Carmensa de la Hoz (Arrecife de Lanzarote, 1958) tenía apenas 16 años cuando se atrevió con su primera exposición. Una muestra dedicada al cubano Wifredo Lam que se celebró en la galería Los Aljibes en el centro cultural El Almacén, mítico espacio multicultural creado por César Manrique junto a Pepe Dámaso, Luis Ibáñez y Yayo Fontes. Fue a finales de 1974, cuando aún no había dejado la casa familiar para estudiar Historia del Arte en Tenerife. Y desde entonces han sido pocas las veces en las que esta mujer pionera de la gestión cultural ha estado mano sobre mano. Los artistas canarios y el arte de las islas han sido la materia principal de sus exposiciones. Pero su popularidad y su fama de “conseguir lo imposible” la tienen compaginando proyectos como los que prepara con Rossy de Palma y Simon Njami para el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM), en Las Palmas, con otros como el de la colombiana Lina Leal, en el Parlamento Europeo, en Estrasburgo. Seguir leyendo
Carmensa de la Hoz (Arrecife de Lanzarote, 1958) tenía apenas 16 años cuando se atrevió con su primera exposición. Una muestra dedicada al cubano Wifredo Lam que se celebró en la galería Los Aljibes en el centro cultural El Almacén, mítico espacio multicultural creado por César Manrique junto a Pepe Dámaso, Luis Ibáñez y Yayo Fontes. Fue a finales de 1974, cuando aún no había dejado la casa familiar para estudiar Historia del Arte en Tenerife. Y desde entonces han sido pocas las veces en las que esta mujer pionera de la gestión cultural ha estado mano sobre mano. Los artistas canarios y el arte de las islas han sido la materia principal de sus exposiciones. Pero su popularidad y su fama de “conseguir lo imposible” la tienen compaginando proyectos como los que prepara con Rossy de Palma y Simon Njami para el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM), en Las Palmas, con otros como el de la colombiana Lina Leal, en el Parlamento Europeo, en Estrasburgo. Seguir leyendo
Carmensa de la Hoz (Arrecife de Lanzarote, 1958) tenía apenas 16 años cuando se atrevió con su primera exposición. Una muestra dedicada al cubano Wifredo Lam que se celebró en la galería Los Aljibes en el centro cultural El Almacén, mítico espacio multicultural creado por César Manrique junto a Pepe Dámaso, Luis Ibáñez y Yayo Fontes. Fue a finales de 1974, cuando aún no había dejado la casa familiar para estudiar Historia del Arte en Tenerife. Y desde entonces han sido pocas las veces en las que esta mujer pionera de la gestión cultural ha estado mano sobre mano. Los artistas canarios y el arte de las islas han sido la materia principal de sus exposiciones. Pero su popularidad y su fama de “conseguir lo imposible” la tienen compaginando proyectos como los que prepara con Rossy de Palma y Simon Njami para el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM), en Las Palmas, con otros como el de la colombiana Lina Leal, en el Parlamento Europeo, en Estrasburgo.Con una agenda rebosante de amistades y contactos logrados en sus múltiples viajes por todo el mundo acompañando a César Manrique (Arrecife, 1919-Teguise, Lanzarote, 1992), De la Hoz no tiene palabras suficientes para describir la genialidad y la bondad de su mentor. La historiadora destaca muchas cosas de él, pero sobre todo la manera en que fusionó arte y naturaleza a la vez que se convertía en el pionero de las prácticas ecologistas en el medio ambiente canario. La entrevista se realizó en Madrid, cerca de uno de sus museos favoritos: el Prado. Cuando a Carmensa de la Hoz se le pregunta cómo conoció a Manrique, su respuesta explica la fama de gran cuentista (en el mejor sentido) que la precede. “Soy la primera mulata que nació en la isla de Lanzarote. Mi padre era negro como el carbón y mi madre blanca como la nieve. Él, Felipe de la Hoz, fue adoptado por una familia de Arrecife cuando tenía unos cinco años. A él, junto a dos hermanos, los habían robado unos traficantes. Por los recuerdos de mi padre, podría ser en el sur de Marruecos. Los raptores llevaron a las criaturas en una caravana y las fueron vendiendo”, relata. “Mi padre cayó en manos de una buena familia que trabajaba en la sala de máquinas de embarcaciones del puerto. Con el tiempo, mis padres se conocieron y tuvieron siete hijos. Yo fui la primera en llegar y fue un acontecimiento en la isla porque la gente venía a ver qué cosa había salido de un negro y una blanca. Les traían legumbres, frutas, gallinas. Ni se sabe. Siempre le dije a mi madre que en lugar de con un pan bajo el brazo, yo vine con un supermercado completo”.Tras la explicación de su belleza exótica (cada hermano es muy diferente, asegura), De la Hoz cuenta cómo empezó a trabajar con Manrique. “La casa de mi familia era vecina de la suya. Yo, siendo muy chiquitita, estaba siempre fisgando y creo que para que no estorbara por el taller, Manrique empezó a mandarme a hacer recados, a pedirme que le ayudara a resolver t
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