La Comisión de Medio Ambiente del Parlamento Europeo rechazó las enmiendas que pretendían excluir al toro de las ayudas de la futura Política Agrícola Común; impecable trabajo de la RUCTL Leer
La Comisión de Medio Ambiente del Parlamento Europeo rechazó las enmiendas que pretendían excluir al toro de las ayudas de la futura Política Agrícola Común; impecable trabajo de la RUCTL Leer
El 7 de julio, mientras Pamplona volvía a convertirse en la capital mundial del toro, llegaba una noticia de enorme trascendencia para el futuro de la ganadería de lidia. Quizá no tuviera el estruendo de un chupinazo ni la emoción de un encierro, pero sí una importancia estratégica difícil de exagerar.La Comisión de Medio Ambiente del Parlamento Europeo rechazó las enmiendas que pretendían excluir expresamente al toro de lidia de las ayudas de la futura Política Agrícola Común. No era una cuestión económica únicamente. Era, sobre todo, evitar que la Unión Europea estableciera por primera vez una discriminación específica contra una actividad ganadera que forma parte de la dehesa, de la ganadería extensiva y del patrimonio rural español.Las amenazas al toro bravo ya no llegan solo desde el debate político nacional. Muchas de las decisiones que condicionan el futuro del campo se toman hoy en Bruselas. Por eso cobra tanto valor el trabajo silencioso que la Real Unión de Criadores de Toros de Lidia viene desarrollando desde hace años mediante una representación institucional permanente ante las instituciones europeas.Fue ese seguimiento diario el que permitió detectar las enmiendas desde el primer momento y explicar a los eurodiputados el alcance que tendría abrir semejante precedente. El resultado ha sido favorable: las propuestas fueron rechazadas y la ganadería de lidia mantiene intacta su condición de beneficiaria de la futura PAC, como el resto de la ganadería extensiva.La negociación continúa y aún quedan etapas por superar. Pero la coincidencia de esta victoria con el día de San Fermín invita a una reflexión: hoy, defender el toro no solo consiste en hacerlo en las plazas o en el campo. También significa estar presente donde se escriben las normas que decidirán su futuro. Y ese escenario, cada vez más, está en Bruselas.
Toros // elmundo
