“El arte es un intento de no volverme loco, porque la política puede ser una locura. Y el riesgo de volverse estúpido es inminente cuando uno se dedica a la política”. Edi Rama (Tirana, 62 años), responsable de esta confesión, sabe de lo que habla. Desde 2013 ejerce como primer ministro de Albania, la máxima autoridad ejecutiva del pequeño país balcánico (2,75 millones de habitantes) y el único que ha encadenado cuatro mandatos consecutivos. Es asimismo presidente del Partido Socialista y antes fue ministro de Cultura, Juventud y Deportes y alcalde de Tirana.. Seguir leyendo
Es el primer ministro de Albania, un pequeño país balcánico de los últimos en abandonar el bloque soviético y hoy candidato al ingreso en la UE. Y es, además, un artista plástico entre la pintura y la escultura, con obra en las galerías de moda de París a Nueva York. Maneja la ironía de un creador y un estilo político con los pies en la tierra.
Edvin Kristaq Rama, más conocido como Edi Rama, primer ministro de Albania y artista, fotografiado en la sede de la galería Société en Berlín. Samuel Aranda. “El arte es un intento de no volverme loco, porque la política puede ser una locura. Y el riesgo de volverse estúpido es inminente cuando uno se dedica a la política”. Edi Rama (Tirana, 62 años), responsable de esta confesión, sabe de lo que habla. Desde 2013 ejerce como primer ministro de Albania, la máxima autoridad ejecutiva del pequeño país balcánico (2,75 millones de habitantes) y el único que ha encadenado cuatro mandatos consecutivos. Es asimismo presidente del Partido Socialista y antes fue ministro de Cultura, Juventud y Deportes y alcalde de Tirana.. Se define ante todo como un artista. Se formó como pintor en la Academia de Bellas Artes de Tirana, donde llegó a ser profesor, y hoy su obra está presente en galerías tan influyentes como Marian Goodman (Nueva York y París), Nuno Centeno (Oporto) o la berlinesa Société, donde nos citamos un soleado primero de mayo. Es la mañana después de la inauguración de su primera exposición en esta galería, titulada Chrysalizing, en la que ha presentado sus nuevas esculturas de bronce.. Una escultura sin título realizada por el primer ministro de Albania y artista, Edi Rama, en la sede de la galería Société, en Berlín.Samuel Aranda. El título de la muestra evoca la transformación de la actual práctica artística de Rama: un tránsito desde la pintura (una disciplina por la que hasta ahora era más conocido por el público y la crítica) hasta estas esculturas de formas zoomórficas, pero ajenas a cualquier taxonomía biológica conocida. Y todo ello esquivando la famosa chanza del artista conceptual estadounidense Ad Reinhardt: “La escultura es aquello con lo que uno se tropieza cuando camina hacia atrás para admirar un cuadro”. Para Rama: “Es algo que surgió de forma natural”. Aparece repantingado en un sofá y con los pies descalzos sobre la moqueta de una de las salas de la firma Société, que le ha traído a Berlín para esta Gallery Weekend, el gran maremágnum artístico anual de la capital alemana. “Además, todas estas obras provienen de mis pinturas previas, que se han transformado en esculturas. Mediante inteligencia artificial creo un modelo digital y, a partir de ahí, realizo una impresión en 3D. Y, a continuación, trabajo de manera manual”.. Vestido de negro (excepto por las zapatillas blancas, que descansan al lado del sillón), Rama resulta algo intimidante, no solo por su altura (1,98 metros) y corpulencia, sino también por su seriedad inicial. Una gravedad que empieza a desmoronarse cuando recuerda su etapa universitaria en la Academia de Arte de Tirana durante el régimen dictatorial de Enver Hoxha, uno de los más herméticos y criminales de la esfera comunista. “Era una escuela que se basaba en la disciplina y el método de los programas soviéticos”, rememora. “Hacía hincapié en el dibujo realista, la pintura y la composición. Era profesionalmente una escuela muy sólida, pero no existía libertad. Solo había realismo socialista y punto”. A diferencia de lo que ocurría en otros Estados comunistas, en Albania, el arte del siglo XX estaba prohibido. “De hecho, en 1986, cuando terminé mis estudios, la historia del arte en la Academia dejaba de ser visual con Gustave Courbet. La última imagen que se nos mostraba era su obra El taller del pintor, de 1855. Después, solo había conferencias sin imágenes, solo acusaciones y reproches contra los artistas degenerados y esa sociedad degenerada que convertía la mierda en arte”.. En paralelo a sus estudios, Rama se labró una modesta carrera como jugador de baloncesto semiprofesional. “Mi estatura fue clave”, asume. “Además, padecía asma, y mis padres pensaron que sería buena idea que practicara algún deporte. Y así fue como terminé en la selección nacional con 20 años”. Aunque la razón principal para jugar al básquet era su afán por viajar al extranjero. “Una de las escasas formas de salir del país era practicando deporte en el ámbito europeo. Y yo quería salir para visitar museos. Ese era mi objetivo”.. Edi Rama fotografiado durante la entrevista en la sede de la galería Société en Berlín. Samuel Aranda. Sin embargo, el plan no le salió bien. En 1984, su primer destino internacional fue Paderborn, cerca de Düsseldorf. “Hicimos escala en Viena porque no había vuelos directos. Por la tarde me escapé del hotel para visitar el Museo de Historia del Arte”, recuerda. “No sabía cómo orientarme, no tenía ni un plano. Tampoco quería coger el autobús por miedo a perderme. Era noviembre y estaba nevando, así que caminé sin parar, preguntando por la calle cómo llegar hasta el museo. Ya estaba anocheciendo cuando llegué. Me acerqué a esa gran puerta y me encontré un letrero que decía: ‘Martes, cerrado’. Tuve que esperar cinco años más”. Tras aquella frustrada visita, se desquitó en 1989 en la Galería de Arte de Bremen, también en viaje de competición deportiva. “Fue alucinante, como encontrarme con los fantasmas con los que siempre había soñado. En la entrada había unas escaleras que subí temblando y, al llegar arriba, me topé con una escultura de Rodin y un cuadro de Picasso. Aquello era como ser virgen y entrar en un burdel. Fue un sentimiento muy erótico, muy intenso”.. Tras la caída del telón de acero se mudó a París en 1994, becado en la Cité Internationale des Arts. “Mi objetivo era recorrer el mundo. Así que, durante algún tiempo, lo único que hice fue vender cuadros, comprar billetes de avión y alojarme en casa de conocidos”. Y, en 1998, la nueva Administración de Albania llamó a su puerta ofreciéndole el Ministerio de Cultura. “La política tiene mucho sentido, y es una lástima que lo haya perdido”, protesta. “Es la forma más elevada de compromiso y de proceso intelectual: hay que lograr que las cosas sucedan, no con tinta, ni con un piano, sino con personas. Y eso es muy difícil. Es una lucha por lograr cambios”.. Tres años después asumió la alcaldía de Tirana, ciudad que gobernó durante una década. En aquel periodo transformó algunos edificios de la época comunista, dotándolos de coloridas fachadas geométricas. “La capital estaba devastada y no disponíamos de dinero. Tirana tenía tan solo 78 farolas en funcionamiento. Algunas parpadeaban y el resto no servía para nada. La situación era horrible. Por todas partes había construcciones ilegales. Además, todo nuestro presupuesto de inversión ascendía tan solo a 6,3 millones de dólares”. Entonces le hablaron de un proyecto para restaurar las aceras y las fachadas. “¿De qué colores van a pintar las casas?, pregunté. ‘De los originales’, me respondieron. ¡Pero es que los edificios ya no eran los originales!”. Los bloques habían sido desfigurados por las intervenciones de los vecinos: ventanas ampliadas, plantas adicionales surgidas de la nada, balcones cerrados de cualquier modo. “Hasta entonces yo solo trabajaba en blanco y negro. Y ese fue el momento en el que los colores llegaron a mi mesa de trabajo para pintar los exteriores y darles vida”, describe.. Escultura sin título de Edi Rama expuesta en el patio de la galería Société. Rama desarrolla sus esculturas a partir de sus pinturas. Samuel Aranda. Cuenta que aquella actuación revirtió la tendencia de los años noventa en su ciudad de pensar únicamente en el espacio privado y no en el común. “Durante las cinco décadas anteriores, los ciudadanos no habían tenido propiedad privada; les decían que todo era suyo, pero en realidad no poseían una mierda. Por eso sintieron la necesidad de reivindicar sus derechos individuales”. El espacio público había pasado a convertirse en un lugar para invadir o arrojar la basura. Pero esta dinámica cambió con aquellas inéditas fachadas de colores. Cuando Tirana apenas lograba recaudar en su conjunto el 4% de las tasas, en las calles que se habían intervenido, la recaudación alcanzó el 100%. “La gente comenzó a pagar sus impuestos porque se dieron cuenta de que el Consistorio hacía algo por ellos”, aclara. “Y también mejoró la seguridad. Aprendí que la belleza y la limpieza resultan más intimidantes que la policía. Si quieres lograr que las personas sean menos agresivas hacia los bienes públicos, asegúrate de que se sientan intimidadas por su estética”.. En 2013, Rama se convirtió en primer ministro de Albania, la cima de su carrera política, pero sin haber abandonado su faceta como artista. Así lo atestigua su paso por la Bienal de Venecia en 2003 y 2017. Una cita que este año nació rodeada de polémica cuando el jurado decidió excluir a Rusia e Israel de la competición por los premios oficiales. Ante el rechazo de la organización a vetar los pabellones de ambos países, el jurado dimitió en bloque. “La política no debería mezclarse con el arte”, sentencia. “Y la decisión de aceptar o no a un país en la Bienal no le corresponde al jurado. Esa decisión recae en los organizadores. Y si ellos desean que esas naciones estén presentes en la Bienal, deberían estar. La función del jurado es juzgar el arte, no la política mundial. Ni determinar quién es el bueno y el malo en este planeta”.. Cuando se pregunta al primer ministro si no cree que el arte deba involucrarse en estos temas, responde tajante: “El arte no tiene como propósito cambiar el mundo. Debe cambiar la perspectiva de las personas y crear un espacio en el que puedan procesar sus ideas y progresar. No tiene la misión de detener guerras ni de emitir condenas y no debe ofrecer las soluciones que le corresponden a la política. Mezclar ambos ámbitos es terrible”. Pero ¿cuáles son sus sensaciones respecto al momento actual? “Me siento bendecido por no estar entre aquellos que ocupan el lugar desde el que hoy se toman las grandes decisiones. Albania es tan pequeña que no se espera que yo tome ninguna gran resolución para el planeta. Y eso es una suerte, porque no tengo ni idea de qué haría o qué podría hacer. Las cosas van bastante mal en este lado del mundo, sí”.. Una de sus esculturas sin título expuesta en Berlín. A propósito del arte y la política, sentencia: “Los artistas pueden ser malvados, y los políticos, ángeles”.Samuel Aranda. No obstante, en el caso de Rama, su arte sí es político, al menos de manera tangencial, ya que crea parte de sus pinturas durante sus conferencias oficiales y sus reuniones en la Kryeministria, la sede del Gobierno albanés. ¿Flujo de conciencia? ¿Creaciones subconscientes? “No lo sé. Toda esa terminología no va conmigo”, contesta. “Lo hago porque me sienta bien. Es parecido a lo que me ocurre cuando tengo que recibir infusiones para aliviar mis migrañas. Es una forma de desintoxicarme, de diluir el veneno de la política”. Aunque recela de esa imagen en la que los políticos son perversos, y los artistas, seres de luz. “No es cierto. Los artistas pueden ser malvados, y los políticos, ángeles”. Una dualidad, arte/política, que a él no le resulta problemática. “Lo único que no hago es vender mis obras a albaneses o a alguien que tenga negocios en Albania”, expone. “La cuestión es verificar a todo el que desea comprar una de mis piezas. Si cualquier galería con las que trabajo recibe una petición de compra, me la remiten y se verifican los antecedentes de esa persona para asegurarnos de que no exista ninguna relación con mi labor gubernamental”.. Mientras, sus pinturas, una especie de garabatos ultracoloridos, se van acumulando en las paredes de su oficina presidencial, en la capital albanesa, parada obligatoria para los líderes mundiales en visita oficial. “Si de algo me arrepiento es de no haberles grabado en vídeo”, bromea. “Empecé a hacerlo demasiado tarde. Se dan todo tipo de reacciones y resulta muy divertido. Habría salido una película increíble. Creo que tengo grabados a John Kerry y a Mark Rutte”. Y también a Pedro Sánchez. “Tiene un gusto excelente. ¡Y organizó la cumbre de la OTAN más memorable de la historia en el Museo del Prado! Es algo que nunca olvidaré”, remarca.. Una escultura de Edi Rama, muchas de sus obras adornan su despacho de primer ministro en Tirana, que han sido vistas por Mark Rutte o Pedro Sánchez.Samuel Aranda. En su gabinete, delante de esas creaciones, algunos mandatarios actúan con normalidad, otros se muestran sorprendidos y el resto se queda pensando qué decir. “Uno de ellos, no diré el nombre, no se sentía muy cómodo”, reconoce. “De repente, me preguntó: ‘¿Dónde está su despacho?’. Le respondí: ‘Este es mi despacho’. ‘¿Y qué es esto?’, insistió. Le expliqué que eran mis dibujos. ‘¿Pinta sobre la pared?’, me replicó. Le aclaré que lo hago sobre el escritorio y luego produzco los papeles pintados que se pegan en los muros. Él exclamó: ‘Es usted un hombre extraño, Edi Rama. Yo pensaba que este era el lugar donde cuidan a los hijos de los empleados cuando no pueden llevarlos a la guardería’. Solo pude afirmar: ‘No, el único niño que hay aquí soy yo”.
EL PAÍS
