Cuando Don Omar, conocido en su casa como William Omar Landrón Rivera (Santurce, 1978), aparece en el estadio de Barcelona ante 55.000 personas -después de haber colapsado el tráfico, erradicado la grada de prensa y gestionar precios astronómicos- lo hace muy a su pesar. Aunque no se le nota. Sin la vocación de ser ocultista, pero en su debut, que marcó los inicios más duros del reguetón internacional. ya se apodaba como The Last Don (2003). Un año antes de que pegara el hit de su némesis, Daddy Yankee con La Gasolina, en 2004. Autodenominarse el último profeta de una escena, cuando aún está empezando, puede acarrear problemas históricos: tener que continuarla. Seguir leyendo
El cantante de Puerto Rico, pionero del reguetón, actúa en el Estadi Olímpic ante 55.000 personas
MÚSICACríticaGénero de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materiaEl cantante de Puerto Rico, pionero del reguetón, actúa en el Estadi Olímpic ante 55.000 personasEl cantante puertorriqueño Don Omar durante su actuación en el festival Cook Music Fest en Santa Cruz de Tenerife. Alberto Valdés (EFE)Cuando Don Omar, conocido en su casa como William Omar Landrón Rivera (Santurce, 1978), aparece en el estadio de Barcelona ante 55.000 personas -después de haber colapsado el tráfico, erradicado la grada de prensa y gestionar precios astronómicos- lo hace muy a su pesar. Aunque no se le nota. Sin la vocación de ser ocultista, pero en su debut, que marcó los inicios más duros del reguetón internacional. ya se apodaba como The Last Don (2003). Un año antes de que pegara el hit de su némesis, Daddy Yankee con La Gasolina, en 2004. Autodenominarse el último profeta de una escena, cuando aún está empezando, puede acarrear problemas históricos: tener que continuarla. Y aquí está él, copando la cumbre, después de pelearse con todas sus discográficas, plantarse como el mejor ante sus coetáneos y queriendo retirarse. Una prejubilación, a sus 48 años, que lleva anunciando desde antes de la pandemia y que tuvo una recaída con la gira Back To Reggaeton Tour en 2024. Continúa ahora con The Last King World Tour, que tiene recorrido mundial; aunque en España esté enmarcada desde el Cook Festival es originario de Tenerife, que ahora ya ha pasado por Sevilla y Barcelona, sigue sin tregua por el resto de Europa. Una bendición envenenada. Ubicado en el formato setlist de festival, toca como mucho una veintena de canciones, todas laureadas en los tops de escucha de la industria. Tiene tantas, que podría dedicarle tantos minutos como horas tiene una noche. Las que tú quieras. La gira toma de guiño el título también de su segundo disco, King of Kings (2006), que más allá del egotrip, él cuenta que hace referencia al profeta cristiano. No olvidemos que para salir de la calle, durante unos años fue predicador, y que aprendió también del canto en la iglesia. También fue capo de sus propios sellos -Orfanato Music Group o Sugar Cream Music-, especialista agrónomo con una empresa de vegetales orgánicos y protagonista de uno de los capítulos de MTV Cribs, donde enseñó su mansión. Es, sin duda, un lord donde los haya. Magnánimo con sus enemigos, durante el concierto, estratosférico en pirotécnica musical y de la común, canta en un medley sus colaboraciones con Daddy Yankee -le manda un abrazo- Wisin & Yandel y Romeo Santos: el mejor storytelling jamás escrito en la histórica de la bachata y también del reguetón, Ella y Yo. Experto en los plot-twist de las narrativas sonoras, escuchen también la letra de Pobre Diabla, donde al final -alerta spoiler- se reconoce como el culpable de tanto tormento. Sus líricas han
EL PAÍS
