El monoteísmo ha vuelto a ganar: los jóvenes héroes de hoy tienen claro a qué mano quieren aferrarse
ColumnaArtículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordadoEl monoteísmo ha vuelto a ganar: los jóvenes héroes de hoy tienen claro a qué mano quieren aferrarseEl audio de esta noticia utiliza una voz sintética generada por Inteligencia Artificial y podría tener algunas inconsistencias.Ferran Torres durante la celebración en Madrid por el triunfo en el Mundial 2026, el pasado lunes.José Oliva (Europa Press)He gozado la Odisea de Christopher Nolan como un Ulises empachado de flores de loto en brazos de Calipso. Todo me gusta, incluido ese reparto que ha despertado los eructos de los racistas más bocazas.Lo que vengo a apuntar no es, por tanto, un reproche, tan solo una constatación: Nolan ha adaptado el poema con un aire muy de nuestra época, acariciando el lomo de los espectadores a favor de pelo y obviando todo lo que la sensibilidad moderna denuesta del poema griego, por indigesto o difícil. Su tajo más radical es olímpico: faltan los dioses, ausentes en casi todas las recreaciones modernas. En la de Nolan, Atenea es el arquetipo de la conciencia y la culpa, en una lectura de la mitología muy freudiana. Nos cuesta concebir a los dioses como personajes: estamos empeñados en que sean metáforas o alegorías. Por eso este Ulises se las apaña solo y se atribuye todos los méritos. El homérico no habría sobrevivido cuatro versos sin los capotes de la decidida y a ratos divertida Atenea, que no era la conciencia de nadie, sino un ser con voluntad propia.Ferran Torres se ha convertido en el héroe griego de la selección española, pero, a diferencia del Ulises de Nolan, se quitó importancia nada más terminar el partido. Habló de Dios, y a punto estuvo de atribuirle el gol que bravamente había marcado. Era el Dios cristiano, claro, no un Zeus cualquiera. Su alegato, aunque sonaba medieval, era también muy contemporáneo y apuntaba a una paradoja: ¿cómo se pueden celebrar a la vez el individualismo de Ulises y la gratitud a la divina providencia de los héroes futbolísticos? Los dioses griegos no caben en el mundo de hoy porque son imposibles de moralizar. Su comportamiento es incomprensible, caprichoso y de una violencia fuera de toda medida. Son muy irresponsables con sus poderes omnímodos, como bebés apretando botones de un reactor nuclear, pero también son víctimas, sufren por amor y son torturados. Sus vidas no caben en una moraleja ni se dejan enjuiciar de un solo golpe. No sabemos a qué juegan, y eso es muy perturbador para esta época tan necesitada de obvi
He gozado la Odisea de Christopher Nolan como un Ulises empachado de flores de loto en brazos de Calipso. Todo me gusta, incluido ese reparto que ha despertado los eructos de los racistas más bocazas. Seguir leyendo
