, 1972) murió con solo 46 años, un tiempo durante el que su profundo sentimiento anticlerical le llevó a realizar sus míticas series sobre curas y monjas, a denunciar la rapiña con la vivienda y el turismo y, sobre todo, a experimentar todas las posibilidades del arte contemporáneo.. Seguir leyendo
