Tiene la mirada muy profunda, arrugas con oficio y el pelo como esponjoso, abundante y canoso. Viste un blusón blanco, deportivas y vaqueros y carga con su maleta con brío, igual que si fuera un personaje de los que interpreta en el cine. Compartimos con la actriz Elvira Mínguez viaje a Valencia, ciudad donde tendrá lugar la presentación de su segunda novela, La educación del monstruo, premiada con uno de los galardones más destacados del curso, el Primavera, de la editorial Espasa y Ámbito Cultural de El Corte Inglés. En un tren, como el que lleva a su protagonista en los años 60 a Alemania para encontrarse con su marido emigrante, vamos a hablar, a reírnos y puede que a llorar con ella y con este libro durísimo, que indaga en el peso tortuoso de la memoria y en si un individuo nace o se hace una bestia. Elvira Mínguez (Valladolid, 1965) se congratula de que el grupo de periodistas que viaja con ella sea casi todo de mujeres. Sus personajes principales lo son: la sufrida Águeda, la dubitativa Matilde y la escéptica hermana Olvido, una madre, una hija y una monja que se pregunta si Dios es malo. Toda una ecuación de interrogantes, recuerdos y dolor que Mínguez despeja con notable maestría y poder visual. Durante la puesta de largo de la novela en la gótica Lonja de la Sal de Valencia, sus madrinas, la escritora Nativel Preciado y la actriz Anabel Alonso, la compararán con el maestro belga George Simenon, ante su propio sonrojo. Mínguez, que quería hacer una novela negra cuando se sentó a documentarse y a escribirla, hace cuatro años, recurre a una fina ironía y a la pasión para explicar las entrañas de La educación del monstruo, un título emocional y lamentablemente actual, que cruza tres marcos temporales: 1963, 1977 y 2014. Elvira se maneja a la vez con una grabación en Marruecos (Sira), una serie (Vida perra), un viaje para acompañar a su hijo que está de prácticas en el instituto, una gira y un Sant Jordi por delante… Y aun así, respira hondo, agradecida a que la literatura, ese espacio que la ha adoptado con laureles, le haya abierto las ventanas de par en par y con el cielo despejado, a prueba de tormentas.
Todos tenemos nuestros propios monstruos. El que más he descubierto, entre los míos, es de la sobreprotección a mi propio hijo
Tal y como están las cosas, tenemos que hablar de mujeres. Todo lo que hemos conseguido lo podemos perder muy rápidamente
Los hijos nos hacen más cobardes, no más valientes. Yo siempre tengo miedo de lo que le pueda pasar al mío, que tiene 16 años
Hemos tenido la desgracia de que han coincidido Trump y Netanyahu, dos enfermos mentales
No soy una actriz vocacional. Lo que he descubierto es la dirección, me encanta
La actriz ha publicado su segunda novela, ‘La educación del monstruo’, reconocida con el Premio Primavera de Novela.
URGENTE. Banco Santander compra al Sabadell su filial británica TSB por 3.000 millones de euros. DIRECTO. Los sindicatos marchan hoy con el lema ‘Derechos, no trincheras’ y exigen mejoras en vivienda y salarios. Entrevista. Elvira Mínguez, en Valencia, donde ha presentado su novela.Hugo G. Pecellín.. WhatsApp. Facebook. Linkedin. Telegram. Beloud. Copiar URL. La actriz ha publicado su segunda novela, ‘La educación del monstruo’, reconocida con el Premio Primavera de Novela.. Tiene la mirada muy profunda, arrugas con oficio y el pelo como esponjoso, abundante y canoso. Viste un blusón blanco, deportivas y vaqueros y carga con su maleta con brío, igual que si fuera un personaje de los que interpreta en el cine. Compartimos con la actriz Elvira Mínguez viaje a Valencia, ciudad donde tendrá lugar la presentación de su segunda novela, La educación del monstruo, premiada con uno de los galardones más destacados del curso, el Primavera, de la editorial Espasa y Ámbito Cultural de El Corte Inglés. En un tren, como el que lleva a su protagonista en los años 60 a Alemania para encontrarse con su marido emigrante, vamos a hablar, a reírnos y puede que a llorar con ella y con este libro durísimo, que indaga en el peso tortuoso de la memoria y en si un individuo nace o se hace una bestia. Elvira Mínguez (Valladolid, 1965) se congratula de que el grupo de periodistas que viaja con ella sea casi todo de mujeres. Sus personajes principales lo son: la sufrida Águeda, la dubitativa Matilde y la escéptica hermana Olvido, una madre, una hija y una monja que se pregunta si Dios es malo. Toda una ecuación de interrogantes, recuerdos y dolor que Mínguez despeja con notable maestría y poder visual. Durante la puesta de largo de la novela en la gótica Lonja de la Sal de Valencia, sus madrinas, la escritora Nativel Preciado y la actriz Anabel Alonso, la compararán con el maestro belga George Simenon, ante su propio sonrojo. Mínguez, que quería hacer una novela negra cuando se sentó a documentarse y a escribirla, hace cuatro años, recurre a una fina ironía y a la pasión para explicar las entrañas de La educación del monstruo, un título emocional y lamentablemente actual, que cruza tres marcos temporales: 1963, 1977 y 2014.Elvira se maneja a la vez con una grabación en Marruecos (Sira), una serie (Vida perra), un viaje para acompañar a su hijo que está de prácticas en el instituto, una gira y un Sant Jordi por delante… Y aun así, respira hondo, agradecida a que la literatura, ese espacio que la ha adoptado con laureles, le haya abierto las ventanas de par en par y con el cielo despejado, a prueba de tormentas.. ¿Qué siente al ser premiada con un galardón que tienen, entre otros, Rosa Montero, Lorenzo Silva, Juan Manuel de Prada…?. Como con todos los premios… primero alegría, y sobre todo, sorpresa. Y luego todos conllevan responsabilidad enorme frente al lector. ¿Y si no estoy a la altura? Según has dicho esos nombres he tenido un retortijón. Ni muchísimo menos creo que estoy allí, como ellos; me falta mucho. Tal vez algún día pueda llegar a ‘oler’ eso.. Todos tenemos nuestros propios monstruos. El que más he descubierto, entre los míos, es de la sobreprotección a mi propio hijo. ¿Es la misma responsabilidad que siente frente a los espectadores de una película o de una serie?. Hay una diferencia básica (risas). Como actriz siempre lo puedes disimular más, con el director, con todo el equipo… Luego, como directora, cuando dirigí La sombra de la tierra (su primera novela), uno no puede esconderse tanto poniéndose en la fila de atrás. Como escritora estás tú sola, no existen filas.. El título, ¿sale de los monstruos personales de Elvira Mínguez?. Yo tengo la sensación de que todos los personajes de la novela soy yo. Hay mucho de Gutiérrez (el inspector), de Matilde, de Javier… Todos tenemos nuestros propios monstruos, es inherente a la condición humana. También por responsabilidad estamos obligados a verles la cara y a trabajar con ellos. Yo no pretendo con la novela enseñar nada. He intentado descubrir un poco los míos. Y el que más he descubierto es el de la sobreprotección a mi propio hijo.. Tal y como están las cosas, tenemos que hablar de mujeres. Todo lo que hemos conseguido lo podemos perder muy rápidamente. La maternidad es, efectivamente, un tema muy potente aquí. ¿Es un homenaje a esa condición de la mujer?. No es solo eso. Yo soy una mujer y me interesa muchísimo hablar de las mujeres. Y tal y como están las cosas, tenemos que hablar de mujeres. Todo lo que hemos conseguido lo podemos perder muy rápidamente. Creo que los tiempos apuntan a que puede ser así. La mujer siempre ha estado en tela de juicio, está y estará. Por eso me interesa hablar de ella. Me resulta curioso que tú utilices la palabra homenaje. Vale, siempre y cuando sea homenaje a hablar de esas mujeres, me interesa hablar de las zonas de las que no se habla nunca. Tengo la impresión de que hablamos de ellas solo de unas partes que interesan, pero, también como actriz me pasa, no tengo la sensación de que los personajes describan a la mujer de manera completa. En esta novela, Olvido tiene muchas ‘hijas’. Son sus alumnas. Yo quería hablar de la sexualización que se hace de los niños, del despertar sexual de los niños y de lo que los adultos hacen con ese despertar. Uno de los grandes problemas que hay es qué ocurre, cómo gestiona un adulto ese despertar; y las madres están ahí. En ese sentido, sobre cómo se reflexiona sobre eso, sí es un homenaje, porque creo que es un término que se asocia con algo bueno.. Mínguez, con su nueva novela.Hugo G. Pecellín.. Es una novela dura.¿Usted la ha disfrutado o por el contrario, le ha costado desarrollar su argumento?. Lo he disfrutado muchísimo. Una de las sensaciones que tienes es que escribiendo te conviertes en un pequeño Demiurgo. Matas al que quieres matar, de repente, un personaje de ‘chichinabo’ crece muchísimo…. Me ha costado mucho, eso sí, el último interrogatorio. Tenía que parar, salir a la terraza, respirar y volver. Pero cuando termino, me pasa como con la interpretación. Desconecto. Apago el ordenador y me voy tranquilamente a poner una lavadora. El proceso creativo para mí no es un sufrimiento.. ¿Ni siquiera cuando tiene que describir a un violador, a una víctima?. Me lo tomo más… se me ocurre que como curiosidad científica, es tanto el proceso de documentación y cómo vas haciendo el arco narrativo… Son 32 años trabajando con personajes, escribiendo, analizando historias y de alguna manera te colocas en un proceso más analítico, pones una barrera. Yo creo que la he colocado. Si no, te convertirías en Bèla Lugosi (Drácula) durmiendo en un ataúd (risas).. Los hijos nos hacen más cobardes, no más valientes. Yo siempre tengo miedo de lo que le pueda pasar al mío, que tiene 16 años. De esos personajes, ¿quién es más Elvira Mínguez? ¿Y a quién interpretaría si esta novela llega al cine?. Te diría que la hermana Olvido. Me reconozco mucho en ella. Esto es una cuestión egocéntrica, absolutamente narcisista. Es un personaje que ha ido creciendo más y más… Y la verdad, que me enamora. El prefacio de la novela (que sucede en 1940) está puesto por algo, y todas las figuras femeninas van descubriendo el monstruo que cada una lleva. Quería poner el foco en esos monstruos que llevamos dentro y que necesitamos descubrir. Olvido lo va viendo en la novela, en su caso, es la culpa. Y si tuviera que interpretar a alguien en la pantalla, por supuesto, sería a Olvido.. Los hijos ¿nos hacen más valientes o seres más preocupados, en particular a nosotras?. Un hijo te obliga a tener mayor responsabilidad contigo mismo, no con el niño. ¿No hacen más valientes? Yo creo que nos hacen más cobardes, a no ser que te des cuenta y trabajes sobre ello. Matilde descubre en ella el monstruo de la sobreprotección. Yo misma siempre tengo miedo en relación con lo que le pueda pasar a mi hijo, que tiene 16 años y ‘acabamos’ de empezar con la adolescencia.. León, a quien dedica la historia, ¿ha leído este libro ya?. No la ha leído, pero si quiere leerlo, lo leerá. De momento, no muestra interés. Tampoco leyó la anterior novela, aunque vio un capítulo de la adaptación a la serie. El otro día me decía, ‘mamá, todos los amigos saben que quieren hacer luego y yo no’. Y yo le contesté: ‘Cariño, tengo 60 años y sigo sin saber qué quiero ser de mayor, así que tomátelo con calma’.. El libro señala, en tiempo remoto, dos fenómemos actuales: la polémica con la emigración y los abusos sexuales. ¿Tan poco hemos aprendido los españoles de la historia reciente?. Yo creo que no hemos aprendido. Con los amigos bromeo… bueno, miento, no bromeo porque lo creo, y les digo: el ser humano es una forma de vida con tara, un experimento de la naturaleza erróneo. Estamos condenados a la extinción y lo digo claramente, por gilipollas. Somos capaces de lo mejor y de lo peor. No hacemos más que dar vueltas y vueltas a nuestras propias maldades. Está el problema del mal, y lo digo teológicamente, y que Olvido plasma y pone encima de la mesa. La pregunta que se hace esta monja no es si Dios existe, sino si Dios es malo. Ella se da cuenta de que es las dos cosas, por tanto, Dios es humano. Sobre el problema de la emigración, me resulta asombroso escuchar determinadas cosas, siendo el nuestro un país de emigrantes. Pienso, qué pronto queremos olvidar. Cuando estuve con la documentación tuve la oportunidad de hablar con una mujer que llegó a Alemania por la vía legal y fundó movimientos asociativos para que los hijos nacidos allí tuvieran protección. Me negó por activa y por pasiva durante más de media hora que existió una forma ilegal de emigración, cuando más de la mitad lo hizo así, ilegalmente. Si lo contaran bien no existiría diferencia con lo que está pasando ahora, y eso no lo pueden soportar.. Hemos tenido la desgracia de que han coincidido Trump y Netanyahu, dos enfermos mentales. ¿Cómo se combate el miedo, dándole la cara o callando?. No existe una receta. Frente al miedo y a muchos problemas, cada uno debe intentarlo de la mejor manera posible. En todo caso, puede haber un nexo común, que sería reconocer ese miedo. A partir de allí, la gestión que cada uno pueda hacer del mismo es particular.. ‘La educación del monstruo’, de Espasa.CEDIDA. ¿Qué miedos siente la autora en estos momento?. La muerte es uno de los grandes que tengo y también lo es de la humanidad. En el momento en que el ser humano se da cuenta de que es finito, crea algo estupendo y maravilloso que es la religión. Aprovecha este miedo, lo manipula, como pasa en la novela. Así tiene el negocio montado. Pero luego te diría que ya no sé si es miedo: me preocupa mucho a dónde vamos. No tenemos que olvidar que a alguien como Donald Trump le han votado 70 millones de personas. No me da miedo Trump, me da miedo cómo el ser humano es capaz de llegar a eso. O de votar a Netanyahu. Hemos tenido la desgracia de que han coincidido estos dos (poniendo en un paréntesis a Putin que tiene lo suyo). Vivimos un momento en que han coincidido varios enfermos mentales jodidos.. ¿Qué evolución literaria siente que ha hecho Elvira Mínguez tras este premio?. Soy incapaz de valorar eso. Esta es mi segunda novela…Hay veces que le decía a José, mi marido: ‘Soy incapaz de salir de aquí, estoy bloqueada, esto no vale para nada…’. Y él, que es sicólogo, y me ayuda muchísimo, me responde: ‘No lo recuerdas pero es exactamente igual que la anterior’. Soy incapaz de valorar mi propia evolución, sinceramente.. No soy una actriz vocacional. Lo que he descubierto es la dirección, me encanta. Mínguez tiene dos novelas, la primera fue ‘La sombra de la tierra’.Hugo G. Pecellín.. Para ponerla nerviosa, ya estarán las críticas.. Escribas o no escribas, las críticas llegan siempre. Hasta de lo que compras en el mercado.. ¿Se plantea dejar algún día el cine por la literatura?. Si yo consiguiera ganarme la vida con la literatura, que es una cosa de los dioses, dejaría la interpretación. La dirección, no. He descubierto que me encanta. Yo no soy una actriz vocacional, llegué a esto de forma totalmente circunstancial, y sí, me he ganado la vida con ella. Lo que he descubierto es la dirección, que me encanta. Con 32 años que llevo en esto, me he dado cuenta de que soy bicho de bota, no soy bicho de tacón. Me gusta el rodaje, el equipo, el día a día. En La sombra de la tierra tuve un equipo que sabía más que yo en todo, por lo que he aprendido muchísimo. Repito, que si pudiera ganarme la vida con los libros, dejaría la interpretación. Para mí lo de ser actriz es un oficio, que intento hacer lo mejor que puedo, me parto los cuernos para que me salga siempre lo mejor posible. Pero tengo la sensación de que siempre hago lo mismo, aunque intento trabajar los personajes cada vez, de manera distinta.. Para ser actriz, muestra poco ego. Dicen que en su gremio adolecen de él.. Claro que tengo ego, inconmensurable, también. Pero me doy cuenta de que al haber entrado de esta forma, no es para tanto. De joven, estaba trabajando en Casa Patas (un restaurante) para pagarme los estudios. Y cuando gané bastante, me lo gasté echando ostias, les daba a los amigos si necesitaban algo… Y tuve que volver a Casa Patas. Cuando cogí el mocho y me puse a fregar otra vez el suelo pensé que era igual de feliz. Escribir me encanta, me hace muy feliz. Y la promoción es una de las cosas más bonitas que hay.. Entrevistas. Literatura. Mostrar comentarios. 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